El transporte con gas natural, la mejor alternativa para mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades

El gas natural se ha convertido en el combustible alternativo más utilizado en España en automoción, configurándose como una tecnología madura y real aplicable en turismos, camiones e incluso barcos o ferrocarriles.

La extensión de su uso en las grandes ciudades españolas permitirá acabar con el problema de la mala calidad del aire superando las expectativas que generan los coches eléctricos.

Para comprender mejor la importancia del gas natural como fuente de energía para el transporte hay que destacar algunos datos que proporciona un reciente documento realizado por la firma de servicios profesionales KPMG. Los vehículos propulsados por este combustible emiten un 60% menos de óxidos de nitrógeno, un 97% menos de dióxidos de azufre y un 93% menos de partículas en suspensión.

Son los tres elementos contaminantes que están relacionados con problemas de salud respiratorios, junto con el dióxido de nitrógeno, componente que los vehículos impulsados por gas natural prácticamente no emiten.

Además, el gas natural es también una de las opciones más eficientes para luchar contra los efectos del cambio climático. Según revela el estudio Greenhouse Gas Intensity of Natural Gas, “su uso es clave para la descarbonización del transporte, ya que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero en un 23% comparadas con la gasolina, y en un 7% comparadas con el diésel”.

Por todo ello, una sustitución del 5% del parque de vehículos pesados y turismos de gasolina y diésel por otros impulsados por gas natural reduciría las emisiones los gases contaminantes (excepto el CO) entre un 2% y un 5% en todas las ciudades españolas, según concluye otro trabajo de investigación realizado por Sedigas.

El transporte con gas natural, la mejor alternativa para mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades

Mejoras en la calidad del aire.

Los españoles son cada vez más conscientes de que el gas natural vehicular es una alternativa más adecuada que los coches eléctricos. Los datos de GASNAM indican que las matriculaciones de vehículos de gas natural se han disparado en los últimos cinco años más de un 2.300%, hasta el punto que a cierre del año 2017 circulaban por nuestra carreteras cerca de 8.500 vehículos. En cuanto a los puntos de suministro, España dispone en la actualidad de 57  estaciones de servicio de acceso público que suministran gas natural para vehículos.

Este número crece cada mes, y se espera la apertura de 35  estaciones públicas para avanzar con lo establecido en la Directiva Europea de Infraestructuras de combustibles Alternativos que, entre otras medidas, impulsaba medidas concretas para asegurar la creación de una infraestructura que garantice el suministro de gas natural en el sector transporte en los estados miembros de la Unión Europea.

El transporte con gas natural, la mejor alternativa para mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades

Localidades con estasciones de repostaje (Fuente. Deloitte)

Y esta tendencia va más allá de la carretera. Descarbonizar el ferrocarril y el transporte marítimo resultan también imperativos para avanzar hacia una mejor calidad del aire. “El transporte por ferrocarril, marítimo y aéreo nacional emiten alrededor de 6 MtCO2 equivalentes a la atmósfera”, indica el informe de Deloitte Un modelo energético sostenible para España en 2050, en el que la consultora apunta a la adopción del gas natural licuado (GNL) como combustible alternativo para reducir notablemente las emisiones a la atmosfera, hacer más competitivo el transporte y, por extensión, también a la industria.

El problema de la calidad del aire

Los ciudadanos de las grandes urbes españolas están experimentando los efectos perniciosos de la elevada contaminación y nuestro país es ya el séptimo país europeo con más muertes prematuras por enfermedades respiratorias y cardiovasculares provocadas por la mala calidad del aire. Un reciente estudio de Ecologistas en Acción asegura que el 81% de la población española ha respirado en 2017 aire con una concentración de ozono superior a la máxima establecida por la Organización Mundial de la Salud.

Y ¿de dónde proviene esa contaminación urbana? La respuesta es sencilla: La mayoría tiene como origen el transporte por carretera. El Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha determinado que el problema de la mala calidad del aire se debe a la alta densidad de vehículos (en Madrid por ejemplo hay 2.100 turismos matriculados por kilómetro cuadrado), la alta proporción de coches y camiones diésel (el 65% de la flota) y “el escaso desarrollo de políticas que generen un transporte metropolitano atractivo (económico, rápido y confortable) y que impulsen una logística de reparto de mercancías y de despliegue de taxis que incluyan seriamente criterios ambientales”.

Fuente: okdiario.com




Océanos: el sistema circulatorio de la Tierra, en peligro

Todas las formas de vida de la Tierra dependen del agua marina. Los océanos almacenan la mayor parte de la energía del planeta y las corrientes ayudan a distribuirla, haciendo habitables las latitudes más altas.

Los mares y océanos son el elemento más importante de nuestro gran hogar, este planeta que denominamos Tierra. En esta gran casa tenemos muchas formas de vida y todas y cada una de ellas, incluida la especie humana, dependen de la presencia de las aguas marinas. Los océanos constituyen más del 99% de la masa viva que hay en nuestro planeta. Así mismo, almacenan la mayor parte de la energía y de otras muchas propiedades que constituyen la base de la vida en nuestro planeta; de hecho, la composición de los principales elementos químicos es similar en el agua de mar y en los seres vivos, una similitud que indudablemente responde a que el origen de la vida tuvo lugar en los mares. Las corrientes oceánicas también contribuyen a la distribución de la energía que nos llega del sol desde las regiones ecuatoriales y tropicales hacia las zonas de latitudes más altas, a partes aproximadamente iguales con los vientos atmosféricos. Sin estas corrientes y vientos, las regiones templadas serían áreas gélidas, no aptas para la especie humana.

Una visión holística de todas estas características nos lleva a imaginar a nuestro planeta como un gran ser vivo, formado por multitud de subsistemas. La interacción de todos estos subsistemas da como resultado un sistema con características sorprendentes, con un comportamiento mucho más rico que el que esperaríamos de la mera suma de los subsistemas: es lo que denominamos un sistema complejo. Y dentro de esta misma perspectiva, con seguridad deberíamos ver a los océanos como el gran sistema circulatorio de nuestro planeta, responsable del almacenamiento y distribución de propiedades como gases, nutrientes y energía.

 

Una de estas corrientes es la que se ha dado a conocer como la cinta transportadora global ( global conveyor belt), que en lenguaje más técnico se suele llamar circulación meridional profunda ( global overturning circulation). Se trata de una circulación a escala global que se inicia cada invierno en las altas latitudes del Océano Atlántico Norte y en algunos puntos de la plataforma continental Antártica. Durante el invierno, el agua superficial aumenta mucho su densidad y se hunde hasta el fondo oceánico, en lo que representa el comienzo de una ruta planetaria. Durante este viaje, que dura cientos de años, el agua poco a poco se hace menos densa y se acerca a la superficie, eventualmente regresando a las zonas donde se inició el recorrido.

Oxígeno y calor

Este viaje es muy importante para nuestro planeta por dos razones principales. La primera es que el agua regresa a la superficie cargada de nutrientes inorgánicos, que ayudarán a mantener la producción primaria (el proceso de fotosíntesis que utiliza energía solar para transformar el carbono y nutrientes inorgánicos en materia orgánica al tiempo que se produce oxígeno) de las aguas superficiales. Esta producción primaria es aproximadamente la mitad de toda la que ocurre en la Tierra, significando una gran fuente de alimentos (desde las micro-algas hasta los grandes peces) y la mitad del oxígeno que respiramos. La segunda razón es que está corriente contribuye de modo substancial al flujo de calor hacia altas latitudes del Océano Atlántico Norte, alcanzando las costas occidentales de los países del centro y norte de Europa. El calor que traen estas corrientes se libera a la atmósfera y aumenta la temperatura hasta convertir estos países en lugares habitables.

Un claro ejemplo de la importancia de la cinta transportadora es lo que se conoce como el hiato del calentamiento global. Se trata de observaciones que indican que, a diferencia de lo que ocurre en el resto del planeta, durante las últimas dos décadas las aguas de altas latitudes del Océano Atlántico Norte no se están calentando sino enfriando. La explicación sería que la cinta transportadora se ha ralentizado, lo que tiene como consecuencia un menor transporte de calor hacia estas regiones subpolares.

Los cambios en la intensidad de la cinta transportadora no son nuevos, ya han ocurrido en el pasado de nuestro planeta. Durante los últimos 2,6 millones de años, desde que se expandieron las capas de hielo polar y empezaron las glaciaciones cuaternarias, la Tierra ha experimentado cambios notables en su clima, pasando de épocas relativamente frías (glaciales) a épocas más cálidas (interglaciales). En su fase inicial estas glaciaciones tenían una periodicidad de unos 40 mil años pero durante los últimos 800 mil años la periodicidad ha aumentado a unos 100 mil años. El cambio de la temperatura media global del planeta entre las épocas frías de un máximo glacial y las cálidas de un máximo interglacial es de unos 4 a 7°C, aunque la variación localizada en las altas latitudes ha sido mucho mayor, de unos 15 a 20°C. Estos cambios estuvieron asociados a modificaciones en el ímpetu de la cinta transportadora global, mucho más intensa en las épocas interglaciales que durante las glaciales.

La incertidumbre del cambio

Actualmente estamos en un máximo de época interglacial y tanto la intensidad de la cinta transportadora como la temperatura media del planeta son, de forma natural, relativamente elevadas. Sin embargo, la humanidad está ocasionando cambios significativos en la estructura de la columna de agua – en el océano Atlántico Norte las aguas superficiales se vuelven más cálidas y saladas – que inevitablemente ocasionan modificaciones importantes en la intensidad de la cinta transportadora. Y lo peor es que no sabemos a ciencia cierta hacia donde nos van a llevar esos cambios. Si bien la comunidad científica está de acuerdo en que la emisión de gases tipo invernadero, principalmente asociado a la quema de combustibles fósiles, nos lleva hacia un calentamiento de las capas atmosféricas, existe una notable falta de consenso sobre cuál será su efecto sobre la cinta transportadora global.

