Hasta el sitio más recóndito de los Pirineos tiene tantos microplásticos como ciudades como París, Madrid o Barcelona

Hasta el sitio más recóndito de los Pirineos tiene tantos microplásticos como ciudades como París, Madrid o Barcelona

Llevamos meses escribiendo sobre la capacidad del viento para hacer algo que no sabíamos posible: la mayoría de virus y bacterias caían desde el cielo. La atmósfera se convertía en un actor fundamental en el movimiento de microorganismos, sí; pero también de la contaminación.

Frente a los vientos y corrientes atmosféricas, no hay defensa posible. Y, como muestra, este rincón de los Pirineos. Donde no llegan la electricidad, el agua potable o internet, llegan los restos de las bolsas de plástico, los tejidos de la ropa o las botellas de plástico.

La maldición de los microplásticos

Javier Bosch 544159 Unsplash

¿Cómo? Durante cinco meses entre 2017 y 2018, la estación meteorológica de Bernadouze, en el Pirineo francés, registró la cantidad de plástico que caía del suelo. Y los resultados son alucinantes: hasta en ese recóndito rincón de los Pirineos, a 1.425 metros de altura y a más de 100 kilómetros de la ciudad más cercana, llegan 365 micropartículas por metro cuadrado cada día.

¿Eso es mucho? Con los datos publicados en Nature Geoscience, los investigadores concluyen que “la cantidad de partículas de microplásticos encontradas […] está dentro del rango de la cantidad hallada en una megaciudad como París”. Y no lo dicen por decir, el equipo del Laboratorio de Ecología Funcional y Medio Ambiente de Toulouse ha desarrollado varias mediciones sobre la situación de la capital francesa.

¿De dónde viene? Los investigadores están seguros de que esa enorme cantidad de microplásticos no puede venir de ningún lugar cercano. Gracias a un análisis de los patrones de viento y la trayectoria del aire, todo parece indicar que el transporte microplástico a través de la atmósfera se está produciendo desde, como mínimo, 95 kilómetros a la redonda.

No obstante, los investigadores también detectaron cantidades menores de polvo del Sahara, por lo que las distancias son previsiblemente mayores. De hecho, todo apunta a que los principales focos contaminadores de los Pirineos orientales es la ciudad de Barcelona, Zaragoza o Toulouse. No obstante

Nuestro legado será el plástico El trabajo muestra que la turba pirenaica contiene niveles de plomo y arsénico provenientes de actividades industriales que se remontan al 685 y en las tierras pantanosas se pueden encontrar rastros de contaminación de la Edad del Bronce. En el futuro, según los científicos de Toulouse, nuestra época se unirá al registro histórico gracias a los microplásticos.

Fuente: xataka.com




El estado de Nueva York prohibirá las bolsas de plástico

FOTO POR KENA BETANCUR, VIEWPRESS/CORBIS/GETTY IMAGES
Las bolsas de plástico de un solo uso son ubicuas en la ciudad de Nueva York y en muchos más lugares, pero ahora el estado está trabajando en una legislación que frene su uso.

Artículo creado en colaboración con la National Geographic Society.

El estado de Nueva York está a punto de prohibir las bolsas de la compra de plástico, convirtiéndose así en el segundo estado estadounidense después de California en prohibirlas.

La prohibición, que forma parte de la propuesta de ley del presupuesto estatal y que se aprobará hoy, prohibirá a los pequeños comercios ofrecer bolsas de un solo uso a sus clientes. Entrará en vigor en marzo del año que viene.

Las bolsas de la compra son uno de los artículos que más aparece en las prohibiciones de bolsas y plásticos de un solo uso, que empezaron a entrar en vigor en el año 2000 y siguen generalizándose por todo el mundo. Hasta ahora, hasta 127 países han impuesto prohibiciones o impuestos a las bolsas de plástico, según el recuento de la ONU en julio de 2018. Europa empezó a eliminar gradualmente los plásticos hace 15 años. Esta semana, el Parlamento Europeo ha tomado medidas para prohibir los 10 artículos que más se suelen encontrar en playas europeas, entre ellos las bolsas, para 2021.

“Los residentes del estado usan cada año 23.000 millones de bolsas de plástico.”

POR DEPARTAMENTO DE CONSERVACIÓN MEDIOAMBIENTAL DE NUEVA YORK

En Estados Unidos, las medidas estatales contra las bolsas han empezado a cobrar impulso. Además de California, que prohibió las bolsas de la compra en 2016, también están prohibidas en Hawái, ya que todos los condados del estado las ha prohibido. La Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales ha recogido una lista de la legislación de las bolsas aquí. Una página web interactiva, Ban the Bag realiza un seguimiento de las prohibiciones aprobadas o pendientes de aprobación en ciudades y estados.

Las bolsas de la compra han sido el blanco porque su naturaleza ligera hace que sean transportadas fácilmente por el aire. Se las ve colgando de las ramas de los árboles y atascando las alcantarillas de las ciudades. Los animales salvajes las consumen, incluso el ganado y otros animales grandes, y las aves y otras criaturas pequeñas las desmenuzan.

En ecosistemas marinos, las tortugas marinas suelen confundir las bolsas de plástico con medusas, su alimento favorito. Los peces se las comen. También han muerto una serie de cetáceos como consecuencia del consumo de plásticos. Entre ellos figuran una ballena descubierta a principios de este mes en las Filipinas con 40 kilos de plástico en el estómago.

Un cachalote muerto ha aparecido varado en Indonesia oriental con casi seis kilos de plástico en el estómago. Entre los restos había 115 vasos, 25 bolsas de plástico, dos chanclas y más de 1.000 fragmentos de cuerda. Se desconoce la causa exacta de la muerte de la ballena, pero los observadores afirman que esta pone de manifiesto la crisis global del plástico.

También cuesta reciclar estas bolsas de la compra ligeras. Muchas plantas de reciclaje municipales no las aceptan porque pueden atascar la maquinaria. Muchos supermercados recogen bolsas de la compra usadas en contenedores. Dichas bolsas se convierten en parte de un sistema circular de refabricación: las envían a fábricas para que las conviertan en bolsas nuevas. Pero la recogida en los supermercados es desigual y hay millones de bolsas que nunca se recogen. Otros tipos de comercios minoristas carecen de sistemas de recogida.

Según el Departamento de Conservación Medioambiental del estado de Nueva York, sus residentes usan cada año unas 23.000 bolsas de plástico. Solo la ciudad de Nueva York utiliza más de 10.000 millones de bolsas de plástico al año, que representan 1.700 toneladas de basura residencial cada semana. Se estima que la ciudad paga 12,5 millones de dólares al año para transportar dichas bolsas hasta vertederos fuera del estado.

