Así era el ‘abuelo’ de los dinosaurios

Los primeros ejemplares de la especie eran pequeños, bípedos, omnívoros y tenían plumas.

Los primeros dinosaurios eran pequeños, caminaban sobre dos patas, eran omnívoros, tenían metatarsos en la espalda, manos prensiles, y probablemente, plumas. Investigadores de la Universidad de Cambridge han llegado a esa conclusión después de estudiar 74 grupos taxonómicos de dinosaurios y analizar 457 características que indicaran similitudes y diferencias entre ellos. Los resultados reagrupan los dos principales grupos de la especie y, si confirmados, significarían reescribir el árbol genealógico de los reptiles.

Durante casi 130 años, los dinosaurios se han dividido en dos órdenes principales, con base en la estructura de sus caderas: ornitisquios (con una pelvis similar a la de las aves), al que pertenece el Triceratops; y saurisquios (pelvis de reptiles), que incluye carnívoros como el Tyrannosaurus rex y los gigantes como el Diplodocus. La investigación, liderada por Matthew Baron y publicada este miércoles en la revista Nature, indica que la mayoría de los dinosaurios carnívoros son parientes más cercanos de aquellos con una taxonomía parecida a la de las aves y los reagrupa en un tercer orden conocido como Ornithoscelida —un concepto propuesto por el biólogo Thomas Huxley en 1870—.

Las similitudes encontradas en el cráneo, la cavidad cerebral y en los miembros posteriores de ejemplares de los dos grupos son las principales evidencias que sostienen la hipótesis. Baron y su equipo han descrito por lo menos otras 21 características en común, como un prominente hueso en la mejilla, huesos de la cadera más prolongados, alargamiento de la tibia y fusión de partes del tobillo y del pie. “Hemos desarrollado una nueva hipótesis que da una imagen más clara del primer dinosaurio, lo que nos permite identificar los animales que estarían en la base del árbol genealógico de la especie, como el Saltopus”, explica Baron.

“Vamos a tener que cambiar unas cuantas diapositivas en las clases”, comenta José Ignacio Canudo, paleontólogo de la Universidad de Zaragoza, al enterarse de los resultados del estudio. “Sería de esperar que la comparación de más caracteres que únicamente la cadera lleve a una clasificación más fiable”, explica el experto. Canudo matiza, sin embargo, que hay que esperar hasta que se produzcan nuevos descubrimientos para confirmar la hipótesis. “Tenemos pocos buenos ejemplares de dinosaurios basales y el hallazgo de nuevas especies podría aportar importantes cambios en la propuesta de esos científicos”, explica.

Ventajas evolutivas

El trabajo de Baron y sus compañeros destaca las características que supusieron ventajas evolutivas para los dinosaurios. Ellos sostienen que las manos grandes y prensiles de los primeros ejemplares serían una condición ancestral que les permitían sujetar la comida, lo que les dio primacía sobre los demás reptiles de la época. El hecho de que no fuesen selectivos en su alimentación también supuso una ventaja: los grupos posteriores pudieron especializarse más fácilmente como carnívoros o herbívoros, una vez que los dientes necesarios para esas dos estrategias alimentarias ya estaban presentes en los primeros dinosaurios. “Cuando piensas en lo duro que era el mundo durante el período Triásico, es fácil llegar a la conclusión de que esa característica les ayudó a sobrevivir”, dice Baron.

La mayoría de los estudios sobre los dinosaurios ubica su origen en Gondwana, el supercontinente del hemisferio sur, que se desintegró hace 200 millones de años. El análisis de la Universidad de Cambridge indica, sin embargo, que el hemisferio norte tuvo más importancia en el proceso de evolución: muchas de las especies que presentaron las primeras características diferenciales (como el Saltopus, Agnosphitys, Thecodontosaurus y Pantydraco) aparecieron por primera vez en la parte norte del globo. “Esas especies han sido pasadas por alto en muchos estudios, pero nuestro análisis permite ponerlas en la base del árbol genealógico, lo que nos dice mucho sobre las primeras etapas de esos animales en la Tierra”, defiende el investigador.

Fuente: elpais.com

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