Esto es muy importante por cuanto estamos violando de modo flagrante el más elemental principio de prevención: no realizar aquello de lo que desconocemos las consecuencias.

El gran experimento planetario

La humanidad está realizando un gran experimento planetario cuyo resultado podría ser catastrófico. Los cambios en la climatología de algunas regiones – con las consecuencias en términos de temperatura, pluviosidad y biodiversidad – podrían ser extraordinarios. Y estos cambios podrían ocurrir a velocidades muy altas, de modo que no nos daría tiempo para adaptarnos. El aumento que estamos observando en la frecuencia e intensidad de los grandes huracanes podría ser un ejemplo. Del mismo modo que si se tratase de una fiebre o sudoración extrema para eliminar patógenos o toxinas, los huracanes pueden interpretarse como el mecanismo que las capas bajas de la atmósfera utilizan para eliminar el exceso de calor que allí se está acumulando.

Los océanos también tienen el segundo gran rol de cualquier sistema linfático: su capacidad regulatoria o inmunitaria es extraordinaria, si es necesario haciendo que el clima del planeta oscile entre estados interglaciales y glaciales. Así pues, el océano tiene un sistema regulatorio de la acidez del agua (el sistema carbonato) y otro sistema para la regulación de los nutrientes inorgánicos disueltos (producción y remineralización de materia orgánica). Son mecanismos que, al igual que en cualquier ser vivo, permiten que el sistema funcione de un modo optimizado, independiente de si está en un estado de reposo o ejercicio.

La Tierra, o quizás mejor deberíamos llamarla Océano, es muy probablemente el más complejo y eficiente entre todos los sistemas vivos. Como cualquier otro sistema complejo, tiene una elevada capacidad para auto-regularse. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que la especie humana, que no es más que un subsistema dentro de la complejidad planetaria, pueda adaptarse de forma similar a esos cambios climáticos.

Fuente: eldiario.es




Diferentes rutas para lograr una energía limpia

Chimeneas en el polígono petroquíimico norte en Tarragona JOSEP LLUIS SELLART

La continuidad de las nucleares se perfila como una de las grandes batallas de la ley de cambio climático.

Hugo Morán, responsable del área de medioambiente del PSOE, habla de una verdadera “inflación de informes” sobre el mismo asunto: cómo debe afrontar España su transición energética, es decir, cómo llegar a tener una energía limpia. Básicamente, esos informes —el último en conocerse es el elaborado por la comisión de expertos constituida por el Ministerio de Energía— abordan la forma de limpiar el sector energético, que acumula casi el 80% de los gases de efecto invernadero de España.

Mientras, en el Congreso y en los despachos de dos ministerios —el de Energía y el de Medio Ambiente— se preparan para intentar sacar adelante una ley de cambio climático y un plan nacional de energía que se debe presentar a Bruselas este año.

Casi todos los actores implicados en esta transición son conscientes de que España necesita un plan contra el cambio climático. Las proyecciones del Ministerio de Medio Ambiente para las próximas décadas indican que, lejos de reducirse, las emisiones de España para 2030 serán las mismas que ahora (unos 330 millones de toneladas de CO2 equivalente) si no se toman nuevas medidas contra el calentamiento.

El necesario consenso de los partidos

Y ese no es el camino al que se comprometió España al firmar el Acuerdo de París. Cuando lo ratificó, el Gobierno asumió el objetivo global que se ha impuesto la UE: reducir un 40% sus emisiones en 2030 respecto a los niveles de 1990. Los esfuerzos que debe hacer cada Estado de la UE aún se están discutiendo, pero si se extrapola el objetivo global europeo a España supondría que en 2030 el tope de emisiones debería ser de 172 millones de toneladas, casi la mitad de lo previsto por el ministerio en su última proyección para esa fecha. La forma de cubrir esa brecha es lo que se debe decidir con la ley de cambio climático, que requerirá de un consenso entre partidos en el Congreso. Y varias organizaciones y partidos han puesto sobre la mesa sus propuestas en forma de informes.

  • Así lo han hecho en los últimos días, por ejemplo, Greenpeace, la Fundación Renovables y el Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía, vinculado al PSOE. En los tres casos —al igual que en el análisis de la comisión de expertos del Ministerio de Energía— se prevé una fuerte implantación de renovables —de eólica y muy especialmente de fotovoltaica— en los próximos años debido, entre otras cuestiones, a la importante reducción de costes.

