Desarrollo sostenible. La lucha del dato contra el impacto ambiental

Distintas iniciativas analizan información geolocalizada y se sirven de representación cartográfica para concienciar sobre polución, pesca ilegal y deforestación

Se dice que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Los esfuerzos de multitud de organismos e instituciones por concienciar a la población acerca de las amenazas que asolan la tierra tienden a caer en saco roto.

La semana pasada, más de 15.000 científicos advertían en la revista BioScience de que los problemas que asolan al planeta se han incrementado considerablemente en los últimos 25 años. Aunque la capa de ozono se haya estabilizado y la tasa de deforestación se haya ralentizado, se ha reducido un 29% el número de mamíferos, reptiles anfibios, aves y peces, la población mundial ha aumentado un 35% y contamos con un 75% más de zonas muertas en los océanos.

Algunas compañías han optado por afrontar la cuestión desde un enfoque diferente y han decidido utilizar la analítica de datos geolocalizados para combatir algunos de estos males. Desde EL PAÍS RETINA recopilamos algunas de las más interesantes:

Mapas contra la pesca ilegal

El proyecto Global Fishing Watch tiene la ambiciosa pretensión de acabar con la pesca ilegal en los océanos. Para ello, utilizan datos que recogen vía satélite para identificar una serie de patrones de comportamiento en las embarcaciones tales como su dirección y velocidad. Basándose en la información recogida de cerca de 24.000 millones de muestras a más de 60.000 barcos, su herramienta determina en tiempo real si un navío concreto está pescando.

Actividad pesquera mundial en 2017

El potencial de esta plataforma reside en su carácter colaborativo: Global Fishing Watch está abierta a quien quiera utilizarla y cualquier internauta puede navegar por el mapa y denunciar una actividad pesquera que considere delictiva.

Proyecto de Skytruth que recoge la huella de la extracción de carbón en las montañas

“Gran parte de lo que ocurre en altamar es invisible, lo que ha sido una gran barrera para comprender y mostrar al mundo lo que hay en juego en el océano”, explicaba durante la presentación del proyecto John Amos, presidente de SkyTruth, una de las oenegés impulsoras del mismo. “El análisis de la información que recogemos permite que la interacción humana con el océano sea más transparente que nunca”.

La compañía que dirige Amos se dedica a recoger datos por satélite para identificar las amenazas a los recursos naturales del planeta —han trabajado en proyectos relacionados con la expansión urbana descontrolada, el fracking, la quema de gas natural o la huella de la extracción de carbón en las montañas— y motivar a las personas a proteger el medio ambiente.

Mapas contra la polución

Después de cuatro años recogiendo información sobre la calidad del aire en las ciudades gracias a los coches de Street View, Google publicó el pasado junio los resultados de un proyecto piloto en Oakland junto a la ONG Environmental Defense Fund (EDF) que consiste en un mapa de polución en la ciudad estadounidense.

Captura del mapa de polución en Oakland impulsado por Google y EDF

Los datos reflejan la variación de los niveles de contaminantes como el óxido nítrico y el dióxido de nitrógeno en distintos puntos de la ciudad y ponen de manifiesto la mala calidad del aire existente cerca de zonas residenciales y colegios.

“Este método permite a los responsables políticos identificar las fuentes de contaminación perjudicial para que puedan tomar medidas para mejorar la seguridad y la salud”, afirmaba Steven Hamburgo, científico al cargo de la investigación.

No es la primera vez que Google trabaja con EDF. Desde el año pasado, ambas compañías han publicado distintos mapas con las fugas de metano en las líneas de gas natural en determinadas ciudades de EE UU. Una de las principales proveedoras de este recurso en el país, la compañía PSE&G, utilizó los datos que reflejaba este proyecto para priorizar el reemplazo de sus redes de gas. La empresa energética redujo las emisiones de metano en un 83% y asegura que, si no hubieran contado con esta información, hubieran utilizado un 35% más de kilómetros de tuberías.

Mapas contra la deforestación

Si un árbol cae en el bosque y nadie lo oye, ¿hace algún sonido? Global Forest Watch quiere terminar con este dilema asegurándose de que siempre haya alguien que lo oiga. Se trata de una herramienta que monitoriza la actividad forestal casi en tiempo real. Su intención: acercar a las autoridades y gobiernos de todo el planeta una herramienta que les permita comprobar si se están talando bosques en áreas protegidas.

Avance de la deforestación en el mundo desde el 2000 de acuerdo a Global Forest Watch

Este proyecto surge de juntar en la misma habitación la capacidad de procesamiento de Google, satélites de la NASA, datos del Instituto de Recursos Mundiales y tecnología de Carto. La plataforma es de libre acceso y permite a los usuarios introducir los parámetros que considere para realizar sus propios análisis.

Fuente: retina.elpais.com




Las emisiones mundiales de CO2 vuelven a crecer tras tres años estancadas

Las proyecciones para 2017 indican un aumento de producción de gases de efecto invernadero, causa del cambio climático.

Lejos de contener la creación de CO2 lanzado a la atmósfera para conseguir detener la temperatura global, este año va camino de incrementarse un 2%

Los autores de la revisión de datos apuntan al crecimiento económico en China como principal causa del repunte

Las emisiones mundiales de CO2 van a crecer en 2017 por primera vez desde 2014. Lejos de recortarse para conseguir frenar el calentamiento global que conduce al cambio climático, la previsión para este año es que se lancen más gases de efecto invernadero a la atmósfera, según una revisión de datos globales que aparece este lunes en la revista Earth System Science Data.

El Acuerdo de París de 2015 alcanzado en la conferencia de partes COP21 refrendó el compromiso de frenar el calentamiento de la Tierra en 1,5 ºC. Dos años después, la misma conferencia (COP23) se celebra en Bonn (Alemania) con este panorama: las emisiones de CO2, principal gas de efecto invernadero, subirán un 2% hasta las 41 gigatoneladas, 41 millones de toneladas. “Es muy decepcionante” ha dicho el investigador principal del trabajo, Corinne Le Queré a Europa Press.

El presupuesto de carbono, una herramienta que contabiliza la producción de estos gases debido a la acción humana y su distribución en la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre, muestra que la tregua vivida durante los tres últimos años ha acabado.

Las emisiones causadas por la utilización de combustibles fósiles (petróleo, gas o carbón) están detrás de este crecimiento, indican en el trabajo. Las métricas muestran un crecimiento acelerado de las emisiones de China ligadas a su impulso económico.

Contener el calentamiento del planeta para evitar un mayor cambio climático precisa la renuncia a gran parte de los combustibles fósiles. Según explicó el University College de Londres, cumplir con París obliga a dejar un tercio de las reservas de petróleo bajo tierra, dejar sin explotar la mitad del gas todavía virgen al tiempo que se abandona en el subsuelo el 80% del carbón todavía enterrado.

Fuente: eldiario.es




Bosch trabaja en el desarrollo de motores de combustión libres de emisiones de CO2

Los combustibles sintéticos serían el complemento perfecto a la electromovilidad.

El cumplimiento de los objetivos climáticos va más allá de la electromovilidad. Así lo piensan los máximos responsables de Bosch, que trabaja en el desarrollo de combustibles que permitan motores de combustión sin emisiones de CO2.


A día de hoy, un motor de combustión libre de emisiones de carbono es algo inimaginable. Pero pronto puede convertirse en realidad. El secreto, para Bosch, reside en los combustibles sintéticos o neutros en carbono, cuyo proceso de fabricación captura CO2. De esta manera, este gas de efecto invernadero se convierte en materia prima, a partir de la cual se puede producir gasolina, diésel y un sustituto del gas natural con la ayuda de electricidad procedente de fuentes de energía renovable.

