Una nueva contaminación emerge sobre la del tráfico en las ciudades

Las emisiones de productos del hogar, como perfumes y pinturas, ya rivalizan con la polución de los coches.


La imagen que tenemos de la contaminación no volverá a ser la misma. Un equipo de científicos de EE UU ha observado en la ciudad de Los Ángeles que las emisiones procedentes de productos usados habitualmente en el hogar —incluyendo pinturas, barnices, aromatizantes del aire, lacas, tintas de impresión, adhesivos, pesticidas, cosméticos y productos de limpieza— ya contribuyen tanto a la contaminación del aire urbano como las emisiones de los coches.

La clave son los compuestos orgánicos volátiles, unos hidrocarburos que se presentan en estado gaseoso a temperatura ambiente. La atmósfera oxida estos compuestos, emitidos por productos habituales en el hogar, y a través de una cascada de reacciones químicas se acaban integrando en partículas en suspensión de menos de 2,5 millonésimas de metro. Estas partículas diminutas entran hasta la parte más profunda de los pulmones y pueden generar enfermedades respiratorias.

“Es sorprendente. Llevamos seis o siete años debatiendo entre nosotros si era posible. Y yo era de los que defendía que no era posible”, explica el ingeniero químico José Luis Jiménez, coautor del estudio, que se publica hoy en la revista Science. Solo el 5% del petróleo se refina para obtener ingredientes de estos productos de consumo diario, mientras que el 95% se dedica a los combustibles. Sin embargo, los investigadores aseguran que las emisiones de compuestos orgánicos volátiles se reparten al 50% entre estas dos fuentes en Los Ángeles.

El estudio se ha realizado en Los Ángeles, pero los autores creen que se puede extrapolar a otros países industrializados

“Perfumes, desodorantes, champús, adhesivos, pinturas… emiten compuestos orgánicos volátiles. En el aula de mi universidad medimos estos compuestos y son mucho más altos por la mañana que por la tarde”, explica Jiménez, nacido en Zaragoza en 1968 y profesor de la Universidad de Colorado (EE UU).

El estudio se basa en datos tomados en la ciudad californiana con una exhaustividad inédita, pero Jiménez cree que sus conclusiones se pueden extrapolar a otros países industrializados. No obstante, reconoce que la falta de datos hace “imposible saber si en España es el 15% o el 40%” el porcentaje de compuestos orgánicos volátiles procedentes de productos de consumo.

“Los compuestos orgánicos volátiles son los grandes olvidados en la valoración de la calidad del aire”, afirma Javier Roca, director técnico del Laboratorio del Centro de Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Cataluña. Roca, ajeno al nuevo estudio, recuerda que hay una enorme diversidad dentro de los compuestos orgánicos volátiles. Según la clasificación del Ministerio de Medio Ambiente, los hay extremadamente peligrosos para la salud, como el benceno y el cloruro de vinilo, y existen otros que pueden causar daños significativos al medio ambiente, como el acetaldehído, la anilina y el tricloroetileno.


El ingeniero químico José Luis Jiménez, de la Universidad de Colorado. CIRES

“En España no hay una legislación que limite un determinado tipo de compuesto. Como mucho, se limita el número total de compuestos orgánicos volátiles. Cada autonomía fija límites máximos para cada actividad industrial y no se sabe muy bien qué tipos de criterios siguen. El benceno es el único que figura en las directivas europeas”, expone.

En 2015, un equipo de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, entre ellos la química Florentina Villanueva, analizaron los compuestos orgánicos volátiles en el interior de una veintena de hogares en la localidad de Puertollano, un polo industrial de 50.000 habitantes en Ciudad Real. No encontraron nada preocupante. Para Villanueva, los resultados del estudio de Los Ángeles son “sorprendentes”.

“No hay razón para preocuparse. Para reducir más rápido la contaminación hay que saber de dónde viene”, afirma el ingeniero José Luis Jiménez

“En los países en vías de desarrollo, donde se queman grandes cantidades de combustibles fósiles o madera en el interior para cocinar o calentarse, las emisiones de dióxido de nitrógeno o de partículas sí que pueden afectar al aire exterior. En el caso de los compuestos orgánicos volátiles de los países desarrollados, claramente serán necesarios más estudios para confirmarlo”, afirma con escepticismo.

Villanueva recuerda que para el aire interior no existe legislación, mientras que el aire exterior está monitorizado por redes de vigilancia y sometido a un estricto control. “Por el momento, mi mayor preocupación reside en cómo afecta el aire interior a la salud, puesto que, según la Organización Mundial de la Salud, el 90 % de nuestro tiempo lo pasamos en ambientes interiores y es aquí donde las concentraciones de muchos contaminantes pueden ser de dos a cinco veces superiores, como en el caso del formaldehído”, alerta la investigadora. Este gas incoloro, clasificado como cancerígeno, se encuentra en pequeñas cantidades en muchos productos de uso diario en el hogar, como lavavajillas, suavizantes y cosméticos, según recuerda la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EE UU.

Mario Montes, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad del País Vasco, cree que el nuevo estudio es “impresionante en su dimensión” y “riguroso” en su análisis. A su juicio, la mayor importancia relativa de los compuestos orgánicos volátiles en el aire urbano es una consecuencia natural de la reducción de las emisiones del tráfico. A falta de datos concretos, Montes cree que es posible que la situación en España tenga “la misma tendencia, con el retraso habitual respecto a lo que pasa en EE UU”.

El nuevo trabajo ha sido capitaneado por investigadores del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica y de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, ambos en Boulder (EE UU). El ingeniero químico José Luis Jiménez hace un llamamiento a la tranquilidad: “No hay razón para preocuparse. Es una oportunidad para ser más eficientes. Para reducir más rápido la contaminación hay que saber de dónde viene”.

“NO PODEMOS DECIR QUE NO HAY RAZÓN PARA PREOCUPARSE”
Los niveles de emisión en una vivienda pueden ser elevados no solo por productos de limpieza, cosméticos, ambientadores y similares, sino también por los materiales constructivos, explica Javier Roca, director técnico del Laboratorio del Centro de Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Cataluña. “En este sentido, no podemos decir que no hay razón para preocuparse. Se tendrán que preocupar los que hacen un uso excesivo de estos productos, los que viven en viviendas con alta emisión de los materiales constructivos, los que reciben el impacto de alguna actividad que se realiza dentro del edificio —legal o ilegal— y los que viven en zonas donde el aire exterior ya presenta valores altos de compuestos orgánicos volátiles”, reflexiona.

Roca recuerda que los países nórdicos son pioneros en el estudio de la calidad del aire en los espacios cerrados, ya que pasan mucho tiempo en ellos debido al clima. Diferentes informes de la UE, subraya, fijan niveles de concentración para situar la calidad del aire en situaciones de confort, inicio de desconfort, desconfort y tóxica. En España, una normativa fija los criterios de calidad para los compuestos orgánicos volátiles, añade Roca.

Fuente: elpais.com




Las energías renovables superan al carbón por primera vez en Europa, pero las emisiones de CO2 no se reducen

El aumento del consumo, el descenso de la hidroeléctrica por la sequía y el cierre de nucleares lastran los progresos conseguidos durante 2017.

La energía generada por el carbón aumentó más de un 20% en España durante el pasado año, debido a los problemas generados por la sequía

España es uno de los pocos países de nuestro entorno que aún no tiene un plan para eliminar sus centrales de carbón

La contribución de la energía eólica creció un 19% durante 2017

En 2017, la energía eólica, solar y de biomasa superó a la generada por el carbón por primera en la historia de la Unión Europea. Según un análisis realizado a partir de datos oficiales, estas tres fuentes de energía renovable suministraron 679 teravatios por hora a lo largo del pasado año, mientras que el carbón contribuyó con 669 teravatios por hora. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero se han mantenido sin cambios, debido al aumento de la demanda y a la caída de la hidroeléctrica y las nucleares .

Que las renovables superen al carbón, que hace tan solo cinco años doblaba a las energías limpias, es un hito histórico que se ha apuntalado en el incremento de la generación eólica, que el pasado año aumentó un 19%. Esta subida ha provocado una caída de la generación de carbón de un 7% que, junto a la caída del 17% registrada en 2016, confirma la tendencia de los últimos años.

Sin embargo, el informe elaborado por el lobby alemán Agora Energiewende y el think tank británico Sandbag alerta de que en 2017 también se produjo un aumento en la producción de energía con combustibles fósiles por tercer año consecutivo. A este aumento han contribuido la baja generación de energía hidroeléctrica y nuclear y un aumento de la demanda de un 0.7%, “lo que plantea dudas sobre el progreso en eficiencia energética”, aseguran los autores del documento.

El peor año del siglo para las hidroeléctricas
El año ha sido especialmente malo parar las hidroeléctricas, que han sufrido “el peor año de este siglo”, debido a la escasez de lluvias que ha afectado a toda Europa. La sequía ha lastrado a este sector en 2017, que cayó un 16%, reduciendo su contribución en 54 teravatios por hora.

La baja contribución de las hidroeléctricas se ha hecho notar especialmente en España, donde se ha incrementado el consumo de carbón más de un 20% con respecto al año anterior. El informe también señala a nuestro país como uno de los pocos que aún no disponen de un plan para eliminar sus centrales de carbón y critica la decisión del gobierno español de impedir el cierre de dos centrales de carbón de Iberdrola.


Países que no tienen planes para eliminar el carbon (rojo) o que ya disponen de uno (verde)

En noviembre del pasado año, la compañía española solicitó al Ministerio de Energía autorización para cerrar sus dos últimas centrales térmicas, situadas en Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), asegurando que el cierre no afectaría a la seguridad del suministro eléctrico ni al precio de la energía. Sin embargo, el ministro, Álvaro Nadal, aprobó un Real Decreto ad hoc para torpedear esos cierres, “a pesar de que España es el país más sobrealimentado en Europa”, asegura el informe.

Esta decisión contrasta con la de Países Bajos, Italia y Portugal que durante el pasado año anunciaron sus planes para eliminar el carbón antes de 2030, uniéndose así a los otros 13 estados que ya tenían planes similares. En nuestro entorno, tan solo Alemania, el mayor consumidor de carbón y lignito de Europa, carece de un plan estratégico para el carbón y ha aplazado el debate hasta 2019.

Las renovables se estancan en España
El informe también muestra como el crecimiento de las energías renovables ha sido muy desigual en la UE. El 56% del crecimiento del sector en los últimos tres años ha sido debido a Reino Unido y Alemania, mientras que en otros países, como España, Italia, Portugal, Bélgica y Grecia, las renovables se han mantenido estancadas.

A pesar de ello, España se sigue manteniendo como el sexto país con mayor proporción de electricidad generada por renovables, con un 25%, por detrás de Dinamarca, con un espectacular 74%, Alemania (30%), Portugal (29%), Reino Unido (28%) e Irlanda (27%).

Con respecto al presente año, las energías renovables podrían proporcionar un tercio de la electricidad de Europa, si se normaliza la generación hidroeléctrica. Según las estimaciones realizadas en el informe, en 2020 las energías renovables deberían proporcionar alrededor del 36% de la demanda de energía de Europa. Estas cifras contrastan con la decisión del consejo de ministros de Energía, que el pasado mes de diciembre redujo los objetivos de renovables aprobados por el Europarlamento para 2030, pasando de un 35% a un 27%.