Pero el conflicto surge cuando se mencionan las tecnologías deben salir del mix eléctrico, las centrales que deben cerrar.

Las de carbón —que son las que más gases de efecto invernadero emiten— son las que parece que primero saldrán. El comité asesor vinculado a los socialistas habla del “cierre paulatino de las centrales de carbón antes de 2025”, al igual que Greenpeace y la Fundación Renovables. El informe del comité de expertos del ministerio, aunque no se decanta por ninguna ruta concreta, parte de un escenario central en el que en 2030 prácticamente no se emplearía el carbón en España.

El Ministerio de Energía, sin embargo, no asumió ayer esa perspectiva y sigue intentando sacar adelante una norma para impedir el cierre de las centrales de carbón que algunas eléctricas quieren acometer de aquí a 2020. Paralelamente, la UE ha puesto en marcha un armazón legal que hace cada vez más complicada la continuidad del carbón, que también expulsa otros contaminantes.

Pero la gran batalla que se perfila ya es con una tecnología que no emite gases de efecto invernadero (aunque tiene problemas para encontrar una solución definitiva a los residuos que genera): la nuclear. “El consenso más urgente que se debe alcanzar es sobre la nuclear”, reconocen fuentes del ministerio. La mayoría de las cinco centrales de España tienen que tramitar ya la renovación de sus licencias y el Gobierno quiere que lleguen al menos hasta los 50 años de vida. Pero los tres informes de Greenpeace, Fundación Renovables y el consejo asesor del PSOE (al igual que Podemos) sostienen que todas las nucleares deben haber cerrado en 2025. Y defienden la viabilidad técnica de esa propuesta.

El informe de la comisión constituida por el ministerio parte de un escenario central en el que en 2030 siguen operando todas las nucleares. Sus autores aseguran que esa no es su propuesta, sino el escenario de partida. Pero en el resumen ejecutivo de su informe se advierte de las consecuencias que dicen que tendría el “cierre anticipado de las centrales nucleares”: un incremento del coste de generación de entre 2.000 y 3.200 millones de euros al año y doblar las emisiones de CO2 respecto a su escenario central. Esta parte del informe sí la asumió ayer gustoso el ministerio.

Fuente: elpais.com




En China quieren intentar crear lluvia, y como siempre lo harán a lo bestia

Esa solución la encontramos en China, donde está teniendo lugar un proyecto que quiere “crear lluvia” en un área de 1,6 millones de km^2^, el triple que España. El secreto está en la producción de yoduro de plata, el componente clave del llamado “sembrado de nubes”.

Sembrando nubes

El proceso no es en absoluto revolucionario, y de hecho esa siembra de nubes lleva tiempo investigándose y tratando de ponerse en marcha en distintos escenarios tanto con cámaras/chimeneassimilares a las usadas en el proyecto chino como con aviones que realizan esa siembra.

Cloud1

En China quieren volver a intentarlo con un proyecto mastodóntico que situará decenas de miles de cámaras de quemado de combustible sólido a lo largo de la gigantesca meseta tibetana para generar ese yoduro de plata.

Esas cámaras se sitían sobre cimas montañosas que además está situadas de frente al húmedo monzón del sur de Asia. A medida que el viento golpea la montaña, produce una corriente de aire ascendente que arrastra las partículas hacia las nubes para inducir la lluvia y la nieve.

Muy pocas certezas

Esa es al menos la teoría de un proyecto que ya se ha puesto en marcha en fase experimental con 500 de estas cámaras. Uno de los investigadores del proyecto comentaba que “los datos que hemos recolectado muestran resultados prometedores”.

Lluvia2

El objetivo de este proyecto desarrollado por la agencia aeroespacial china es la de incrementar las precipitaciones a 10.000 millones de metros cúbicos al año,lo que supondría el 7% del consumo de agua en el país.

La magnitud de este proyecto no hace que se disipen las dudas que la creación de lluvia ha suscitado desde que este tipo de tecnología se viene desarrollando. Los resultados nunca han sido convincentes, pero además está el potencial impacto en el medio ambiente y la salud, aunque por ahora los estudios apuntan a que ese impacto es insignificante.

Fuente: xataka.com




Seis razones que convierten a la Antártida en un valioso y gigantesco laboratorio (que hemos de cuidar)

 

Pero nada más lejos de la realidad si hablamos del continente más frío del planeta, dado que la Antártida es nuestro laboratorio más grande.

Lo es por su historia, su ubicación y su composición, dado que nos da pistas de cómo ha sido nuestro planeta hace millones de años y es un buen punto de observación para lo que nos rodea. De hecho, como ya recordamos al hablar de la nueva estación española en la Antártida, actualmente hay unas 66 bases en el continente, las cuales son (excepto dos) pequeñas estaciones científicas o estructuras militares.

