Las hembras de escarabajo manipulan a los machos para que inviertan más en el cuidado de las crías

Un ejemplar del escarabajo ‘Nicrophorus vespilloides’. MATTHIEU PAQUET

Ellas depositan huevos más pequeños para obligarlos a renunciar a nutrientes en favor de la prole.

En el mundo animal, los padres que comparten el cuidado de la prole están bajo la presión natural para invertir lo mínimo posible en las crías y, así, dejar la mayor carga de trabajo para el compañero. Los biólogos han defendido desde 2008 la hipótesis de que las hembras de algunos animales, como los pájaros, utilizan algunos mecanismos en la gestación de los huevos para manipular el comportamiento parental de los machos, pero solo ahora un experimento con insectos ha podido comprobar esa tesis. Los investigadores Matthieu Paquet y Per Smiseth, de la Universidad de Edimburgo (Escocia), estudiaron una especie de escarabajo (Nicrophorus vespilloides) separado por grupos en la que las hembras depositaba los huevos en la presencia de los machos y otra en la que lo hacían solas.

Los resultados, publicados en la revista PNAS, indicaron que las larvas de hembras que depositaron los huevos cuando los padres estaban presentes eran 3,4% más pequeñas que las demás, lo que sugiere que las madres invertían menos energía en el proceso prenatal para condicionar una mayor participación de los machos en el cuidado de la descendencia.

Los biólogos observaron, sin embargo, y en contra de sus expectativas, que los machos son indiferentes al subterfugio de las hembras y ofrecen el mismo nivel de atención a la descendencia bajo ambas condiciones. No obstante, esa manipulación fue efectiva en reducir el consumo de los padres de una fuente de alimento compartida por la familia. “Esa especie de escarabajos construye su nido en la carcasa de un vertebrado. Las larvas se alimentan solas de esa carcasa, pero también a través de los progenitores, que realizan la predigestión del alimento”, explica Paquet en un correo electrónico. El experimento indica que las larvas más pequeñas que recibieron cuidado paterno crecieron más porque los machos consumían menos nutrientes para dejarlos a sus crías. Por otra parte, los machos que cuidaron a larvas de tamaño normal ganaron peso, porque tenían más acceso a la fuente de alimentos.

Un ejemplar de ‘Nicrophorus vespilloides’ en su nido. M. P.

“No conocemos el mecanismo detrás de esto todavía”, señala Paquet. “Sospechamos que las hembras pueden manipular la capacidad competitiva de la prole al depositar hormonas de crecimiento en los huevos para hacer que las larvas sea más capaces de obtener alimento, dejando así menos nutrientes para los machos”, explica. El próximo paso de la investigación es comprobar esa hipótesis, afirma el biólogo.

El experimento de Paquet y Smiseth hace eco de investigaciones anteriores con aves de las especies pinzón cebra y pájaro-moscón europeo. En el caso de las primeras, cuando el número de crías por pareja, y consecuentemente la carga de trabajo, se mantiene constante, la descendencia recibe una mayor inversión familiar per cápita de las hembras que de ambos padres trabajando juntos. La situación del pájaro-moscón es más “extrema”, según comenta Paquet: en esa especie, ambos padres tratan de abandonar el nido lo antes posible para obligar al otro a cuidar de las crías. Debido a ese conflicto, el 27% de la prole es abandonada por ambos progenitores. “Dado que los machos probablemente ven la presencia de los huevos como una señal para huir de la responsabilidad, las hembras los ocultan como única manera de abandonar la familia antes de que ellos lo hagan”, dice Paquet.

Fuente: elpais.com

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