La prohibición de Nueva York concederá excepciones a las bolsas de comida para llevar, las utilizadas para envolver productos de charcutería, bolsas para la ropa y bolsas vendidas al por mayor, como las bolsas para cubos de basura.

El plan también permitirá que los condados de Nueva York impongan una tasa de cinco céntimos a las bolsas de papel.

Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete. #PlanetaOPlástico.

La National Geographic Society y Sky Ocean Ventures han puesto en marcha el Ocean Plastic Innovation Challenge, que pide a personas de todo el mundo que piensen y desarrollen soluciones novedosas para frenar la crisis de residuos plásticos del planeta. ¿Tienes una idea? Presenta tu solución antes del 11 de junio en oceanplastic-challenge.org.

Fuente: nationalgeographic.es




El streaming ha conseguido que contaminemos más escuchando música que cuando usábamos CDs

El streaming ha conseguido que contaminemos más escuchando música que cuando usábamos CDs

Para explicarlo tendremos que echar mano de un interesante análisis de la Universidad de Glasgow publicado ayer mismo. Matt Brennan y Kyle Devine han analizado el consumo y la producción de música grabada en Estados Unidos desde sus inicios, partiendo del fonógrafo y llegando a los formatos de nuestros días. 

Para medir el impacto medioambiental, divisible en plástico generado y gases de efecto invernadero, han tenido en cuenta el volumen de gastos acumulados por producción. Es decir, tanto se produjo en copias en el año de máximo apogeo de cada formato, tanto contaminaron en su año dorado.

Así, por ejemplo, en 1977 se vendieron en Estados Unidos 344 millones de unidades de vinilos, con un coste medioambiental de 58.000 toneladas de plástico y 140.000 toneladas de emisiones de gases contaminantes. Avanzamos hasta el año 2000, en pleno apogeo de los CDs, y tenemos que ellos se llevaron 61.000 toneladas de plástico y 157.000 de gases. Eso sí, habiendo vendido la friolera de 942 millones de copias. Casi el triple.

Sale el plástico, entra el CO2: las consecuencias del streaming

File 20190405 180023 1av6so3En verde, el coste medioambiental en base a la producción de plástico y las emisiones de efecto invernadero. Fuente: The economic cost of recorded music, de Kyle Devine y Matt Brennan.

Y llegamos a la era de las descargas digitales y los servicios en la nube. La métrica de unidades vendidas ya no funciona como antes, ya que apenas se vendieron 118 millones de copias digitales, pero sabemos que es mucho más lo que consumimos en red. Pues bien: ponderando la media entre 2013 y 2016, el streaming es responsable de apenas 8.000 toneladas de plástico anuales, pero a cambio generamos entre 200.000 y 350.000 toneladas de gases de efecto invernadero. 

Así que, aunque hemos reducido enormemente la producción de plástico, ahora gastamos el doble de energía de la que gastábamos en la época del CD.

Los académicos reconocen las limitaciones del estudio, “porque, para comparar de forma justa el pasado y el presente, tendríamos que incluir las emisiones involucradas en la fabricación de los dispositivos de reproducción de diferentes épocas […] las emisiones de los estudios de grabación y las emisiones involucradas en la fabricación de los instrumentos musicales”. Comparar tocadiscos y discmans con móviles y ordenadores es complicado.

A eso habría que añadir también el coste asociado por transporte de las mercancías, que tampoco aparece recogido en el estudio.

Más emisiones, más música y una nueva forma de relacionarnos con ella

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Y a esos peros que le encuentran los investigadores a su propio análisis, nosotros añadimos otro para poder recoger mejor la visión de conjunto, el coste medioambiental unitario por hora de música: estamos escuchando mucha más música (y mucho más variada) que antes

Nielsen recogía sólo la evolución en horas de escucha por cada estadounidense en los últimos años, pero el incremento exponencial nos da una idea de lo mucho que hemos ganado: en 2015, ya con la música en streaming bien arraigada, el norteamericano medio pasaba 23.5 horas a la semana escuchando música. En 2016 la cifra se iba a 26.6 horas, y en 2017 a 32 horas.

No son horas de escucha activa, por supuesto: otra de las tendencias que han aumentado enormemente gracias a servicios como Spotify es la escucha pasiva. El streaming es la nueva radio, es un sonido que te pones de fondo. Habría que analizar entonces si ese tiempo que nos enchufamos a esta nueva radio digital es tiempo que quitamos de hacer otras actividades igual o más contaminantes, si es tiempo que nuestros dispositivos ya están accediendo a la nube, etc.

En cualquier caso, este trabajo sí sirve como tabla bíblica en discusiones argumentales para aquellos que se dejan llevar por su intuición: si la música digital es inmaterial, será mucho más respetuosa con el medio ambiente que el CD, ¿no? Pues no necesariamente.

Nada es gratis, aunque lo parezca

Y he aquí el último ángulo del trabajo: el streaming está externalizando costes. Costes medioambientales, pero también económicos. Es evidente que la música online es mucho más barata y que por eso mismo estamos ampliando nuestro repertorio musical, pero “el precio que los consumidores están dispuestos a pagar por escuchar música grabada nunca ha sido más bajo que hoy”. 

Si en 1997 los consumidores estadounidenses estaban dispuestos a pagar el 4.83% de su salario semanal, en 2013 el porcentaje disminuyó al 1.22%, y tras 2016 cayó a menos del 1%, cifras que se pueden contraponer al escaso dinero que los músicos están recibiendo ahora en compensación. 

Todo esto abre la opción de un debate por una música con un precio más responsable, que tome en cuenta tanto el derecho a una mejor remuneración de los artistas como de los costes medioambientales que, hasta ahora, hemos ignorado.

Fuente: magnet.xataka.com




Los ecologistas holandeses demandan a Shell para que deje de contaminar

Gasolinera de Shell en una imagen de diciembre de 2014.

Es la primera vez que una firma de este calibre es denunciada ante la justicia por “no proteger los derechos humanos al socavar las oportunidades de limitar el calentamiento”

Siete organizaciones ecologistas radicadas en Holanda, entre ellas Amigos de la Tierra, Greenpeace y ActionAid, han entregado este viernes una citación judicial en la sede central de la multinacional petrolera Shell, en La Haya, exigiendo medidas para que deje de contaminar. Apoyadas por la firma de 17.379 codemandantes, interpondrán luego un recurso contra la compañía para que los tribunales la obliguen a “reducir sus emisiones de CO2”, causadas por la extracción de petróleo y gas natural. Es la primera vez que una compañía de este calibre es denunciada ante la justicia por “no proteger los derechos humanos al socavar las oportunidades de limitar el calentamiento global”.

Tanto los ciudadanos como las empresas holandesas están obligados por ley a tomar medidas para evitar los daños derivados del deterioro climático. Según los grupos ecologistas, Shell no garantiza la reducción de CO2 para evitar que el calentamiento global aumente más de 1,5 grados centígrados. Incurre, por tanto, en una “negligencia perjudicial, y viola los artículos 2 y 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que protegen el derecho a la vida y a la vida privada y familiar”. Donald Pols, director de la rama holandesa de Amigos de la Tierra, añade que “solo los jueces pueden evitar un desastre ambiental porque Shell apoya el Acuerdo de París, pero sigue invirtiendo miles de millones en la industria de los combustibles fósiles”. Una vez entregada la citación en el departamento jurídico de la multinacional, Marjan van Loon, su presidenta y directora general en Holanda, ha hecho votos por “trabajar en pro de un mundo mejor”. Después se ha retirado. En un comunicado posterior, la firma ha subrayado que “una corte no es el lugar adecuado para luchar por el clima”.

Amigos de la Tierra y el resto de las organizaciones involucradas en este caso han hecho suyos los argumentos invocados por Urgenda, una ONG holandesa especializada en medio ambiente. En 2015, y arropada por un millar de ciudadanos, esta demandó al Gobierno holandés apelando a su responsabilidad a la hora de contener la contaminación. Contra todo pronóstico, ganó un caso histórico. Los jueces ordenaron al Ejecutivo que redujera, con medidas eficaces, el avance del efecto invernadero. Luego fijaron para 2020 la rebaja de un 25% del CO2 emitido. Era la primera vez que un grupo de civiles recurría a la legislación europea en un asunto así. Urgenda superó en 2018 la apelación posterior en su contra interpuesta por el Ejecutivo, y el caso ha llegado al Supremo. El ministerio de Economía y Clima considera que la justicia ha invadido el terreno político.

Fuente: elpais.com




La UE acusa a BMW, Daimler y Volkswagen de pactar ilegalmente y frenar el desarrollo de coches menos contaminantes

La UE acusa a BMW, Daimler y Volkswagen de pactar ilegalmente y frenar el desarrollo de coches menos contaminantes

Siete meses después de iniciar la investigación, la Unión Europea ha anunciado hoy a través de la comisaria Margrethe Vestager que BMW, Daimler y el grupo VW formado por Volkswagen, Audi y Porsche acordaron no competir entre sí y evitaron la competencia en el desarrollo y despliegue de tecnología de reducción de emisiones en sus coches diésel y de gasolina.

Dando por probada la hipótesis con la que empezaron a investigarles y abriendo la puerta a que estos fabricantes de coches sean multados en el futuro. Pese al famoso ‘Dieselgate’, parece que la industria automovilística alemana no había cambiado su posición y seguía empeñada en entorpecer el avance de nuevas tecnologías menos contaminantes.

Los fabricantes alemanes bloquearon el avance de coches menos contaminantes, tanto diésel como gasolina
Diesel

La Unión Europea ha concluido que el llamado “círculo de los cinco” acordó frenar en un periodo que comprende entre el 2006 y 2014, el desarrollo y la implantación de determinados sistemas de control de las emisiones en sus automóviles vendidos en el Espacio Económico Europeo. Una maniobra que va en contra de las leyes de la Unión Europea y por la que podría ser multado.

En palabras de Margrethe Vestager:

“Las empresas pueden cooperar de muchas maneras para mejorar la calidad de sus productos. Sin embargo, las reglas de competencia de la UE no les permiten confesar exactamente lo contrario: no mejorar sus productos, no competir en calidad. Nos preocupa que esto sea lo que sucedió en este caso y que Daimler, VW y BMW pueden haber infringido las reglas de competencia de la UE. Como resultado, a los consumidores europeos se les puede haber negado la oportunidad de comprar autos con la mejor tecnología disponible. Los tres fabricantes de automóviles ahora tienen la oportunidad de responder a nuestros hallazgos.”

La opinión de la Comisión es que el “círculo de los cinco” actuó en un esquema de colusión. Es decir, un acuerdo con el fin de fijar precios de ventas, reducir la producción, repartirse consumidores y limitar la competencia para aumentar sus ganancias conjuntas. Aunque no significa que la Comisión piense que estos fabricantes de coches realizaron todas estas prácticas.

El conocido como “circulo de los 5” negó a los consumidores la oportunidad de comprar coches menos contaminantes, a pesar de que la tecnología estaba disponible

¿Cómo lo hicieron? La Unión Europea distingue la situación para los coches diésel y los de gasolina:

  • Sistemas de reducción catalítica selectiva (‘SCR’), para reducir las nocivas emisiones de NOx inyectando en los coches diésel el conocido como “AdBlue”. Según la Comisión, estas empresas se coordinaron para limitar el tamaño del tanque y la efectividad, entre 2006 y 2014.
  • Filtros de partículas ‘Otto’ (‘OPF’), para reducir los gases en los coches de gasolina. Según la Comisión, estas empresas también se coordinaron entre 2009 y 2014 para atrasar la implementación de estos controles.
Emisiones

La investigación concluye que el pacto entre estas compañías limitó el acceso a nuevas tecnologías a los consumidores, privándoles de la posibilidad de comprar coches menos contaminantes. Una investigación que está separada de otras causas como la del Dieselgate, donde se utilizaron dispositivos ilegales para falsear las emisiones.

Es por ello, que la Comisión Europea ha anunciado de una presunta violación de la ley de competencia. El primer paso ha sido anunciar a las marcas de ello y durante los próximos meses se decidirá si se procede a multar. La UE establece el máximo de estas multas en un 10% de los ingresos anuales de la compañía, pero como hemos visto en casos como el de Google, finalmente es posible que quede en una cantidad inferior.

Según Reuters, Daimler ha reclamado inmunidad para este caso, por lo que en caso de aprobarse la multa se podía librar. Para ello, previamente colaboraron con la Comisión en la detección y búsqueda de nueva información en lo relativo a las inspecciones de esta investigación.

Fuente: xataka.com




Los océanos se han vuelto hostiles para los animales

El cambio climático y la sobrepesca han sacudido la vida marina, pero a algunas especies les va mejor que a otras.

Tradicionalmente, el mar no era un lugar hostil donde vivir. Las especies que habitan el océano han evolucionado a lo largo de milenios para prosperar en sus profundidades.

Lo que para nosotros es alucinante —la capacidad de un pez de vivir a ocho kilómetros bajo el mar, por ejemplo— para otros animales es parte de la vida cotidiana. «Ese entorno no es hostil para ellos, es lo mismo que estar sentados en el salón [para nosotros]», afirma Matthew Savoca, investigador posdoctoral de la Hopkins Marine Station de la Universidad de Stanford en Monterrey.