“Los combustibles sintéticos pueden hacer que los vehículos de gasolina y diésel sean neutros en carbono y, por lo tanto, que contribuyan significativamente a limitar el calentamiento global”, asegura Volkmar Denner, presidente del Consejo de Administración de Bosch. Los expertos de la multinacional alemana han cifrado, incluso, la contribución que podría aportar, tan sólo, la flota europea de automóviles. Así, para 2050, el uso de combustibles sintéticos empleados como complemento a la electrificación podría ahorrar hasta 2,8 gigatoneladas de CO2, tres veces las emisiones de dióxido de carbono que Alemania produjo en 2016.

Los combustibles sintéticos serían una opción para reducir las emisiones.

Más allá de las fronteras de Europa, la reducción de emisiones procedentes del tráfico rodado se presenta como un tema urgente. Si se quieren alcanzar los objetivos climáticos fijados en la conferencia de París, las emisiones mundiales de CO2 procedentes del tráfico tendrán que reducirse en un 50 por ciento en las próximas cuatro décadas.

“Alcanzar nuestros futuros objetivos climáticos requiere otras soluciones inteligentes más allá de la electromovilidad”, señala Denner. Incluso si algún día todos los coches llegaran a ser eléctricos, los aviones, los barcos, e incluso los vehículos pesados seguirían funcionando principalmente con combustible. Los motores de combustión neutros en carbono que funcionan con combustibles sintéticos representan, por lo tanto, un camino muy prometedor a explorar, también para los vehículos turismos. Además, los combustibles sintéticos se pueden diseñar para ser quemados prácticamente sin hollín. De esta manera, se podría reducir el coste del tratamiento de los gases de escape

Otra ventaja crucial es que se puede seguir utilizando la red actual de estaciones de servicio. Lo mismo se aplica a la experiencia existente en el motor de combustión. Por otra parte, aunque los coches eléctricos reducirán significativamente su precio en los próximos años, el desarrollo de estos combustibles podría ser rentable. Bosch ha calculado que hasta los 160.000 kilómetros, el coste total de un híbrido que funcione con combustible sintético podría ser menor que el de un coche eléctrico de gran autonomía, dependiendo del tipo de energía renovable utilizada.

Desde el punto de vista técnico, ya es posible fabricar combustibles sintéticos. Si la electricidad utilizada se generase a partir de energías renovables (y por lo tanto libres de CO2), estos combustibles serían neutros en carbono y muy versátiles. El hidrógeno (H2) que se produce inicialmente puede utilizarse para alimentar las pilas de combustible, mientras que los combustibles creados a partir de un procesamiento adicional, podrían utilizarse para mover motores de combustión o turbinas de aviones.
¿Cual sería el precio de los combustibles sintéticos?

Actualmente, se están llevando a cabo proyectos piloto para comercializar diésel, gasolina y gas sintético en Noruega y Alemania. Además, debido a que los combustibles sintéticos son compatibles con la infraestructura existente y con los actuales motores, lograr un alto grado de penetración en el mercado requeriría mucho menos tiempo que electrificar la flota de vehículos existente. Tampoco cambiará nada para los conductores de vehículos antiguos ya que, incluso los coches clásicos seguirán funcionando con gasolina sintética, puesto que en términos de estructura química y de propiedades fundamentales, sigue siendo gasolina.

Pero, ¿cuánto costaría el combustible sintético en la calle? Actualmente, la producción de este combustible es un proceso complejo y costoso. Sin embargo, una subida de la producción y precios favorables de la electricidad podrían hacer que los combustibles sintéticos fueran significativamente más baratos. Los actuales estudios sugieren que el combustible en sí (excluyendo los impuestos especiales) podría costar, a largo plazo, entre 1 y 1,40 euros por litro.

Fuente: vozpopuli.com




Un estudio demuestra que hay restos de plástico en el agua corriente en países de todo el mundo

Tras revelar que un 83% de las muestras tenía contaminación, los análisis demostraron que miles de millones de personas en todo el mundo beben agua contaminada por partículas de plástico.

Tras hallarse contaminación por microplásticos en el agua corriente de países de todo el mundo, los científicos piden una investigación urgente que determine sus consecuencias para la salud.

Llevada a cabo por la organización Orb Media, que compartió los resultados con el periódico the Guardian, la investigación partió de muestras de agua corriente tomadas en más de una decena de países para su análisis científico. En el 83% había contaminación por fibras de plástico.

EEUU lideraba el índice de contaminación con un 94% de muestras contaminadas: las fibras de plástico aparecieron en el agua corriente del Capitolio, de la oficina central de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU y de la Torre Trump en Nueva York. Después de Estados Unidos, Líbano y la India tenían los índices más altos.

Los países europeos, entre ellos el Reino Unido, Alemania y Francia, tenían los índices de contaminación más bajos: aún así, llegaban al 72%. El valor promedio de fibras en cada muestra de 500 ml de agua corriente fue de 4,8 en EEUU a 1,9 en Europa.

Los nuevos análisis ponen de relieve el alcance omnipresente de la contaminación por microplásticos en el medioambiente. Estudios anteriores se han centrado principalmente en la contaminación de los plásticos en los océanos, por el que se presume que la gente ingiere microplásticos a través de los mariscos contaminados.

Microplásticos recogidos en aguas del Mediterráneo. /GP

” Gracias a las observaciones que hemos hecho sobre la vida silvestre y sobre el impacto que el plástico produce allí, tenemos suficientes datos como para estar preocupados”, afirma la doctora Sherri Mason, experta en microplásticos de la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia. “Si tiene un impacto en la vida silvestre, ¿cómo es que pensamos que no nos va a afectar a nosotros?”, añade Mason, a cargo de supervisar los análisis de Orb Media.

Otro pequeño estudio, llevado a cabo en Irlanda y publicado en junio, también reveló contaminación por microplásticos en un puñado de muestras de agua del grifo y pozos de agua. “No sabemos cuál es el impacto en la salud y, por ese motivo, deberíamos seguir el principio de precaución y poner toda nuestra energía en esto ahora, inmediatamente, para que podamos saber cuáles son los verdaderos riesgos”, dijo la doctora Anne Marie Mahon, del Instituto de Tecnología Galway-Mayo, a cargo de esa investigación.

Pueden penetrar en las células

Según Mahon, hay dos grandes motivos de preocupación: las diminutas partículas de plástico y los químicos o patógenos que los microplásticos pueden albergar. “Si hay fibras, es posible que también haya nanopartículas que no podemos medir”, dijo. “Una vez que una fibra alcanza la escala del nanómetro, realmente puede penetrar una célula y eso quiere decir que puede penetrar órganos, y eso sería preocupante”. Los análisis de Orb encontraron partículas de un tamaño de más de 2,5 micrones, lo que equivale a un tamaño 2.500 veces mayor a un nanómetro.

De acuerdo con Mahon, los microplásticos pueden atraer a las bacterias en las aguas residuales: “Algunos estudios han demostrado que hay más patógenos dañinos en los microplásticos que salen de las instalaciones que depuran aguas residuales”.

También se sabe que los microplásticos contienen y absorben químicos tóxicos. Investigaciones hechas con animales silvestres demuestran que estos químicos se liberan en el cuerpo. El profesor Richard Thompson, de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), le dijo a Orb: “Se hizo evidente de inmediato que el plástico liberaría esos químicos y que, en realidad, el entorno en los intestinos facilitaría esa rápida liberación”. Su investigación ha demostrado que los microplásticos se encuentran en una tercera parte de la producción pesquera del Reino Unido.

La escala de la contaminación global por microplásticos empieza a ser evidente, con varios estudios realizados en Alemania, donde se encontraron fibras y fragmentos en las 24 marcas de cerveza que se analizaron, así como en la miel y en el azúcar. En París, algunos investigadores descubrieron en el año 2015 microplásticos cayendo del aire. Según estimaron, cada año se depositaban entre tres y diez toneladas de fibras sobre la ciudad. También estaba en el aire dentro de los hogares.

Esta investigación llevó a Frank Kelly, profesor de salud ambiental en el King’s College de Londres, a decir durante una consulta del parlamento británico en 2016: “Si respiramos las partículas, es posible que estas puedan dejar químicos en las partes bajas de nuestros pulmones y tal vez hasta en nuestro sistema circulatorio”. Tras ver los datos de Orb, Kelly dijo a the Guardian que una investigación urgente era necesaria para determinar si la ingesta de partículas de plástico representa un riesgo para la salud.

Microesferas de plástico

La nueva investigación de Orb analizó 159 muestras y aplicó una técnica estándar para eliminar la contaminación de otras fuentes. Se llevó a cabo en la escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota y las muestras llegaron de todas partes del mundo, incluyendo países como Uganda, Ecuador e Indonesia.

Todavía sigue siendo un misterio cómo llegan los microplásticos al agua potable, pero la atmósfera es uno de los orígenes más evidentes, por las fibras que se desprenden todos los días del uso y desgaste de telas y moquetas. Las secadoras de ropa son otro posible origen. Prácticamente en el 80% de los hogares de EEUU hay secadoras y, por lo general, su sistema de ventilación es al aire libre.

” Realmente creemos que los lagos [y otras masas de agua] pueden ser contaminados por una acumulación de factores atmosféricos”, explica Johnny Gasperi, de la Universidad Paris-Est Créteil, responsable de los estudios sobre el agua de París. “Lo que observamos en París tiende a demostrar que una gran cantidad de fibras se encuentran en las emisiones atmosféricas”.

Las fibras de plástico también pueden ser arrastradas hasta las corrientes de agua. Un estudio reciente reveló que cada ciclo de las lavadoras podía liberar hasta 700.000 fibras en el medioambiente. Las lluvias también podrían arrastrar los microplásticos que causan contaminación, lo que explicaría por qué los pozos de agua de los hogares de Indonesia estaban contaminados.

En Beirut, capital del Líbano, el suministro de agua proviene de manantiales naturales, pero en un 94% de las muestras había contaminación. “Esta investigación solo abarca un aspecto superficial, pero parece ser algo más grave”, dijo Hussam Hawwa, de la consultora ambiental Difaf, a cargo de recolectar las muestras para Orb.
Nada filtra al 100%

Según Mahon, los sistemas actuales de tratamiento de aguas estandarizados no filtran todos los microplásticos: “Realmente no hay ningún lugar del que se pueda decir que filtre el 100%. En lo que respecta a las fibras, el diámetro es de 10 micrones de ancho, y sería muy raro encontrar ese nivel de filtrado en nuestros sistemas de agua corriente”.

El agua embotellada podría no ser una alternativa al agua corriente. De acuerdo con los estudios de Orb, también estaban contaminadas algunas de las muestras de las marcas comerciales de agua embotellada analizadas en EEUU.

Cada año, se producen cerca de 300 millones de toneladas de plástico y, como solo se recicla o se incinera un 20% de esa cantidad, gran parte termina ensuciando el aire, la tierra y el mar. Según un informe publicado en julio, desde 1950 se produjeron 8.300 millones de toneladas de plástico. Los investigadores advierten de que los residuos plásticos se han vuelto omnipresentes en el medioambiente.

“E stamos ahogando cada vez más a los ecosistemas con el plástico y me preocupa mucho que pueda haber todo tipo de consecuencias indeseadas y adversas de las que nos enteraremos demasiado tarde”, dijo el profesor que encabezó el estudio, Roland Geyer, de la Universidad de California y Santa Barbara.

Según Mahon, los nuevos análisis del agua corriente representan un alerta, pero se necesita más trabajo para repetir los resultados, encontrar las fuentes de contaminación y evaluar su posible impacto sobre la salud.

Los plásticos son muy útiles, asegura Mahon, pero el manejo de los residuos debe mejorar radicalmente: “En nuestra vida cotidiana necesitamos el plástico, pero somos nosotros los que provocamos un daño al desecharlos de una manera muy poco cuidadosa”.

Fuente: eldiario.es




Crecer sin contaminar

Un artículo científico aparecido este verano afirma que la probabilidad de no incrementar en 2ºC en 2100 la temperatura del planeta respecto al periodo preindustrial (cumplir con los objetivos de París de cambio climático de 2015) es de solo un 5%.

Es un argumento más que desmonta el último (y efímero) triunfo dialéctico del capitalismo: haber convencido a unas cuantas esferas de la sociedad, algunos grupos ecologistas incluidos, de que se puede crecer sin contaminar.

Esta afirmación parte de una foto fija de corto recorrido mostrada en la figura 1. En ella, se observa cómo las emisiones de CO2 se han estancado desde 2014. Esto, mientras el PIB mundial creció a un ritmo del 2,6 % en el periodo 2012-2016 1. Sería por fin la materialización del tan teorizado desacoplamiento entre crecimiento e impactos reivindicado como posible por las voces más tecno-optimistas.

Figura 1: Emisiones de CO2 por el uso de combustibles fósiles y de la producción de cemento. Fuente: Trends in Global CO 2 Emissions.

Esta imagen tiene un efecto tranquilizador muy preocupante. En primer lugar, puede desviar el foco de aquello que deberíamos mirar: lo que realmente importa, a la hora de la verdad, es la concentración de CO2 en la atmósfera mostrada en la figura 2, que no ha parado de aumentar.

Figura 2: Concentración de CO2 en la atmósfera. Fuente: CO 2 Earth.

En segundo lugar, se da por sentado que esta estabilización es el pico definitivo de las emisiones, que por fin se ha conseguido lo más difícil, y que a partir de ahora la caída vendrá prácticamente sola. Pero el recorrido de la figura 1 es tan pequeño, que cualquier voz sensata habría reclamado más tiempo para comprobar si estamos frente a una fluctuación coyuntural o frente a un cambio de tendencia antes de lanzar las campanas al vuelo. De hecho, el PIB mundial solo ha crecido entre 2012 y 2016 si se corrige con la inflación, lo que indica que, como poco, el desacoplamiento es dudoso.

Un dato que alimenta la idea de que estamos comenzando a bajar el tobogán es que mientras que la reducción en la intensidad de carbono de la economía global (las emisiones de CO2 por unidad de PIB con la inflación corregida) fue solo de 1,3% en el período 2000-2014, en 2015 fue de 2,8%. Es decir, para producir la misma cantidad de “riqueza” (dólares) se emite ahora menos CO2 que antes. Sin embargo, es preciso colocar esta mejora en contexto para poder evaluar la viabilidad real de desvincular de manera significativa las emisiones del crecimiento. Según Price Water Coopers, si queremos cumplir con los objetivos de París, el ritmo de bajada de la intensidad de carbono necesita alcanzar el 6,5% anual (un ritmo sin precedentes en la historia). Y eso es en un mundo profundamente injusto y desigual, porque las reducciones en la intensidad de carbono necesarias en un mundo en el que haya igualdad distributiva en el acceso a los recursos (los países empobrecidos se sitúen al nivel de la media europea en 2050 y los enriquecidos sigan creciendo a un ritmo moderado del 2%) serían mucho mayores: La intensidad de carbono per cápita mundial no debería ser mayor de 6 gramos de carbono por cada dólar generado ese año. Los niveles hace apenas unos años eran de 768 gramos de CO2 por cada dólar 2, con lo cual en realidad necesitaríamos reducciones del 11% anual, lo que nos da idea de que quizás se esté cantando victoria de forma prematura.