Fuente: eldiario.es




El extraordinario impacto en el medio ambiente del horno microondas

En promedio, un horno de microondas individual utiliza 573 kilovatios hora (kWh) de electricidad durante su vida útil de ocho años. Esto es lo mismo que decir que consume lo mismo que una bombilla LED de 7 vatios, que se deja encendida continuamente durante casi nueve años.

Esta cifra es todavía más llamativa si tenemos en cuenta que los microondas pasan más del 90% de su vida inactivos, en el modo de espera.

Tan nocivos como los coches

Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Manchester encontraron que los microondas emiten 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono por año en la UE, lo que es igual a las emisiones anuales de 6,8 millones de automóviles.

Los microondas en toda la UE consumen un estimado de 9,4 teravatios por hora (TWh) de electricidad cada año.

El estudio también muestra que la regulación existente no será suficiente para reducir el impacto ambiental de los microondas. Los investigadores sugieren que los esfuerzos para reducir el consumo deben centrarse en mejorar la conciencia y el comportamiento de los consumidores para usar los electrodomésticos de manera más eficiente, así como aumentar la vida útil de cada unidad.

Fuente: xatakaciencia.com




¿Qué electrodoméstico emite la misma contaminación que 7 millones de coches?

La contaminación de las grandes ciudades tienen muchos responsables. Uno de ellos son los coches, pero hay otros que usamos día a día y que ni siquiera se nos habían pasado por la cabeza.


La lucha contra la contaminación, especialmente en las grandes ciudades, parece que tiene un enemigo público número 1, los coches. Si no, solo hay que ver lo que sucede por ejemplo en Madrid con las restricciones que cada cierto tiempo sufren sus ciudadanos. Y sí, es cierto que los vehículos tienen parte de culpa en el destrozo que le estamos haciendo al planeta, pero ni mucho menos son los únicos. Ni siquiera los peores, me atrevería a decir.

Pero sí que es un colectivo que es relativamente sencillo de controlar.
¿Alguna vez has pensado qué puede contaminar tanto o más que un coche? Pues la respuesta la tienes en tu propia casa. En tu cocina, concretamente. Y es que según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Manchester, en Reino Unido, y publicado en la revista ‘Science of the Total Environment’, todos los microondas que hay en la Unión Europea contaminan tanto como casi 7 millones de coches. En concreto, 6,8.

Esta curiosa comparación nace con el propio estudio al que hacemos referencia, cuyo objetivo inicial no era otro que el de analizar el consumo energético de los electrodomésticos en nuestro continente. Teniendo en cuenta que el microondas es uno de los más populares, se decidió profundizar en él hasta comprobar lo que supone en términos de contaminación durante toda su vida útil. Es decir, desde los materiales que se utilizan para fabricarlo hasta que se convierte en un mero residuo.

Los datos del informe indican que los microondas emiten la friolera de 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono por año, exactamente las mismas que los mencionados 6,8 millones de coches. Pero claro, ¿cómo se puede controlar la compra y, sobre todo, el uso de este electrodoméstico? Con nuestros vehículos resulta bastante más sencillo.

También se sabe que los microondas europeos consumen aproximadamente 9,4 teravatios por hora de electricidad al año, que es el equivalente de la electricidad anual generada por tres grandes plantas de energía de gas. Es precisamente este consumo de electricidad de los microondas el que más impacto tiene sobre el medio ambiente.

Como ves, los coches no son los únicos culpables de los males medioambientales que nos asolan, pero sí unos de los grandes perseguidos por ello. La mejor medida que se puede tomar ante esto no son las restricciones, que también, sino el sentido común de cada uno. De todos depende que nuestro planeta no acabe destrozado del todo. Aunque para ello tengamos que limitar el uso de los electrodomésticos.

Fuente: okdiario.com




Bruselas llama al orden a España por los altos niveles de contaminación

Vista de la boina de polución sobre Madrid SERGIO GONZÁLEZ VALERO

La contaminación daña la salud, incluso en niveles bajos y a corto plazo
Casi 5.000 niños mueren a diario en todo el mundo por la polución.

A Bruselas se le está acabado la paciencia.

Ante las continuas vulneraciones de la legislación europea en materia medioambiental de nueve Estados miembros, -entre ellos, España-, el comisario de Medio Ambiente, Karmenu Vella, ha convocado una reunión ministerial el próximo 30 enero con el objetivo de buscar soluciones. Pero esa, advierte el comisario, es la última oportunidad. Los Estados se enfrentan a acciones legales de no poner remedio al problema.

República Checa, Alemania, Francia, Italia, Hungría, Rumanía, Eslovaquia, Reino Unido y España son los nueve países de la Unión Europea acusados que superan los límites de contaminación del aire establecidos por las leyes europeas. Pero la Comisión los acusa además de no haber tomado medidas suficientes para paliarlo. “Si no hay mejoras en la calidad del aire, hay consecuencias legales”, ha advertido el titular de Medio Ambiente europea.

Por eso, Vella ha llamado al orden a sus homólogos nacionales, para recordar a los Estados miembros que el tiempo “de ofertas, de ayuda, consejos y advertencias” se ha acabado. Es momento de la acción y eso es lo que la Comisión reclama, con el único objetivo, subraya el comisario, “de proteger a los ciudadanos”. Bruselas asegura que la urgencia de la reunión se debe “la gravedad” de la contaminación y “la falta de progreso” de los Estados y exige “respuestas eficaces y oportunas”. El encuentro del próximo 30 de enero debe “garantizar que se tomen medidas adicionales y se implementen sin demora”. De no ser así, “la Comisión no tendrá más remedio que emprender acciones legales”.

Los nueve países invitados al encuentro se encuentran en la última etapa del procedimiento de infracción que la Comisión Europea abrió contra ellos.