Nadar con hasta seis peces macho pegados permanentemente al cuerpo, por ejemplo, forma parte de la vida cotidiana de los Lophiiformes hembra. Un macho le clava los dientes a una hembra y todos sus órganos, salvo los testículos, se van desvaneciendo hasta que es solo un parásito colgándole del cuerpo. Nada fuera de lo normal: es una parte más de la vida en las profundidades del mar para un Lophiiforme.

Aunque los mares cambian con el tiempo, como cuando la Tierra atravesó las glaciaciones pasadas, dichos cambios ocurren de manera gradual y las especies evolucionan para soportarlos.

«Pero los humanos perjudican el [océano] de forma global, ya sea mediante la sobrepesca o los plásticos o cualquier otra cosa, y lo hacemos muy rápidamente», afirma Savoca. «Es un ataque frecuente, imparable, constante».

En el caso de muchos animales, la evolución no puede seguir el ritmo a los cambios antropogénicos. El plástico, la pesca insostenible, la acidificación del océano y el calentamiento de las aguas, entre otros factores, han convertido el océano en un lugar más hostil para los animales que lo habitan.

Los animales longevos, como los albatros y las ballenas azules, evolucionan muy lentamente a lo largo de miles de años, ya que sus generaciones están mucho más espaciadas. Pero el plástico, por ejemplo, solo ha existido durante 60 años, que básicamente equivale a la vida de un solo animal. Según Savoca, las generaciones de estas especies longevas tardarían 60.000 años en empezar a adaptarse para convivir con ello. El océano se ha convertido en un campo de minas de plástico.

Los animales que se reproducen con frecuencia y tienen vidas cortas, como los peces pequeños y el plancton, evolucionan más rápidamente. «La evolución podría salvar a esas especies», afirma Savoca.

La forma en que los animales viven en el océano también afecta a su capacidad de adaptación a los cambios. En general, las especies animales se sitúan a lo largo de un espectro. A un lado están las especializadas, que suelen ser superdepredadores, como las orcas y los tiburones, que han evolucionado para prosperar en entornos muy particulares y comer presas específicas. Como están muy focalizadas, se les da muy bien explotar su hábitat, pero son terribles a la hora de adaptarse a los cambios, según Savoca. Conforme sus entornos cambian o sus principales fuentes de alimento se agotan, se encuentran en circunstancias desconocidas y tienen dificultades para adaptarse a ellas.

Al otro lado están las generalistas —el bacalao o el lenguado, por ejemplo—, que son «polivalentes, expertas en nada», afirma Savoca. Son capaces de prosperar en muchos entornos diferentes y consumir una dieta variada. Aunque las generalistas no dominan sus entornos como los superdepredadores, pueden adaptarse cuando su entorno se vuelve impredecible.

Pero las ventajas son limitadas.

Las campañas de matanza, como los siglos de pesca de bacalao o la caza de ballenas en el Atlántico Norte, afectan a las especies generalistas y especializadas por igual. Y estas «matanzas de talar y quemar», en palabras de Savoca, crean efectos dominó en ecosistemas enteros y en la cadena trófica.

Fuente: nationalgeographic.es




Los microplásticos sepultan una playa de Tenerife

Microplásticos en una playa de Tenerife.

Microplásticos en una playa de Tenerife. OCÉANO LIMPIO TENERIFE.

Un vídeo publicado en las redes sociales ha viralizado el estado en el que ha quedado la playa.

“Nunca me he encontrado esta playa así”. Son las palabras que se escuchan en un vídeo que muestra una playa de Tenerife repleta de caminos de microplásticos. La escena la publicó Oceano Limpio Tenerife el pasado 25 de marzo y, según indican en Facebook, corresponde a la playa del Porís.

La grava y arena de la playa esta cubierta por numerosas zonas de acumulación de microplásticos en forma de caminos. La autora del vídeo explica que la situación en la que ha quedado la playa “no se va a arreglar”.

Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico que se han fragmentado de un plástico mayor, como el de las bolsas de la compra o los envases, durante su proceso de descomposición, así como aquellos fabricados con ese tamaño para  ser empleados en productos de limpieza e higiene.

De hecho, su presencia en las playas, en el agua y en los alimentos que consumimos ha obligado a poner en marcha iniciativas para reducir los plásticos de un solo uso.

Fuente: elindependiente.com




Cómo la contaminación y los gases de efecto invernadero afectan ya al Sahel

Las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima.

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Las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima.
 UNSPLASH

Un estudio demuestra por primera vez que la evolución de las precipitaciones en una región durante el siglo XX ha estado directamente afectada por las emisiones humanas

Durante la última década, muchos países de la región del Sahel —la franja semiárida del sur del Sáhara que se extiende desde Senegal hasta Etiopía— han estado sumidos en diversos conflictos. La población de estos países está creciendo, lo que implica que los recursos son cada vez más escasos. Además, las formas de vida basadas en la agricultura son cada vez más inciertas debido a la alta variabilidad del clima. Se ha podido relacionar estos sucesos en la región con el cambio climático.

Durante los últimos 100 años se han producido grandes fluctuaciones en el clima de la región. A las abundantes lluvias en las décadas de los cincuenta y los sesenta sucedieron pertinaces sequías en los setenta y los ochenta. Desde mediados de los noventa, la zona se caracteriza por la alternancia de buenos y malos años.

Nuestras últimas investigaciones atribuyen esta evolución del clima a las emisiones producidas por la quema de combustibles fósiles. Nuestro equipo ha demostrado que los modelos climáticos mundiales más recientes pueden explicar las persistentes sequías en el Sahel cuando se incluye información sobre la emisión de sustancias contaminantes y de gases de efecto invernadero. También han constatado el potencial de estos modelos, ya que pueden simular de manera fiable cambios en la temperatura de los océanos y en las precipitaciones regionales a partir de observaciones del mundo real.

Esta es la primera vez que se ha demostrado que la evolución de las precipitaciones en una región durante el siglo XX ha estado directamente afectada por las emisiones humanas, concretamente de sustancias contaminantes y gases de efecto invernadero. También es la primera vez que se propone un único argumento que explica de forma coherente tanto las fluctuaciones naturales como los cambios causados por la actividad humana. La base que sustenta esta teoría es la influencia de los océanos en el clima regional.

La sequía del Sahel

La lluvia del Sahel proviene de la humedad que los vientos del monzón transportan desde el Atlántico Norte. A medida que el aire se eleva, este se enfría y condensa la humedad, que cae en forma de lluvia. Cuanto más se caliente el Atlántico Norte, mayor será la cantidad de humedad que se evapore de su superficie y se desplace hacia tierra, y más húmedo será el Sahel.

Aunque el aire se eleve de forma local, también depende del mismo fenómeno a escala mundial. Por ejemplo, durante un evento climático como El Niño, el aire se eleva sobre un Pacífico tropical mucho más cálido y desciende en otros lugares, causando sequías generalizadas. Durante la segunda mitad del siglo XX, los gases de efecto invernadero calentaron los océanos tropicales, lo que provocó que las condiciones para que el aire ascendiera en otras zonas fueran desfavorables.

El estudio demuestra que, a pesar del papel de los gases de efecto invernadero en el pasado, el cambio climático no conducirá necesariamente a la sequía en el Sahel

Del mismo modo, las emisiones de pequeñas partículas sólidas que emiten las centrales eléctricas de carbón, conocidas como aerosoles de sulfato, aumentaron como consecuencia de la reconstrucción de la economía tras la Segunda Guerra Mundial. Esto enfrió el Atlántico Norte de manera directa, reflejando la radiación solar y, de manera indirecta, favoreciendo la formación de nubes que, a su vez, reflejan la radiación entrante.

El análisis de un total de 29 modelos climáticos mundiales llevado a cabo por nuestro equipo muestra que la combinación del calentamiento de los océanos tropicales, causado por los gases de efecto invernadero, y el enfriamiento del Atlántico Norte, causado por los aerosoles de sulfato, que caracterizaron la segunda mitad del siglo XX, condujeron a la sequía del Sahel.

El estudio también demuestra que, a pesar del papel de los gases de efecto invernadero en el pasado, el cambio climático no conducirá necesariamente a la sequía en el Sahel.

Ahora que las emisiones de aerosoles de sulfato se han reducido drásticamenteen torno al Atlántico Norte, gracias a la legislación medioambiental destinada a reducir la lluvia ácida y las consecuencias para la salud pública de la contaminación, el calentamiento del Atlántico Norte ha repuntado.

Para seguir la senda del desarrollo, el Sahel necesita diversificar su economía más allá de la agricultura

Por lo tanto, las predicciones de condiciones más húmedas debido al calentamiento están en sintonía con la explicación que se ha dado: el aire puede ahora elevarse sobre el Sahel, impulsado por el aumento de la humedad debido al calentamiento del Atlántico Norte, desafiando las precipitaciones impuestas por el calentamiento de los océanos tropicales en otros lugares. Las predicciones también están en consonancia con tendencias emergentes en la observación de un ciclo del agua más dinámico: los episodios de precipitaciones más intensos, aunque quizás menos frecuentes, que han conducido a episodios recurrentes de inundaciones durante la década pasada.

Futuras políticas

La atribución de la sequía del Sahel a las emisiones demuestra que el cambio climático es real y ya está aquí. Existe tecnología para adaptarse a las sequías y a la variabilidad del clima en general. Esta tecnología incluye previsiones climáticas estacionales y prácticas de gestión de la tierra tales como la agrosilvicultura, la agricultura de conservación y la conservación de la tierra y el agua, que ya desempeñan un papel en el desarrollo de estrategias de adaptación.

De cualquier modo, dadas las presiones sociales ya mencionadas al comienzo, para seguir la senda del desarrollo, el Sahel necesita diversificar su economía más allá de la agricultura. Esto requerirá mucha más energía de la que actualmente se produce en el Sahel. En el contexto global de políticas relativas al cambio climático, la mitigación de sus problemas derivados ofrece la oportunidad de desarrollarse de manera sostenible, con el apoyo necesario para una transición hacia las energías renovables, especialmente atractiva en una región con abundante sol y viento.

Fuente: elpais.com




Los niños son los que más sufren en las ciudades más contaminadas del planeta

Tratan a una niña de dos años por neumonía en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Ulán Bator.
En invierno, las estufas de carbón y las centrales eléctricas asfixian la capital de Mongolia, Ulán Bator, con humo y enfermedades pulmonares.

En la frente tiene una mancha de cenizas de carbón que le ha puesto su madre para mantener alejados a los espíritus malignos. Sin embargo, es la contaminación atmosférica causada por la quema de carbón lo que ha provocado un repunte de la incidencia de neumonía y otras enfermedades respiratorias en la capital de Mongolia, sobre todo entre niños.

Artículo creado en colaboración con la National Geographic Society.

El carbón es ubicuo en la gélida capital de Mongolia. Se encuentra bajo las enormes chimeneas de las centrales eléctricas en montones tan grandes como campos de fútbol. Los conductores lo transportan por la ciudad en camionetas abiertas. Los vendedores lo almacenan en bolsas amarillas a lo largo de las cunetas y fragmentos irregulares rebosan de cubos de metal en las yurtas redondas donde las familias más pobres lo queman para mantener el frío a raya.

A veces, el humo de Ulán Bator es tan denso que solo se ve el contorno de personas y edificios. Tiene un olor agrio e ineludible. El aire holliniento pica en la garganta y flota en el interior de los resplandecientes edificios de oficinas modernos en el centro de la ciudad y en las torres de apartamentos de estilo soviético que se extienden hacia las montañas a las afueras de la ciudad. Los peores días, los monitores portátiles de contaminación alcanzan su máximo máximo, ya que las lecturas son decenas de veces superiores a los límites recomendados. En una ocasión, los niveles de las partículas en suspensión más pequeñas y peligrosas, conocidas como PM-2.5, multiplicaron por 133 los niveles máximos sugeridos por la Organización Mundial de la Salud.
Ulán Bator ha crecido rápidamente y de forma no planificada en los últimos años, conforme los pastores nómadas abandonan el campo y se establecen a las afueras de la ciudad, en distritos como Dari Ekh. Viven en gers o en casas sencillas y emplean estufas de carbón para calentarse y cocinar.

El problema de contaminación de Mongolia es la versión más grave del que se repite por todo el mundo. Desde Estados Unidos a Alemania, desde India a China, se estima que la contaminación atmosférica se cobra siete millones de víctimas al año en todo el mundo. El carbón es una de las causas principales de aire sucio y del cambio climático.

En Mongolia, al menos por ahora, el carbón es fundamental para sobrevivir a los inviernos brutales. Pero la factura que pasa es alta.

«Ya no sé cómo suena un pulmón sano»

El aire de la tarde es denso sobre Bayankhoshuu, uno de los barrios más contaminados de la ciudad.
Los padres hacen todo lo que pueden para proteger a sus hijos del esmog. En esta foto, una madre coloca la mascarilla a su hijo antes de salir del ger familiar para ir al colegio.

Este invierno, las autoridades cerraron los colegios de la capital durante dos meses enteros, desde mediados de diciembre a mediados de febrero, en un intento desesperado de proteger a los niños del aire tóxico. La eficacia de esta medida no está del todo clara. Los hospitales han excedido su capacidad ante los picos de neumonía que se producen cada invierno, especialmente entre los más pequeños.

«Ya no sé cómo suena un pulmón sano», afirma Ganjargal Demberel, un médico que va de casa en casa en un barrio de yurtas —que en Mongolia se denominan gers— abarrotadas en las colinas irregulares y marrones del rincón noreste de la ciudad. «Todos tienen bronquitis u otros problemas, sobre todo en invierno».

Uno de los pacientes del doctor Ganjargal es Gal-Erdene Sumiya, un niño de siete meses con pelo enmarañado que, cuando lo conocí, acababa de superar una neumonía. «No puedo sacarlo a tomar el aire porque está demasiado contaminado», cuenta su madre, Selengesaikhan Oyundelger. Sus hijos mayores también pasan la mayor parte del tiempo dentro de casa.

Un purificador de aire junto a los niños que duermen en una guardería del distrito de Bayanzurkh. Los niños pequeños son muy vulnerables a la contaminación atmosférica. El colegio tiene un purificador en cada sala.

Una tela rosa estampada cubre las paredes del ger de la familia y los postes de madera que mantienen en pie su techo redondo están pintados de vivos colores, creando un espacio cómodo e íntimo para vivir. Una pequeña estufa mantiene la tienda caliente mientras Selengesaikhan coloca la masa para preparar mutton dumplings. Dice que las otras madres que conoció cuando su hijo estuvo ingresado hablaban de la contaminación todo el rato: «Decían que no confiaban en el futuro de este país».

Los distritos de gers como el suyo son una mezcla de tiendas redondas tradicionales y casas sencillas de madera o ladrillos, y albergan principalmente a inmigrantes procedentes del campo, pastores que han acudido a la capital en busca de trabajo y educación. Debido a que carecen de la infraestructura con la que sí cuenta la gente que vive en pisos —suministro de electricidad fiable y sistemas de calefacción por distrito, así como agua y alcantarillado—, los residentes introducen carbón en pequeñas estufas para entrar en calor. Una sola familia puede quemar dos toneladas o más cada invierno.

El humo sale flotando de las chimeneas de metal que sobresalen de cada tienda o casa, y los distritos de gers son unos de los más contaminados de la ciudad. Pero hay otros contaminantes más grandes que oscurecen el aire de Ulán Bator. Enormes fumarolas negras emergen de centrales eléctricas y el humo viaja a la deriva desde las chimeneas de edificios de apartamentos, supermercados y colegios, donde los trabajadores de mantenimiento introducen carbón en calentadores.

En una refinería cerca de Ulán Bator, donde la humedad y algunos contaminantes se retiran del carbón para convertirlo en un combustible «más limpio» y valioso, un trabajador que barre el suelo lleva una mascarilla para protegerse del fino polvo. A veces, los trabajadores que descargan el carbón de los trenes en la refinería acaban envueltos de este material.

El manto de aire sucio que envuelve la ciudad durante la mitad del año es una amenaza para la salud de sus habitantes y un síntoma de un conjunto de fracasos mucho más generalizado.

Casi 30 años después de haber puesto fin a décadas de aislamiento, rechazado el comunismo y haberse convertido en una democracia, Mongolia sigue siendo una nación en transición. Ha abierto su abundante riqueza mineral a empresas de minería extranjeras que extraen oro, cobre y, por supuesto, carbón, en el desierto del Gobi.

Pero se enfrenta a una maraña de problemas: los cambios medioambientales y económicos han precarizado la antigua forma de vida nómada y los líderes de Ulán Bator no han conseguido gestionar la migración masiva a la capital de familias rurales que ya no son capaces de ganarse la vida cuidando del ganado en la alta estepa barrida por el viento. Mongolia es una nación de tres millones de habitantes que viven en un espacio que casi triplica el de Francia, pero casi la mitad de ellos están hacinados en una capital cada vez más contaminada.

«Me siento muy culpable»

La familia de Purevkhuu Tserendorj no emigró del campo, sino que volvió a Ulán Bator en 2015 desde Los Ángeles, donde ella y su marido habían estudiado. Enseguida empezaron a sentir los efectos de la contaminación. Entonces, su hijo pequeño era solo un recién nacido y empezó a toser pocos días después de aterrizar. Poco después, padeció una neumonía.

Sus amigos le contaron que sus hijos la sufrían varias veces al año, y sus otros dos hijos acabaron enfermando. «Es normal en Mongolia», afirma Purevkhuu, experiodista de televisión. Pero no estaba preparada para aceptar una enfermedad tan grave como rutina. En Facebook, pidió a otros padres furiosos que se reunieran en la plaza Sükhbaatar, donde se cierne una estatua de Genghis Khan ante el imponente edificio de mármol del parlamento.

Era diciembre de 2016, con temperaturas bajo cero. «Las madres no podían sentir los pies ni los dedos de las manos», recuerda Purvekhuu.

El movimiento que comenzó aquel día ha crecido, pero su fundadora se enfrenta a un dilema terrible. Su hijo mayor, que ahora tiene cinco años, sufrió cáncer ocular cuando era un bebé en Los Ángeles. Para proteger su salud, su marido y ella lo mandaron a vivir temporalmente con sus abuelos a Washington, D.C., y estar separados resulta angustioso. «Cada mañana me despierto echándolo de menos, soñando con él», afirma Purvekhuu.

La familia está considerando volver a Estados Unidos. Pero Purvekhuu se ha convertido en activista en favor de la calidad del aire en Mongolia, por lo que teme que el gobierno permita que la contaminación se agrave si se va. Quedarse también es difícil: «Me siento muy culpable» por vivir en Ulán Bator, cuenta. «Afecta mucho a mis hijos».

Alex Heikens, representante de UNICEF Mongolia, cree que la contaminación atmosférica «es más que una crisis de salud pública». Para él, es una amenaza a largo plazo para el bienestar del país, ya que deja cicatrices permanentes en los pulmones, afecta al desarrollo cerebral de los niños y pone en peligro la productividad futura. «Aunque detuviéramos la contaminación ahora mismo y la bajáramos a cero, muchos de estos problemas ya están incorporados a la salud de la población», afirma.

Incluso dentro de escuelas y hospitales, los niveles de contaminación están disparados, según cuenta. «En los pabellones de maternidad, nace un bebé: la primera bocanada de aire contiene 600 microgramos por metro cúbico de PM2.5», 24 veces más que el nivel aceptable. «No es una buena forma de empezar la vida».

