Bosques que crecen en edificios a 100 metros de altura

Stefano Boeri. Arquitecto del bosque vertical. Cuenta Stefano Boeri que, a comienzos de los años setenta, cuando era un joven estudiante de bachillerato que soñaba con la revolución y participaba activamente en los movimientos juveniles de Milán, rechazaba como algo burgués la preocupación ecológica.

Para él, comprometido con la izquierda política y reivindicativo con las necesidades de las clases menos favorecidas, dedicarse a la defensa de los ecosistemas era cosa de hippies, gente que vivía ajena a los verdaderos problemas. En 1972, mientras él recorría las calles de su ciudad en manifestaciones, un curioso personaje se plantaba frente a la Gran Ópera de Milán con un pequeño roble en sus manos, declamando la necesidad de una arquitectura ecológica y respetuosa con el medio ambiente. Predicaba, en realidad, para casi nadie, porque el suyo era un discurso poco apreciado entonces (y con las pruebas en la mano, tampoco ha cambiado tanto la situación). El orador, amante de provocadoras performances (en una ocasión llegó a desnudarse para presentar un inodoro ecológico de su invención), era Friedensreich Hundertwasser, un polifacético artista vienés, pintor, escultor y arquitecto, que terminaría por convertirse en una referencia para los movimientos más vanguardistas. Entre sus ocurrencias estuvo la de construir casas con tejados de tierra recubiertos de vegetación y habitaciones donde crecían grandes árboles cuyas ramas asomaban por las ventanas. Por entonces Boeri no conocía estas obras ni la filosofía de Hundertwasser, hoy sin embargo cita sus diseños como una de sus grandes inspiraciones para realizar los bosques verticales que le han dado fama mundial.

La idea de construir rascacielos cubiertos de vegetación comenzó a tomar forma en la imaginación del arquitecto italiano durante una visita a Dubai en 2007, observando los fríos -y poco sostenibles- recubrimientos de acero y cristal predominantes en los edificios. Después de varios estudios de viabilidad, sus sueños comenzaron a construirse en el centro de Milán en 2009 y cinco años después se inauguraban ambas torres. Un auténtico ecosistema de 900 árboles y 20.000 plantas, lo que representa el equivalente a dos hectáreas de bosque, habitadas por distintas especies animales. El Bosco Verticale de Boari proporciona innumerables beneficios, puesto que reduce la contaminación del entorno urbano al absorber o dispersar las partículas de CO2, ayuda a reducir el consumo energético, limita los ruidos en el interior de las viviendas y multiplica la biodiversidad de las ciudades. El italiano está orgulloso de que su obra, que ya ha replicado en otras ciudades, sirva de inspiración para otros proyectos: “Hay arquitectos por todo el mundo que están copiando y reinterpretando, a veces con gran innovación, esta idea. Estamos contentos porque queremos que esto no se convierta en nuestra marca registrada, si no en un concepto que se repita y cambie. Esperamos que haya arquitectos urbanos que sepan mejorar nuestras ideas”.

Como su admirado Hundertwasser, lo que Boeri quiere trasmitir con sus edificios es la idea que también comparte Norman Foster al afirmar que “la arquitectura debe transmitir valores”. En el caso del Bosco Verticale esos valores son los de humanizar las ciudades, convirtiéndolas en entornos más habitables y respetuosos con un medio ambiente ya casi exhausto. En estos tiempos tan acelerados, en los que urge tomar decisiones valientes para presevar el planeta, el italiano cree que debemos “imaginar bosques y arquitecturas que sean verdaderos ecosistemas en los que los seres humanos, plantas y otros seres vivos convivan. Creo que ya no es solamente un sueño, sino casi una necesidad”.

Fuente: one.elpais.com

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *