La lucha por el Ártico de los samis de Finlandia

Anne Karhu-Angeli, pastora de renos de la cooperativa tradicional de Mudsjävri, en Inari, al norte de Laponia (Finlandia), el 10 de abril de 2019. LUIS ALMODÓVAR
El cambio climático y un proyecto ferroviario que atraviesa las tierras, desafíos en las elecciones del país nórdico

En el norte de Laponia, preguntar por el número de renos que tiene una familia es como preguntar el dinero que tiene en el banco. Los samis —el único pueblo indígena en Europa, que habita las gélidas tierras del norte de Noruega, Suecia, Finlandia y parte de Rusia— viven de la naturaleza: del pastoreo de renos y de la pesca en la infinidad de lagos y fiordos que serpentean un terreno prácticamente virgen. Este ecosistema, donde habitan unos 100.000 samis (10.000 en Finlandia), afronta ahora dos amenazas mayúsculas: el calentamiento global y la construcción de un tren de alta velocidad con destino el Ártico que partirá en dos este santuario verde y blanco que hace retornar varios milenios atrás. Casi todos los políticos que se enfrentan a unos comicios decisivos este domingo han priorizado por primera vez en sus programas el futuro del planeta en lo que muchos han bautizado como “elecciones climáticas”.

“Las temperaturas extremas hacen que la nieve se derrita durante el día y el agua se congela rápidamente por las noches. El liquen [que cae de los pinos milenarios] queda bajo capas y capas de hielo y nieve y los animales no pueden comer”, explica Karhu-Angeli mientras Riggee, su inseparable perro, se reboza feliz en la nieve al calor de los primeros rayos de sol de la primavera. Sini Harkki, directora de Greenpeace en Finlandia, explica que los efectos del cambio climático se aprecian muy bien en Laponia porque las zonas cercanas a los polos son las que se están calentando más rápidamente. La de Karhu-Angeli y otras 13 cooperativas samis que practican el pastoreo de renos tradicional —basado en la absoluta libertad de los animales y la migración rotatoria a través de esas zonas de Laponia— tienen que alimentarlos de manera artificial. Son esas tierras las que atravesará la línea de tren que “nadie necesita”, según vecinos y activistas.

Recorrido del futuro tren que atravesará la Laponia finlandesa.
Recorrido del futuro tren que atravesará la Laponia finlandesa. EL PAÍS

Mudsjävri, la cooperativa en la que Karhu-Angeli lleva casi 20 años, es una de las más grandes de esta remota zona, rica también en recursos naturales. Y el tren la partirá en dos, haciendo imposible la migración de renos en búsqueda de comida en las diferentes épocas del año. “Está previsto poner puentes [para estos animales]”, asegura Timo Lohi, director ejecutivo del Corredor Ártico y cercano al partido Centro, del hasta ahora primer ministro, Juha Sipilä. Lohi reconoce que el tren será un “obstáculo” para el pastoreo tradicional, aunque traerá beneficios económicos. Desde un punto de vista medioambiental, la infraestructura llevará actividad humana a un lugar hasta ahora intacto.”Este área es el pulmón de Europa”, señaló en febrero el científico Tero Mustonen al diario británico The Guardian.

Jarmo Pyykkö asesora a los samis en el uso de la tierra. En la imagen, Pyykkö, junto a su perra Dana, en el salón de su casa en Inari, Laponia (Finlandia), el 10 de abril de 2019.
Jarmo Pyykkö asesora a los samis en el uso de la tierra. En la imagen, Pyykkö, junto a su perra Dana, en el salón de su casa en Inari, Laponia (Finlandia), el 10 de abril de 2019. LUIS ALMODÓVAR

El tren de alta velocidad —está proyectado que viaje a unos 200 kilómetros por hora— conectará Rovaniemi, capital lapona, con Kirkenes (Noruega). El propósito último de Helsinki, Pekín y Bruselas es adherirlo a la red conocida como Corredor Ártico y convertirlo en la Ruta de la Seda del Hielo, en la que también entra el plan de construir un túnel que comunique Helsinki con Tallin (Estonia) bajo el mar Báltico. Así, todo el comercio que llegue a Europa por barco desde China (y viceversa) desembarcará en el puerto noruego de Kirkenes y se empezará a distribuir por toda la UE en el tren que parte literalmente en dos el alma de los samis.

El comercio entre Europa y Asia que abre la nueva ruta comercial del polo Norte resulta muy jugoso para Bruselas y posicionarse en el Ártico, donde Rusia está redescubriendo las bases militares soviéticas, no es baladí. “Es importante que Finlandia forme parte de este proyeto”, explica Antti Rinne, líder socialdemócrata. Está en pleno esprint final de una campaña electoral reñidísima aunque, según las encuestas, su partido es el mejor posicionado en los comicios al Eduskunta (Parlamento finlandés) de este domingo con un 19% de intención de voto. Pero para poder formar un Gobierno estable necesita, al menos, del apoyo de los Verdes y La Alianza de Izquierda, lo que podría significar el fin, al menos temporal, de esta megaestructura.

Katariina Guttorm, de la comunidad sami de Laponia (Finlandia), en una reconstrucción de una casa tradicional en Inari el 11 de abril de 2019.
Katariina Guttorm, de la comunidad sami de Laponia (Finlandia), en una reconstrucción de una casa tradicional en Inari el 11 de abril de 2019. LUIS ALMODÓVAR

Kaisu Nikula, de 51 años, pertenece a la familia más antigua de Inari. Desde hace décadas regenta junto a su hermano el hotel Kultahovi y aunque reconoce que el tren puede traer beneficios económicos y más turismo, asegura que no le compensa. “Nosotros estamos muy vinculados a la naturaleza y queremos preservarla tal y como está. No es nuestro negocio”. Pyykkö, más combativo, asegura que los únicos que se beneficiarán del tren son las empresas extranjeras que inviertan los 2.900 millones de euros que va a costar su construcción, especialmente las chinas. “Finlandia quiere hacer creer que es un país que cuida a sus minorías, pero en su patio trasero hace todo lo contrario (…) Y me da la impresión de que la UE se ocupa más de los indígenas que los Gobiernos en Helsinki”, reprocha mientras guarda silencio, pensativo, mirando por la ventana de su salón.

“[El Gobierno de] Finlandia no está preparado para aceptar que los indígenas samis tengan los mismos derechos en cuanto al uso de su tierra. Hay que mejorar mucho”, reprocha la directora de Greenpeace en el país nórdico. En los años 50 las tres lenguas samis estaban prohibidas. Y también vestir de manera tradicional. Su religión, muy vinculada a la naturaleza, era considerada un pecado y con la Reforma, los samis fueron convertidos al cristianismo. Y ahora se siguen sintiendo vapuleados.