«No te recibiremos»

Hasta ahora, la respuesta oficial ha sido ineficaz y muchos mongoles han empezado a verlo desde una perspectiva más amplia. La ira ante las revelaciones de corrupción ha enturbiado la política en los últimos meses y derrocó al presidente del parlamento en enero.

La palabra Manan es una mezcla de los nombres de los dos partidos principales y los críticos la utilizan para insinuar que apenas existen diferencias entre ellos y que ambos bandos ponen por delante sus intereses personales. La palabra también significa «niebla», que alude a la falta de transparencia que oculta los delitos de las autoridades. Y hoy en día, Manan también se refiere a la niebla de la contaminación.

Una activista política en la plaza Sukhbaatar, en el centro de Ulán Bator, forma parte de un movimiento creciente que intenta vincular la contaminación atmosférica de la ciudad con la corrupción de los políticos por parte de la industria minera.
Una científica en Green Crown, un laboratorio independiente de Ulán Bator, junto a las mascarillas que ella y sus colegas han analizado. Green Crown también analiza muestras de aire y encuentra constantemente niveles de partículas en suspensión —el contaminante más peligroso— más altos de los notificados por el gobierno.

La niebla, según el economista Jargal Dambadarjaa, «es cada vez más densa». Los políticos «no trabajan para el pueblo, al que deberían servir. En lugar de eso, trabajan para la gente que los financia». Pero ahora los mongoles se han enfadado. «Espero que podamos limpiar el parlamento en relativamente poco tiempo».

En lo que a contaminación respecta, los expertos sostienen que el remedio debería comenzar por proporcionar mejores servicios a los distritos de gers, cuyos residentes son una importante causa y las víctimas más afectadas por la contaminación. Un estudio determinó que los niños de los distritos de gers tenían una capacidad pulmonar un 40 por ciento inferior a la de los niños del campo, una señal de alarma que apunta a problemas de salud a largo plazo.

Aunque los distritos de gers han aumentado rápidamente en los últimos años, han formado parte de Ulán Bator durante décadas y las autoridades han olvidado proporcionar infraestructuras básicas. Las familias que viven en gers tienen electricidad suficiente para bombillas y unos pocos electrodomésticos, pero ni las conexiones a la red ni el suministro eléctrico son suficientes para que se pasen a la calefacción eléctrica.

Según Regdel Duger, presidente de la Academia de Ciencias de Mongolia, aunque la mayor parte de la electricidad de Mongolia se obtiene del carbón, al menos las centrales grandes pueden regularse y sus humos pueden tratarse. Añade que proporcionar aislamiento a los gers podría reducir a la mitad la energía necesaria para calentar cada uno. Ha recomendado al gobierno que conceda préstamos para ayudar a los dueños de gers a financiar dichas mejoras.

Recientemente, las autoridades han intentado limitar el crecimiento de los distritos de gers prohibiendo la entrada de nuevos inmigrantes a la ciudad si no pueden permitirse alquilar una casa. «Si vas a mudarte en un distrito de gers y añadir más estufas, entonces lo siento mucho pero no te recibiremos», afirma el teniente de alcalde Batbayasgalan Jantsan. Según él, las autoridades podrían introducir una tasa para los recién llegados cuando expire la prohibición migratoria.

Sin embargo, muchos inmigrantes entran de manera ilegal. Las fuerzas que impulsan la urbanización de Mongolia son fuertes. Los jóvenes acuden a la capital ante la posibilidad de mejores trabajos o educación, como ocurre en otras ciudades del mundo.

Pero los nómadas de Mongolia también están siendo expulsados de sus tierras conforme la minería acelera la desertificación de los pastizales mediante el abundante uso de agua subterránea de las minas y la destrucción de la vegetación. Por su parte, el cambio climático aumenta la frecuencia de peores condiciones meteorológicas conocidas como dzud: un verano seco seguido por un invierno más frío de lo normal. Esto diezma el ganado y los sueldos.

El carbón vendido en las calles de Ulán Bator libera una gran cantidad de partículas finas cuando se quema.

Incluso las cabras son problemáticas. Los pastores las crían por el caro cachemir, pero a diferencia de camellos, caballos y vacas, arrancan las plantas de raíz, degradan los pastos y cubren de deudas a sus dueños.

«Atorados en esa idea»

Además de las iniciativas para reducir la migración, el gobierno también pretende pasarse a un carbón de grado superior y prohibir que el combustible más sucio entre en la ciudad a partir de mayo. Tsogtbaatar Byambaa, que trabaja en el Ministerio de Salud, espera que eso sirva de algo, pero sabe que aún queda mucho por hacer.

«La magnitud de este problema está aquí», dice, subiendo la mano en alto. «Lo que podríamos hacer estaría aquí», dice mientras coloca la otra mano más abajo. «Necesitamos que estos dos [niveles] se acerquen».

Gran parte del carbón de baja calidad que llena las estufas de Ulán Bator y que el gobierno quiere ilegalizar procede de Nalaikh, a las afueras de la ciudad. Allí, una empresa minera propiedad del estado llevó a cabo operaciones de minería hasta que se desplomó en los años 90. Ahora, los lugareños trabajan en las decenas de agujeros informales y no regulados que salpican el paisaje bajo las descomunales cáscaras de los edificios abandonados.

El carbón suele proceder de minas de carbón ilegales en Nailakh, a las afueras de la ciudad, donde los mineros que trabajan con equipo artesanal y en condiciones duras se exponen día a día a niveles elevados de partículas en suspensión.

Muhammad Ashimset solo tiene 18 años, pero lleva años haciendo turnos de 12 horas bajo tierra. Cada mañana, se sube a un cubo de metal maltrecho del tamaño y la forma de una bañera, y mientras el cable que lo sostiene se desenrolla, baja por un pozo de 60 metros de profundidad. Él y sus compañeros mandan el cubo lleno y otros obreros colocan el carbón en camionetas para transportarlo a la ciudad.

Este negocio pronto llegará a su fin legalmente. En el cálido ger donde los mineros se protegen del viento durante los descansos, cuentan que esperan que haya nuevos empleos para ellos si los obligan a clausurar estas minas cuando se aplique la ley.

Mientras otro minero cubierto de polvo echa té salado con leche en cuencos de plástico, Murat Ahambek cuenta que comprende la lógica de la ley. Al fin y al cabo, su familia también sufre los efectos de la contaminación atmosférica. «Mi mujer y mi hija, cuando vuelven a casa por la tarde, tosen constantemente», cuenta.