Este procedimiento se activa cuando el ejecutivo europeo detecta que un Estado miembro no cumple con la legislación europea, en este caso, en materia de calidad del aire. Si ese Estado no toma las medidas recomendadas para adaptarse a las normas, y estos nueve no lo están haciendo, la Comisión puede reclamar una sanción ante el Tribunal de Justicia de la UE con sede en Luxemburgo.

Fuente: elmundo.es




Baleares marca el camino del adiós a las cápsulas de café, las pajitas y los bastoncillos de usar y tirar

La contaminación de los océanos por plástico podría multiplicarse por diez.
Imagen de archivo de la contaminación de los océanos por plástico EFE

El Govierno Balear prepara una ley de residuos que prohibirá los objetos de plástico de un solo uso con el año 2020 como fecha tope.

 La Comisión Europea ha presentado este martes su estrategia para que el empaquetado sea reutilizable o reciclable en 2030.

Los estados deberán monitorizar y reducir su basura marina. Hasta el 80% de los desperdicios en playas están hechos de plástico

Baleares puede estar marcando el camino: el Govern ha redactado un proyecto de ley para poner fin a la ingente contaminación generada por los productos de un solo uso, muchos de ellos a base de plástico. La norma sobre residuos prohibirá todos los objetos de “usar y tirar”: cápsulas de café, pajitas, bastoncillos para los oídos, vajillas de plástico, cuchillas de afeitar, cartuchos de impresora, palos de caramelo -estilo Chupa Chups- y mecheros. Su uso masivo supone un grave problema ambiental.

Esta decisión llega al mismo tiempo que la Comisión Europea acaba de publicar su estrategia para reducir la producción de plástico. Cada año, se producen 25 millones de basura plástica en la Unión Europea, según al Comisión. Mucho de ello proviene de esos artículos que, de acuerdo con el plan de Baleares, deberían estar fuera juego para 2020. La estrategia europea pretende que en 2030 todo el empaquetado (ahora de plástico) “sea reutilizable o fácilmente reciclable”.

Todos estos productos tendrán que cumplir unas condiciones: o son fácilmente reciclables -por ejemplo, las cápsulas tendrán que ser de material compostable- o los productores tendrán que crear un sistema para que se recojan y se reciclen adecuadamente. Por su parte, los envases de las toallitas tendrán tener información suficiente para que los usuario conozca el problema que generan por su difícil reciclaje.

Hasta el 80% de la basura acumulada en las playas está compuesta de plástico. Los datos que maneja el Ejecutivo comunitario indican que la mitad de estos desperdicios son objetos de usar y tirar. Otro tercio son otros objetos plástico. ¿Los más habituales? Botellas, vasos, cubiertos, bolsas y bastoncillos. La estrategia planea que los estados deban monitorizar y reducir su basura marina .

“Es una normativa muy valiente y con un objetivo medioambiental muy claro: cambiar de modelo de consumo”, comenta Sebastià Sanso, director general de residuos y calidad ambiental del Govern. Según Sanso, el Ejecutivo autonómico ha querido abordar “aquellos productos que terminan siendo los residuos más problemáticos, ya sea fijando una reducción de los mismos o una mejora en su tratamiento y menor impacto”.

Para él, es “imposible” llevar a cabo un “cambio radical en la cultura del ‘usar y tirar’ de un día para otro”. Sin embargo, defiende el papel de las administraciones en esta lucha: “Cada vez surgen más productos sin los cuales antes vivíamos perfectamente. Hasta hace dos días, bebíamos café en cafetera italiana. Aunque no podemos decir que prohibimos estos productos, por los límites que nos impone el libre comercio, sí tenemos protestad para poner medidas que protejan el medioambiente”.

Un fuerte impacto ambiental

Los productos que va prohibir el Govern balear no están escogidos al azar. Por ejemplo, los bastoncillos son, junto con los filtros de los cigarros, los residuos más frecuentes en el Mar Mediterráneo, tal y como explica Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción. “Estos productos se van degradando y tienen un gran impacto, no solo por el tema estético, sino porque se convierten en microplástico, los peces se los comen y el plástico acaba en nuestra mesa”, comenta Arribas.

El mar está lleno de plástico. Sus aguas acumulan extensiones kilométricas de residuos, la mayoría de las veces no en forma de grandes pedazos sino de microplásticos de tamaño diminuto que pasa fácilmente a la cadena trófica de la fauna marina.

Este miembro de Ecologistas en Acción recuerda que en Francia ya se han tomado mediadas al respecto: los bastoncillos de los oídos deben ser de cartón, lo que facilita su reciclaje. Además, el país vecino también ha prohibido los cubiertos de un solo uso. Arribas recuerda que tanto las vajillas como el resto de materiales pequeños, como las cápsulas o las cuchillas, “no se terminan reciclando en las plantas de tratamiento por su tamaño reducido”.

El papel del turismo

Margalida Ramis, portavoz de la asociación ecologista GOB-Mallorca, comenta que el turismo tiene un papel fundamental en la contaminación medioambiental de Baleares: “En verano doblamos nuestra población. Esto provoca un problema por la cantidad de residuos que se genera y, por ello, se han tenido que dimensionar las infraestructuras de gestión. Lamentablemente, el sistema actual está basado en la incineración”.

Ramis dice que existe una buena gestión de los residuos generados por el turismo en lo referido a la recogida en los hoteles. Sin embargo, observa que en las últimas temporadas ha habido problemas de contaminación en entornos vírgenes y/o protegidos, que están “extremadamente masificados” y en los cuales se acumulan muchos residuos. También el mar se contamina, según Ramis, por turistas náuticos que no tienen ningún apego por el mar y arrojan los residuos.

Para el GOB, los dos retos del futuro en el archipiélago son: por un lado, convertir las grandes cantidades de materia orgánica que se generaran -especialmente en los hoteles- en compost y, po r otro, mejorar en la recuperación de envases. Una de las opciones para conseguir unos mayores niveles de recuperación de envases son los Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) y, por ello, Ramis espera que se incluya en la nueva ley de residuos.