En el centro de Inari se alza el Sajos (Parlamento sami). Un enorme edificio de madera construido en 2012 parcialmente con fondos (2,5 millones de euros) de la Unión Europea, que también ha financiado este reportaje en una serie con motivo de los comicios a la Eurocámara que tendrán lugar el 26 de mayo. Hasta hace solo siete años, los 22 miembros que conforman el órgano que representa a los samis en Finlandia tenía que reunirse en hoteles o en casas privadas. “¡Donde podíamos!”, exclama su presidenta desde 2016, Tiina Sanila-Aikio, de 36 años.

El Sajos, edificio del Parlamento sami, construido en Inari (Laponia, Finlandia) con fondos de la UE, el 11 de abril de 2019.
El Sajos, edificio del Parlamento sami, construido en Inari (Laponia, Finlandia) con fondos de la UE, el 11 de abril de 2019. LUIS ALMODÓVAR

“El hecho de que el Parlamento Europeo ayudara a construir una Cámara de representantes para nuestro pueblo es una señal de reconocimiento. De que [en Bruselas] saben que existimos”, dice Katariina Guttorm, responsable del Centro Cultural Sami, también financiado con dinero comunitario. “La UE nos ayuda a crear en nuestro idioma palabras nuevas, más técnicas. A preservar un diccionario y a desarrollar la cultura sami”, explica Guttorm desde el interior de un lavvu, una tienda de campaña que imita a la casa donde sus antepasados solían vivir hasta los años setenta. “Mis abuelos vivían así porque somos un pueblo nómada. Vivimos en cuatro países y nuestra identidad no la dicta un pasaporte”, ilustra frente al fuego que chisporrotea encima de la nieve.

Fuente: elpais.com




El cambio climático se convierte en el principal riesgo a medio plazo

La planta de Neurath en Bergheim (Alemania), en 2018.


La planta de Neurath en Bergheim (Alemania), en 2018.
 EFE

El Banco Mundial vaticina serios recortes del PIB mundial si la temperatura global sigue subiendo

El cambio climático es, junto con las desavenencias políticas y un contexto de crecientes desigualdades, “el riesgo clave que podría rebajar la potencial producción global en el medio plazo”, según el informe del FMI. Las implicaciones serían “particularmente severas para algunos países vulnerables”. Los cálculos del Banco Mundial son que, si la temperatura global sigue subiendo al ritmo que lo ha hecho hasta ahora, podría acarrear recortes de entre el 15% y el 25% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

“Es claramente un riesgo importante a medio plazo, y avanza rápido mes a mes”, ha explicado el martes en conferencia de prensa Gita Gopinath, economista jefa del Fondo. “El riesgo es urgente sobre todo para los países con bajos ingresos”, ha detallado. Gopinath habló de la necesidad de que los países “incorporen esos riesgos y de construir resiliencia” para los embates del clima. Ante ello, ha subrayado la necesidad de “una mayor cooperación multilateral”.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático ya advirtió en octubre de que, a los ritmos de aumento actuales, “el calentamiento global podría alcanzar 1,5º por encima de los niveles preindustriales entre 2030 y 2052, trayendo consigo extremos de temperatura, precipitaciones y sequías. Ello produciría “efectos humanitarios devastadores” y conllevaría “pérdidas de producción severas y persistentes en una amplia gama de economías”.

Los países en desarrollo de bajos recursos tienen ante sí, advierte el informe, el reto de resistir “los embates del cambio climático y los potentes desastres naturales”. Reducir los efectos colaterales de estos desastres, señala el Fondo, requerirá “invertir en infraestructuras climáticamente inteligentes, incorporar tecnologías apropiadas y desplegar redes de seguridad social bien dirigidas”.

Ya en enero, en el Foro Económico de Davos, la directora del FMI, Christine Lagarde, habló del cambio climático y el envejecimiento de la población como los dos grandes riesgos a las perspectivas de crecimiento. El cambio climático, dijo Lagarde, “es un asunto tan serio que, aunque no lo parezca, compete también a los bancos centrales y, por supuesto, al sector financiero”.

En Estados Unidos, el sector más progresista del Partido Demócrata ha colocado sobre la mesa el conocido como Green New Deal, una movilización nacional de una envergadura colosal para descarbonizar la economía. El gasto desorbitado que exigiría, con una expansión del sector público de la escala del New Deal puesto en marcha tras la Gran Depresión, ha llevado a su fracaso en el Congreso. Pero ha suscitado un acalorado debate entre los activistas medioambientales, que consideran que el cambio climático es un riesgo inminente y existencial, y los críticos que sostienen que son los mercados los que deben liderar la transición desde el carbón a las energías limpias.

Fuente: elpais.com




Los corales de la Gran Barrera australiana tienen dificultades para recuperarse

Los corales Acropora de la Gran Barrera de Coral desovan liberando material reproductivo bajo una luna llena.
El cambio climático agrava las olas de calor marinas, una realidad que incrementa las probabilidades de blanqueos masivos y pone en peligro a los corales jóvenes. 

En los días más cálidos del verano australiano, justo después de una luna llena, la Gran Barrera de Coral queda envuelta en una ventisca submarina.

La enorme franja de arrecifes de coral libera millones de huevos y esperma que flotan hasta la superficie del agua, se combinan y forman un gameto. Los gametos se convierten en larvas. Algunas flotan hasta abajo y se establecen en el lecho marino, mientras que a otros se los lleva la corriente.

Una nueva investigación publicada el miércoles en Nature determina que las aguas más cálidas dificultan que los corales se reproduzcan en masa. De hecho, tras un grave fenómeno de blanqueo en 2017 en la Gran Barrera de Coral, la cantidad de material reproductivo recogido en el agua tras un desove masivo en 2018 era un 89 por ciento inferior. Los investigadores estiman que los corales tardarán entre cinco y diez años en recuperarse.

La luz de la tarde se filtra en el arrecife Lodestone, en la Gran Barrera de Coral.
Un equipo de buzos nada entre los jardines de coral en el arrecife Keeper, en la Gran Barrera de Coral.

La investigación demuestra que, tras los blanqueos masivos, los arrecifes de coral tienen dificultades para recuperarse. El descenso de nuevos corales jóvenes también afecta a unos corales más que a otros, por lo que el cambio climático podría modificar drásticamente la composición de los arrecifes.

Recogida de datos

Los corales que desovan por difusión se reproducen liberando una masa de material reproductivo en el agua. La mayoría de las especies de la Gran Barrera de Coral se reproducen de esta manera, pero algunas, denominadas incubadoras, se reproducen liberando larvas (o plánulas) que se establecen en los alrededores.

Para evaluar qué especies de coral adulto eran la más afectadas, los investigadores llevaron a cabo estudios submarinos cubriendo con cinta los lechos de arrecifes y midiendo la topografía. Para tomar muestras del reclutamiento de larvas, colocaron paneles por toda la Gran Barrera de Coral en los días posteriores a un fenómeno de blanqueo masivo.

«Colocamos mil paneles», explica Terry Hughes, experto en arrecifes de coral de la Universidad James Cook e investigador principal. «Entre los límites norte y sur, hay una distancia de 2.900 kilómetros».

