En busca de los secretos de la nieve del Ártico

Desde finales de mayo, un vehículo eólico de 12 metros de largo por tres de ancho, creado en España, navega por el interior de Groenlandia para descubrirnos qué está pasando con la nieve y el hielo allá donde nadie habita, ni las bacterias.

Se trata del Trineo de Viento, diseñado por el explorador polar Ramón Larramendi, que capitanea una expedición científica internacional bautizada como Río de Hielo 2017. Su misión: recoger datos ‘in situ’ de los secretos que oculta la nieve del Ártico sobre los impactos del cambio climático.

En ese objetivo principal se incluye la realización de cerca de una veintena de perforaciones en la nieve de unos 2 metros o 2,5 metros de profundidad para dos proyectos internacionales, el llamado Dark Snow (que estudia el impacto de la contaminación industrial y por incendios en la nieve ártica) y el Ice2Ice, que estudia el deshielo ártico y su impacto sobre el aumento de nivel en los océanos, algo que preocupa, o debiera, en países con zona en baja altitud, como ocurre en España con la costa de Levante.

La importancia de las muestras

Cada 200 kilómetros la expedición del Trineo de Viento toma muestras de hielo.

Hoy, gran parte del trabajo científico polar se basa en modelos climáticos y en los datos proporcionados por los satélites. Los investigadores del Ártico han comprobado que desde 2005 la contribución de Groenlandia al aumento del nivel del mar se ha acelerado debido al aumento de la velocidad de los glaciares que fluyen hacia el océano y a una disminución del balance de masa superficial. Se sabe que, si bien las nevadas han aumentado, lo ha hecho aún más la tasa de fusión, por lo que el resultado final de ese balance es en negativo. Pero, dado que los incluso los modelos climáticos regionales de más alta precisión tienen desviaciones, según el modelo que se utilice, ¿cómo conocer la realidad de la situación a la que os enfrentamos? Está claro que hay si se quieren tener datos fiables de cómo el hielo de Groenlandia contribuirá al aumento de nivel de los océanos, hay que validar los datos sobre la capa de hielo.

De ahí el gran interés científico en recorrer la mayor extensión de terreno posible, algo que suele ser muy costoso para cualquier programa científico porque estamos hablando de más de dos millones de kilómetros cuadrados deshabitados, inhóspitos, tan sólo salpicados por algunas estaciones científicas… Organizar expediciones a este lugar es costoso y complejo.

Por ello, para los responsables de Dark Snow y Ice2Ice, ambos ligados al Centro de Hielo y Clima de Copenhague, una de las instituciones más importantes del mundo en el estudio del cambio climático en esta zona del planeta, el Trineo de Viento es una gran herramienta, que han querido aprovechar. No sólo es mucho menos costosa, sino que además permite recorrer las mayores distancias sin contaminar. El científico australiano Ross Edwards, que trabaja en Dark Snow, no dudó en apuntarse como responsable del trabajo científico a desarrollar.

Una perforación cada 200 kilómetros

Desde que la expedición inició la travesía cerca de Kangerlussuaq, al suroeste, el pasado 27 de mayo, ya ha realizado cuatro perforaciones, una cada 200 kilómetros. Para ello, Edwards se coloca un traje blanco, esterilizado, mascarilla y protectores en el calzado porque, además de medir la densidad de la nieve, su temperatura, la humedad , etcétera, recoge muestras que empaqueta y conserva adecuadamente y que serán analizadas para detectar sus contaminantes en los laboratorios de la base East GRIP, destino último de la expedición Río de Hielo 2017. En el fondo, los ‘ice core’ son como los yacimientos: contienen polvo arrastrado por el viento, polen, contaminación, burbujas de gas atmosférico y hasta sustancias radiactivas que nos hablan de lo que ha ocurrido en el pasado y lo que ocurre en el presente. Por ejemplo, cómo la contaminación de las industrias y los grandes incendios están convirtiendo el blanco manto inmaculado del Ártico en una capa de nieve negra, que por tanto absorbe mucho mas la luz solar y acelera el deshielo.

Más adelante, precisamente sobre la corriente de hielo que da nombre a la travesía, y a la que se dirigen, se realizarán la mayoría de estas perforaciones, al menos 13, una cada 20 metros, según el plan de trabajo que llevan a bordo. Y es que bajo una superficie que parece congelada, grandes masas de hielo se mueven hacia el océano justamente en esa zona, al noroeste de Groenlandia, descargando millones de toneladas de agua.

Un siglo buscando en el hielo
Los primeros científicos en taladrar la nieve fueron Johan Peter Koch y Alfred Wegener a comienzos del siglo XX en una cabaña que construyeron en el hielo en el noreste de Groenlandia. En el interior perforaron a una profundidad de 25 metros con una barrena similar a un sacacorchos de gran tamaño. Hoy, el Trineo de Viento también lleva a bordo un georradar, adaptado por el equipo del glaciólogo Francisco Navarro (Universidad Politécnica de Madrid) que es capaz captar información de la nieve a esa profundidad mientras el eco-vehículo polar está en movimiento. Su información servirá para complementar la que Ross consigue con su arduo trabajo, mientras sus compañeros de expedición, el ‘capitán’ Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Nacho García y el groenlandés J.J. mantienen el vehículo en buen estado y se ocupan de la logística.

A poca distancia, otro grupo de siete investigadores norteamericanos se encuentran embarcados en otra expedición ártica, la “Greenland Traverse for Accumulation and Climate Studies” (Green Tracs), pero en su caso viajan con motos de nieve y han tenido que preparar previamente depósitos de combustible en varios puntos del camino, con el coste que ello supone. El Trineo de Larramendi no lo necesita. Su fuerza es el viento, el rastro de CO2 que deja en su camino es ‘cero’ y un ‘pinchazo’ no entra en sus previsiones. Además, si se rompe una cometa, siempre hay aguja para coserla.

Fuente: elindependiente.com

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