Prohibido el despilfarro de alimentos

Además del reciclaje de productos de plástico, la ley que quiere aprobar el Govern balear aborda otro tema importante: el despilfarro de alimentos en buen estado. La normativa establece que el derroche alimentario se reduzca en un 50% para el año 2030 y esta previsión afecta todos los eslabones de la cadena: transformación, fabricación, distribución y venta de alimentos.

Incluso, el Ejecutivo autonómico prohibirá que los comercios y los puntos de venta tiren los productos que todavía conservan sus propiedades. Por su parte, los comedores públicos tendrán que donar su comida sobrante a comedores sociales y a particulares que lo necesiten.

Más fuentes de agua y menos plástico

Como el objetivo es reducir los residuos y aumentar el reciclaje -por ejemplo, antes de 2030 se tendrán que reciclar como mínimo un 75% de los envases-, el Govern instalará más fuentes de agua en los espacios públicos. Sino, la alterativa es promover los envases reutilizables.

Además, exceptuando los centros hospitalarios y sanitarios, se prohibirá la comercialización de botellas de agua de un solo uso en edificios e instalaciones públicas.

Por su parte, las empresas responsables de las máquinas expendedoras en edificios públicos tendrán que encargarse de que haya una fuente de agua potable. Sino, tendrán que comercializar las botellas reciclables. Misma obligación tendrán en la hostelería y la restauración: deberán ofrecer al cliente agua no envasada de forma gratuita.

Fuente: eldiario.es




Los océanos se asfixian

Una bolsa de plástico flota en las aguas de Gorontalo, Indonesia. OTTO FERDINAND GETTY IMAGES

Los mares lanzan señales de alerta cada vez más inquietantes sobre el impacto humano. Está en riesgo el equilibro del planeta y la vida tal y como la conocemos.


Puede que a un urbanita europeo medio —que no bucee— le resulte muy ajeno el problema de la desaparición y el deterioro de los arrecifes de coral en lugares como Maldivas. O le digan poco las noticias sobre la subida del nivel del mar que se traga literalmente países insulares como Kiribati, en el Pacífico. Pero la situación es preocupante: en los océanos, por ejemplo proliferan inmensas zonas muertas en las que la falta de oxígeno no permite la vida. El año pasado, un estudio señalaba que un tercio del pescado capturado en Reino Unido contenía plástico. Y muchas de las piezas de sushi favoritas de ese ciudadano ordinario están en peligro de desaparecer de los mostradores.

“El océano nos está hablando. Antes no lo sabíamos, pero ahora vemos las señales”, señalaba con gravedad la veterana oceanógrafa Sylvia Earle el mes pasado en Nueva York, donde asistió a la primera Conferencia de los Océanos organizada por Naciones Unidas. “Ya era hora de tener una reunión sobre el estado de la mayor parte del mundo”, añadía. Los mares, los océanos, o el Océano con mayúsculas, representan alrededor del 71% de la superficie del planeta, pero son el 99% de la biosfera, es decir, del espacio donde se desarrollan los seres vivos. “Hasta ahora hemos recurrido a ellos como un cubo de la basura ilimitado o una fuente inagotable de recursos”, denunciaba Earle ante miles de diplomáticos y expertos.

“Hace siglos que las sociedades desarrolladas no van por sus territorios tomando y cazando todo lo que encuentran. Cultivan, pastorean, producen… Sin embargo, en el mar lo seguimos haciendo: nos apropiamos de los recursos sin preocuparnos de las consecuencias, o pescamos animales a veces hasta extinguirlos”, coincide Murray Roberts, catedrático de Biología Marina Aplicada de la Universidad de Edimburgo. Más del 31% de los recursos pesqueros se sobreexplotan a niveles que no permiten su recuperación, según los últimos datos de la FAO, la agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura. “La población mundial se ha triplicado en los últimos 40 años” y, con ella, la demanda de pescado y las presiones sobre los bancos de peces, explica Pedro Barros, experto de la agencia internacional. Y prácticas como la pesca ilegal o no registrada — que pueden suponer hasta 26 millones de toneladas anuales— o la de arrastre empeoran la situación.

Como en el caso del amante del sushi, que ve cómo sus platos favoritos se desvanecen de las cartas, la reducción de la cantidad y la variedad de la pesca es una de las señales de alerta de los mares que más llegan a los ciudadanos y, a través de ellos, a los políticos. Pero la sobreexplotación no es lo único que pone en peligro el futuro del océano como fuente de alimento. Vertidos de todo tipo y la contaminación —algunas estimaciones prevén que en 2050 habrá más plástico que peces en el océano— generan una interminable lista de amenazas para los peces que comemos, y para los demás organismos que forman la cadena alimentaria.

Pasará una sola generación, según algunos expertos, antes de que la desaparición de ciertos pescados en los menús muestre la tragedia

Por ejemplo, el uso excesivo de fertilizantes y nutrientes, que llegan al mar con la escorrentía de las aguas, dispara el crecimiento de algas y plantas marinas. Esa proliferación acaba por matar a muchas de ellas, y el oxígeno de las aguas afectadas se agota. Este fenómeno, conocido como eutroficación, da lugar a zonas muertas (hay más de 400 en el mundo), como la del mar Báltico o la de 13.500 kilómetros cuadrados en el golfo de México, donde desemboca el río Misisipi cargado de fósforo y nitrógeno de las plantaciones del Medio Oeste estadounidense.