En estudios anteriores, los paneles contenían entre 50 y 100 gametos cada uno. Este año, «los números más habituales eran entre cero y uno», afirma.

Menos tiempo de recuperación

Las altas temperaturas y la contaminación hacen que los corales expulsen las algas que viven en sus tejidos. Estas algas aportan alimentos a cada pólipo coralino. Si el agua no se enfría o la contaminación no se disipa, las algas no vuelven al coral y este muere de hambre. Los patrones meteorológicos como El Niño pueden hacer que las aguas cálidas sean insoportables para los corales.

El blanqueo coralino se registró por primera vez a principios de los años 80, pero la Gran Barrera de Coral ha sufrido cuatro fenómenos de blanqueo masivos que han devastado grandes áreas del arrecife. El primero fue en 1988 y el segundo, en 2002. Entre 2002 y 2016, los corales pudieron recuperar lo que habían perdido tras el blanqueo.

«Tuvimos la suerte de contar con un periodo de 14 años entre el segundo y el tercero», afirma Hughes. «Y tuvimos la desgracia de no tener uno tras 2016».

Los fenómenos de blanqueo seguidos de 2016 y 2017 devastaron la Gran Barrera de Coral y la investigación publicada por Hughes el año pasado en la revista Science sugiere que la brecha entre calentamientos extremos se está acortando.

«Es como si enfermaras cada dos años, o en intervalos tan cortos que no te da tiempo a recuperarte entre medias», contó entonces Julia Baum, autora del estudio y bióloga marina, a National Geographic.

Un futuro complicado

Los diez años que se estima que tardan los corales en recuperarse solo se aplican si no se produce ningún otro fenómeno de blanqueo en ese tiempo. Hughes dice que es poco probable que no ocurran en un mundo en proceso de calentamiento.

«Estoy razonablemente seguro de que tendremos arrecifes [en el futuro]», afirma Hughes. «Pero ya estamos observando los cambios que ocurren con un grado de calentamiento. Con dos o más, los arrecifes correrán cada vez más peligro y estarán cada vez más irreconocibles».

Determinadas especies de corales que desovan por difusión, como los corales del género Acropora, son las más afectadas. El reclutamiento en esas especies ha descendido un 93 por ciento. Los Acropora tienen forma de mesa, son responsables de gran parte de la tridimensionalidad del arrecife y los investigadores afirman que mantienen a miles de especies.

«Siempre hemos previsto que el cambio climático modificaría la mezcla de corales», afirma Hughes. «Lo que nos ha sorprendido más es lo rápido que ocurre. No ocurrirá en el futuro. Es algo que estamos midiendo ahora».

Fuente: nationalgeographic.es




Los océanos se han vuelto hostiles para los animales

El cambio climático y la sobrepesca han sacudido la vida marina, pero a algunas especies les va mejor que a otras.

Tradicionalmente, el mar no era un lugar hostil donde vivir. Las especies que habitan el océano han evolucionado a lo largo de milenios para prosperar en sus profundidades.

Lo que para nosotros es alucinante —la capacidad de un pez de vivir a ocho kilómetros bajo el mar, por ejemplo— para otros animales es parte de la vida cotidiana. «Ese entorno no es hostil para ellos, es lo mismo que estar sentados en el salón [para nosotros]», afirma Matthew Savoca, investigador posdoctoral de la Hopkins Marine Station de la Universidad de Stanford en Monterrey.

Nadar con hasta seis peces macho pegados permanentemente al cuerpo, por ejemplo, forma parte de la vida cotidiana de los Lophiiformes hembra. Un macho le clava los dientes a una hembra y todos sus órganos, salvo los testículos, se van desvaneciendo hasta que es solo un parásito colgándole del cuerpo. Nada fuera de lo normal: es una parte más de la vida en las profundidades del mar para un Lophiiforme.

Aunque los mares cambian con el tiempo, como cuando la Tierra atravesó las glaciaciones pasadas, dichos cambios ocurren de manera gradual y las especies evolucionan para soportarlos.

«Pero los humanos perjudican el [océano] de forma global, ya sea mediante la sobrepesca o los plásticos o cualquier otra cosa, y lo hacemos muy rápidamente», afirma Savoca. «Es un ataque frecuente, imparable, constante».

En el caso de muchos animales, la evolución no puede seguir el ritmo a los cambios antropogénicos. El plástico, la pesca insostenible, la acidificación del océano y el calentamiento de las aguas, entre otros factores, han convertido el océano en un lugar más hostil para los animales que lo habitan.

Los animales longevos, como los albatros y las ballenas azules, evolucionan muy lentamente a lo largo de miles de años, ya que sus generaciones están mucho más espaciadas. Pero el plástico, por ejemplo, solo ha existido durante 60 años, que básicamente equivale a la vida de un solo animal. Según Savoca, las generaciones de estas especies longevas tardarían 60.000 años en empezar a adaptarse para convivir con ello. El océano se ha convertido en un campo de minas de plástico.

Los animales que se reproducen con frecuencia y tienen vidas cortas, como los peces pequeños y el plancton, evolucionan más rápidamente. «La evolución podría salvar a esas especies», afirma Savoca.

La forma en que los animales viven en el océano también afecta a su capacidad de adaptación a los cambios. En general, las especies animales se sitúan a lo largo de un espectro. A un lado están las especializadas, que suelen ser superdepredadores, como las orcas y los tiburones, que han evolucionado para prosperar en entornos muy particulares y comer presas específicas. Como están muy focalizadas, se les da muy bien explotar su hábitat, pero son terribles a la hora de adaptarse a los cambios, según Savoca. Conforme sus entornos cambian o sus principales fuentes de alimento se agotan, se encuentran en circunstancias desconocidas y tienen dificultades para adaptarse a ellas.

Al otro lado están las generalistas —el bacalao o el lenguado, por ejemplo—, que son «polivalentes, expertas en nada», afirma Savoca. Son capaces de prosperar en muchos entornos diferentes y consumir una dieta variada. Aunque las generalistas no dominan sus entornos como los superdepredadores, pueden adaptarse cuando su entorno se vuelve impredecible.

Pero las ventajas son limitadas.

Las campañas de matanza, como los siglos de pesca de bacalao o la caza de ballenas en el Atlántico Norte, afectan a las especies generalistas y especializadas por igual. Y estas «matanzas de talar y quemar», en palabras de Savoca, crean efectos dominó en ecosistemas enteros y en la cadena trófica.

Fuente: nationalgeographic.es




Cómo la contaminación y los gases de efecto invernadero afectan ya al Sahel

Las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima.

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Las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima.
 UNSPLASH

Un estudio demuestra por primera vez que la evolución de las precipitaciones en una región durante el siglo XX ha estado directamente afectada por las emisiones humanas

Durante la última década, muchos países de la región del Sahel —la franja semiárida del sur del Sáhara que se extiende desde Senegal hasta Etiopía— han estado sumidos en diversos conflictos. La población de estos países está creciendo, lo que implica que los recursos son cada vez más escasos. Además, las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima. Se ha podido relacionar estos sucesos en la región con el cambio climático.