En tercer lugar, hay varios elementos ocultos en la figura 1 que conviene señalar. A saber:

No está todo el CO2. La gráfica se refiere al CO 2 procedente del uso de combustibles fósiles y de la producción de cemento, que en efecto es el grueso de las emisiones de CO 2 . Sin embargo, no están las derivadas de los cambios de uso del suelo. Ni tampoco están las de la aviación y el comercio marítimo internacional, que juntas representan un importante porcentaje (del orden del 4 – 9 % ) del que nadie se hace cargo, como si no existieran. El transporte internacional podría llegar a ser responsable del 39% de las emisiones totales mundiales en 2050 si siguen sin regularse, de acuerdo a un estudio publicado por el Parlamento Europeo. También faltan las derivadas d e las operaciones militares, que son cuantiosas.

China y el carbón. Si China no hubiera experimentado una acusada reducción en el uso del carbón a partir de 2014, probablemente no se hubiera producido la foto global de la figura 1, ya que la bajada porcentual de emisiones de otros actores globales como EEUU o la UE ha sido muchísimo más modesta (ver figura 3). Las emisiones de China crecieron a un ritmo de un 6,7% anual durante la década anterior a 2014, en que el consumo del carbón aumentó vertiginosamente. A partir de ese año, el consumo se estabilizó y las emisiones crecieron mucho menos, subieron las renovables (principalmente la hidráulica) y aumentó porcentualmente el uso del petróleo y también del gas natural, que pasó de proporcionar el 13% de la energía primaria al 24%. Pero la razón principal para este menor uso del carbón es simplemente que se dejó de consumir energía al ritmo que se venía haciendo, ya que el rampante crecimiento económico que China experimentó en la década de los 2000 (a razón de más del 10% anual) se debilitó (7,3% en 2014, 6,7% en 2016). Lo cual implicó menos construcción de infraestructuras, menos producción de acero y cemento, y menos necesidad de quemar carbón para producirlo. Tres cuartas partes de la bajada en el uso del carbón se han debido al cese parcial en la construcción. Pero las plantas de carbón siguen ahí, solo que ahora funcionan a una menor capacidad. Ya no se construyen 2-3 centrales térmicas a la semana como en la década de los 2000, pero tampoco se desmantelan. Y de hecho hay más de 200 nuevas plantas que podrían ser autorizadas, con lo cual la idea de un cambio de tendencia en el modelo energético puede que no encuentre un respaldo sólido. Por último, hay que apuntar a la falta de fiabilidad de las estadísticas chinas, que siempre generan suspicacias e incertidumbres.

Figura 3: Cambio en las emisiones de CO2 de distintos países o bloques de países (RoW es resto del mundo). Fuente: Reaching Peak Emissions.

Mejorar es relativamente fácil, si la situación de partida es pésima. Cuando se esgrime la figura 1 como la evidencia de que se ha alcanzado el pico de emisiones, se da por hecho en seguida que está operando un cambio global de paradigma en el modelo energético y que el desarrollo imparable de las renovables es motor indudable del pico. Las renovables en efecto han experimentado un fuerte desarrollo. En 2016, crecieron un 9% y fueron responsables del 54% de la nueva capacidad de generación eléctrica ese año. Pero es importante ser conscientes de que las renovables representaban apenas el 18% del suministro eléctrico en 2010. Obtener cifras de fuerte aumento a poco que suba la inversión puede conducir a una percepción distorsionada, si la situación de partida es manifiestamente mejorable. La otra cara de la moneda es que los combustibles fósiles también aumentan. Un verdadero cambio de paradigma debería mostrar que mientras las renovables aumentan, los combustibles fósiles retroceden. Sin embargo, una quinta parte de la nueva capacidad eléctrica en 2016 la aportó el carbón y casi otro tanto el gas. Además, la electricidad solo genera una parte de las emisiones procedentes de la energía. Según la Agencia Internacional de la Energía ( AIE), contabilizando como renovables la gran hidráulica y la quema de biomasa y residuos, en 2015 las renovables fueron un 14,1% del consumo energético mundial. Es decir, más de un 85% de la energía primaria proviene de fuentes altamente contaminantes. Datos de este mismo organismo estiman que en 2021 las renovables proporcionarán apenas un 28% de la electricidad, un 10% del transporte, y un 4% de la calefacción. Este ritmo moderado de crecimiento previsto en renovables no parece casar con los requisitos de mejora en la intensidad de carbono expuestas anteriormente, necesarios para consolidar ese pretendido desacoplamiento entre crecimiento económico y emisiones en consonancia con el Acuerdo de París.

No es CO2 todo lo que calienta el clima. Hay otros gases de efecto invernadero (GEI) que no entran en esta foto (metano, óxido nitroso, HCFCs…). Transformando su contribución a equivalentes de CO2 (CO2eq), en 2016 estábamos ya en 489 ppm. Los CO2eq podrían estar aumentando a razón de 4-5 ppm/año y a este ritmo alcanzarán las 500 ppm antes de 2020. El principal GEI, aparte del CO2, es el metano, que tiene un potencial de calentamiento 86 veces superior al CO2 durante los primeros 20 años de vida. Estudios recientes muestran que en los últimos 5 años el metano ha aumentado su concentración en la atmósfera veinte veces más rápido que en la década anterior. Aún se discute sobre las causas, pero el aumento podría deberse a una mayor explotación del gas natural (en especial a raíz del auge del fracking) por las fugas de metano asociadas, que lejos de estar bien contabilizadas y controladas, estarían anulando las ventajas climáticas del gas, menor emisor de CO2 en la combustión. Esto es crucial porque el mayor uso del gas natural, en sustitución de carbón, está siendo presentado precisamente como una de las razones por las que el CO2 ha disminuido en la figura 1, con lo cual nos estaríamos haciendo trampas al solitario.

Contabilidad engañosa. Las políticas climáticas internacionales han servido recurrentemente para maquillar los datos al permitir que el grueso de la reducción de emisiones se realice en otros países (si es que se realizan). Sistemas como los créditos de carbono, han permitido la contabilidad dudosa o incluso falsa. Hay países que han hinchado sus emisiones base para poder gozar de más margen, y otros que compran créditos fraudulentos que no representan reducciones reales de emisiones. Así mismo, se contabilizan como neutras en carbono políticas que en absoluto lo son, como la quema de biomasa o los biocombustibles. Todos estos engaños distorsionan la figura 1, que podría no estar reflejando una situación real.

Concluyendo, todo parece indicar que realmente no se está produciendo un desacoplamiento entre el PIB y las emisiones de CO2 y, mucho menos, del conjunto de gases de efecto invernadero. Esto tiene una implicación fuerte y es que, una vez más, se muestra como el capitalismo, con su necesidad estructural de crecimiento, no es compatible con la lucha contra el cambio climático. Ni siquiera lo es con el cumplimiento de algo tan pobre como lo discutido en París.

En último término, la inexistencia del desacomplamiento no sería una mala noticia, simplemente la constatación de la necesidad imperiosa de cambio de sistema. Lo que realmente podría ser una mala noticia es que ese desacoplamiento se estuviese produciendo a la vez que la concentración de CO2 en la atmósfera estuviese creciendo. Sería una pésima noticia ya que podría indicar que el ser humano ya no sería quien está dirigiendo el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que estaría siendo el sistema-Tierra a través de la activación de una serie de bucles de realimentación positivos que nos lleven, independiente de lo que hagamos las sociedades humanas, a un equilibrio climático 4-6ºC superior al actual.

___

1 Hay varias formas de calcular el PIB. El que usamos es del PIB en dólares de EEUU a precios constantes del año 2010. Es un calculo del PIB corregido por la inflación. Si se calcula el PIB mundial en dólares a precios actuales (sin corregir la inflación) no se habría producido crecimiento en el periodo 2012-2016. Además, existen serias dudas de que la contabilidad del PIB no esté falseada. Un ejemplo es como en los últimos años se ha introducido en España la prostitución y el tráfico de drogas en el PIB, lo que ha contribuido que este indicador crezca desde 2008. En cualquier caso, en este artículo partimos de la base de que se ha producido un crecimiento del PIB, aunque es muy posible que no sea real.

Fuente: eldiario.es




Diez preguntas sobre los microplásticos que conviene aclarar

1. ¿Qué son los microplásticos?

Los microplásticos son residuos plásticos, derivados del petróleo, que tienen su origen en la actividad industrial y sobre todo en el consumo humano, y que se encuentran instalados en la cadena trófica marina vía los vertidos al agua desde los hogares. Aunque se desconoce totalmente su origen, se sabe que principalmente pueden tener dos fuentes.

La primera son las microesferas de plástico utilizadas, por ejemplo, en las pastas de dientes, en las cremas exfoliantes cosméticas o en los jabones en polvo de lavadora y lavavajillas. Se las utiliza por su composición a base de desarrollos sintéticos -polipropileno (PP), tereftalato de polietileno (PET), polimetilmetacrilato (PMMA), o nailon-, que las hace muy resistentes tanto a alteraciones químicas como a la erosión física.

Esta última característica explica su uso: su carácter abrasivo viene bien para quitar la suciedad, de ropa, platos, dientes, piel, etc, sin riesgos de contaminación química. Pero a su vez dicha resistencia y su tamaño les permite llegar inertes a ríos y lagos, y de ahí al mar.

La segunda fuente de microplásticos en la cadena trófica podría ser el progresivo aumento de prendas sintéticas, o tejidos parcialmente sintéticos, en la ropa que llevamos. Este hecho está directamente relacionado con el auge de la ropa ‘low cost’, que compramos cada día más y que emplea gran cantidad de fibras plásticas y derivadas del petróleo. Así, estas fibras se desprenderían progresivamente en el lavado de las prendas y pasarían del desagüe a las cuencas hídricas.

Imagen: Thegreenj

2. ¿Se convierten los residuos plásticos en microplásticos?

Finalmente, otra eventual fuente podría ser la degradación de plásticos acumulados en el mar, aunque se sabe que son muy poco biodegradables y por tanto contribuirían poco a generar microplásticos, al menos en comparación con las cantidades que se encuentran actualmente en lugares como la bahía de Vancouver, donde se dan hasta 4.000 partículas por metro cúbico. De hecho, se sabe que el 95% del plástico vertido a los océanos llega de 10 ríos, situados todos ellos en el Tercer Mundo.

Sin embargo, los estudios más recientes respecto a la presencia de microplásticos en el ecosistema desvelan que la mayor presencia de estas partículas -de tamaño menor a un milímetro- en las tomas de agua del grifo humano se producen en países del Primer Mundo como Estados Unidos o los de la Unión Europea. Esto explicaría su mayor vinculación con los vertidos del consumo que con la degradación de residuos plásticos.

3. ¿Cómo entran en la cadena trófica?

Se cree que las microfibras y microesferas de plástico entran en la cadena trófica por la parte más baja, que es el zooplacton. Estos animales microscópicos confunden los microplásticos con alimento, seguramente porque en su superficie se depositan restos orgánicos que sí lo son. El zooplacton traga los microplásticos y después es tragado por peces y moluscos cada vez mayores en tamaño, de modo que el plástico se va acumulando en el intestino del pescado. Si nosotros comemos ese pescado, podemos ingerir con parte de los microplásticos en caso de comer sus tripas.

4. ¿Podemos concluir que los microplásticos se bioacumulan en los peces?

En principio no. Los micropláscticos no quedan almacenados en el hígado o los tejidos de los peces y otros animales marinos, sino que pasan por el intestino y segurament e son expulsados de nuevo al medio. Otra cosa, es que puedan desprender algunos compuestos químicos -tóxicos o no- que se acumulen en órganos vitales y tejidos. Pero esto es algo que por el momento no se ha demostrado. Las microesferas son muy inertes a la reacción química, pero se desconoce si las fibras de origen textil tienen la misma inmutabilidad.

5. Si no se acumulan en los animales, ¿qué problema tienen para el ecosistema?

En peces y organismos pequeños sí se cree que pueden producir obstrucciones intestinales y muertes. En el zooplacton, evidentemente aunque sean confundidos con alimento no lo son, por lo que aumentan la ineficiencia alimentaria, es decir que hacen que se alimente peor.

Ambas afectaciones podrían hacer bajar las poblaciones de determinadas especies que sustentan la cadena trófica, por lo que se especula con que tengan incidencia negativa en la actual biodiversidad de los mares y ríos, así como en el número de individuos de algunas especies en peligro de extinción.

6. ¿Solo corremos riesgo de ingerirlos si comemos pescado?

No. Un estudio reciente reveló que los microplásticos consiguen también sortear los filtros de las capturas de agua y regresan a nuestros hogares por los grifos, completando así un ciclo que empieza en nuestros desagües. A este respecto, su presencia es mucho mayor en países industrializados. Además, se los ha encontrado en alimentos como pan o sopas, seguramente procedentes del agua.

7. ¿Podemos evitarlos con filtros de agua?

Al parecer no. El mismo estudio detectó la presencia de microplásticos en grifos con filtros instalados.

Foto: Wikimedia Commons

8. ¿Existe peligro real para nuestra salud?

Este punto no está claro. A pesar de según el citado estudio, un hombre puede consumir unas catorce partículas al día, mientras que una mujer más de diez, la acumulación intestinal no está demostrada, y mucho menos que pasen a otros órganos o tejidos. Lo más probable es que tal como han entrado, los microplásticos sea expulsados por las heces sin mayor incidencia, regresando al medio. Ahora bien, conviene esperar a futuros estudios para saber si son capaces de liberar sustancias tóxicas.

9. ¿Hay medidas para reducir su presencia?

La organización ecologista Greenpeace publicó hace algunos años un informe titulado Plásticos en el pescado y el marisco, en el que tildaba a los microplásticos de “bomba de relojería ecológica” e instaba a gobiernos e instituciones a reducir su presencia. Estados Unidos ha sido el primer país en reaccionar al problema y prohibe desde enero de 2016 su uso en la industria.

También el Reino Unido ha activado su prohibición, con un veto a su uso en la industria vigente desde enero de este año, sobre todo después del escándalo que supuso detectar una elevadísima contaminación por microplásticos del río Támesis. En la Unión Europea por el momento no existe ningún proyecto normativo en marcha en este sentido.

10. ¿Qué podemos hacer como consumidores para no contribuir a su aumento en el medio?

Greenpeace publicó en 2016 un ranking de los niveles de uso de microesferas por parte de las principales multinacionales de higiene y cosmética. Podemos consultar en qué productos se encuentran y evitar su compra, apostando por las alternativas que no las contengan. También podemos frenar nuestro consumo de ropa ‘low cost’, sobre todo aquella que contenga fibras sintéticas, elásticas, etc.

Fuente: eldiario.es




El CO2 en la atmósfera alcanza un nuevo récord

Emisiones en una central térmica. PIXBAY

Las emisiones de CO2 humano de fuentes como el carbón, el petróleo, el cemento y la deforestación alcanzaron un récord en 2016.