Sin embargo, muchos observadores albergan dudas sobre que este cambio al carbón refinado vaya a aliviar esos síntomas. Sukhgerel Dugersuren, directora de un grupo de supervisión de la minería llamado Oyu Tolgoi Watch, sostiene que ya es hora de que Mongolia abandone el carbón de una vez por todas, no que solo cambie a un carbón mejor. Pero apenas ve voluntad política para convertirlo en una realidad.

«Aún hay reticencia hacia la adopción de cosas nuevas, o quizá no haya capacidad», dice acerca de los integrantes del gobierno que han invertido —tanto financiera como intelectualmente— en el combustible tóxico, y a quienes no les interesan las energías renovables, a pesar de los abundantes recursos de viento y sol de Mongolia. «Estas personas son viejas y su educación es vieja, su mentalidad también. Están atorados en esa idea».

Es más, según ella, se dispone de dinero chino para financiar las minas de carbón y las centrales eléctricas, pero no la energía limpia. Aunque China ha invertido mucho en renovables a nivel nacional, aún depende mucho del carbón y se ha mostrado ansiosa por aprovechar los abundantes recursos de Mongolia.

«Ulán Bator ya está asfixiándose por el uso de carbón», afirma Sukhgerel, pero teme que «por la dirección que sigue la planificación, habrá más centrales eléctricas [que funcionen con carbón]. Se va a quemar más carbón».

Fuente: nationalgeographic.es




Di no al plástico: nueve utensilios que hacen tu compra más sostenible y ecológica

Di no al plástico: nueve utensilios que hacen tu compra más sostenible y ecológica

Desde que la campaña #DesnudaLaFruta nos hizo darnos cuenta del exceso de plástico que nos rodea, somos muchos los que tratamos de buscar alternativas más sostenibles en el día a día.

Uno de los ámbitos donde más hemos abusado de ello ha sido al hacer la compra, pero por suerte hoy existen numerosos utensilios para hacerla de una forma más ecológica.

La normativa que obliga a cobrar las bolsas de plástico es el empujón definitivo que nos faltaba para animarnos a buscar alternativas sostenibles. Veréis que hay opciones para todos los gustos y necesidades, tan solo hay que encontrar el sistema que mejor se adapte a nuestros hábitos y desechar de una vez por todas las bolsas de plástico -reutilizables o no- para hacer la compra.

Una compra sostenible y práctica (y también con más estilo)

Casi todos tenemos todavía por casa rondando bolsas de plástico de diferentes supermercados; quizá sea el momento de reciclarlas e invertir de una vez por todas en alternativas más ecológicas. Además de hacer nuestra compra más sostenible, a la larga ahorraremos -si nos acordamos de usarlas, claro- y los alimentos se conservarán mucho mejor en el traslado.

Perros

Y para qué negarlo, hay que admitir que las bolsas arrugadas descoloridas con el logotipo del súper de turno no son precisamente muy bonitas. Si queremos hacer una compra con algo más de estilo, podemos escoger entre muchos modelos de bolsas sostenibles con diseños más bonitos. Como si fuéramos a escoger mochila para el cole.

La marca Eono tiene varios ejemplos que cumplen con esa premisa, como esta bolsa de algodón 100% que luce un elegante estampado con simpáticos perros. Son bolsas prelavadas para evitar que las fibras encojan tras pasar por la lavadora, las costuras de las asas estás reforzadas y tiene una capacidad de resistir 10 kg de peso. Cuesta 8,87 euros y hay más diseños para elegir.
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Si necesitáis llevar más peso, la misma casa tiene bolsas más grandes con las mismas características. Esta bolsa en color beige natural presenta un bonito estampado con el mensaje “Save our planet” y es capaz de soportar hasta 20 kg de peso. Cuesta 14,97 euros, y por un poco más encontramos más modelos.

Bolsas3

Para compras más de diario, improvisadas o menos voluminosas, siempre viene bien tener un modelo compacto que poder llevar en el bolso o tener a mano. Este pack de Comfysail incluye tres unidades en diferentes colores, son plegables y muy resistentes, a un precio de 7,87 euros. En el caso de querer solo una unidad, y aún más compacta, tenemos esta bolsa de tela Oxford que se convierte en una “fresa”, a solo 0.99 euros.

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Como complemento para trasladar a mano o en coche, o para reciclar, podemos invertir en una bolsa especial para botellas. El modelo de la marca Reisenthel es uno de los más conocidos y mejor valorados; la bolsa básica viene en varios colores, con capacidad para nueve botellas en compartimentos separados, es plegable y muy resistente. Tiene un precio de solo 12,94 euros.

Bolsa Botellas

Si solemos hacer compras grandes o tenemos que recorrer grandes distancias, nos interesará una bolsa o canasta de gran capacidad y que además tenga aislamiento térmico. Me ha gustado esta opción de Earthwise, con el exterior de yute y un interior térmico con capacidad para unos 19 litros. Tiene cierre de cremallera, asas de algodón resistentes y cuesta 9,99 euros.

Bolsa5

Pasamos ahora a unos modelos de bolsa que están cada vez más de moda, con forma de malla como las que se usaban antiguamente. Este ejemplo de Bailuoni es muy bonito y elegante, con malla ancha blanca de algodón ecológico, estirable y muy resistente; por supuesto se puede lavar y reutilizar, y está pensada especialmente para frutas y verduras, aunque sirve para transportar de todo. Tiene un precio de 10,28 euros.

Bolsa Malla

Otra opción son los packs de bolsas más pequeñas, con una malla más fina que se puede adaptar a diferentes compras o productos. Tenemos este conjunto de WooWell, también de algodón, que incluye seis unidades de distinto tamaño en tono beige, por 12,19 euros; o estas 12 bolsas de tres tamaños de la marca Ounona, que sirven también para lavar directamente la fruta y guardar todo tipo de objetos y cuestna solo 11,19 euros.

Bolsas5

Finalmente podemos destacar esta colección de bolsas de Kitchencraft específicas para patatas, cebollas y otras verduras.

Bolsa Patatas

Me parecen estupendas por el bonito diseño elaborado en tela de yute, su forro interior con cierre y la posibilidad de llevarlas a la compra y usarlas al mismo tiempo para almacenaje en casa. La bolsa de patatas cuesta 13,46 euros, pero hay otros modelos.

Está claro que hay mucho donde elegir para no echar de menos las bolsas de plástico de los supermercados. Lo ideal sería que nos dejaran además usar estas alternativas para ir guardando directamente los productos a granel, así que quizá también es hora de volver más al mercado o las tiendas de barrio. ¿Vosotros qué bolsas o cestas usáis para la compra?

Fuente: directoalpaladar.com