Saber más sobre nuestro espíritu destructor

La huella del ser humano jamás podrá ser borrada por mucho que el agujero de la capa de ozono se recupere. Especies animales y vegetales han sido afectadas por nuestras acciones, así como la atmósfera, la geosfera y otros conjuntos de elementos terrestres, pero no por eso hemos de dejar de analizar el impacto que tienen nuestras andanzas.

Eso es lo que fueron a estudiar Pablo Tejedo y el resto de componentes de su equipo a la Antártida, al cual tuvimos el lujo de entrevistar. Nos explicaba que su objetivo era estudiar el impacto que el ser humano tiene en el continente, tanto el de los propios investigadores, como el de los turistas o cualquier tipo de visitante a la Antártida.

¿Por qué es tan importante determinar esto? Según nos explicaba ya no se trataba sólo de determinar la huella del ser humano en cuanto a materiales o compuestos, sino el hecho de que se estuviesen encontrando especies exóticas, lo cual es una de las cosas más preocupantes, según establecía. Especies que habían conseguido superar el invierno antártico, aunque por suerte de momento no han logrado aclimatarse (reproducirse).

Descubrir nuestros orígenes gaseosos

Si en la Antártida encontramos algo en abundancia es hielo. Y aunque esto sea una perogrullada nos sirve para dar paso a algo tan único como un trozo de hielo de hace 2,7 millones de años que nos dice cómo era la atmósfera allá por el pleistoceno.

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Hablamos de la que es de momento la pieza de hielo más antigua hasta ahora encontrada realizando excavaciones en la Antártida por sus burbujas, ya que éstas contienen los gases que componían la atmósfera en aquel momento. De hecho, se considera la única muestra de atmósfera primitiva terrestre que se tiene, según comentaba el geoquímico David Shuster.

Conocer mejor las variaciones del clima y sus consecuencias

Hay que mirar dónde se pisa pero también arriba, o mejor dicho a nuestro alrededor. Sobre todo cuando está habiendo un claro proceso de cambio climático que de hecho tiene consecuencias bastante importantes en este singular continente y otras tantas regiones.

Es un punto de estudio de “las conexiones atmosféricas y oceánicas entre Antártida y el resto del planeta”

Así, la Antártida es pues un punto de estudio de la climatología, en concreto de “las conexiones atmosféricas y oceánicas entre Antártida y el resto del planeta”, como explicaba Jerónimo López, ex-presidente del Comité Científico para la Investigación Antártica a Scientific American, hablando de la importancia de la investigación en la Antártida. Una labor que además también desvela aspectos relativos a “la acidificación de los mares antárticos y los cambios del nivel del mar”.

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Un trabajo que sirve para entender mejor las variaciones climáticas así como sus consecuencias, lo cual puede intentar calcularse a partir de modelos predictivos de los cambios que puede haber en un futuro. También recordaba la importancia de las excavaciones en relación a las piezas de hielo antiguo, como hemos comentado antes.

Hacer un mindblowing a los vulcanólogos

Pues no, resulta que bajo el blanco manto de hielo de la Antártida no había medio centenar de volcanes, sino casi 140 según se descubrió en agosto del año pasado y comentamos aquí. 91 volcanes nuevos situados entre los 100 y 3.850 metros que planteaban un gran reto a la vulcanología al tener que empezar a pensar en la Antártida de una forma completamente distinta.

Volcan

Esto es debido a que los efectos de la erupción de los volcanes supondrían una desestabilización importante de las placas del hielo del oeste antártico, si bien aún hay que determinar la actividad de esos volcanes. ¿Bomba de relojería? Podría ser, zonas como Alaska o Islandia aumentaron su actividad volcánica tras perder su cobertura de hielo según algunas teorías sismológicas, así que no está todo descubierto en vulcanología ni mucho menos.

Ver el espacio como en ningún otro sitio

Justo hace pocos días en The Conversation hablaban de lo conveniente de esta región para tener las mejores vistas del espacio. En concreto hablaban de un punto denominado “Ridge A”, situado en una elevación de uno de los desiertos polares de la Antártida, y que puede ser el mejor punto de observación espacial desde la Tierra.

Woohoo, amazing science coming from Ridge A, Antarctica – the driest place on Earth – via Michael Ashley!

No sólo lo es por la ausencia de contaminación lumínica, también porque suele tener cielos despejados y porque los vientos que se registran son menores que en otros sitios (en torno a los 93,34 kilómetros/hora como máximo, que tampoco es que sea poco). Además, el aire es más transparente dado que el vapor de agua se esfuma gracias a las extremadamente bajas temperaturas, especialmente para los rayos ultravioleta e infrarrojos.

Vacaciones en el mar (y entre icebergs)

No todo son números, recogidas de muestras o cosas científicas, y si el espacio es un destino turístico la Antártida no iba a ser menos. Ya nos lo contaba también Pablo Tejedo, el biólogo que se desplazó hasta el albo continente para estudiar el impacto humano en él, como hemos comentado antes.

Para ir a la Antártida hay tres opciones: como científico, como militar o, desde hace unos años, como turista. El turismo cada vez tiene más importancia. Sólo el año pasado fueron 38.500 turistas a la Antártida.

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Fuente: xataka.com



Es pleno invierno en el hemisferio norte y podrías estar en el Polo con un abrigo ligero

Europa ha caído en las garras de “la bestia del este”, una ola de frío que ha cubierto de nieve ciudades como Roma. Y mientras tanto, en el Polo Norte se puede caminar con un abrigo ligero. Definitivamente, el mundo se está volviendo loco.

Durante el fin de semana, las temperaturas del ártico han estado 45 grados por encima de lo normal. Los datos de la estación meteorológica del cabo Morris Jesup al norte de Groenlandia dicen que las temperaturas han permanecido por encima de cero durante más de 24 horas seguidas.

El Ártico, nuevo paraíso tropical

Para que no haya dudas: la temperatura normal en febrero de Cabo Morris Jesup es de -20 grados, el día 23 estaba a 6 grados sobre cero. Todo el noreste de Groenlandia y la costa norte de Rusia presenta subidas de entre 25 y 30 grados por encima de la media.

Estos días, Islandia tiene mejores temperaturas que Italia. Se dice pronto. Y lo peor de todo es que no podemos decir que sea sorprendente: la tendencia al alza, que es indiscutiblemente clara desde hace años, está empezando a crear dinámicas atmosféricas a las que no estamos acostumbrados y que amenazan con cambiar todo lo que es “normal” en cuanto al tiempo meteorológico.

Fuente: xataka.com




Nos esperan ciclos de tiempo más extremo en las ciudades europeas en las próximas décadas

Sequías, olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones, frío gélido… esos vaivenes del tiempo atmosférico que están azotando muchas ciudades europeas no solo van a ir a más, sino que las previsiones de su aumento habían sido demasiado optimistas a la luz de los resultados de un nuevo estudio.

La investigación, realizada por la Universidad de Newcastle, Reino Unido, ha empleado todos los modelos climáticos para realizar un estudio sin precedentes sobre el futuro de 571 ciudades europeas para los años 2050-2100.

Ciudades europeas

Publicado en Environmental Research Letters, el estudio aniticipa un empeoramiento de las olas de calor para las 571 ciudades. Las ciudades más castigadas serán las de Europa del sur, que experimentarán los mayores aumentos en el número de días de ola de calor, mientras que las ciudades de Europa central verán el mayor aumento en la temperatura durante las olas de calor, y las inundaciones fluviales solo empeoran en las del noroeste.

Según explica Selma Guerreiro, autora principal de la investigación:

Aunque las regiones del sur de Europa están adaptadas para hacer frente a las sequías, este nivel de cambio podría estar más allá del punto de quiebra. Además, la mayoría de las ciudades tienen cambios considerables en más de un peligro, lo que pone de relieve el desafío sustancial que enfrentan las ciudades en la gestión de los riesgos climáticos. La investigación destaca la necesidad urgente de diseñar y adaptar nuestras ciudades para hacer frente a estas condiciones futuras.

Fuente: xatakaciencia.com




Las energías renovables superan al carbón por primera vez en Europa, pero las emisiones de CO2 no se reducen

El aumento del consumo, el descenso de la hidroeléctrica por la sequía y el cierre de nucleares lastran los progresos conseguidos durante 2017.

La energía generada por el carbón aumentó más de un 20% en España durante el pasado año, debido a los problemas generados por la sequía

España es uno de los pocos países de nuestro entorno que aún no tiene un plan para eliminar sus centrales de carbón

La contribución de la energía eólica creció un 19% durante 2017

En 2017, la energía eólica, solar y de biomasa superó a la generada por el carbón por primera en la historia de la Unión Europea. Según un análisis realizado a partir de datos oficiales, estas tres fuentes de energía renovable suministraron 679 teravatios por hora a lo largo del pasado año, mientras que el carbón contribuyó con 669 teravatios por hora. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero se han mantenido sin cambios, debido al aumento de la demanda y a la caída de la hidroeléctrica y las nucleares .

Que las renovables superen al carbón, que hace tan solo cinco años doblaba a las energías limpias, es un hito histórico que se ha apuntalado en el incremento de la generación eólica, que el pasado año aumentó un 19%. Esta subida ha provocado una caída de la generación de carbón de un 7% que, junto a la caída del 17% registrada en 2016, confirma la tendencia de los últimos años.

Sin embargo, el informe elaborado por el lobby alemán Agora Energiewende y el think tank británico Sandbag alerta de que en 2017 también se produjo un aumento en la producción de energía con combustibles fósiles por tercer año consecutivo. A este aumento han contribuido la baja generación de energía hidroeléctrica y nuclear y un aumento de la demanda de un 0.7%, “lo que plantea dudas sobre el progreso en eficiencia energética”, aseguran los autores del documento.

El peor año del siglo para las hidroeléctricas
El año ha sido especialmente malo parar las hidroeléctricas, que han sufrido “el peor año de este siglo”, debido a la escasez de lluvias que ha afectado a toda Europa. La sequía ha lastrado a este sector en 2017, que cayó un 16%, reduciendo su contribución en 54 teravatios por hora.

La baja contribución de las hidroeléctricas se ha hecho notar especialmente en España, donde se ha incrementado el consumo de carbón más de un 20% con respecto al año anterior. El informe también señala a nuestro país como uno de los pocos que aún no disponen de un plan para eliminar sus centrales de carbón y critica la decisión del gobierno español de impedir el cierre de dos centrales de carbón de Iberdrola.


Países que no tienen planes para eliminar el carbon (rojo) o que ya disponen de uno (verde)

En noviembre del pasado año, la compañía española solicitó al Ministerio de Energía autorización para cerrar sus dos últimas centrales térmicas, situadas en Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), asegurando que el cierre no afectaría a la seguridad del suministro eléctrico ni al precio de la energía. Sin embargo, el ministro, Álvaro Nadal, aprobó un Real Decreto ad hoc para torpedear esos cierres, “a pesar de que España es el país más sobrealimentado en Europa”, asegura el informe.

Esta decisión contrasta con la de Países Bajos, Italia y Portugal que durante el pasado año anunciaron sus planes para eliminar el carbón antes de 2030, uniéndose así a los otros 13 estados que ya tenían planes similares. En nuestro entorno, tan solo Alemania, el mayor consumidor de carbón y lignito de Europa, carece de un plan estratégico para el carbón y ha aplazado el debate hasta 2019.

Las renovables se estancan en España
El informe también muestra como el crecimiento de las energías renovables ha sido muy desigual en la UE. El 56% del crecimiento del sector en los últimos tres años ha sido debido a Reino Unido y Alemania, mientras que en otros países, como España, Italia, Portugal, Bélgica y Grecia, las renovables se han mantenido estancadas.

A pesar de ello, España se sigue manteniendo como el sexto país con mayor proporción de electricidad generada por renovables, con un 25%, por detrás de Dinamarca, con un espectacular 74%, Alemania (30%), Portugal (29%), Reino Unido (28%) e Irlanda (27%).

Con respecto al presente año, las energías renovables podrían proporcionar un tercio de la electricidad de Europa, si se normaliza la generación hidroeléctrica. Según las estimaciones realizadas en el informe, en 2020 las energías renovables deberían proporcionar alrededor del 36% de la demanda de energía de Europa. Estas cifras contrastan con la decisión del consejo de ministros de Energía, que el pasado mes de diciembre redujo los objetivos de renovables aprobados por el Europarlamento para 2030, pasando de un 35% a un 27%.

Fuente: eldiario.es




El cambio climático será letal en los guetos de África

Gueto de kibera en Nairobi. WIKIPEDIA

Las condiciones en los asentamientos urbanos superpoblados y pobres en África empeoran con los efectos del cambio climático, llevando las temperaturas a niveles peligrosos para los niños y los ancianos en esas áreas, según un nuevo estudio de la Universidad Johns Hopkins.

El estudio sugiere que el cambio climático golpeará más duramente a las personas que viven en estos asentamientos precarios porque sus condiciones de vida a menudo crean un “microclima” más cálido debido a los materiales de construcción, la falta de ventilación, la falta de espacios verdes y el acceso deficiente a la energía eléctrica y otros servicios.

El estudio publicado por la revista en línea PLOS ONE se centró en tres asentamientos en Nairobi, Kenia. El más grande de ellos es Kibera, un barrio de callejones estrechos y casas con paredes de barro y techos de chapa de hierro y pisos de losas de concreto, que es hogar de hasta un millón de personas. Es el más grande de estos vecindarios en África, a menudo llamado “asentamientos informales”.

La información mostró que la hierba y los árboles ayudan a mantener bajas las temperaturas, y sugiere que a medida que la Tierra se calienta, la carga del cambio climático no caerá por igual de una parte del planeta a otra. El impacto de la exposición al calor se entiende como una función de la temperatura y la población, y se espera que ambos aumenten más rápidamente en África que en Europa. Como resultado, se espera que la carga del cambio climático sea 100 veces mayor en África.

Hasta 5 grados más
El estudio, llevado a cabo por siete instituciones, incluidas tres organizaciones de la Cruz Roja, muestra la necesidad de alertas y asistencia más específicas. Las altas temperaturas en Kibera y otros dos vecindarios cercanos se muestran en el estudio entre 3 y casi 5 grados más altos que los reportados en la estación meteorológica oficial de Nairobi a menos de un kilómetro de distancia. Investigaciones anteriores de otros científicos citados en el estudio encontraron que las muertes de niños de hasta 4 años y personas mayores de 50 años correlativamente con el aumento de las temperaturas.

El calor extremo puede ser una causa de insolación, que puede dañar el cerebro y otros órganos. El calor también puede aumentar la probabilidad de muerte por una enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular o dificultad para respirar. Las temperaturas más altas encontradas en el estudio son “ciertamente consistentes con el exceso de muertes”, dijo la científica climática Anna Scott, autora principal del estudio.

Barriadas con millones de personas
Aproximadamente entre un tercio y un 60% de los 3,1 millones de personas que viven en Nairobi, la ciudad más grande y la capital del país de África Oriental, hacen sus hogares en asentamientos como Kibera, Mukuru y Mathare, las áreas estudiadas para este informe. En Mathare, las casas se construyen comúnmente con paredes y techos de hierro. Las casas en Mukuru son una mezcla de algunos edificios altos y casas construidas con planchas de hierro. Hay pocas calles pavimentadas, árboles o vegetación en cualquiera de estas áreas.

El equipo de investigación analizó la temperatura recopilada durante 80 días desde el 2 de diciembre de 2015 hasta el 20 de febrero de 2016. Ese período resultó ser el verano más caluroso de Nairobi desde la década de 1970, que se remonta a los registros disponibles, dijo Scott. Los miembros del equipo colocaron 50 termómetros en árboles y postes de madera en los tres asentamientos, la mayoría de ellos en sombra parcial o total. También pusieron un sensor en la Universidad de Nairobi, un área a unas 7 millas al noreste de Kibera que tiene más árboles y espacios verdes.

Al final de los 80 días, los investigadores compararon la información recopilada en los vecindarios con las temperaturas registradas en la sede del Departamento Meteorológico de Kenia, ubicada en un campus boscoso cubierto de hierba a menos de media milla de Kibera. Los resultados fueron sorprendentes. La temperatura alta durante el día promedio registrada por el sitio del gobierno para el período fue un poco más de 25 grados de media anual. El promedio fue un poco más de 27 en Kibera, 29 en Mathare y 30 en Mukuru.

Fuente: elindependiente.com




Podemos enfriar el planeta, pero si lo hacemos ya no habrá marcha atrás

Tenemos un arma secreta. Durante años, varios grupos de científicos han estado trabajando en el desarrollo de proyectos para enfriar el planeta. La idea es tener una “vida extra” por si llega el momento en que el calentamiento global compromete nuestra existencia de forma inminente.

Dentro de la ‘ingeniería climática’, el proyecto más famoso imita a los volcanes y su efecto “refrigerador” a escala planetaria. La propuesta consiste en fumigar la atmósfera superior con dióxido de azufre, algo que provocaría una moderación de la temperatura casi instantánea. Sabíamos que se trataba de nuestra última opción, pero acabamos de descubrir que si decididmos ponerla en marcha, no hay retorno posible.

Una medida desesperada

Ante la popularidad de la geoingeniería y el creciente número de investigaciones sobre ella, un equipo de la Universidad de Rutges decidió realizar una simulación a nivel global para responder una pregunta clave: “¿Qué consecuencias podría tener parar una iniciativa como esta?”. Supusieron, de acuerdo con los proyectos actuales más desarrollados, que rociaríamos unas cinco millones de toneladas de dióxido de azufre por año entre 2020 a 2070. “Es el equivalente anual a un cuarto del dióxido de azufre expulsado durante la erupción del Pinatubo en Filipinas en 1991”, explican los investigadores.

“Si alguna vez se detuviera abruptamente, sería devastador”, explicaba Alan Robock, director del estudio
Sus conclusiones son claras: una vez que esté en marcha, no se podría parar porque “detener la geoingeniería sería una gran amenaza para el medio ambiente natural y la biodiversidad”.

El equipo, dirigido por Alan Robock, reflexiona sobre el asunto en el último número de Nature Ecology & Evolution. En sociedades democráticas como las actuales no podemos asegurar que un programa de estas características siga vivo para siempre. “Imagine grandes sequías o inundaciones en todo el mundo que puedan achacarse [fundada o infundadamente] a la geoingeniería y la exigencia de que se detenga ¿Podríamos arriesgarnos?”.

Y es que los datos muestran que “si alguna vez se detuviera abruptamente, sería devastador”, dice Robock. Pero, por si fuera poco, no estamos seguros ni de si la interrupción puede ser gradual. El impacto de un enfriamiento rápido supondría un golpe difícil de superar para todos los seres vivos del planeta. Lo más probable es que sea un camino sin retorno.

Frente al cambio climático, no hay respuestas sencillas. Si no somos capaces de controlar las emisiones de CO2 a la atmósfera, no podemos ver obligados a convertir la Tierra en un invernadero. Con todos los riesgos que ello conlleva.

Fuente: xataka.com