La acumulación de CO2 en la atmósfera creció en 2016 a un nivel que no se había visto en millones de años, lo que podría elevar 20 metros los niveles del mar y agregar 3 grados a las temperaturas. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), el principal gas invernadero generado por el hombre, alcanzó 403,3 partes por millón (ppm), frente a 400,0 en 2015, dijo la Organización Meteorológica Mundial de la ONU en su Boletín anual de gases de efecto invernadero.

Los científicos conocen los niveles prehistóricos por las diminutas burbujas de aire que se encuentran en los antiguos núcleos de hielo de la Antártida, y pueden obtener datos aún más antiguos de fósiles y sustancias químicas atrapadas en los sedimentos. La última vez que los niveles de dióxido de carbono alcanzaron 400 ppm fue hace 3-5 millones de años, en la era del Plioceno medio.

“Durante ese período, las temperaturas superficiales medias mundiales fueron 2-3 grados Celsius más cálidas que hoy, las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida occidental se derritieron e incluso partes del hielo de la Antártida oriental retrocedieron, provocando que el nivel del mar aumentara 10-20 metros más que hoy “, asegura la OMM.

Esa tasa de crecimiento fue 50% más rápida que el promedio en la última década, impulsando los niveles de CO2 45 por ciento por encima de los niveles preindustriales y más allá del rango de 180-280 ppm observado en ciclos recientes de edades de hielo y períodos más cálidos.

Las emisiones de CO2 humano de fuentes como el carbón, el petróleo, el cemento y la deforestación alcanzaron un récord en 2016

“La concentración actual de CO2 en torno a 400 ppm excede la variabilidad natural observada durante cientos de miles de años”, dijo el boletín de la OMM.

Las emisiones de CO2 humano de fuentes como el carbón, el petróleo, el cemento y la deforestación alcanzaron un récord en 2016, y el patrón climático de El Niño dio un nuevo impulso a los niveles de CO2, dijo la OMM.

Por lo que los científicos saben, el mundo nunca ha experimentado un aumento en el dióxido de carbono como el de las últimas décadas, que ha sucedido 100 veces más rápido que cuando el mundo estaba emergiendo de la última edad de hielo.

Desde 1990, el efecto de calentamiento global del CO2 y otros gases de efecto invernadero de larga duración ha aumentado en un 40 por ciento. Los otros dos gases principales, el metano y el óxido nitroso, también crecieron a concentraciones récord el año pasado, aunque a un ritmo de aumento más lento que el dióxido de carbono.

Fuente: elindependiente.com




La NASA difunde los datos mundiales del ciclo del CO2 visto desde el espacio

Infografía que representa los niveles inusualmente altos de liberación de dióxido de carbono desde tres continentes con zonas tropicales durante el fenómeno de El Niño en 2015. / NASA-JPL / Caltech

Los niveles de dióxido de carbono en el hemisferio norte alcanzan su pico máximo en abril, antes de que las plantas se desarrollen en primavera y lo absorban. Este es uno de los datos recogidos por el Observatorio Orbital 2 del Carbono, una misión de la NASA para medir el CO2 atmosférico y que presenta ahora sus resultados, entre los que figura valiosa información para comprender mejor los efectos de El Niño.

Investigadores de la NASA han publicado esta semana en la revista Science cinco estudios con los resultados de la misión Observatorio Orbital 2 del Carbono (OCO-2), una iniciativa para medir desde el espacio el ciclo del dióxido de carbono a escala mundial, sobre la tierra y los océanos.

“OCO-2 tiene la precisión, la resolución y la cobertura necesarias para abordar las preguntas clave relacionadas con el ciclo del carbono en el sistema terrestre”, destaca a Sinc la autora principal del primer trabajo, Annmarie Eldering, del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA. “Esta misión fue diseñada para ayudar a localizar e identificar los procesos regionales naturales que sirven como fuentes y sumideros de CO2 atmosférico, y cómo estos varían en el tiempo y el espacio”.

Los niveles de carbono alcanzan un máximo estacional en el hemisferio norte durante el mes de abril

Lanzado en julio de 2014, OCO-2 ha estado recogiendo constantemente datos sobre los patrones del dióxido de carbono de todo el mundo a lo largo de ciclos de 16 días, tomando aproximadamente dos millones de estimaciones de sus niveles cada mes.

“Estas mediciones del dióxido de carbono se pueden combinar con observaciones de la humedad del suelo, precipitaciones, incendios forestales y otros datos ambientales en escalas regionales para ayudarnos a entender por qué la cantidad de CO2 absorbido por los sumideros varía drásticamente de un año para otro mientras aumentan constantemente sus emisiones”, apunta Eldering.

Los datos del orbitador revelan un cambio notable entre las distintas estaciones en el ciclo del carbono en el hemisferio norte, donde se produce una significativa absorción de CO2 por parte de las plantas terrestres en primavera. Durante el invierno, sin embargo, lo retienen mínimamamente, mientras que la descomposición del material vegetal lo emite a la atmósfera.

Como resultado de este ciclo, junto con las emisiones continuas procedentes del uso de combustibles fósiles (en particular desde China, Europa y Estados Unidos), los niveles de carbono alcanzan un máximo estacional en el hemisferio norte durante el mes de abril, justo antes de que las plantas comiencen a absorber más CO2. El sumidero vegetal primaveral empieza a actuar en Europa y se propaga hacia el este, a través de Asia y Norteamérica, durante los meses de mayo y junio.

Cambios estacionales del CO2

Los datos de OCO-2 también han servido para obtener valiosa información sobre El Niño, una fluctuación periódica en la temperatura superficial del mar y en la presión del aire en el océano Pacífico que causa variabilidad climática a lo largo de años e incluso décadas.

El papel de la tierra tropical como amortiguador de las emisiones de combustibles fósiles podría reducirse en el futuro

“Tuvimos la suerte de tener un gran El Niño en 2015-2016, todo un experimento natural, que cambió dramáticamente la lluvia y el calor en los trópicos”, señala Eldering. “Con las mediciones de OCO-2, pudimos ver la respuesta y cuantificar cuánto menos carbono absorbían los bosques tropicales.

De hecho, las emisiones desde las áreas terrestres durante El Niño aumentaron entre 2,5 y 3 gigatoneladas respecto al año de referencia 2011. El 80% de este aumento procedía de las selvas. En los tres bosques tropicales más grandes el aumento tuvo una causa diferente, algo que no conocíamos antes de este trabajo”.

Así, detectaron que el incremento de la liberación de CO2 por la quema de biomasa en Asia tropical, la menor precipitación en América del Sur y el aumento de la temperatura en África fueron los factores principales, y los dos últimos, además, se espera que sigan sucediendo este siglo debido al cambio climático. De este modo, el papel de las tierras tropicales como amortiguador de las emisiones de combustibles fósiles podría reducirse en el futuro.

El CO2 y los océanos

El equipo también registró la liberación de CO2 en los océanos. Los datos de OCO-2 muestran que en los primeros meses de El Niño 2015-16, la tasa de dióxido de carbono emitido desde el Pacífico tropical a la atmósfera disminuyó entre un 26 y 54 %. Según los autores, esto se traduce en una reducción a corto plazo de 0,4 a 0,5 partes por millón en la concentración atmosférica, o cerca de 0,1 % del CO2 atmosférico total.

La ruta del orbitador pasa sobre Los Ángeles y puede observar la emisión de CO2 de la megaciudad

“Como parte de la circulación global de los océanos, el agua fría, rica en dióxido de carbono, llega hasta la superficie de esta región y el CO2 adicional sale a la atmósfera”, explica la investigadora de la NASA, que añade: “Pero debido a que los eventos de El Niño suprimen esta afloración, los científicos han conjeturado que reduce las emisiones del océano y, por tanto, provoca una desaceleración en la tasa de crecimiento de las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico”.

