Los retos del coche eléctrico para imponerse en el mercado

Para llegar a generalizarse en el mercado, los vehículos eléctricos se enfrentan a una serie de retos que pueden resumirse en tres: disponer de una red de recarga, pública y privada, satisfactoria; contar con baterías que ofrezcan una autonomía extensa; y hacerse más asequibles para que cualquier usuario se plantee seriamente comprar uno, sea cual sea su nivel adquisitivo.

En la actualidad, la dificultad de emprender un viaje a bordo de un coche eléctrico pasa no tanto por la autonomía a veces insuficiente del propio vehículo como por la falta de puntos de recarga. De ahí que sea necesaria una mayor implicación de las diferentes Administraciones en colaboración con las compañías encargadas del suministro eléctrico.

Más fáciles son las cosas en las ciudades, ya que el usuario sabe con relativa precisión cuántos kilómetros recorre cada día y, en caso de necesidad, puede recurrir a los puestos instalados en la vía pública, parkings, hoteles o centros comerciales.

Naturalmente, el punto de recarga primordial es el que el propietario de un coche eléctrico instala en su propio domicilio. Se trata de la forma de carga más conveniente para el vehículo eléctrico, ya que permite optimizar la carga y aumentar la vida útil de las baterías. Además, las compañías eléctricas ofertan ya soluciones integrales que incluyen la instalación del Wallbox y el mantenimiento a un precio que supera por poco el euro diario, sin contar con la ayuda de 1.000€ para la instalación del punto de carga que ofrecen compañías como Volkswagen con la compra de un eléctrico o híbrido enchufable.

Tiempo de recarga
El tiempo de recarga varía en función de la potencia a la que trabaje el equipo instalado. En general, los puntos domésticos lo hacen a un rango de potencia de entre 2,3 y 7,3 de kilovatios (kW) y tardan una media de ocho horas en conseguir una carga completa.

Este tiempo se reduce a una o dos horas en los puntos de recarga acelerada (más de 11 kW). En los de recarga rápida (43 kW), se puede disponer del 80% de la batería en lo que se tarda en tomar un bocadillo y un refresco antes de seguir viaje (menos de una hora), pero conviene recordar que no todos los modelos están preparados para utilizarla.

En el caso del nuevo Volkswagen e-Golf, que dispone de una autonomía de 300 kilómetros y viene de serie con un conector adaptado que permite cargar el vehículo en un enchufe doméstico convencional (Schuko) en aproximadamente 11 horas, aunque la instalación de un Wallbox en el garaje permite optimizar la carga y rebajar ese periodo de tiempo a poco más de cinco horas.

El modelo puede recurrir a las estaciones públicas de corriente alterna, pero la forma más rápida de cargar su batería es acudir a las que usan corriente continua, que en menos de una hora le proporcionan el 80% de su capacidad con sistema de carga CCS opcional. El CCS combina un sistema de carga monofásico con uno rápido trifásico utilizando corriente alterna de hasta 43 kW, así como la carga a potencias muy superiores de corriente continua.

Carga inductiva
Una de las panaceas soñadas es el coche eléctrico que se cargue mientras conduces, y en los últimos tiempos asistimos a numerosas pruebas de recarga inalámbrica. Fabricantes como Volkswagen trabajan también en la carga inductiva, que en el caso del proyecto V-Charge se asocia a un sistema de aparcamiento automático del coche.

El Plan MOVEA, aprobado recientemente por el Gobierno, no solo contempla ayudas económicas para adquirir un coche eléctrico, sino que también prevé 15.000 euros de ayuda para la instalación de un punto de recarga rápida.

Este tipo de iniciativas para la compra de vehículos eléctricos constituye un interesante incentivo para hacerlos más asequibles mientras la tecnología sigue desarrollándose y, en consecuencia, reduciendo su precio para el futuro.

Fuente: eldiario.es