Durante los últimos 100 años se han producido grandes fluctuaciones en el clima de la región. A las abundantes lluvias en las décadas de los cincuenta y los sesenta sucedieron pertinaces sequías en los setenta y los ochenta. Desde mediados de los noventa, la zona se caracteriza por la alternancia de buenos y malos años.

Nuestras últimas investigaciones atribuyen esta evolución del clima a las emisiones producidas por la quema de combustibles fósiles. Nuestro equipo ha demostrado que los modelos climáticos mundiales más recientes pueden explicar las persistentes sequías en el Sahel cuando se incluye información sobre la emisión de sustancias contaminantes y de gases de efecto invernadero. También han constatado el potencial de estos modelos, ya que pueden simular de manera fiable cambios en la temperatura de los océanos y en las precipitaciones regionales a partir de observaciones del mundo real.

Esta es la primera vez que se ha demostrado que la evolución de las precipitaciones en una región durante el siglo XX ha estado directamente afectada por las emisiones humanas, concretamente de sustancias contaminantes y gases de efecto invernadero. También es la primera vez que se propone un único argumento que explica de forma coherente tanto las fluctuaciones naturales como los cambios causados por la actividad humana. La base que sustenta esta teoría es la influencia de los océanos en el clima regional.

La sequía del Sahel

La lluvia del Sahel proviene de la humedad que los vientos del monzón transportan desde el Atlántico Norte. A medida que el aire se eleva, este se enfría y condensa la humedad, que cae en forma de lluvia. Cuanto más se caliente el Atlántico Norte, mayor será la cantidad de humedad que se evapore de su superficie y se desplace hacia tierra, y más húmedo será el Sahel.

Aunque el aire se eleve de forma local, también depende del mismo fenómeno a escala mundial. Por ejemplo, durante un evento climático como El Niño, el aire se eleva sobre un Pacífico tropical mucho más cálido y desciende en otros lugares, causando sequías generalizadas. Durante la segunda mitad del siglo XX, los gases de efecto invernadero calentaron los océanos tropicales, lo que provocó que las condiciones para que el aire ascendiera en otras zonas fueran desfavorables.

El estudio demuestra que, a pesar del papel de los gases de efecto invernadero en el pasado, el cambio climático no conducirá necesariamente a la sequía en el Sahel

Del mismo modo, las emisiones de pequeñas partículas sólidas que emiten las centrales eléctricas de carbón, conocidas como aerosoles de sulfato, aumentaron como consecuencia de la reconstrucción de la economía tras la Segunda Guerra Mundial. Esto enfrió el Atlántico Norte de manera directa, reflejando la radiación solar y, de manera indirecta, favoreciendo la formación de nubes que, a su vez, reflejan la radiación entrante.

El análisis de un total de 29 modelos climáticos mundiales llevado a cabo por nuestro equipo muestra que la combinación del calentamiento de los océanos tropicales, causado por los gases de efecto invernadero, y el enfriamiento del Atlántico Norte, causado por los aerosoles de sulfato, que caracterizaron la segunda mitad del siglo XX, condujeron a la sequía del Sahel.

El estudio también demuestra que, a pesar del papel de los gases de efecto invernadero en el pasado, el cambio climático no conducirá necesariamente a la sequía en el Sahel.

Ahora que las emisiones de aerosoles de sulfato se han reducido drásticamenteen torno al Atlántico Norte, gracias a la legislación medioambiental destinada a reducir la lluvia ácida y las consecuencias para la salud pública de la contaminación, el calentamiento del Atlántico Norte ha repuntado.

Para seguir la senda del desarrollo, el Sahel necesita diversificar su economía más allá de la agricultura

Por lo tanto, las predicciones de condiciones más húmedas debido al calentamiento están en sintonía con la explicación que se ha dado: el aire puede ahora elevarse sobre el Sahel, impulsado por el aumento de la humedad debido al calentamiento del Atlántico Norte, desafiando las precipitaciones impuestas por el calentamiento de los océanos tropicales en otros lugares. Las predicciones también están en consonancia con tendencias emergentes en la observación de un ciclo del agua más dinámico: los episodios de precipitaciones más intensos, aunque quizás menos frecuentes, que han conducido a episodios recurrentes de inundaciones durante la década pasada.

Futuras políticas

La atribución de la sequía del Sahel a las emisiones demuestra que el cambio climático es real y ya está aquí. Existe tecnología para adaptarse a las sequías y a la variabilidad del clima en general. Esta tecnología incluye previsiones climáticas estacionales y prácticas de gestión de la tierra tales como la agrosilvicultura, la agricultura de conservación y la conservación de la tierra y el agua, que ya desempeñan un papel en el desarrollo de estrategias de adaptación.

De cualquier modo, dadas las presiones sociales ya mencionadas al comienzo, para seguir la senda del desarrollo, el Sahel necesita diversificar su economía más allá de la agricultura. Esto requerirá mucha más energía de la que actualmente se produce en el Sahel. En el contexto global de políticas relativas al cambio climático, la mitigación de sus problemas derivados ofrece la oportunidad de desarrollarse de manera sostenible, con el apoyo necesario para una transición hacia las energías renovables, especialmente atractiva en una región con abundante sol y viento.

Fuente: elpais.com




El cambio climático calienta la región del Himalaya y amenaza a millones de personas

Los glaciares del Himalaya, como este, a lo largo de la ruta de Amarnath en Cachemira, se derriten a medida que la región de alta montaña se calienta.

Más de 200 científicos han colaborado en un informe que augura un futuro cálido en las altas montañas de Asia

Los picos y valles del macizo montañoso de Hindú Kush, en el Himalaya, son algunas de las regiones más inaccesibles y remotas del mundo actual. Pero hasta los valles aislados han sufrido las consecuencias del cambio climático, según sostienen los autores de un nuevo informe integral sobre esta vasta región. Según los autores, los cambios ya han complicado la vida de 240 millones de personas que viven en los picos y valles y es probable que, en el futuro, los efectos se acumulen.

En toda la región de alta montaña, que abarca hasta Afganistán por el oeste y hasta Birmania por el este, las temperaturas del aire han aumentado casi 1,1 grados Celsius desde el comienzo del siglo XX y las temperaturas frías se han calentado más rápido que en el resto del mundo. En consecuencia, los glaciares se retiran, el permafrost se derrite y los patrones hídricos son cada vez más erráticos, alterando fuentes de agua que hasta ahora eran seguras para millones de personas e instigando más desastres naturales.

«Las montañas importan y es hora de que empecemos a prestarles atención», afirma Phillipus Wester, científico jefe del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) en Katmandú y uno de los autores principales del informe, elaborado por más de 200 científicos y analistas.

El estudio advierte de que, sin una atención global inmediata para frenar el futuro calentamiento y el esfuerzo de los países de la propia cordillera para adaptarse, el cambio climático futuro podría introducir dificultades en la región de las que sería difícil, si no imposible, recuperarse.