Oteando Los Ángeles

Además los instrumentos a bordo del OCO-2 han servido para delimitar mejor las relaciones entre la fotosíntesis y la producción de biomasa vegetal, estudiar las emanaciones del volcán Yasur (Vanuatu), y observar directamente las emisiones de CO2 de una megacidad: Los Ángeles, por encima de la que pasa regularmente el orbitador. De esta forma han podido registrar variaciones entre las áreas urbanas y suburbanas, así como variaciones estacionales en niveles de CO2 antropogénico.

“Todos estos hallazgos pueden ayudarnos a mejorar los modelos del sistema terrestre, lo que, a su vez, servirá para mejorar las predicciones sobre el cambio climático en el futuro”, dice Eldering, que concluye: “Queremos proporcionar las mejores predicciones e información posibles a los responsables de elaborar las políticas”.

Fuente: agenciasinc.es




El mundo compra un millón de botellas de plástico por minuto que acaban en vertederos o en el mar

Entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico se filtran cada año en los océanos del mundo y son ingeridos por aves marinas, peces y otros organismos. EFE

El consumo anual de botellas de plástico alcanzará medio billón en 2021, superando ampliamente los esfuerzos de reciclado.


Las principales marcas de bebidas producen el mayor número de botellas de plástico: Coca Cola hace más de 100.000 botellas al año; 3.400 por segundo.

Cada minuto se compra un millón de botellas de plástico en todo el mundo, y la cifra se disparará otro 20% para 2021, creando una crisis medioambiental que algunos activistas comparan en gravedad con el cambio climático.

Nuevos datos obtenidos por the Guardian revelan un aumento en el uso de botellas de plástico, más de medio billón de las cuales se venderán anualmente a finales de esta década.

La demanda, equivalente a la compra de 20.000 botellas por segundo, está impulsada por un deseo de agua embotellada aparentemente insaciable y por la llegada de la cultura de consumo occidental a China y a la región de Asia Pacífico.

En 2016 se vendieron más de 480.000 millones de botellas de plástico de bebidas en todo el mundo, frente a los 300.000 millones de hace una década. Puestas en fila, se quedarían a mitad de camino hacia el Sol. En 2021, esta cifra aumentará hasta los 583.300 millones, de acuerdo con las estimaciones más actualizadas del informe global de tendencias de envases de Euromonitor International.

La mayoría de las botellas de plástico utilizadas para bebidas sin alcohol y agua están hechas de tereftalato de polietileno, que es altamente reciclable. Pero mientras su uso aumenta en todo el mundo, los esfuerzos de recoger y reciclar las botellas para evitar que contaminen los océanos no logran seguirle el ritmo al consumo.

De las botellas compradas en 2016, menos de la mitad se recogió para su reciclado y solo el 7% de aquellas recogidas se convirtió en nuevas botellas. En su lugar, la mayoría de las botellas de plástico producidas acaba en vertederos o en océanos.

El plástico, parte de nuestra cadena alimenticia

Entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico se filtran cada año en los océanos del mundo y son ingeridos por aves marinas, peces y otros organismos. Para 2050, el plástico de los océanos pesará más que los peces que haya en ellos, de acuerdo con una investigación de la Fundación Ellen MacArthur. Los expertos advierten que parte de estos residuos ya están entrando en la cadena alimenticia humana.

Balas de envases, tras pasar por la planta de selección de residuos. / Foto: Ecoembes

Científicos de la Universidad de Ghent en Bélgica han calculado recientemente que la gente que come marisco ingiere al menos 11.000 pequeñas piezas de plástico al año. El pasado agosto, los resultados de un estudio de la Universidad de Plymouth encontraron plástico en un tercio de los peces pescados en Reino Unido, incluidos el bacalao, la merluza, la caballa y los crustáceos. El año pasado, la Autoridad Europea para la Seguridad Alimenticia solicitó un estudio urgente, citando la preocupación creciente por la salud humana y la seguridad alimenticia “dado el potencial de la contaminación de microplásticos en tejidos comestibles de pescado comercial”.

La exmarinera Ellen MacArthur ahora hace campaña para promover la economía circular en la que las botellas de plástico sean reutilizadas, rellenadas y recicladas en lugar de utilizarlas una sola vez y tirarlas. “Movernos hacia una economía realmente circular para los plásticos es una gran oportunidad de cerrar el círculo, ahorrar miles de millones de dólares y separar la producción de plásticos del consumo de combustibles fósiles”, señala.

Huga Tagholm, del grupo de activismo y conservación marina Surfers Against Sewage, afirma que los datos son aterradores. “La contaminación de plástico rivaliza con la amenaza del cambio climático, dado que contamina todos los sistemas naturales y un creciente número de organismos en la tierra”. “La ciencia actual muestra que los plásticos no se pueden asimilar en la cadena alimenticia. Si se ingieren, tienen toxinas. La producción de plástico se va a doblar en los próximos 20 años y se cuadruplicará para 2050. El momento de actuar es ahora”, añade.

China, un cuarto del consumo mundial

La preocupación por el impacto de la contaminación de los plásticos en los océanos del mundo ha aumentado. El mes pasado, los científicos encontraron cerca de 18 toneladas de plástico en una de las islas más remotas del mundo, un atolón sin habitar al sur del Pacífico.

Camión de reciclaje. / Foto: Ecoembes

La mayoría de las botellas de plástico utilizadas en todo el mundo son para beber agua, de acuerdo con Rosemary Downey, directora del envases en Euromonitor y una de las mayores expertas en la producción de botellas de plástico.

China es responsable de la mayoría del aumento de la demanda. El consumo público chino de agua embotellada representa cerca de un cuarto de la demanda mundial. En 2015, los consumidores en China compraron 68.400 millones de botellas de agua y en 2016 esta cifra alcanzó los 73.800 millones de botellas: 5.400 millones más.

“Este incremento está causado por la creciente urbanización”, explica Downery. “Existe un deseo por un vida saludable y preocupaciones sobre la contaminación del agua subterránea y la calidad del agua del grifo. Todo ello contribuye al incremento del uso de botellas de agua”. India e Indonesia también están viviendo un fuerte crecimiento.

Coca-Cola y sus 3.400 botellas por segundo

Las principales marcas de bebidas producen el mayor número de botellas de plástico. Coca-Cola produce más de 100.000 botellas de usar y tirar al año —o 3.400 por segundo—, de acuerdo con un análisis realizado por Greenpeace después de que la compañía se negase públicamente a revelar su consumo de plástico. Las seis principales empresas de bebidas del mundo usan tan solo una media de 6,6% de tereftalato de polietileno (altamente reciclable) en sus productos, de acuerdo con Greenpeace. Un tercio no tiene objetivos establecidos para incrementar el uso de plástico reciclado y ninguno pretende llegar al 100% de tereftalato de polietileno.

Las bebidas en botellas de plástico podrían estar compuestas de un plástico 100% reciclable, pero las empresas se muestran reticentes a utilizar este tipo de plástico por razones cosméticas, ya que quieren que sus productos estén en un plástico brillante y transparente, señala Steve Morgan, de Recoup en Reino Unido.

En una declaración ante la Cámara de los Comunes británica, la Federación de Plásticos de Reino Unido afirmó que hacer botellas con un plástico 100% reciclable requiere un 75% menos de energía que crear nuevas botellas de plástico vírgenes.

Coca-Cola ha afirmado que sigue considerando las solicitudes de Greenpeace para publicar su uso global de plásticos. Una portavoz de la empresa afirma: “A nivel mundial, seguimos incrementando el uso de plástico reciclado en los países donde es factible y está permitido. Seguimos incrementando el uso del plástico reciclado en los países donde está aprobado para un uso alimenticio, 44 países de los más de 200 donde operamos”.

