Los verdaderos peligros de la inteligencia artificial

Un manifiesto suscrito por 700 científicos alerta de la necesidad de trabajar en una regulación tecnológica a nivel internacional.

Más que una guerra entre humanos y máquinas, los expertos señalan el control de los datos y las armas autónomas como algunos de los principales riesgos.

Cerca de 700 científicos especializados en áreas tecnológicas firmaban una carta abierta alertando de los peligros de la inteligencia artificial (IA). Han sido muchas las reacciones a este escrito y no han sido pocos los escenarios catastróficos descritos –más propios de la ciencia ficción– que alertan sobre de una revolución de las máquinas y la extinción de la humanidad. Sin embargo, los riesgos actuales son otros.

La capacidad de procesar enormes cantidades de datos por parte de los ordenadores puede otorgar a quienes los controlan –y analizan toda la información– un poder oracular que les permita edominar las finanzas a nivel internacional, por ejemplo. Sin ir más lejos, hace unos días un equipo de científicos del MIT demostraba que se puede identificar a cualquier persona a partir de datos anónimos gracias a los patrones de uso de las tarjetas de crédito.

“Hoy en día, la principal amenaza de la inteligencia artificial es el mal uso que pueda hacer alguien de la capacidad de los aparatos de extraer y analizar datos de forma masiva”, destaca el director de ingeniería de Asoy Robotics, Diego García.

El director del Instituto de Inteligencia Artificial de Barcelona (IIIA-CSIC), Ramon López de Mántaras agrega además las armas autónomas como amenaza. “Es muy preocupante el desarrollo de la robótica inteligente con la finalidad de disponer de robots soldados, ya que para un robot es casi imposible distinguir entre un civil inocente y un combatiente”, subraya el premio nacional de Informática 2012 y firmante del manifiesto.

El coche sin conductor de Google es otro caso. Pasarán años antes de que estos vehículos ocupen las carreteras y todo indica que cuando ocurra serán más seguras. Pero si se produce algún accidente, el vacío legal plantea dudas. ¿Quién debe ser el responsable? ¿El “conductor”, el propietario o el diseñador? ¿Y si es cierto que las máquinas cometen menos errores que los humanos, entonces deberíamos dejar que las personas conduzcan al lado de robots?

La falta de regulación internacional

“Con la carta abierta respaldada por científicos como Stephen Hawking o Bill Gates, la gente ha empezado a creer que ellos tienen una información privilegiada que el resto de la humanidad no tiene. Pero la realidad es muy distinta”, explica García que reitera que la intención de los firmantes de la carta es advertir de la necesidad de trabajar en una regulación tecnológica a nivel internacional.

Del mismo modo que existe el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) –perteneciente a las organizaciones internacionales conexas a las Naciones Unidas–, García cree que científicos y políticos deberían agruparse para extender una legislación.

En 1942 el bioquímico y escritor de ciencia ficción Isaac Asimov propuso las famosas tres leyes de la robótica, que asumen que los robots tienen conocimientos suficientes como para tomar decisiones de orden moral y pretenden así evitar una posible rebelión.

“Hoy podemos asegurar que ninguno de los robots actuales, ni tampoco ninguno de los que habrá a corto, medio e incluso a bastante largo plazo, se nos descontrolará”, tranquiliza Mántaras. Es por eso que aunque “las leyes de la robótica de Asimov están muy bien pensadas, el estado actual de la robótica es tan incipiente que no tiene ningún sentido implantarlas en robots”, añade.

“El problema no está en la propia tecnología, sino en la humanidad. Es más probable que sea el hombre con intenciones malignas quien provoque una posible guerra entre humanos y máquinas”, matiza García.

Transformación de las profesiones

La pérdida de lugares de trabajo es otro de los peligros presentes de la inteligencia artificial. Según el especialista del CSIC, “hasta ahora los robots desplazaban las personas de tareas repetitivas o peligrosas, pero con los avances en inteligencia artificial comenzarán a peligrar trabajos relacionados con el sector de los servicios, por ejemplo”.

Un estudio publicado hace unos meses informaba que casi el 50% de las ocupaciones existentes en la actualidad serán completamente redundantes el año 2025 si la inteligencia artificial continúa transformando las empresas del modo que ya lo está haciendo.

Los expertos coinciden en señalar la educación como la medida más importante. “Vamos a buscar otros trabajos donde se prime la creatividad y por eso será necesario invertir en una educación que añada el arte entre la ingeniería y las matemáticas”, opina García. Por su parte, Mántaras asegura que “habrá que dar mucha más importancia a la formación continua para que la gente pueda reciclarse con más facilidad y así poder cambiar de profesión, ya que por lo menos, hasta ahora, los cambios tecnológicos que han destruido lugares de trabajo también han creado otros”.

Se trata, al fin y al cabo, de una transformación de las profesiones. Faltará ver si los diferentes sujetos de la sociedad se apresuran a poner en marcha los engranajes que entran en juego –leyes tecnológicas, educativas, etc.– para que esta inevitable revolución del trabajo sea para el bien general de la humanidad.

Fuente: lavanguardia.com

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