Picos cálidos y nieves cambiantes

El Hindú Kush del Himalaya comprende cientos de las montañas más emblemáticas del mundo, alberga más de 77.700 kilómetros cuadrados de hielo glacial —más que ningún otro lugar del mundo además de los polos— y alberga 240 millones de habitantes en sus picos y valles. Las cordilleras también albergan las cabeceras de ríos como el Indo, el Ganges y el Brahmaputra, que aportan agua a miles de millones de personas en las tierras río abajo.

Las altas montañas ya están experimentando las consecuencias del cambio climático más intensamente que otras partes del mundo, aunque no se sabe exactamente por qué.

«Aunque el calentamiento global se limitara a 1,5° [Celsius, o 2,7° Fahrenheit] para finales de siglo —y, de ocurrir, sería un milagro—, es probable que las altas montañas se calienten más», afirma Arun Shrestha, uno de los autores principales del capítulo sobre cambio climático del informe y científico climático en el ICIMOD. Sostiene que esa cifra se disparará a 1,6° Celsius a mediados de siglo, «un calentamiento bastante significativo».

Algunas partes de la región —la meseta tibetana y gran parte del límite noroeste de la cordillera montañosa, incluida la del Karakórum— son aún más sensibles: según el objetivo de calentamiento de 1,5° C que sugirió el IPCC el pasado otoño, dichos picos prístinos podrían experimentar un calentamiento superior a 2° C.

Y sin un esfuerzo mundial coordinado para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, esa cifra podría aumentar más. Si seguimos en la trayectoria de emisiones actual, los autores afirman que las altas montañas experimentarán temperaturas más de 3° C superiores para finales de siglo. Y si las emisiones aumentan más, esa cifra podría sobrepasar los 5,5° C.

En el caso de los agricultores que cultivan manzanas o cereales en las escarpadas ladearas montañosas, significará que tendrán que colocar sus vergeles a más altitud en busca de las noches frescas y las estaciones necesarias para dichos cultivos. Para otros, los patrones cambiantes de nieve y lluvia secarán arroyos y manantiales que antes eran una fuente segura de agua o amenazarán con inundaciones desastrosas.

Los patrones de nieve y lluvia también han cambiado con el calentamiento del clima. La mayor parte de la nieve en alta montaña a lo largo de la franja oriental de la región cae en verano, cuando el intenso monzón se asoma en lo alto de las montañas. Pero en las últimas décadas, dicho monzón se ha debilitado, privando a las montañas de la nieve que alimenta los glaciares y que aporta un agua fundamental para muchos agricultores cuando se derrite lentamente durante la primavera, justo cuando necesitan agua para plantar sus cultivos. Se prevé que este monzón se debilitará en el futuro, lo que alterará aún más el suministro hídrico esencial para los agricultores que dependen de él.

«Debemos esperar que, con el cambio climático, aumentará la variabilidad de los fenómenos meteorológicos», afirma Nina Bergan Holmelin, investigadora del Centro noruego de Investigación Internacional del Clima que estudia los agricultores y las comunidades de la región. «La coordinación es importantísima. Es mucho más difícil enfrentarse a sequías, inundaciones y lluvias intensas y, después, a nada durante mucho tiempo».

El derretimiento de los glaciares

Por otra parte, muchos glaciares de la región —sobre todo en la meseta tibetana y en los tramos orientales de la cordillera, como la cordillera central del Himalaya y la región de Khumbu, que albergan algunas de las montañas más famosas del mundo— se han retirado entre un 20 y un 47 por ciento desde el año 2000, según los estudios recopilados en el informe. «Si la situación no cambia, el 50 por ciento del volumen desaparecerá para finales de siglo», afirma Joseph Shea, uno de los autores principales del capítulo del informe sobre los cambios en el hielo de la región y glaciólogo en la Universidad del Norte de la Columbia Británica en Canadá.

El derretimiento de los glaciares y la nieve alimenta los ríos y mantiene su caudal. Para el Indo, que obtiene el 40 por ciento del agua del derretimiento glacial, esto supondrá que, a corto plazo, habrá más agua bajando desde lo alto de la montaña.

Según Michele Koppes, científica climática de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver y que no participó en el informe, afirma que es probable que, a medida que los glaciares empequeñecen, dicho suministro de agua a ríos como el Indo menguará. «Los glaciares y los ventisqueros son como grandes bancos donde se almacena agua», afirma. Dicha agua puede liberarse poco a poco durante estaciones, décadas o siglos a medida que se derriten los glaciares y los ventisqueros. Pero el cambio climático hace que ese deshielo se produzca más rápido, de forma que «recurre a sus tanques de almacenamiento», dice, y deja vulnerables a las comunidades y sistemas ecológicos que dependen de esa agua.

Los cambios en los glaciares también tienen otro efecto, según Sudeep Thakuri, glaciólogo de la Universidad de Tribhuvan en Katmandú que no participó en el informe: más deshielo implica más acumulación de agua en lagos sobre los glaciares o en el frente glaciar. Desde 1977, sus colegas y él han determinado que la cantidad de lagos glaciales en el Himalaya nepalí se ha duplicado.

Pero dichos lagos suelen crecer tan rápidamente y contienen tanta agua que pueden atravesar —y ya lo han hecho— los montones de roca que los retienen, lo que provoca inundaciones abruptas y devastadoras.

Y como las laderas empinadas contenidas por suelos congelados se han derretido, los desprendimientos de rocas, los derrumbamientos de terrenos y las avalanchas son más habituales.

Desde los 80, las condiciones climáticas cambiantes han provocado un incremento del riesgo de desastres en la región que, según el informe, aumentará en el futuro.

Hora de actuar

La ciencia, en muchos casos, todavía se está poniendo al día con las experiencias que han vivido millones de residentes de las montañas. En 2007, una evaluación global del IPCC ponía de manifiesto la falta de conocimiento científico sobre cómo el clima había afectado y seguiría afectando a esta región vasta, fundamental y emblemática en el futuro. Al principio, el grupo de expertos sugería que los glaciares de la región desaparecerían por completo para 2035. Los glaciólogos sabían que la región estaba retrocediendo; sabían que la situación era mucho más compleja. Pero «lo que quedaba claro era que no contábamos con suficiente conocimiento científico sólido para afirmar qué era posible», afirma Shrestha. «Claro que sabíamos que estaban disminuyendo, pero no sabíamos cuánto».

Se había planteado un reto y científicos de todo el mundo se dedicaron a investigar este problema espinoso. Muchos de los glaciares de la región se encuentran en valles remotos o montañas de difícil acceso, áreas complejas cuyos cambios son difíciles de desentrañar a partir de imágenes por satélite. Los científicos tenían dificultades para encontrar datos adecuados y fiables en la vasta franja de la cordillera.

Ahora contamos con una imagen coherente. Según Wester, lo que vemos es una región que se enfrentará a retos enormes en los próximos años. Sostiene que la región, con millones de residentes y recursos importantes para los habitantes río abajo, no ha recibido la atención internacional que merece.

