Uno de cada cinco europeos está expuesto al ruido del tránsito rodado por encima del umbral de la UE

El 2017 es un año importante para la regulación del ruido en los países miembros de la UE. Bajo recomendaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), la Comisión Europea ha revisado durante los dos últimos años la Directiva de Ruido Ambiental (END, 2002/49/EC) para reducir la contaminación acústica que afecta a la salud de las personas, de la economía y del medio natural.

Por este motivo el lunes 24 de abril, poco antes del Día Internacional de la Concienciación del Ruido -miércoles 26 de abril-, el director general de la AEMA presentó en Bruselas un informe sobre el estado de la contaminación acústica en Europa (2007-2012) en la Jornada internacional “Noise in Europe”, a partir de la investigación desarrollada por investigadores del grupo INTERFASE del Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) (Catalunya, España) y del Centro Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente de Holanda (RIVM). La jornada organizada por la Comisión Europea buscaba incidir en políticas que permitan un mejor equilibrio entre la accesibilidad al transporte y una vida saludable, y reunió a organizaciones como la OMS y autoridades medioambientales de los países miembros.

Paralelamente, los investigadores de la UAB con motivo de la 1ª Semana Sin Ruido (SSS) organizada por la Generalitat de Cataluña han compartido en Internet información sobre el análisis de los datos presentados, como miembros de la red de expertos de Polución del Aire y Mitigación del Cambio Climático (ETC-ACM), uno de los cinco consorcios satélite de la Agencia que se encargan de cada temática medioambiental (ETCs).

Según el informe de la AEMA, el ruido provoca molestias en 31,7 millones de europeos adultos y trastornos del sueño en más de 13 millones, además de 72 000 hospitalizaciones y 16.600 muertes prematuras al año. Estos datos reflejan el impacto de la contaminación acústica sobre la salud según aumentan los decibelios: desde molestias a estrés, enfermedad y, finalmente, mortalidad. Se estima que al menos 100 millones de europeos -uno de cada cinco- están expuestos a niveles de ruido por encima del valor umbral establecido por la UE, 55 dB Lden (decibelios medidos a lo largo de las 24 horas del día y ajustados a las diferentes sensibilidades durante la mañana, la tarde y la noche). En términos generales, en la región mediterránea es donde los ciudadanos están más expuestos al ruido ambiental.

La contaminación acústica “de fondo” proviene mayoritariamente del tráfico terrestre, aunque el tráfico aéreo y la industria son fuentes de emisión importantes. Las ciudades españolas no han sido las más eficientes en el esfuerzo por mejorar el bienestar acústico entre los años 2007 y 2012, aunque habrá que esperar al próximo año cuando se analice el periodo 2012-2017 para saber si está cambiando esta tendencia. En el 60% de las ciudades españolas aumentó el número de personas expuestas al ruido del tráfico terrestre entre 2007 y 2012, contra el 35% de todas las ciudades europeas estudiadas. En cambio, hay que destacar la mejora mayoritaria en el caso de las molestias acústicas ocasionadas por el tráfico aéreo, que se han reducido con éxito en el 95% de los aeropuertos españoles.

En cuanto a Cataluña, los datos recogidos hasta ahora confirman que las ciudades siguen el mismo patrón que el resto de España: la exposición al ruido ha tendido a aumentar. Por el contrario, el aeropuerto de Barcelona, a pesar de haber experimentado uno de los incrementos más importantes de tráfico aéreo, ha reducido el nivel de exposición de las personas al ruido ambiental en el período observado.

El impacto del ruido es más difícil de medir que la polución del aire, a pesar de compartir las mismas fuentes de emisión, ya que depende también de otros factores como el aislamiento de las fachadas. Además, el solapamiento de competencias administrativas influye directamente en la gestión de los datos: por ejemplo, una autopista puede cambiar de administración al entrar en una ciudad, pero el ruido ambiental puede seguir siendo el mismo si no hay barreras físicas ni cambios abruptos. Es en parte por esto que históricamente la contaminación acústica ha tenido menos “eco” que otros temas ambientales a nivel institucional.

Con la implantación de la END en 2002, los países miembros de la UE se comprometen a aplicar medidas de mitigación del ruido ambiental y proporcionar datos de sus ciudades, carreteras y aeropuertos cada 5 años. Después de un periodo de adaptación, la Directiva es de aplicación obligatoria desde 2007 en todas las ciudades de más de 100.000 habitantes. Desde 2002, diferentes municipalidades han puesto en marcha iniciativas para aliviar la exposición de sus habitantes al ruido urbano y al de las principales carreteras. Según las conclusiones de la AEMA, la regulación de la contaminación acústica genera unos costes administrativos relativamente bajos y proporciona herramientas eficientes para mejorar la salud de los europeos. “Las políticas más eficaces son las que afrontan la problemática del ruido conjuntamente con otros ámbitos como la calidad del aire o la planificación territorial”, explica Jaume Fons Esteve, responsable del ETC-ACM al Departamento de Geografía de la UAB.

Los analistas del ETC-ACM de la UAB han hecho la contribución principal en el seguimiento del ruido de la AEMA, actualmente realizado entre los años 2007 y 2012, y que actualizarán el próximo año con datos del 2017. Desde hace diez años, el grupo INTERFASE gestiona los datos de ruido ambiental para toda Europa y las suministra al servicio NOISE de la red de difusión de datos ambientales de la AEMA Eionet. En coordinación con la AEMA y la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, los técnicos velan por la calidad de los datos de contaminación acústica que los países entregan en cumplimiento del END, y analizan la situación actual del ruido ambiental en escala Europea. También en estrecha colaboración, el RIVM aporta los estudios sobre el impacto de la contaminación acústica en la salud de la población. Entre otras cosas, monitorear y compartir la información sobre el ruido es fundamental para evaluar la eficacia de los planes de acción desarrollados para mitigar su impacto en la población, a la vez que facilita el intercambio de conocimientos entre los miembros de la red Eionet y los expertos nacionales e internacionales. (Fuente: UAB)

Fuente: noticiasdelaciencia.com

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