Y luego está la madre del cordero (o del atún) de la degradación mediambiental: el cambio climático. El aumento de las emisiones de CO2 eleva la temperatura del planeta, derrite glaciares y hace que el nivel del mar se eleve, amenazando la existencia misma de ciudades costeras como Shanghái (China), Bombay (India), Lagos (Nigeria), o de archipiélagos como el ya mencionado Kiribati, cuyo presidente prevé evacuaciones masivas para 2020. Pero el efecto de los gases sobre los mares es más directo. “No olvidemos que asumen el 90% del calentamiento generado por el ser humano, y absorben directamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos”, apunta Roberts. Y aquí el océano, ese regulador de la temperatura y los ciclos climáticos que la Tierra trae incorporado, puede entrar en un círcu­lo vicioso.

La situación es preocupante. Proliferan en los océanos inmensas ‘zonas muertas’ en las que la falta de oxígeno no permite la vida

La cantidad de CO2 que el océano puede asumir depende de la temperatura de sus aguas. A más frío, más absorción, y viceversa. Por eso, y dado el aumento de las temperaturas —en los últimos 25 años los mares europeos se han calentado 10 veces más rápido que la media del siglo pasado—, la mayoría de expertos defienden que la capacidad marina de almacenamiento de dióxido de carbono se reducirá. Y si la atmósfera sufre ese menor esfuerzo de captura por parte del cuerpo oceánico, el ciclo del calentamiento global se verá exacerbado.

Por si fuera poco, el aumento del CO2 que se disuelve en las aguas da lugar a una serie de reacciones químicas conocidas como acidificación. “Estas tienen un efecto comprobado en los animales marinos con esqueleto calcáreo, como almejas, ostras, erizos, gambas… No les permite desarrollarlo y puede hacerlos desaparecer”, ilustra Yoshihisha Shirayama, experto de la Universidad de Kioto y de la Agencia Japonesa para la Ciencia Marina (Jamstec). También se han verificado impactos de la acidificación en especies comerciales, como el bacalao noruego. “Da lugar a una gran mortalidad entre los alevines, lo que hace que los bancos no se repueblen tan rápidamente, y eso podría obligar a reducir su pesca”, advierte Martina Stiasny, de la Universidad de Kiel (Alemania).

En la mayoría de los casos, la ciencia tras estos diagnósticos y predicciones es relativamente reciente y novedosa, circunstancia que los escépticos aprovechan para poner en duda los vaticinios pesimistas. “Lo que es un hecho es que estas cosas están pasando. De una u otra forma estamos alterando todo el ecosistema marino. La desa­parición del coral o de las esponjas sin duda tendrá efectos en las especies que las necesitan para vivir. Y la cadena se extiende hacia arriba”, dice Roberts. Las esponjas, por ejemplo, cumplen funciones de bombeo y procesamiento de nutrientes en las capas inferiores del océano. Así que su desaparición afectaría al sistema en conjunto. “Todo está profundamente interconectado”, zanja el experto escocés, que trabaja en Atlas, un proyecto de investigación de las profundidades del Atlántico Norte financiado conjuntamente por Estados Unidos, la UE y Canadá.

Porque aunque se estima que el 95% del volumen del océano continúa inexplorado, la tecnología avanza a pasos agigantados con la introducción de robots submarinos y un creciente interés humano y económico por lo abisal. “Sabemos más de lo que hemos sabido nunca”, se felicita Stiasny. “Conocemos lo que podemos hacer y hemos visto cosas que funcionan”, añade la experta. Todo ello pese a las dificultades que implica trabajar en zonas recién descubiertas, y la ausencia de datos anteriores que permitan hacer comparaciones. Pero su colega británico Roberts hace autocrítica y llama a “no seguir haciendo el mismo tipo de estudios todo el tiempo”.

Imagen captada en enero de un vertedero de plástico próximo a un arrecife de coral en Tailandia. Este país es el sexto que más residuos plásticos vierte al océano, según un informe del Jambeck Research Group, de la Universidad de Georgia.

En la conferencia de junio en Naciones Unidas se vio que por todas partes florecen centenares de iniciativas para, por ejemplo, reducir el uso del plástico y otros desperdicios arrojados a los mares —como las redes de pesca abandonadas que acaban con cientos de animales marinos—. También se atacan otros problemas, como la contaminación acústica, que perjudica a numerosas especies, o se pide regular cuidadosamente las perforaciones y la extracción de minerales en el lecho oceánico. Y se presentan pruebas de que una década de gestión cuidadosa de una especie muy pescada (de nuevo el bacalao, en este caso el del Ártico oriental) ha permitido que los bancos se recuperen, las capturas alcancen cifras récord y la industria local reviva sin riesgos de extinción, según destaca Barros, de la FAO.

Pero las medidas aisladas o localizadas, aunque sean más que bienvenidas como primeros pasos (hay quien defiende que gota a gota se hace el mar), se antojan insuficientes para la mayoría. Son necesarios cambios profundos y globales en los patrones de pesca, pero también, y principalmente, de consumo energético, de prácticas agrícolas e industriales, y de transporte.

99%
Los oceános representan el 99% de la biosfera del planeta. Cubren aproximadamente el 71% de la superficie de la Tierra, pero suponen casi la totalidad del espacio en el que se desarrollan los seres vivos.

Por eso, la principal dificultad para acometer esas transformaciones, coinciden todos los consultados, reside en hacer visibles las amenazas más difusas para arrastrar la conciencia social y la voluntad política. “En la conferencia de Nueva York, por ejemplo, se habló mucho de acabar con los plásticos. Es algo que se ve, a nadie le gusta y no afecta a los derechos de pesca ni a grandes temas geopolíticos. Pero no podemos ignorar otras cuestiones más complicadas”, ruega Roberts. Hay que ir a por todas a la vez. “No podemos priorizar unas cosas sobre otras, porque están todas relacionadas. Atacar el cambio climático no puede ir antes que la sobrepesca. Debemos ir trabajando en todas ellas”, coincide Stiasny, la experta en acidificación.

