¿Pueden ser las energías renovables el motor del cambio?

La falta de acceso a electricidad es un factor determinante para el desarrollo de cualquier región. Y más en el caso de los países subdesarrollados en los que la apuesta por la electrificación se ha intentado a través de grandes infraestructuras que han supuesto el endeudamiento de sus gobiernos.


La falta de acceso a electricidad es un factor determinante para el desarrollo de cualquier región. Y más en el caso de los países subdesarrollados en los que la apuesta por la electrificación se ha intentado a través de grandes infraestructuras que han supuesto el endeudamiento de sus gobiernos.
Con 7 años la vida de Samu se iluminó. Este pequeño niño peruano estudiaba cada tarde con la luz de una vela. Ahora, gracias a la llegada de la electricidad, Samuel puede hacer sus tareas sin dejarse la vista en el intento. Leer bajo la luz de una bombilla siempre cuesta menos…

El caso de Samuel no es único. Gracias a la labor de instituciones públicas y privadas la electricidad está llegando a rincones en los que hace unos años parecía impensable, y la evolución económica y social de las zonas a las que llega es más que evidente. Samuel vive en la región peruana de Cajamarca donde la Fundación ACCIONA Microenergía inauguró su Programa Luz en Casa en el año 2010. Hoy son 3.900 hogares de regiones aisladas del Perú los que se benefician de la luz eléctrica gracias a pequeños paneles fotovoltaicos instalados sobre los tejados de sus humildes viviendas.

Otro ejemplo: Oaxaca (México), donde hace sólo un año la oscuridad lo cubría todo cuando caía la noche y hoy día más de 7.500 hogares disfrutan de la electricidad diariamente. Aún queda mucho camino por recorrer, pero es notable el progreso que se ha producido en este estado mexicano desde que la Fundación ACCIONA Microenergía puso en marcha el Programa Luz en Casa en el año 2012.

Cajamarca y Oaxaca son ejemplos de cómo las energías renovables se han convertido, para muchas zonas en desarrollo, en el espaldarazo necesario para su dinamización económica y social. “La electrificación de estos lugares supone una mejora en la calidad y en la esperanza de vida. Además, genera empleo y formación, porque el asentamiento de estas pequeñas o grandes plantas fotovoltaicas implican el desarrollo de fábricas y la aparición del perfil de instalador”, recuerda José Donoso, profesor de la Escuela de Organización Industrial (EOI) y director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

Sishen y Oaxaca son dos ejemplos de cómo las energías renovables pueden contribuir al desarrollo social y económico

COMPARTIR
La falta de electricidad es uno de los factores que más influyen en el subdesarrollo social y económico de cualquier región. Más aún cuando se trata de países en desarrollo, en los que la electrificación se ha intentado a través de grandes infraestructuras que han supuesto importantes inversiones y, en consecuencia, enormes deudas. La apuesta por las energías renovables para llevar energía a estos lugares parece la más acertada y supone un salto cualitativo tanto en el plano económico como en el social para las zonas en las que se instala.

Además, son muchas las instituciones y empresas, tanto públicas como privadas, que han lanzado iniciativas en este sentido. Una de ellas es el programa Lighting Africa, patrocinado por el IFC y el Banco Mundial, que empezó a fomentar que las entidades financieras impulsaran el uso de la energía solar en los consumidores rurales.

Desarrollo económico y oportunidades de futuro
Y es que no es sólo luz eléctrica; es desarrollo económico, empleo y perspectivas de futuro, como demuestra el caso de la construcción de la planta fotovoltaica de Sishen en Sudáfrica. Durante los 15 meses que duraron sus obras, se crearon hasta 1.000 puestos de trabajo, de los cuales el 94% recayó en ciudadanos sudafricanos. Asimismo, en el período de construcción y de vida útil de la instalación, que se prolongará durante más de 25 años, la planta de Sishen habrá aportado al producto interior bruto (PIB) de Sudáfrica 130 millones de dólares y el 2,1% de los ingresos anuales son destinados a iniciativas de desarrollo socioeconómico en la zona.

En la mayoría de los casos, la electrificación supone la implementación de pequeños negocios “para garantizar la sostenibilidad del servicio, de reparación de componentes o de venta de equipos compatibles con los sistemas fotovoltaicos (TV, focos, radios…)”, explica José Gabriel Martín, director de la Fundación ACCIONA Microenergía. En resumen, se crea empleo.

Motivos no faltan para apostar por las energías renovables para dinamizar la economía y la sociedad de los países en desarrollo. “Tanto la fotovoltaica como la eólica están contribuyendo de manera importante; y se ha elegido a las renovables por su menor coste, ya que se garantiza el suministro aprovechando un recurso propio. Además, si miramos hacia África podemos observar que, después de 100 años de electrificación, el modelo tradicional allí ha fracasado: ha supuesto invertir mucho en grandes centrales cuando en esos países apenas hay dinero ni recursos. Y cuando se ha intentado ha provocado un endeudamiento tan importante que llegaba a condicionar la independencia política y económica”, reflexiona el profesor José Donoso de la EOI y director general de UNEF.

El acceso a la electricidad “representa un elemento imprescindible para fomentar el desarrollo, aunque no suficiente para luchar contra la pobreza. Existe una clara correlación entre desarrollo y acceso a energía, pero son necesarios otros factores para erradicar la pobreza”, asegura el director de la Fundación ACCIONA Microenergía. Aunque todo es cuestión de tiempo.

El carácter flexible y disruptivo de las energías renovables no requiere de grandes inversiones y excesivos endeudamientos. Y eso, para los más de 1.200 millones de personas que aún viven sin electricidad es una solución a su problema. Sin embargo, las iniciativas privadas por sí solas no pueden dar respuesta a estas necesidades.

Acción Público Privada
De ahí la importancia del apoyo de socios como el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid (itdUPM), que ha sido clave para la puesta en marcha de la Alianza Shire. Gracias a este acuerdo, en el que participan Iberdrola, Philips Lighting y la Fundación ACCIONA Microenergía, se están desarrollando soluciones innovadoras y sostenibles para iluminar asentamientos de refugiados y poblaciones desplazadas.

Dotar de electricidad limpia a los campos de refugiados aumenta su seguridad y reduce el gasto económico

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) calcula que el 80% de los campos de refugiados carece de electricidad, lo que aumenta las posibilidades de robos y otro tipo de violencia, razón que justifica la puesta en marcha de la Alianza Shire, que ya ha cumplido tres años en activo y ha logrado que se instalen cuatro kilómetros de alumbrado con 63 luminarias LED, además de abastecer de energía a la escuela primaria, a dos cocinas comunitarias y a dos mercados con 36 pequeños negocios en Adi-Harush (al norte de Etiopía), el asentamiento en el que este acuerdo público-privado ha empezado a trabajar.

Desde la AECID aseguran que el impacto estimado de la intervención “resulta sumamente positivo, puesto que además de mejorar las condiciones de vida y de seguridad en el campo, evitará cada año la recolección de alrededor de 1.500 toneladas de leña y las emisiones de unas 2.000 toneladas de CO2. En términos económicos, se prevé un ahorro de 30.000 euros al año en adquisición de diésel”.

Aunque todavía quedan retos que superar, los avances en términos económicos y sociales en estas zonas son palpables. Las energías renovables no sólo le han dado luz a Samu, también la oportunidad de seguir estudiando.

Fuente: futurosostenible.elmundo.es

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *