Las energías renovables superan al carbón por primera vez en Europa, pero las emisiones de CO2 no se reducen

El aumento del consumo, el descenso de la hidroeléctrica por la sequía y el cierre de nucleares lastran los progresos conseguidos durante 2017.

La energía generada por el carbón aumentó más de un 20% en España durante el pasado año, debido a los problemas generados por la sequía

España es uno de los pocos países de nuestro entorno que aún no tiene un plan para eliminar sus centrales de carbón

La contribución de la energía eólica creció un 19% durante 2017

En 2017, la energía eólica, solar y de biomasa superó a la generada por el carbón por primera en la historia de la Unión Europea. Según un análisis realizado a partir de datos oficiales, estas tres fuentes de energía renovable suministraron 679 teravatios por hora a lo largo del pasado año, mientras que el carbón contribuyó con 669 teravatios por hora. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero se han mantenido sin cambios, debido al aumento de la demanda y a la caída de la hidroeléctrica y las nucleares .

Que las renovables superen al carbón, que hace tan solo cinco años doblaba a las energías limpias, es un hito histórico que se ha apuntalado en el incremento de la generación eólica, que el pasado año aumentó un 19%. Esta subida ha provocado una caída de la generación de carbón de un 7% que, junto a la caída del 17% registrada en 2016, confirma la tendencia de los últimos años.

Sin embargo, el informe elaborado por el lobby alemán Agora Energiewende y el think tank británico Sandbag alerta de que en 2017 también se produjo un aumento en la producción de energía con combustibles fósiles por tercer año consecutivo. A este aumento han contribuido la baja generación de energía hidroeléctrica y nuclear y un aumento de la demanda de un 0.7%, “lo que plantea dudas sobre el progreso en eficiencia energética”, aseguran los autores del documento.

El peor año del siglo para las hidroeléctricas
El año ha sido especialmente malo parar las hidroeléctricas, que han sufrido “el peor año de este siglo”, debido a la escasez de lluvias que ha afectado a toda Europa. La sequía ha lastrado a este sector en 2017, que cayó un 16%, reduciendo su contribución en 54 teravatios por hora.

La baja contribución de las hidroeléctricas se ha hecho notar especialmente en España, donde se ha incrementado el consumo de carbón más de un 20% con respecto al año anterior. El informe también señala a nuestro país como uno de los pocos que aún no disponen de un plan para eliminar sus centrales de carbón y critica la decisión del gobierno español de impedir el cierre de dos centrales de carbón de Iberdrola.


Países que no tienen planes para eliminar el carbon (rojo) o que ya disponen de uno (verde)

En noviembre del pasado año, la compañía española solicitó al Ministerio de Energía autorización para cerrar sus dos últimas centrales térmicas, situadas en Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), asegurando que el cierre no afectaría a la seguridad del suministro eléctrico ni al precio de la energía. Sin embargo, el ministro, Álvaro Nadal, aprobó un Real Decreto ad hoc para torpedear esos cierres, “a pesar de que España es el país más sobrealimentado en Europa”, asegura el informe.

Esta decisión contrasta con la de Países Bajos, Italia y Portugal que durante el pasado año anunciaron sus planes para eliminar el carbón antes de 2030, uniéndose así a los otros 13 estados que ya tenían planes similares. En nuestro entorno, tan solo Alemania, el mayor consumidor de carbón y lignito de Europa, carece de un plan estratégico para el carbón y ha aplazado el debate hasta 2019.

Las renovables se estancan en España
El informe también muestra como el crecimiento de las energías renovables ha sido muy desigual en la UE. El 56% del crecimiento del sector en los últimos tres años ha sido debido a Reino Unido y Alemania, mientras que en otros países, como España, Italia, Portugal, Bélgica y Grecia, las renovables se han mantenido estancadas.

A pesar de ello, España se sigue manteniendo como el sexto país con mayor proporción de electricidad generada por renovables, con un 25%, por detrás de Dinamarca, con un espectacular 74%, Alemania (30%), Portugal (29%), Reino Unido (28%) e Irlanda (27%).

Con respecto al presente año, las energías renovables podrían proporcionar un tercio de la electricidad de Europa, si se normaliza la generación hidroeléctrica. Según las estimaciones realizadas en el informe, en 2020 las energías renovables deberían proporcionar alrededor del 36% de la demanda de energía de Europa. Estas cifras contrastan con la decisión del consejo de ministros de Energía, que el pasado mes de diciembre redujo los objetivos de renovables aprobados por el Europarlamento para 2030, pasando de un 35% a un 27%.

Fuente: eldiario.es




El cambio climático será letal en los guetos de África

Gueto de kibera en Nairobi. WIKIPEDIA

Las condiciones en los asentamientos urbanos superpoblados y pobres en África empeoran con los efectos del cambio climático, llevando las temperaturas a niveles peligrosos para los niños y los ancianos en esas áreas, según un nuevo estudio de la Universidad Johns Hopkins.

El estudio sugiere que el cambio climático golpeará más duramente a las personas que viven en estos asentamientos precarios porque sus condiciones de vida a menudo crean un “microclima” más cálido debido a los materiales de construcción, la falta de ventilación, la falta de espacios verdes y el acceso deficiente a la energía eléctrica y otros servicios.

El estudio publicado por la revista en línea PLOS ONE se centró en tres asentamientos en Nairobi, Kenia. El más grande de ellos es Kibera, un barrio de callejones estrechos y casas con paredes de barro y techos de chapa de hierro y pisos de losas de concreto, que es hogar de hasta un millón de personas. Es el más grande de estos vecindarios en África, a menudo llamado “asentamientos informales”.

La información mostró que la hierba y los árboles ayudan a mantener bajas las temperaturas, y sugiere que a medida que la Tierra se calienta, la carga del cambio climático no caerá por igual de una parte del planeta a otra. El impacto de la exposición al calor se entiende como una función de la temperatura y la población, y se espera que ambos aumenten más rápidamente en África que en Europa. Como resultado, se espera que la carga del cambio climático sea 100 veces mayor en África.

Hasta 5 grados más
El estudio, llevado a cabo por siete instituciones, incluidas tres organizaciones de la Cruz Roja, muestra la necesidad de alertas y asistencia más específicas. Las altas temperaturas en Kibera y otros dos vecindarios cercanos se muestran en el estudio entre 3 y casi 5 grados más altos que los reportados en la estación meteorológica oficial de Nairobi a menos de un kilómetro de distancia. Investigaciones anteriores de otros científicos citados en el estudio encontraron que las muertes de niños de hasta 4 años y personas mayores de 50 años correlativamente con el aumento de las temperaturas.

El calor extremo puede ser una causa de insolación, que puede dañar el cerebro y otros órganos. El calor también puede aumentar la probabilidad de muerte por una enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular o dificultad para respirar. Las temperaturas más altas encontradas en el estudio son “ciertamente consistentes con el exceso de muertes”, dijo la científica climática Anna Scott, autora principal del estudio.

Barriadas con millones de personas
Aproximadamente entre un tercio y un 60% de los 3,1 millones de personas que viven en Nairobi, la ciudad más grande y la capital del país de África Oriental, hacen sus hogares en asentamientos como Kibera, Mukuru y Mathare, las áreas estudiadas para este informe. En Mathare, las casas se construyen comúnmente con paredes y techos de hierro. Las casas en Mukuru son una mezcla de algunos edificios altos y casas construidas con planchas de hierro. Hay pocas calles pavimentadas, árboles o vegetación en cualquiera de estas áreas.

El equipo de investigación analizó la temperatura recopilada durante 80 días desde el 2 de diciembre de 2015 hasta el 20 de febrero de 2016. Ese período resultó ser el verano más caluroso de Nairobi desde la década de 1970, que se remonta a los registros disponibles, dijo Scott. Los miembros del equipo colocaron 50 termómetros en árboles y postes de madera en los tres asentamientos, la mayoría de ellos en sombra parcial o total. También pusieron un sensor en la Universidad de Nairobi, un área a unas 7 millas al noreste de Kibera que tiene más árboles y espacios verdes.

Al final de los 80 días, los investigadores compararon la información recopilada en los vecindarios con las temperaturas registradas en la sede del Departamento Meteorológico de Kenia, ubicada en un campus boscoso cubierto de hierba a menos de media milla de Kibera. Los resultados fueron sorprendentes. La temperatura alta durante el día promedio registrada por el sitio del gobierno para el período fue un poco más de 25 grados de media anual. El promedio fue un poco más de 27 en Kibera, 29 en Mathare y 30 en Mukuru.

Fuente: elindependiente.com




Podemos enfriar el planeta, pero si lo hacemos ya no habrá marcha atrás

Tenemos un arma secreta. Durante años, varios grupos de científicos han estado trabajando en el desarrollo de proyectos para enfriar el planeta. La idea es tener una “vida extra” por si llega el momento en que el calentamiento global compromete nuestra existencia de forma inminente.

Dentro de la ‘ingeniería climática’, el proyecto más famoso imita a los volcanes y su efecto “refrigerador” a escala planetaria. La propuesta consiste en fumigar la atmósfera superior con dióxido de azufre, algo que provocaría una moderación de la temperatura casi instantánea. Sabíamos que se trataba de nuestra última opción, pero acabamos de descubrir que si decididmos ponerla en marcha, no hay retorno posible.

Una medida desesperada

Ante la popularidad de la geoingeniería y el creciente número de investigaciones sobre ella, un equipo de la Universidad de Rutges decidió realizar una simulación a nivel global para responder una pregunta clave: “¿Qué consecuencias podría tener parar una iniciativa como esta?”. Supusieron, de acuerdo con los proyectos actuales más desarrollados, que rociaríamos unas cinco millones de toneladas de dióxido de azufre por año entre 2020 a 2070. “Es el equivalente anual a un cuarto del dióxido de azufre expulsado durante la erupción del Pinatubo en Filipinas en 1991”, explican los investigadores.

“Si alguna vez se detuviera abruptamente, sería devastador”, explicaba Alan Robock, director del estudio
Sus conclusiones son claras: una vez que esté en marcha, no se podría parar porque “detener la geoingeniería sería una gran amenaza para el medio ambiente natural y la biodiversidad”.

El equipo, dirigido por Alan Robock, reflexiona sobre el asunto en el último número de Nature Ecology & Evolution. En sociedades democráticas como las actuales no podemos asegurar que un programa de estas características siga vivo para siempre. “Imagine grandes sequías o inundaciones en todo el mundo que puedan achacarse [fundada o infundadamente] a la geoingeniería y la exigencia de que se detenga ¿Podríamos arriesgarnos?”.

Y es que los datos muestran que “si alguna vez se detuviera abruptamente, sería devastador”, dice Robock. Pero, por si fuera poco, no estamos seguros ni de si la interrupción puede ser gradual. El impacto de un enfriamiento rápido supondría un golpe difícil de superar para todos los seres vivos del planeta. Lo más probable es que sea un camino sin retorno.

Frente al cambio climático, no hay respuestas sencillas. Si no somos capaces de controlar las emisiones de CO2 a la atmósfera, no podemos ver obligados a convertir la Tierra en un invernadero. Con todos los riesgos que ello conlleva.

Fuente: xataka.com




Sin concienciación no hay eficiencia energética

La eficiencia energética busca reducir el consumo de energía para disminuir costes y promover la sostenibilidad económica, política y ambiental.

Implementar programas de sensibilización y concienciación es clave para lograr fomentar una conciencia social que apueste por el correcto uso de la energía.

Como muchos otros conceptos, ha venido para quedarse. Pero antes de nada cabe preguntarse: ¿sabemos qué es la eficiencia energética y cuál es su importancia? La definición más común es que se trata de un uso eficiente de la energía. Un aparato, proceso o instalación es energéticamente eficiente cuando aprovecha al máximo la energía que consume para realizar una actividad.

La eficiencia energética busca proteger el medio ambiente mediante la reducción de la intensidad energética y habituando al usuario a consumir lo necesario y no más. Las emisiones de CO2 que enviamos a la atmósfera son cada vez mayores y, por ese motivo, la eficiencia energética se ha convertido en una forma de cuidar el ecosistema y fomentar el ahorro.

Los individuos y las organizaciones que son consumidores directos de la energía pueden reducir el consumo de la misma para disminuir costes y promover sostenibilidad económica, política y ambiental. Los usuarios industriales y comerciales pueden desear aumentar eficacia y maximizar así su beneficio.

El conocido Protocolo de Kioto, firmado en 1997, supuso el reconocimiento tácito de la implicación de los países industrializados en el cambio climático.

ACUERDOS PARA LA EFICIENCIA ENERGÉTICA
El primer gran acuerdo en materia de eficiencia energética se produjo el 11 de diciembre de 1997. En el famoso Protocolo de Kioto, los países industrializados reunidos en la ciudad de Kioto llegaron al compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Aunque el objetivo tardara en materializarse, el tratado ya suponía un reconocimiento de responsabilidad por parte de dichos gobiernos en el cambio climático, debido a un exceso de consumo de combustibles fósiles.

El compromiso consistía en alcanzar una reducción de al menos un 5% en el promedio de emisiones GEI entre 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990. Se trata de un porcentaje mínimo a nivel global, por lo que cada gobierno asumiría un porcentaje personalizado en dicho reparto.
Este acuerdo fue respaldado por 37 países industrializados y la UE, trascurridos dos años y medio de negociaciones tras el Mandato de Berlín de abril de 1995, y que no tendría carácter vinculante para sus miembros hasta que estos representaran al menos el 55% de las emisiones totales de CO2 a nivel mundial.

La UE debe reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento global y prevenir los graves daños causados ​​por el cambio climático. (GTRESONLINE)

Por su parte, el Consejo Europeo aprobó en 2007 una serie de medidas que tenían como objetivo potenciar las energías renovables, la eficiencia energética y la reducción de emisiones de CO2. Quedaba así fijada la política de eficiencia energética por parte de la Unión Europea.

La Directiva 2012/27/EU del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre, relativa a la eficiencia energética, estableció un conjunto de medidas vinculantes para ayudar a la UE a alcanzar su objetivo del 20% de eficiencia energética para el año 2020. El 30 de noviembre de 2016, la Comisión Europea (CE) propuso una actualización de dicha Directiva, con la que generar un nuevo marco para el clima y la energía y conseguir objetivos ampliados para 2030:

Lejos de quedarse ahí, la UE ha marcado a sus Estados miembros los objetivos para 2050, año en el que tendrán que alcanzar entre un 80-95% de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 1990. Y ha puesto en marcha la Hoja de Ruta de la Energía para 2050, que muestra el camino para alcanzar esa meta.

El liderazgo europeo en materia de materias limpias, desarrollo de inversiones en renovables y lucha contra el cambio climático es incuestionable. De hecho, la UE está avanzando adecuadamente para alcanzar los objetivos de 2020:

Por su parte, España, mediante el Plan Nacional de Español de Acción de Eficiencia Energética 2017-2020, fija su objetivo de ahorro para 2020 en 122,6 Mtep, lo que representa una reducción del 24,7% respecto al escenario de referencia calculado para España, 4,7 puntos porcentuales por encima del objetivo europeo del 20%.


Parque Eólico de Canredondo en la provincia de Guadalajara (Gas Natural Fenosa)

En cualquier caso, sin una clara concienciación social de la necesidad de salvaguardar el Medio Ambiente, todas las iniciativas de carácter legislativo tendrán en la práctica un desarrollo más arduo y una implementación más dilatada en el tiempo.

El uso eficiente de la energía en España evitaría la emisión a la atmósfera de 11,1 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2).

COMPORTAMIENTOS ENERGÉTICOS
Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), desde la década de los años noventa del pasado siglo, el consumo energético de los hogares españoles ha evolucionado por encima del crecimiento de la población, a una tasa incluso 5 veces superior. Eso se ha debido, principalmente, al incremento del equipamiento doméstico.

Por su parte, un hogar medio en España consume algo más de 4.000 kWh al año en electricidad y las familias españolas representan cerca del 34% del consumo total de energía final, que se distribuye entre un 18,7% imputable a los usos energéticos de la vivienda y un 15% al uso del vehículo privado.

Según la décima edición del Índice de Eficiencia Energética en el Hogar de la Fundación Gas Natural Fenosa, los hogares españoles pueden ahorrar de media cerca de 300 euros anuales, el 27% de su factura de gas y electricidad, con cambios en sus usos y costumbres y con la mejora del equipamiento energético. En total, el potencial de ahorro de las familias suma 5.350 millones de euros al año, equivalente al consumo eléctrico de Andalucía durante un año y medio. Un uso más eficiente de la energía evitaría, además, la emisión a la atmósfera de 11,1 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2).

El mismo estudio aplicado a las Pymes (novena edición) muestra cifras igualmente relevantes. Según el mismo, las pequeñas y medianas empresas españolas tienen potencial para ahorrar el 24,2% de la energía que consumen si implementan medidas de eficiencia, lo que equivaldría a un ahorro económico de más de 4.105 millones de euros, o lo que es lo mismo, el 0,37% del PIB nacional en 2016. La energía que aún podrían ahorrar las pymes, según el estudio, asciende a más de 35.574 GWh y comportaría que se dejaran de emitir 9,9 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, las mismas que realizan al año 2,7 millones de turismos.


Los hogares españoles podrían ahorrar de media cerca de 300 euros anuales con cambios en sus usos y costumbres y con la mejora del equipamiento energético. (Gas Natural Fenosa)

De estos datos se desprende que el nivel de concienciación y conocimiento respecto a la eficiencia energética es todavía bajo. En consecuencia, este desconocimiento provoca que los españoles seamos menos exigentes y que la discusión pública sobre energía se vea limitada. Es por ello que en el escenario actual, la educación desempeña un papel estratégico en la mejora de la eficiencia energética. Al fin y al cabo, de poco sirven las nuevas tecnologías si no se explican al usuario cómo utilizarlas, y sobre todo, cómo utilizarlas de manera responsable.

Una cada vez mayor concienciación de los beneficios derivados del ahorro de la energía, como pueden ser la disminución de costes o la sostenibilidad económica, política y ambiental, debe ser el factor determinante para el cambio del comportamiento de los usuarios.

Sin embargo, pese a la creciente información sobre calentamiento global y cambio climático todavía falta una mejora en los hábitos energéticos. Para avanzar hacia una economía más sostenible energéticamente debe haber una reducción real del consumo, se deben mantener los mismos servicios, la calidad de vida debe ser la misma o mayor, y la contaminación se debe reducir.

En esta línea trabaja la Plataforma Tecnológica Española de Eficiencia Energética, presidida por Gas Natural Fenosa y formada por universidades y centros tecnológicos, asociaciones, pymes y grandes empresas. Esta organización tiene como finalidad la innovación en tecnología de eficiencia energética, generando nuevas soluciones a través del impulso a la investigación y el desarrollo de nuevas técnicas, productos y servicios que contribuyan a la reducción de la demanda energética gracias a la eficiencia.

En esta transformación energética cobran también importancia conceptos como son los edificios o distritos de consumo casi nulo (nZeb o ZEEB respectivamente, por sus siglas en inglés) o los bloques de energía positiva (PEB), cuyo objetivo es la autosuficiencia energética e incluso la producción neta de energía en los edificios o distritos, basada en una reducción del consumo, una integración de la generación renovable y una coordinación entre producción y consumo.

En el ámbito empresarial, una iniciativa pionera y que muestra el potencial de la eficiencia energética se desarrolla en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. No en vano, este proyecto ha conseguido la reducción de un 33% de los costes energéticos y en un 50% las emisiones de CO2 del centro médico.

La exposición itinerante Energytruck es un ejemplo de iniciativa privada que apuesta por la divulgación de conocimientos relacionados con la energía, el medio ambiente y el patrimonio industrial.

EDUCACIÓN EN NUEVOS HÁBITOS
Llegados a este punto se hace imprescindible educar en unos buenos hábitos energéticos. Con ello se consigue reducir la contaminación, consumir menos energía, ahorrar económicamente y conseguir una mayor calidad de vida. Se trata, pues, de ser conscientes de que el equilibrio medioambiental y la sostenibilidad económica están muy unidos.

En el uso eficiente de la energía hay que tener en cuenta todas aquellas acciones que sirven para reducir el gasto y también contribuir a la mejora del ecosistema. No se trata solo de aprovechar los avances tecnológicos energéticos sino también de saber que con una planificación adecuada y una conducta eficiente, se conseguirán importantes descensos del consumo.

A esta concienciación y tarea educativa están ayudando los programas y campañas que mediante actividades de comunicación sensibilizan, fomentan e informan a ciudadanos y actores del sector sobre pautas, medidas y recursos disponibles para fomentar un correcto uso de la energía.


El Energytruck ha recorrido más de 190 municipios de la geografía española para difundir conocimientos relacionados con la energía, el medio ambiente y el patrimonio industrial (Gas Natural Fenosa)

Sin ir más lejos, a lo largo del año pasado el Museo del Gas de la Fundación Gas Natural puso en marcha la exposición Energytruck, un camión itinerante que ha recorrido, desde su puesta en marcha en 2016, más de 190 municipios de la geografía española para difundir conocimientos relacionados con la energía, el medio ambiente y el patrimonio industrial de una forma amena, interactiva y con actividades didácticas conducidas por educadores especializados.

Con este proyecto expositivo se pretendía contribuir al desarrollo educativo, ambiental y cultural de la sociedad, trasladando, de una manera muy visual e interactiva, qué es la energía y cómo consumirla de forma responsable. Las actividades, que son gratuitas, están dirigidas a todos los públicos y están adaptadas a personas con discapacidad.

El Energytruck ha visitado municipios de la Comunidad de Madrid, Extremadura, Andalucía, Cantabria, Cataluña, Castilla y León, la Comunidad Valenciana, Galicia, el País Vasco, La Rioja, Castilla-La Mancha, Navarra e Islas Baleares. Desde su puesta en marcha, más de 95.000 personas han visitado esta exposición itinerante; entre los que se encuentran alumnos de grupos escolares de primaria, bachillerato y formación profesional y personas que lo han visitado junto a distintos colectivos sociales o durante jornadas de puertas abiertas.

El camión del Energytruck cuenta además con una particularidad: que predica con el ejemplo siendo él también eficiente energéticamente. Así, por ejemplo, dispone de un motor dual de gas natural, por lo que genera entre un 15% y un 20% menos emisiones de CO2 respecto a los motores convencionales de gasoil.


El camión del Energytruck predica con el ejemplo y se trata de un vehículo eficiente energéticamente. (Gas Natural Fenosa)

La iniciativa del Energytruck o los mencionados anteriormente Índices de Eficiencia Energética no son las únicas actividades puesta en marcha por la Fundación Gas Natural Fenosa. Esta entidad tiene, entre sus objetivos, difundir y sensibilizar sobre temas de actualidad relacionados con el ciclo de la energía, la sostenibilidad y el medio ambiente; lleva 15 años desarrollando esta labor de divulgación realizando más de 300 seminarios a nivel estatal, y editando numerosas publicaciones.

Por su parte, la iniciativa Pequeños Gestos, del IDAE, una campaña difundida por prensa, radio, televisión y redes sociales, y que tiene como protagonistas a un puñado de animales que logran construir un vínculo con el espectador al poner de manifiesto la repercusión favorable que tienen, en su hábitat natural, nuestros pequeños gestos de ahorro de energía a la hora de regular, por ejemplo, la temperatura del aire acondicionado o de la calefacción, al conducir de forma eficiente nuestros vehículos u optar por el transporte público, o al usar moderadamente de agua caliente, proporcionando sencillos consejos para lograrlo.

Así pues, se multiplican las campañas y programas destinados a educar sobre la necesidad de reducir el consumo de la energía, una medida prioritaria para nuestra sociedad debido a que la demanda de energía es cada vez mayor y la capacidad de suministro es cada vez más limitada.

Fuente: branded.eldiario.es




España soporta olas de calor más agudas y frecuentes por el cambio climático

Los episodios más intensos se concentran avanzado el siglo XXI: 2015, 2012 y 2003 han sido las olas más largas y extensas desde 1975 y 2017 está marcado por “olas de calor y récords de temperatura” dice la Organización Meteorológica Mundial.

La organización dice que con un escenario de emisiones moderadas, para 2100, la temperatura media de los veranos en Madrid (hoy 28,9 ºC) será como la de Bamako, en Mali (32,7) y la de Barcelona como la de Madrid
Si no se recorta el efecto invernadero, Madrid llegará a tener la temperatura de Las Vegas (EEUU) y el resto de ciudades españolas en parámetros propios de la franja de Irak y Egipto

Cómo protegerse y prevenir los efectos en la salud de la ola de calor
Córdoba batió el récord histórico de calor en España con 46,9 grados. España está soportando una nueva ola de calor. Desde el miércoles pasado hasta, al menos, el domingo 16 de julio, la Agencia Estatal de Meteorología tiene declarado un aviso especial “con temperaturas máximas por encima de los 40ºC” y picos de 44 ºC, especificaba la agencia. Este viernes se ha medido el récord histórico de calor al llegar el termómetro a 47,3ºC en Montoro (Córdoba), (aún pendiente de verificación oficial). Eso datos llegan tras los valores de la anterior ola de calor registrada por la AEMET: 44,5ºC en junio.

2017 “está viéndose marcado por las olas de calor y nuevos récords de temperaturas diarias”, analiza la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Al acabar junio, Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea, informó de que el mes “fue mucho más cálido que la media en el sur y centro de Europa, especialmente en la península ibérica”.

La advertencia y cálculo de los expertos de la ONU sobre cambio climático apuntaban hace más de una década a la multiplicación de las olas de calor en Europa, además, de forma más virulenta. La Organización Mundial de la Salud las ha señalado como uno de los peligros que las autoridades sanitarias deben manejar.

Un episodio específico de alto calor no puede relacionarse directa e inequívocamente con el calentamiento global. Es la tendencia y la frecuencia las que vienen determinadas por el cambio climático, según explican los expertos. Actualmente se han doblado las posibilidades de padecer picos prolongados de alta temperatura respecto a 1950. La Agencia Meteorológica Británica concluyó ya en 2014 que Europa soportará veranos especialmente calurosos, al menos, “una vez cada cinco años” debido al calentamiento global provocado por los humanos.

Esto fenómenos no suponen una simple constatación de que en verano hace calor. Para declarar una ola deben encadenarse, al menos, tres días consecutivos en los que el 10% de las estaciones medidoras superan la media de temperaturas máximas del periodo 1971–2000 para los meses estivales. Calor por encima de lo habitual, no calor a secas.

Las olas se catalogan según tres criterios: los días que dura, la temperatura máxima que alcanza y la extensión geográfica en la que se declara. En España, las peores olas de calor desde que se tienen registros específicos –la serie arranca en 1975– se han producido ya avanzado el siglo XXI. La “más significativa”, como la califica la AEMET, se produjo hace solo dos años: en 2015 se empalmaron 26 días de temperaturas inusualmente altas al arrancar junio. 30 provincias se vieron afectadas. La alerta para el episodio actual alcanza a 28.

La siguiente ola más destacada se produjo en agosto de 2003 y duró 16 días. Fue muy extensa y se hizo sentir en 38 provincias. El podio lo completa, hasta el momento, otro verano reciente: en 2012, la ola de agosto alcanzó 40 provincias, “siendo la más intensa en este sentido”, destacan los meteorólogos.

En ninguno de esos años el valor máximo subió tanto como en 2017 aunque fueron más prolongadas. Además, el año pasado, cuando estaba a punto de cerrarse el verano, el sur de Europa (incluida España) padeció una ola de calor en septiembre que hizo que se batieran los récords históricos del mes en 35 observatorios españoles. Algunos pulverizaron su marca por tres grados y “numerosas” estaciones midieron el pico de calor de todo el verano en ese episodio tardío. El verano de 2016 tuvo cuatro olas, el dato más alto del siglo.

Madrid como Las Vegas

Los fenómenos meteorológicos extremos están científicamente relacionados con el calentamiento global del planeta que fuerza cambios en el clima. Las emisiones de gases de efecto invernadero causan un forzamiento en la atmósfera que impide que la radiación solar abandone la Tierra: se queda calentando la superficie. De hecho, los tres años más calientes desde que hay mediciones, a finales del siglo XIX, han sido 2014, 2015 y 2016. Cada uno batió al anterior en una secuencia nunca observada. En 2017, de enero a junio, cada mes ha sido el más cálido o el segundo más cálido de la historia moderna.

La OMM, en un intento de ilustrar consecuencias cotidianas del cambio climático, acaba de realizar unos modelos que prevén cómo se comportará el tiempo en caso de mantener las emisiones de gases. La premisa elegida ha sido, precisamente, que las olas de calor agudas se convertirán en el escenario habitual en las ciudades. Las urbes suman el efecto de isla de calor a sus veranos cada vez más cálidos.

Así, por ejemplo, los técnicos de la organización explican que, con un escenario de emisiones moderadas, para 2100, la temperatura media de los veranos en Madrid (hoy 28,9 ºC) será como la de Bamako, en Mali (32,7). El termómetro de Barcelona equivaldría, precisamente, al de Madrid. El caso de Sevilla, pasaría a ser como la capital de Mauritania, Nuakchott. Valencia estaría en la franja de Argelia.

Los cálculos para un mundo que no recortase el efecto invernadero colocan a Madrid a la altura de Las Vegas (EEUU) y al resto de ciudades españolas analizadas las manda a la franja entre Irak y Egipto.

Fuente: eldiario.es




No es la “peor sequía en 20 años”, será la peor de la historia de España: el desastre en datos

El Guadiana bajo el puente que conecta España con Portugal, el 22 de noviembre. (Nuno Veiga / EFE)

Comparamos el actual periodo con las grandes sequías recientes (1980-1984 y 1992-1995) y los registros no dejan lugar a dudas. Aún no ha terminado pero quedará en los libros de Historia.

Los medios de comunicación hemos acordado llamar a la falta de lluvias que nos acompaña desde enero de 2016 la ‘peor sequía en los últimos veinte años’, en referencia a la que azotó la península a principios de los años noventa. Sin embargo, los datos no respaldan totalmente esa coletilla, sino más bien, que nos encontramos en mitad de una sequía que, cuando termine, será con mucha probabilidad la más severa que nuestros ojos hayan visto.

Habitualmente escuchamos valores como el porcentaje de capacidad de los embalses para valorar la severidad de una sequía, pero el meteorólogo Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, ni la considera: “¿El nivel de los embalses? Aquí controlamos la sequía siguiendo al agua desde que sale de la nube hasta que llega al suelo”.

Ellos emplean un índice llamado SPI, basado en las precipitaciones. “Utilizando este índice, contamos que desde 1981 ha habido 11 periodos de sequía, que tienen una duración media de entre dos años y dos años y medio”, explica el meteorólogo. “El periodo más largo fue el de la década de los noventa, comenzó en 1991, duró 36 meses y hubo un periodo muy breve de interrupción antes de que comenzara otra sequía que duró otro año más: en total fueron casi cinco años, hasta diciembre del 95”.

El sistema es sencillo, si una zona de España pierde más agua de la que gana, se le asigna un valor negativo. Siguiendo este índice podemos ver qué zonas de España están sufriendo más la actual sequía.

Al tratar de comparar, históricamente, la sequía actual con las anteriores (la citada de los años noventa o la que hubo entre 1980 y 1983), el meteorólogo apunta que “la sequía de los noventa fue más larga e intensa, creo que esta aún no llega a esos niveles, pero no ha terminado”, explica, “este año, por ejemplo, está siendo seco, con un 30% menos de precipitaciones”. Sin embargo, habrá que esperar al 31 de diciembre para que los datos de AEMET decidan catalogarlo entre las etiquetas “seco” o “muy seco”.

La actual sequía está teniendo características que la diferencian de las anteriores: por ejemplo, en ciudades como Madrid o Coruña, donde la mayor parte de las lluvias se concentran en otoño, han caído muy pocas precipitaciones, tanto en 2016 como en lo que llevamos de año. Muy pocas en comparación, no con un año normal, sino con los periodos de sequía 1981-1984 y 1992-1995.

En ciudades naturalmente secas, como Sevilla, se aprecia que los periodos de menos precipitaciones, como el verano, empiezan antes y acaban después que en los periodos de sequía de hace dos o tres décadas.

Hay otras formas de valorar cómo de severa está siendo esta sequía, pero tampoco no son halagüeñas.

Sí, el cambio climático
En 2013, Ernesto Tejedor apareció en casi todos los medios de comunicación del país tras publicar un estudio que radiografiaba las sequías en España desde el año 1694. Las conclusiones de este investigador eran poderosas: “Los veranos de 2012 y 2013 fueron los más secos de los últimos 318 años”, explica a Teknautas. “Ahora tenemos muchas ganas de ir al campo el año que viene y ver cómo ha sido el año 2017”.

Cada verano, salen al monte y realizan incisiones en la corteza de los árboles. “En el primer estudio utilizamos el anillo completo del árbol: tiene una parte más oscura y otra más clara”. La clara es la llamada madera temprana, la que se genera en primavera; la oscura, madera tardía, se genera en verano. A partir de ellas estos científicos generan las reconstrucciones climáticas de los últimos siglos.


Análisis de los anillos de crecimiento de los árboles. (Universidad de Zaragoza)

Además, Tejedor y sus compañeros observaron otra tendencia: ocho de los diez años más extremos de los últimos 318 de nuestra historia se dieron en la última década. Existe un factor clave que está haciendo diferente a esta última sequía con respecto a las anteriores.

“La temperatura es un factor más que está aumentando la potencialidad de las sequías”, explica Tejedor, “lo que estamos observando también de la sequía no es solo que haya una caída de las precipitaciones, sino que hay un aumento de la evapotranspiración, es un efecto combinado”.

Es decir, que aunque las precipitaciones no fueran tan escasas como en episodios pasados, unas temperaturas más bajas podrían atemperar la situación. Actualmente, sin embargo, no tenemos ni lo uno ni lo otro. Si en lugar del índice de precipitaciones SPI empleamos el SPEI, creado por Santiago Beguería y sus compañeros del CSIC para elaborar el Monitor de Sequía Global y que incluye los datos de temperatura y evaporación-transpiración, esta sequía resulta bastante diferente a las anteriores.


Evolución de sequías en la península ibérica desde 1950 hasta la actualidad con el índice SPEI

Puede observarse claramente cómo el aumento de temperaturas registrado en las últimas décadas ha aumentado la severidad de las sequías, incluso aunque estas hayan registrado más precipitaciones que otras en el pasado.
En apenas unos días, la estación meteorológica del parque del Retiro, en el centro de Madrid, podría acabar registrando su primer noviembre sin ningún día de lluvia desde 1981. La huella de todo esto está quedando debidamente registrada.

“Los árboles del sistema ibérico crecen en función de la precipitación, por tanto son muy buenos indicadores de la sequía porque les afecta lo que ocurre en el año hidrológico anterior” explica Tejedor, “digamos que los árboles tienen memoria para esto”.

Fuente: elconfidencial.com




Animales: El reino de los mutantes

Muchos animales no podrán adaptarse a las alteraciones que provoca el calentamiento de la Tierra: subida del nivel del mar, sequías, falta de alimentos, alteración de las épocas de cría, modificación de las pautas migratorias…

Cada año hay menos hielo cubriendo el océano Ártico. Es una afirmación de un grupo de investigadores de la NASA que, tras analizar los informes que sus satélites han recopilado durante 35 años de observación, confirma que en esa región nórdica el agua cada vez se hiela más tarde, al tiempo que el deshielo primaveral se produce antes. Seguro que ya se imaginan la causa de esta alteración natural: el cambio climático, ese proceso real que algunos niegan (el 25% de los estadounidenses) mientras que otros consideran una prioridad. Nuestro planeta se ha calentado una media de 0,85º C desde finales del siglo XIX, pero algunas zonas del Ártico lo han hecho a lo grande: hasta 9º C.