95%
Se estima que un 95% del volumen de mares y océanos permanece inexplorado. Pese a los avances tecnológicos, que han permitido llegar incluso a las profundidades de las Fosas de las Marianas, gran parte del cuerpo marino sigue siendo prácticamente desconocido.

El océano es de todos y de nadie. Y ese carácter condominial supone un escollo —otro más— a la hora de adoptar soluciones. El 67% de la superficie marina está fuera de la jurisdicción nacional, por lo que protegerla precisa recurrir a la exasperante maquinaria de las organizaciones y tratados internacionales. Conferencias como la de Nueva York pueden ayudar, y hay buenas noticias en la preparación de un tratado para proteger la biosfera compartida, pero el reloj apremia.

400
Hay más de 400 ‘zonas muertas’ en todo el mundo. El vertido de nutrientes procedentes de la agricultura y otras actividades industriales da lugar a zonas sin apenas oxígeno.

Alguien podría preguntarse por qué ahora. ¿Por qué de pronto los océanos se han convertido en una urgencia, como hace unas décadas comenzaron a serlo los bosques? Roberts opina que se debe a la coincidencia en el tiempo, por un lado, de una serie de eventos preocupantes, y, por otro, al aumento de la conciencia social sobre el medio que nos rodea.

31%
Tres de cada 10 especies pescadas están sobreexplotadas. El 31% de los recursos pesqueros sufren una presión que no les permite repoblarse, según datos de la FAO.

En cuestiones planetarias o climáticas como la degradación oceánica o la acidificación, el tiempo escasea si se trata de evitar daños irreversibles. Pasará una sola generación humana, según Shirayama, antes de que el cambio forzoso de los menús de los puestos de sushi confirme la tragedia en los centros urbanos modernos. En otros lugares más recónditos ya hay pruebas de ello: la huella de la humanidad y su contaminación ha llegado incluso a las fosas de Las Marianas, el punto más profundo del océano. “Y el tiempo de recuperación de esas áreas hay que medirlo en siglos, cuando no en milenios”, indica Kristina M. Gjerde, asesora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

“No podemos aspirar a que el océano vuelva a ser lo que era hace 100 años. Ni es realista, ni estoy segura de que sea lo que queremos”, señala Stiasny. “Pero sí necesitamos un océano sano que, además de conectar el mundo, sirva como fuente de alimento y medio de vida para millones de personas”. Los que más sufrirán las consecuencias, avanza Roberts, serán las poblaciones de países en desarrollo y de Estados insulares… Parece avecinarse una tormenta perfecta que la humanidad sigue alimentando, pero los estudiosos piden no ser excesivamente pesimistas. “El problema de centrarnos en el apocalipsis es que nos distraemos y no nos ocupamos de la acción”, argumenta Pedro Barros, el experto pesquero de la FAO.

Actuar es obligatorio. “Siempre decimos que queremos salvar el planeta, los bosques o los mares… Es ridículo. La pregunta es si los humanos podremos sobrevivir en el mundo que estamos modelando…”, insiste Stiasny. Un mundo del que alteramos por completo ese componente básico que es el océano: el que genera oxígeno, almacena carbono, define la química del planeta, regula la temperatura, dirige el clima y nos da de comer.

Fuente: elpais.com




“No hay curas milagrosas para la suciedad del mar”

MARC DRIESSEN

Henk Ovink el enviado especial de los Países Bajos para asuntos internacionales del agua, ve en la correcta administración de los recursos hídricos un nuevo mercado.


La polución, provocada por nosotros, y el cambio climático, en gran parte también, alimentan el 90% de los desastres relacionados con el agua. Estos problemas afectan al 15% de las economías mundiales, según Naciones Unidas. Y aún hay más: los refugiados del agua ya son una realidad, y se prevé que en las próximas décadas un 40% de la población padecerá escasez de agua. Además, ya hemos explotado el 50% de los acuíferos. Habrá un exceso de agua, debido a inundaciones y a otras castástrofes naturales, pero no será aprovechable para el consumo humano.

La salud actual de los ríos y el entorno marino es precaria por culpa, sobre todo, del hombre, ese gran contaminador. Según Henk Ovink, el primer enviado especial para asuntos internacionales del agua de los Países Bajos, estamos en el centro neurálgico del cambio climático. “Somos la única especie que puede resolver los problemas que hemos creado en nuestro planeta. De modo que el punto de referencia no puede ser el pasado, sino el futuro”. Este ministro del agua, de 49 años, es una suerte de embajador temático encargado de difundir las bondades del modelo holandés en la gestión de recursos hídricos, un sistema con siglos de historia y amplia experiencia en la contención del agua sobre el terreno.

Para Ovink la correcta administración del agua es un nuevo mercado donde, advierte, hay algo más que pérdidas y desesperación. Ve oportunidades y negocio, no solo en el sentido económico del término, sino también en su dimensión social.

Enemigo de lo que denomina “enfoque populista” y centrado en denunciar males pretéritos, prefiere la postura de figuras como Barack Obama, el ex presidente de Estados Unidos, que aseguró ante el Congreso, en Washington, que los efectos del cambio climático deberían ser considerados como “una nueva realidad y una nueva economía”. En su intervención, Obama subrayó as oportunidades que presentan las energías renovables y el uso sostenible del mar, capaces de crear más empleo que los combustibles fósiles.