«Sabemos lo suficiente como para actuar», afirma Wester. «No podemos escondernos tras la excusa de que no tenemos los datos, de que se necesita investigar más. Ahora contamos con una evaluación de 650 páginas. Han colaborado 210 personas durante tres años para analizarlo minuciosamente. Sabemos que va a ser duro y sabemos lo suficiente como para actuar».

Fuente: nationalgeographic.es




Las olas de calor marinas aniquilan a las criaturas acuáticas y amenazan la biodiversidad

El océano sufre olas de calor como las que ocurren en tierra y la vida submarina tiene dificultades para sobrevivir.

Un lecho de praderas marinas en la isla de Vancouver, Canadá. Las praderas marinas, como los bosques de algas y los arrecifes de coral, albergan una gran diversidad de criaturas marinas. Las aguas cálidas ponen en peligro la salud de estos ecosistemas.

Las olas de calor intensas son perjudiciales para la salud humana. Pueden provocar afecciones mortales como deshidratación y accidentes cerebrovasculares. Y, al igual que las temperaturas extremas en tierra, las olas de calor marinas pueden alterar drásticamente la vida bajo el mar.

Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change ha determinado que las olas de calor marinas han aumentado significativamente en las tres últimas décadas y está cada vez más claro cómo afectan las altas temperaturas a la biodiversidad.

Las olas de calor marinas son periodos en los que la temperatura media del agua es excepcionalmente alta en una región concreta. En los últimos 30 años, los días con olas de calor marinas han aumentado poco más del 54 por ciento, una tendencia que, según los autores del estudio, coincide con las disminuciones de criaturas marinas.

El estudio incluyó olas de calor marinas significativas, como la enorme masa de agua caliente presente en la costa oeste de los Estados Unidos entre 2014 y 2016 (denominada «the blob»). Esta masa fue responsable de muertes masivas de invertebrados y mamíferos marinos.

«Está claro que los fenómenos de calentamiento extremo pueden provocar cambios abruptos en ecosistemas enteros con consecuencias generalizadas», afirma Daniel Smale, ecólogo y autor del estudio.

Un panorama global

Para obtener un panorama global de los cambios que provocan las olas de calor marinas en los océanos del mundo, Smale y su equipo de investigación analizaron 116 artículos científicos ya publicados. Eso les proporcionó datos de más de mil registros ecológicos diferentes. Las olas de calor se cuantifican como cualquier periodo superior a cinco días en el que el mar haya registrado temperaturas anormalmente altas.

A continuación, emplearon conjuntos de datos ya existentes para calcular la cantidad de biodiversidad por región. Las regiones con una gran densidad de biodiversidad que habían sufrido olas de calor eran especialmente preocupantes para los científicos. Dichas regiones corrían un grave peligro de sufrir daños o experimentar muertes que tendrían un efecto dominó en los ecosistemas vecinos.

El estudio destaca tres regiones especialmente afectadas por el calentamiento del agua: los arrecifes de coral del Caribe, las praderas marinas de Australia y los bosques de algas de la costa de California.

El calentamiento altera las funciones habituales de estos grandes hábitats ecológicos. Los corales, por ejemplo, experimentan estrés cuando se encuentran en temperaturas más altas que la media. Expulsan sus algas simbióticas y atraviesan un proceso denominado blanqueo de coral, en el que los corales coloridos se vuelven enfermizos y adoptan un marcado color blanco.

Importantes pérdidas

En 2005, Estados Unidos perdió la mitad de sus corales caribeños. En la Gran Barrera de Coral ya han muerto más de la mitad de los corales. Cuando los corales mueren, ya no pueden sustentar a los cientos de peces y otras especies marinas que viven en los arrecifes.

«Ahora, los arrecifes de coral que evolucionaron con solo unas pocas semanas de temperaturas superiores a la media cada década están sufriendo hasta tres meses seguidos de temperaturas extremas cada pocos años», explica el ecólogo Enric Sala, explorador de National Geographic que no participó en el estudio.

«Por ejemplo, las tormentas tropicales generan aún más destrucción porque los arrecifes de coral no pueden seguir creciendo ni proteger las costas de las olas», afirma.

El descenso de la biodiversidad también podría tener consecuencias en la seguridad alimenticia y las economías que dependen del mar. La semana pasada, un estudio publicado en la revista Science determinó que el cambio climático estaba provocando la desaparición de los peces. Las poblaciones mundiales de peces necesarios para el consumo humano en las pesquerías han descendido en torno a un cuatro por ciento. En algunas regiones que sufren tanto calentamiento marino como sobrepesca, dicho descenso es superior al 30 por ciento.

A Smale también le preocupa que la pérdida de regiones fundamentales como arrecifes de coral, lechos de praderas marinas y bosques de algas añada más dióxido de carbono a la atmósfera. Se estima que el océano ha absorbido el 26 por ciento del carbono liberado en la atmósfera en la última década. Todo el carbono que ha absorbido la flora submarina se libera cuando un ecosistema muere.

¿Qué podemos hacer?

«Los sistemas marinos se enfrentan a muchas amenazas, como la contaminación por plástico y la acidificación del océano», explica Smale. «Pero es evidente que los fenómenos de calentamiento extremo pueden provocar cambios abruptos en ecosistemas enteros, con consecuencias generalizadas».

Prevé que los fenómenos de calentamiento seguirán poniendo en peligro el equilibrio de la vida marina en las próximas décadas.

«Debemos abordar la causa final», afirma Katie Matthews, vicedirectora científica de Oceana. «Si no lo hacemos, todo lo que intentemos apenas surtirá efecto».

Añade que, mientras tanto, la gestión pesquera con conciencia climática y la supervisión del calentamiento marino en tiempo real son herramientas que pueden contribuir a minimizar las consecuencias de los fenómenos de calentamiento.

Fuente: nationalgeographic.es




El cambio climático está agotando poblaciones de peces fundamentales

Un banco de peces cirujano nada en el parque naconal del arrecife de Tubbataha.
FOTO POR DAVID DOUBILET, NAT GEO IMAGE COLLECTION
A lo largo de los últimos 80 años, el calentamiento del planeta ha alterado recursos pesqueros de todo el mundo, y muchos experimentan desplomes precipitados.

Un nuevo estudio publicado el jueves en la revista Science describe las consecuencias del calentamiento marino en especies de peces de gran importancia comercial.
La industria pesquera mundial depende de recursos pesqueros, poblaciones regionales de peces que se pueden capturar con fines económicos. Los investigadores determinaron que la cantidad de peces en poblaciones importantes de todo el mundo han disminuido una media de un cuatro por ciento desde 1930.

Los recursos pesqueros ubicados en el mar de Japón y en el mar del Norte son los más afectados, ya que han experimentado un descenso de hasta un 35 por ciento. Sin embargo, otras pesquerías sacan provecho del calentamiento de las aguas y sus poblaciones crecen, una expansión que, según los científicos, podría generar una competición insostenible por los recursos.