No sabemos las consecuencias reales del calentamiento de la Tierra, puesto que salvo en algunos casos concretos todo son hipótesis más o menos apocalípticas. Una de ellas es la que vive el oso polar, quizá el símbolo de este grave problema global. Se trata de una especie de gran tamaño, el carnívoro más grande del mundo, y está en peligro de extinción: las zonas con hielo, imprescindibles para alimentarse y tener guaridas donde reproducirse, desaparecen poco a poco del casquete polar. El mar se descongela, y el mundo del oso blanco se hace más pequeño.

En veinte, treinta, con suerte cincuenta años, estos depredadores de hasta 700 kilogramos de peso no tendrán el hielo marino necesario para vivir. La subida de las temperaturas provocada por el efecto invernadero acabará con el hielo permanente, y pondrá al plantígrado contra las cuerdas: nada o muere. Pero no solo es el deshielo su enemigo: Los contaminantes orgánicos persistentes (toxinas reunidas en la cadena alimenticia) que acumula en niveles elevados pueden causarle importantes cambios neurológicos, reproductivos e inmunológicos. Para colmo de males, el oso polar es una codiciada pieza cinegética.

Demasiados adversarios. El cambio climático afecta a diferentes grupos taxonómicos de vertebrados e invertebrados: La necesidad de revisar las listas de los animales en peligro de extinción es por tanto inevitable. Las especies animales más castigadas por el cambio climático, aquellas que desaparecerán antes, son las que ya se encontraban amenazadas antes de que el aumento de la temperatura ocupase todos los titulares. Las que ven cómo sus hábitat han sido destruidos, las que tienen poblaciones a la baja, las que compiten con el hombre, las que viven en núcleos aislados, las que se han especializado demasiado como para cambiar de manera urgente.

Cuando se altera la temperatura, todo se modifica. El clima cambia. Y los animales cambian. Hasta aquí todo normal. El problema es que los ritmos de cambio son diferentes. Los animales no son tan rápidos como para adaptarse a las alteraciones que provoca el calentamiento de la Tierra: subida del nivel del mar, sequías, falta de alimentos, alteración de las épocas de cría, modificación de las pautas migratorias, patrones epidemiológicos desconocidos… Una naturaleza que apenas había sufrido cambios de temperatura ambiental en los últimos 10.000 años ve cómo, en solo unas décadas, el castillo de la estabilidad se desmorona. Fauna y flora tendrán que dar lo mejor de si mismos, puesto que serán exigidas como nunca.

Vivimos tiempo de cambios. Es decir, tiempo de ganadores y de perdedores. Adáptate o desaparece, podríamos decir. Pero no es tan sencillo: los que parezcan habituarse a las primeras alteraciones climáticas pueden ser víctima de las siguientes fases. Todo parece indicar que, en cualquier caso, los grandes beneficiados por esta crisis climática serán los oportunistas, los generalistas, los que se reproduzcan más rápido, los que no tengan problema en desplazarse, los que puedan alterar sus dietas, los que modifiquen antes sus rasgos genéticos. Los mutantes. La tierra prometida para los parásitos y las malas hierbas, para las garrapatas y los mosquitos, para los roedores con altas densidades demográficas.

Los grandes candidatos a la extinción son aquellos animales que ya están contra las cuerdas, como sucede con los gorilas de montaña y los koalas, los tigres de bengala y los atunes rojos, las tortugas laúd o los osos panda, las vaquitas marinas y los rinocerontes de Java. El cambio climático se suma a los graves problemas que amenazan su futuro. Un ejemplo: Hasta hoy se destruía la selva tropical cuando cortaban los árboles para llevarse la madera, abrir una mina o ganar terreno para cultivos. Ahora a todos esos agentes destructores se suma un factor tan incontrolable como el aumento de la temperatura global.

Las cada vez más numerosas tormentas acaban con las playas donde nidifican las tortugas laúd. El aumento de CO2 afecta a la calidad nutritiva de las hojas de eucalipto, alimento exclusivo del koala. Los cuatro milímetros de crecimiento anual del nivel del mar en Bengala podría haber acabado, antes de 2060, con el 70% del hábitat del tigre. Los atunes rojos sufren el aumento de la temperatura del agua y la reducción de los niveles de oxígeno. Una lista de perdedores en la que no pueden faltar las especies migratorias, aturdidas por las alteraciones climatológicas, los sensibles anfibios o seres más modestos, pero no menos importantes, como los invertebrados polinizadores y los pequeños vertebrados que intervienen en la reproducción de las flores. Y no olvidemos a las plantas, quizá los seres vivos que más están sufriendo con el cambio climático: necesitan años para adaptarse a las sequías o moverse en busca de condiciones de vida más adecuadas.

Los hábitats más sensibles serán los primeros en venirse abajo. Y sus habitantes los primeros en caer. Ya hemos hablado del deshielo, pero no de otros fenómenos como la desertificación y los incendios, cada vez más frecuentes, las alteraciones de los niveles acuáticos y la desecación de humedales, la pérdida de pastos por la falta de lluvia, la alteración de las temperaturas del agua de ríos y mares… Por todo esto, el mundo en que vivimos es cada día menos acogedor, más inhóspito, menos diverso, más pobre. ¿Estamos a tiempo de revertir esta tendencia autodestructiva? Dicen que sí, pero yo aprovecharía el momento y saldría de inmediato a conocer esas especies que mañana ya no estarán.

Fuente: eldiario.es




¿Cuál es el país más contaminante del mundo?

En China, la contaminación se ha convertido en problema grave.

UN ANÁLISIS BASADO EN LOS DATOS DE EMISIONES PARA LA INVESTIGACIÓN ATMOSFÉRICA GLOBAL.


Todos lo sabemos, el cambio climático es una realidad. Trump y sus políticas parecen no enterarse de que la Tierra se muere a causa de la contaminación. Por desgracia, todo el mundo puede contradecirle gracias a los datos y las pruebas irrefutables que afirman las alteraciones que está sufriendo nuestro planeta con el paso de los años. El tiempo de vida la tierra se agota y los nuevos rangos de la Base de Datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global(EDGAR) nos son nada esperanzadores. Cabe destacar el papel de China, un país que evoluciona a una velocidad proporcional a la de su emisión de CO2, convirtiéndose así en el país más contaminante del mundo. Te lo contamos.