“Si vamos a aumentar todavía más la cantidad de plástico reciclado en nuestras botellas, se necesita una nueva aproximación para crear una economía circular para las botellas de plástico”, señala la portavoz.

Fuente: eldiario.com




¿Por qué los pesticidas matan a las abejas en Hungría, pero no en Alemania?

Una abeja marcada en la Universidad de York con un dispositivo de identificación por radiofrecuencia. AMRO ZAYED / EPV

Un nuevo estudio sobre los insecticidas de Bayer y Syngenta ofrece sorprendentes datos por países.


Los polémicos insecticidas neonicotinoides, de uso frecuente en el mundo en cultivos de girasol, colza, algodón y maíz, vuelven a estar en el punto de mira. El experimento en el campo más ambicioso hasta la fecha ha mostrado que algunos de estos pesticidas pueden tener un efecto negativo en las abejas, algo que estaba en duda por la inconsistencia de las investigaciones previas. La UE los prohibió parcialmente en 2013 aplicando el principio de precaución.

El nuevo trabajo, financiado por los propios fabricantes de los pesticidas, Bayer y Syngenta, ha estudiado el impacto sobre tres insectos —la abeja de la miel, el abejorro común y la abeja solitaria— en 2.000 hectáreas de cultivos de colza de Alemania, Hungría y Reino Unido. En Hungría, el número de colonias de abejas cayó un 24% durante el invierno. En Reino Unido, entre un 67% y un 79%, aunque en zonas sin neonicotinoides el declive también fue singularmente alto, de un 58%.

Los neonicotinoides, aplicados en las semillas, reducen la necesidad de insecticidas de amplio espectro pulverizados
El estudio, elaborado por el Centro para la Ecología y la Hidrología de Reino Unido, está muy lejos de ser la puntilla para los pesticidas. En Alemania, los científicos no han detectado efectos negativos. Incluso “la vitalidad de las colonias de abejas melíferas aumentó cuando las abejas pecorearon en colza tratada”, según ha destacado Bayer en un comunicado.

La investigación, publicada hoy en la revista Science, se ha centrado en campos de colza cuyas semillas fueron tratadas con los insecticidas tiametoxam, fabricado por Syngenta, y clotianidina, de Bayer. El propio entomólogo Ben Alex Woodcock, primer autor del estudio, subraya las ventajas de estos productos. “Se dirigen a insectos que dañan la planta y se pueden aplicar en semillas en muy bajas dosis, pero protegen a toda la planta y reducen la necesidad de insecticidas de amplio espectro pulverizados”, explica.

Los investigadores creen que los diferentes efectos observados en los tres países se podrían deber a otros factores, como la presencia de enfermedades previas en los insectos o la diferente disponibilidad de flores silvestres en las que alimentarse. “Es posible que haya maneras de mitigar los impactos negativos de los neonicotinoides en las abejas, mediante la mejora de la cría de las abejas o aumentando la disponibilidad de plantas con flores en áreas no cultivadas del paisaje agrícola”, apunta Woodcock.

Un abejorro ‘Bombus rufocinctus’ en una flor de cebollino.ampliar fotoUn abejorro ‘Bombus rufocinctus’ en una flor de cebollino. JEREMY T. KERR

“Los resultados son muy interesantes, pero no son concluyentes del todo”, opina Concepción Ornosa, directora del grupo de Biología y Biodiversidad de Artrópodos de la Universidad Complutense de Madrid. Ornosa, ajena al nuevo estudio, subraya que el equipo de Woodcock solo trabaja con tres especies, criadas artificialmente por empresas para su uso en agricultura, pero “hay miles de especies de abejas silvestres en el mundo”.

La investigadora española subraya que los neonicotinoides no parecen afectar negativamente al abejorro común y a la abeja solitaria el primer año del tratamiento, pero sí el año siguiente. “Es muy relevante, porque pone de manifiesto la importancia de la persistencia de los residuos de neonicotinoides”, señala. El nuevo estudio muestra una menor reproducción de las abejas en las colmenas en las que se hallaron residuos de neonicotinoides.

La bióloga sueca Maj Rundlöf descubrió hace dos años que un compuesto de dos insecticidas, clotianidina y ciflutrina, aplicado a semillas de colza tenía efectos negativos en dos especies de abejas silvestres, pero no en la doméstica abeja de la miel. Para Rundlöf, de la Universidad de Lund, los nuevos resultados de Woodcock “son muy diversos y no son consistentes a lo largo de los tratamientos” con los pesticidas.

La industria ha cargado contra el estudio publicado en Science, pese a haberlo patrocinado
La industria ha cargado contra el estudio publicado en Science, pese a haberlo patrocinado. Bayer arguye que los autores no han tenido en cuenta factores como el tamaño inicial de las colmenas y la diversidad del paisaje circundante entre las zonas tratadas y las no tratadas. “Seguimos convencidos de que los neonicotinoides son seguros cuando se usan y se aplican de forma responsable”, asegura Richard Schmuck, director de Seguridad Medioambiental de CropScience, una división de Bayer.

Peter Campbell, director de Colaboraciones Científicas de Syngenta, destaca los efectos positivos detectados en Alemania. “Esto demuestra que los neonicotinoides se pueden utilizar de manera segura o incluso pueden beneficiar a las abejas en ciertas circunstancias”, sostiene. “Necesitamos entender los factores asociados a los efectos beneficiosos de los neonicotinoides detectados en este estudio, para promoverlos en otros lugares”, opina.

Un abejorro común poliniza flores silvestres junto a un cultivo.Un abejorro común poliniza flores silvestres junto a un cultivo. JEREMY T. KERR

Un segundo estudio publicado en la revista Science añade sospechas sobre el insecticida clotianidina, de Bayer. Un equipo de investigadores de la Universidad de York (Canadá) ha calculado los niveles reales de exposición a neonicotinoides en 11 colmenares de la región de Ontario. Hallaron un cóctel de 26 pesticidas, cuatro de ellos neonicotinoides. Los autores aplicaron entonces las dosis detectadas de clotianidina a abejas marcadas con dispositivos RFID de identificación por radiofrecuencia. Las abejas obreras expuestas a clotianidina en sus primeros nueve días de vida vivieron un 23% menos.

Un segundo estudio sugiere que las abejas expuestas a clotianidina en sus primeros nueve días de vida viven un 23% menos
El estudio sugiere que los neonicotinoides, solubles en agua, se diseminan a partir de los campos de maíz tratados y llegan a otras plantas vecinas, mucho más atractivas para las abejas que el cereal. Para Concepción Ornosa, de la Complutense, la investigación es “interesante”, pero “tampoco es absolutamente concluyente, ya que las condiciones no son reales del todo”.

Lo mismo opina la bióloga sueca Maj Rundlöf. “El experimento, controlado, no es una situación del mundo real, así que siempre es cuestionable si se pueden trasladar estos resultados al mundo real, con muchos otros factores influyendo en las colonias de abejas”, sentencia. Las abejas están amenazadas por la destrucción de su hábitat, por el ácaro Varroa que absorbe sus líquidos internos, por el parásito Nosema apis que perjudica su aparato digestivo, por el cambio climático y por una avispa asiática invasora que ataca sus colmenas. La pregunta es qué papel tienen los insecticidas en este puzle.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) está actualmente reevaluando el riesgo de los neonicotinoides. Una portavoz de la organización explica que, por el momento, sus expertos no van a comentar los nuevos estudios. Su postura se hará pública en un informe completo que se presentará en noviembre. El debate sobre los insecticidas neonicotinoides sigue abierto.

Fuente: elpais.com