«Nos sorprendió la intensidad de las consecuencias del calentamiento en las poblaciones de peces», afirma Chris Free, autor principal del estudio y ecólogo de la Universidad de California, Santa Bárbara.

Tomar la temperatura del mar

Para medir el efecto del calentamiento y la sobrepesca, Free empezó por analizar los datos de temperatura de los últimos 80 años y los comparó con la productividad de una pesquería cualquiera durante periodos de temperaturas más altas que la media. El equipo analizó 235 poblaciones de 124 especies de peces en 38 regiones distintas.

El calentamiento del agua puede hacer que algunas poblaciones de peces disminuyan al someter a los peces a estrés metabólico y dificultar que se reproduzcan o encuentren comida. La calidez de las aguas también puede provocar una disminución del zooplancton, un alimento fundamental para los peces. Los impactos en organismos más pequeños pueden tener un efecto dominó en el resto de la cadena trófica.

En el mar del Norte y el mar de Japón, donde midieron un aumento de la temperatura del agua, los científicos descubrieron que la sobrepesca había aumentado la vulnerabilidad de las poblaciones de peces.

«Es un golpe doble», afirma el coautor del estudio Malin Pinsky, ecólogo de Rutgers. «Si la pesca ya les afecta, es más probable que respondan mal ante el calentamiento».

«Cuando Chris me presentó las cifras, me quedé pasmado», añade Pinsky. «Sabíamos que los animales se desplazaban a nuevos lugares, pero no me di cuenta de que ya había afectado a la capacidad de estas poblaciones para producir peces».

Mitigar los efectos del calentamiento

Will White, ecólogo de pesquerías de la Universidad del Estado de Oregón que no participó en el estudio de Free y Pinsky, dice que sus conclusiones resaltan la importancia de la gestión de las pesquerías.

«En muchas pesquerías de la costa oeste, la gestión ha sido históricamente buena, lo que nos ha proporcionado resistencia», afirma White.

De 2014 a 2016, la costa oeste vivió la presencia letal de una masa de agua caliente a la que llamaron «the blob». Cuando calentó las aguas del Pacífico, mató a las criaturas marinas —como zooplancton— de las que se alimentan los salmones, poniendo en peligro la salud de las lucrativas pesquerías de salmón de Oregón.

Los océanos son el mayor hábitat del planeta y también ayudan a regular el clima global. Pero ¿por qué es salado el océano? ¿Y cómo impacta a los océanos el cambio climático? Descubre los datos clave sobre el océano, entre ellos las consecuencias y las posibles soluciones a estos cambios.

«No estoy seguro de que haya forma de salir de esta», dice White acerca del grave calentamiento marino. Pero, a una escala global menos drástica, dice que la gestión de pesquerías debería tener en cuenta el calentamiento marino como una herramienta importante.

Pinsky advierte que no se debe considerar que el aumento de las poblaciones es una buena señal.

«Los peces son como Ricitos de Oro», afirma Pinsky. «Para unos, [el agua] está demasiado fría, pero, si se calienta, estará demasiado caliente».

Asimismo, si aumentan las poblaciones de una especie de pez, estas podrían invadir el territorio de otras especies. En la costa de Nueva Inglaterra, han aumentado las poblaciones de Centropristis striata. «Resulta que les gusta comer bogavante. A medida que se vuelven más abundantes, podrían empezar a afectar al bogavante americano. Son efectos en cadena», añade.

Alimentar al planeta

Si las tendencias demográficas actuales continúan al mismo ritmo, el mundo necesitará duplicar su producción de alimentos para 2050. Para compensarlo, los líderes mundiales tienen la mira puesta en las pesquerías como fuente fundamental de proteína para millones de personas.

En 2016, se pescaron 171 millones de peces y se prevé que dicha cifra aumente a 201 millones en los próximos 10 años.

«La seguridad alimenticia es una preocupación importante», afirma Pinsky. Se estima que 3.000 millones de personas consumen pescado como principal fuente de proteína.

«Además, también sabemos que tiene consecuencias locales importantes para quienes se ganan la vida capturando estos peces», añade Pinsky.

Cree que una mejor gestión podría contribuir a mitigar los impactos del calentamiento. Por ejemplo, establecer zonas donde se prohíbe la pesca permite que las poblaciones de peces se recuperen de la sobrepesca y les da tiempo suficiente de reproducirse.

En última instancia, Free sostiene que su estudio hace hincapié en los amplios impactos de la quema de gases de efecto invernadero. Si no se toman medidas, algunas poblaciones de peces seguirán menguando.

«Simplemente tendremos que adaptarnos», añade.

Fuente: nationalgeographic.es




Emergencia ambiental

Embalse de Entrepeñas (Guadalajara).

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Embalse de Entrepeñas (Guadalajara).
 JAIME VILLANUEVA

 

El aumento de temperaturas obliga a un drástico cambio de políticas

El calentamiento global tiene consecuencias no solo mensurables, sino también perceptibles a escala individual. Acabamos de dejar atrás un invierno anómalo, en el que hemos alcanzado la temperatura media diurna más alta desde que se tienen registros: casi dos grados por encima del valor normal. La nocturna, en cambio, ha sido medio grado más baja, lo que ha aumentado la amplitud térmica. La falta de lluvias y la escasa nieve caída nos abocan a una primavera y un verano con menos recursos hídricos, calurosos y con alto riesgo de que se produzcan incendios forestales.

Lo grave de esta situación es que este invierno tan cálido no puede considerarse una alteración puntual, una consecuencia de la variabilidad natural del clima. Forma parte de una tendencia consolidada de la que la Agencia Estatal de Meteorología tiene datos fiables y exhaustivos. Estos datos muestran que en los últimos 40 años el verano se ha alargado en España nada menos que cinco semanas: empieza antes, termina más tarde y hace más calor. La temperatura media del mar Mediterráneo ha subido 0,34 grados centígrados por década. Las temperaturas veraniegas se han extendido hacia junio y hacia septiembre un promedio de 9 días por década y nada indica que estemos en condiciones de frenar esta progresión porque la causa que la provoca sigue ahí y aumentando. Pese a los acuerdos de París que establecieron el compromiso de reducir los gases de efecto invernadero, las emisiones alcanzaron en 2018 un nuevo récord.

El calentamiento provoca una mayor evaporación. Como consecuencia de esto, España tiene ahora 30.000 kilómetros cuadrados más —una superficie equivalente a Galicia— de territorio semiárido que hace 50 años. El efecto arrastre de este aumento de las temperaturas provoca fenómenos adversos, como las noches tropicales, en las que la temperatura no baja de 20 grados, o el fenómeno isla de calor, que hace que las ciudades se hagan muchos días invivibles por la combinación de alta temperatura y la alta contaminación.