Un progreso nocivo


Los habitantes de las regiones más industrializadas de China salen a la calle con mascarilla

Las nuevas tecnologías, la mercancía barata y la capacidad de trabajo de los habitantes de China han aupado al país asiático hasta uno de los peldaños más altos de la economía mundial. Un progreso espectacular que, como todo en el mundo, tiene sus consecuencias negativas. en este caso hablamos de la contaminación. Los índices de dióxido de carbono se han disparado durante las últimas décadas en un país en plena ebullición industrial. Una situación que instaura a China en lo más alto de los países contaminantes del mundo.
Los datos que afirman esta conclusión han sido expuestos después del análisis de la Base de Datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global (EDGAR). Un proyecto conjunto entre el Centro de investigación de la Comisión Europea y la Agencia de Evaluación Medioambiental de los Países Bajos. Según el estudio, China expulsó un total de 10.640 millones de toneladas de dióxido de carbono a la Atmósfera durante el año 2015. Cabe destacar que el total de emisiones de este tipo en todo el mundo fue de a penas 36.000 millones de toneladas, por lo que las cifras chinas son bastante preocupantes. Es decir, China es responsable de un de 30% de las emisiones totales de CO2 a la atmósfera. Una barbaridad.


Las industrias y los automóviles son los más perjudiciales

Estados Unidos se sitúa en el segundo puesto de una lista en la que ningún país querría estar. Los efectos son cada vez más visibles y las 5.172 millones de toneladas emitidas a la atmósfera por parte de los estadounidenses no hace más que empeorar las cosas. Lo más preocupante de todo esto es que las cifras se incrementan a cada año que pasa en una tendencia continua que parece imparable.

Fuente: okdiario.com




Nieve en el Sáhara

Image Credit: ESA

La misión Sentinel-2 de Copernicus ha capturado una imagen poco habitual de nieve en el noroeste de Argelia, en las estribaciones del desierto del Sáhara.

El 7 de enero de 2018 apareció cubierta de nieve una parte de este desierto, que en ocasiones llega a ser uno de los lugares más cálidos del planeta. En algunos puntos, la nieve alcanzó 40 cm de espesor. Aunque las temperaturas caen durante la noche, las precipitaciones de nieve son muy poco comunes en el Sáhara debido a la sequedad del aire. Solo es la tercera vez en casi 40 años que se ve nevar en esta parte del desierto.

La mayoría de la nieve se había derretido al final del día siguiente, pero por suerte el satélite Sentinel-2A se encontraba en el lugar adecuado en el momento oportuno para registrar este acontecimiento desde el espacio. La imagen fue tomada el 8 de enero.

A pesar de que las nevadas son comunes en las montañas del Alto Atlas, aquí vemos que la nieve cayó en la cordillera del Atlas Sahariano, algo muy poco habitual. En la imagen destacan las dunas anaranjadas y las montañas salpicadas de nieve.

Hacia la esquina inferior izquierda se puede apreciar la ciudad de El Bayadh y, al este, un bosque cultivado se distingue en rojo. La imagen, procesada para que la vegetación aparezca en rojo, muestra que la flora escasea en la región.

Cada uno de los dos satélites Sentinel-2 de Copernicus transporta una cámara de alta resolución que captura la superficie terrestre en 13 bandas espectrales. La misión se emplea principalmente para realizar un seguimiento de la tierra y la vegetación de nuestro planeta, por lo que resulta muy útil para vigilar la desertificación.

Fuente: lanasa.net




A Ciudad del Cabo solo le queda agua para tres meses: el 22 de abril llega su ‘día cero’

El antes y el después del pantano Theewaterskloof, una de las reservas de las que bebe casi toda Ciudad del Cabo.

La ciudad más importante de Sudáfrica está sufriendo tanto por la sequía que se ha visto obligada a establecer medidas drásticas si no quieren tener que cerrar todos los grifos.

La sequía no sólo está afectando gravemente a España, de hecho, muchos países se cambiarían por nosotros. A unos 8.000 kilómetros en dirección sur, Ciudad del Cabo, una de las ciudades más turísticas de África, está a 90 días de quedarse sin agua, que los grifos tengan que ser cerrados y sus más de cuatro millones de habitantes tengan que hacer cola en 200 puntos de la ciudad para abastecerse de agua para beber.

Para ellos, el verano acaba de comenzar y todo hace pensar que no tendrán lluvias hasta el próximo mes de junio. “Sólo si todos los ciudadanos de Ciudad del Cabo reducen su uso diario hasta 87 litros y la ciudad implementa los proyectos necesarios evitaremos el día cero”, alertan desde el consistorio sudafricano. En comparación, el consumo medio en España es de 130 litros por persona y día.

Esta semana, el Día Cero está programado para el 22 de abril, pero esta fecha puede adelantarse o atrasarse en función del consumo de los vecinos de la ciudad. Actualmente, el 54% de los habitantes de Ciudad del Cabo ya ha reducido su consumo a lo que las autoridades piden.

El 54% de los habitantes de Ciudad del Cabo ya ha reducido su consumo a los 87 litros por persona y día que las autoridades les piden
La segunda parte de la ecuación, la de los proyectos a implementar para ofrecer alternativas de agua potable, tampoco marcha a buen ritmo. De las cuatro desaladoras que se están implementando, la más avanzada es la del puerto de Ciudad del Cabo y está al 50% de progreso. Las presas han bajado del 30% esta semana y van reduciéndose a razón de un 1% semanal.

No son el único país africano sufriendo por la sequía. En el cuerno de África, la falta de lluvias ha acabado con hasta el 75% del ganado en las áreas más afectadas de Somalia y en Zimbabue los agricultores se están viendo obligados a recuperar viejas tradiciones de siembra, dado que la prolongada sequía imposibilita seguir plantando maíz como hasta ahora.

Fuente: elconfidencial.com