Los datos aportan una evidencia abrumadora para acelerar la transición energética y forzar el cambio de modelo productivo y de movilidad de manera que se puedan sustituir los combustibles fósiles responsables del calentamiento global por energías renovables. Esta es una transición que todos los países deben abordar, pero el nuestro parte de una situación peor por las erróneas políticas ambientales aplicadas en la última década por los Gobiernos de Mariano Rajoy. No solo no se adoptaron medidas ambiciosas para aprovechar nuestra excelente posición para captar la energía del sol y del viento, sino que lamentablemente se dieron pasos atrás, dificultando las inversiones en energía solar y penalizando incluso la generación de electricidad para autoconsumo. Es urgente una drástica corrección del rumbo, en la línea del Plan de Transición Energética propuesto por la ministra Teresa Ribera. Gane quien gane las próximas elecciones, la emergencia ambiental deberá ser una de las grandes prioridades del nuevo Gobierno porque los efectos del cambio climático tienen elevados costes que ya estamos pagando: provoca enfermedades evitables y muertes prematuras, desertifica y empobrece el país y afecta gravemente a la calidad de vida de los ciudadanos.

Fuente: elpais.com




Así avanzarán los mosquitos del dengue y del zika por el cambio climático

Esta es una proyección del avance del mosquito 'Aedes aegypti' en el escenario más radical de calentamiento global. Ver imagen de abajo con las proyecciones en distintos escenarios y mosquitos, así como la explicación de la leyenda por colores.

Un estudio predice que el calentamiento global hará que prácticamente todo el mundo esté expuesto al insecto en algún momento del año

Esta es una proyección del avance del mosquito ‘Aedes aegypti’ en el escenario más radical de calentamiento global. Ver imagen de abajo con las proyecciones en distintos escenarios y mosquitos, así como la explicación de la leyenda por colores.
 UF / MEDGEO

En unos años probablemente no será necesario viajar a los trópicos para estar expuesto al dengue o al zika. Las especies de mosquitos que transmiten los virus causantes de estas y otras enfermedades tendrán al calentamiento global como aliado para que su hábitat crezca. Zonas que hasta ahora eran demasiado frías se convertirán en lugares templados donde podrán vivir al menos unos meses al año.

La última proyección, y probablemente más precisa, sobre la expansión de dos especies de mosquitos del género Aedes (aegypti y albopictus, más conocido como tigre) acaba de publicarse en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases. Muestra que en el peor escenario de cambio climático —hacia el que vamos si no se reducen las emisiones— estos insectos podrán reproducirse en prácticamente todo el planeta habitado en 2080 y amenazarán a 7.000 millones de personas, 1.000 millones más que hoy. Pero antes irán alcanzando cada vez más áreas al ritmo que suban los termómetros.

El mosquito tigre ya lleva unos años expandiéndose hacia el norte, por el Mediterráneo. Pero esta especie es peor transmisora de virus que el Aedes aegypti, que necesita más calor. “Ahora el aumento de temperaturas va a hacer que las poblaciones de albopictus sean reemplazadas por aegypti, el principal vector del dengue, la fiebre amarilla, el zika, el chikungunya y la encefalitis japonesa; ahí es donde vamos a tener el problema”, subraya Nerea Irigoyen, que lidera un grupo de investigación en virus del zika en la Universidad de Cambridge.

“Estas enfermedades, que consideramos estrictamente tropicales, ya han aparecido en áreas con climas adecuados, como Florida, porque los humanos son muy buenos para mover ambos insectos y sus patógenos por todo el mundo”, añade Sadie J. Ryan, profesor de la Universidad de Florida y uno de los autores principales del estudio.

Esta es la proyección que hace el estudio para la expansión de las dos especies del mosquito Aedes en el escenario más optimista, si las temperaturas solamente subieran un grado centígrado de aquí a 2080. Los colores representan durante cuántos meses las temperaturas serían propicias para estos insectos. Pinchar en la imagen para aumentar.
Esta es la proyección que hace el estudio para la expansión de las dos especies del mosquito Aedes en el escenario más optimista, si las temperaturas solamente subieran un grado centígrado de aquí a 2080. Los colores representan durante cuántos meses las temperaturas serían propicias para estos insectos. Pinchar en la imagen para aumentar. UF / MEDGEO

Aunque la expansión del mosquito es prácticamente inevitable en mayor o menor medida (en los gráficos de arriba y abajo se detallan los escenarios), esto no quiere decir que las enfermedades de las que son vectores vayan a llegar automáticamente con ellos. Como aclara Irigoyen, la aparición de dolencias emergentes depende fundamentalmente de tres factores: los del propio virus y su capacidad de adaptación, que en el caso de los transmitidos por artrópodos (arbovirus) es mayor, puesto que tienen una gran facilidad para mutar; factores humanos, como superpoblación en grandes ciudades, contaminación, viajes transoceánicos y globalización; y, por último, factores climáticos, como el calentamiento global y fenómenos como El Niño, que permiten la expansión de poblaciones de mosquitos. A más inundaciones y agua estancada, más insectos.

La salubridad de los entornos es, pues, otra variante clave para la expansión de los mosquitos y las enfermedades que transmiten. Se vio claramente con los brotes de zika, que fueron mucho menores en Florida que en Puerto Rico, pese a un clima similar. Lugares insalubres, con charcos o neumáticos tirados —uno de los lugares característicos para la anidación de los insectos— son focos mucho más potentes que otros.

Esta es la proyección que hace el estudio para la expansión de las dos especies del mosquito Aedes en el escenario más pesimista, si las temperaturas subieran entre tres y siete grados de aquí a 2080. Los colores representan durante cuántos meses las temperaturas serían propicias para estos insectos. Pinchar en la imagen para aumentar.
Esta es la proyección que hace el estudio para la expansión de las dos especies del mosquito Aedes en el escenario más pesimista, si las temperaturas subieran entre tres y siete grados de aquí a 2080. Los colores representan durante cuántos meses las temperaturas serían propicias para estos insectos. Pinchar en la imagen para aumentar. UF / MEDGEO

Colin Carlson, el otro autor principal del estudio, asegura que al no existir vacuna para la mayoría de las enfermedades que se expandirán con el cambio climático, la mejor línea de defensa es prevenir la propagación de mosquitos aedes. “Eso significa vigilancia, rastrear su propagación y el control, deshacerse del agua estancada cerca de casa, disminuir el contacto mediante repelentes de insectos y mosquiteras”, enumera. Además, los sistemas sanitarios de los países tropicales donde hoy son endémicas estas enfermedades son, por lo general, más débiles que los del norte, donde amenazan con expandirse. Los brotes en Europa y Estados Unidos serían más fáciles de detectar y tratar de forma eficaz, al menos en teoría.

Según el peor escenario de la investigación, las temperaturas pueden crecer tanto que haya zonas en las que hoy estos mosquitos proliferan en las que haga incluso demasiado calor para ellos. Pero ni en ese caso bajaría el número de personas amenazadas, dado el aumento de las poblaciones y las concentraciones urbanas. Además, como apunta Irigoyen, si las temperaturas suben a esos niveles (por encima de tres grados) seguramente los mosquitos no sean nuestra principal preocupación.

Fuente: elpais.com