Hay que entender que el agua está relacionada con la calidad de vida, con guerras, migraciones y pobreza, en definitiva, con la gente

Ovink asesora al Gobierno de EE UU y al Centro Rockefeller y, además, imparte clases en la Universidad de Harvard, donde anima a sus estudiantes a no resignarse, aunque los datos sobre las superficies marinas no parecen muy halagüeños. Las cifras que maneja este ingeniero no proceden solo de la ONU. El Foro Económico Mundial, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas en inglés) y Greenpeace coinciden en que en el océano hay plásticos, pesticidas, herbicidas, fertilizantes, detergentes, petróleo y residuos orgánicos que pueden ser ingeridos por organismos acuáticos y entrar en la cadena alimentaria humana. Un ciclo perverso para las aguas que cubren tres cuartos de la Tierra, aportan casi la mitad del oxígeno que respiramos y absorben un cuarto del dióxido de carbono (CO2) que producimos. Ensuciar el océano implica una amenaza global, que Ovink propone paliar con un cambio de mentalidad.

PREGUNTA. Usted prefiere no calificar la contaminación marina y el cambio climático como problemas. ¿Qué son, entonces?

RESPUESTA. Los problemas suelen tener una solución, pero no hay curas milagrosas para la suciedad de mares y océanos y la deriva del clima. No se trata de acordar unas normas, tomar unas medidas y después olvidarlo. Frenar la basura empieza por uno mismo, y con no tirar o verter nada al agua debiera bastar. Desgraciadamente no es así, necesitamos modificar nuestro comportamiento, lo que yo denomino un cambio cultural. Hay que entender que el agua está relacionada con la calidad de vida, con las guerras, las migraciones y la pobreza, en definitiva, con la gente. Su manejo supone un reto enorme y una oportunidad. En Holanda desembocan al mar dos de los grandes ríos de Europa, el Rin y el Mosa, en un delta vulnerable, pero es una tierra fértil en la que aprendimos a convivir con el agua y a sacarle partido. Por ejemplo, con el transporte fluvial, o con el puerto de Róterdam. Es cuestión de unir seguridad y calidad. Con el mar ocurre lo mismo. En la complejidad misma del reto que afrontamos hay una oportunidad para la economía, el empleo, el desarrollo y la educación. Para la prosperidad.

P. ¿En la transformación que propugna incluye iniciativas como la del inventor holandés Boyan Slat, resuelto a limpiar la sopa de plástico, movida por las corrientes, del Pacífico Norte?

R. Es una buena forma de cambiar la percepción pública de la polución marina, una cuestión similar a la deforestación. Boyan ha medido y cartografiado las basuras, que son devastadoras para el océano, las especies y el clima. Además, ha reunido millones de euros para su recogida. Como la basura está lejos no la vemos hasta que llega a nuestras playas. Él ha mostrado, de forma urgente y comprensible, lo mucho que dependemos del agua.

P. Propiciar la colaboración entre Gobiernos, organizaciones multilaterales, ONG y el sector privado es difícil. ¿Cómo los convence?

R. En los años ochenta y noventa el Rin estaba muy contaminado con residuos industriales, ahora la calidad del agua es buena porque nos hemos concienciado todos a lo largo del curso fluvial, en Alemania, Francia y Holanda. Con el océano, la meta es el Objetivo 14 —conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos— fijado en la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible, de la ONU. Para alcanzarlo se necesita el compromiso de jefes de Estado y de Gobierno.

P. ¿Qué hacer, entonces, cuando presidentes como el estadounidense, Donald Trump, anuncia que abandona el Acuerdo de París para el Cambio Climático?

R. Muchos de sus discursos son retóricos y es terrible. Niega la posibilidad de que el mundo se una para reparar los daños que hacemos a diario. Pero tengo confianza en otros gestos. Por ejemplo, en la reunión entre Michael Bloomberg, exalcalde de Nueva York; el presidente francés, Emmanuel Macron, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, del pasado junio. Bloomberg dijo que las ciudades y los Estados de EE UU sí podían ceñirse al Acuerdo del clima. Hasta Rusia, con su enorme producción de combustible fósil, ha firmado un contrato con una empresa holandesa de energía eólica. El cambio del clima y la suciedad marina no son una ideología. Es preciso negociar y colaborar. Y si negocias, siempre pierdes algo, pero cuando colaboras, empiezas con una ambición colectiva alimentada por otras ideas, y con la ventaja de que deliberas sin miedo a cometer errores. Avanzas deprisa y eso facilita la aplicación de medidas. Necesitamos el agua para sobrevivir y no es que estemos a tiempo de salvarla, es que no hay más remedio.

Fuente: elpais.com




Un petrolero iraní se hunde en China tras colisionar con un carguero y suelta miles de toneladas de crudo

Hundimiento del Sanchi

La Administración Estatal Oceánica de China (SOA, por sus siglas en inglés) ha confirmado este domingo el hundimiento total del petrolero ‘Sanchi’ una semana después de que colisionara contra un carguero en el mar de la China oriental, en un siniestro donde han perecido 32 miembros de la tripulación del petrolero y provocado un vertido de alcance todavía indeterminado.

El ‘Sanchi’ se ha hundido definitivamente en torno a las 09.00 de la mañana -hora peninsular española- tras una nueva explosión en su casco, de por sí semihundido en aguas pertenecientes a la zona económica gestionada por Japón, donde ha acabado arrastrado por las corrientes.

La SOA ha confirmado igualmente que una “gran mancha” de aceite provocada por el impacto continúa ardiendo en la superficie, y que ha han comenzado las tareas de evaluación del alcance del vertido de acuerdo con la nota recogida por la agencia oficial de noticias china Xinhua.

En el momento de la colisión, el ‘Sachin’ transportaba 136.000 toneladas de crudo de baja densidad, el equivalente a un millón de barriles, procedente de Irán.

Fuente: okdiario.com




¿Cuál es el país más contaminante del mundo?

En China, la contaminación se ha convertido en problema grave.

UN ANÁLISIS BASADO EN LOS DATOS DE EMISIONES PARA LA INVESTIGACIÓN ATMOSFÉRICA GLOBAL.


Todos lo sabemos, el cambio climático es una realidad. Trump y sus políticas parecen no enterarse de que la Tierra se muere a causa de la contaminación. Por desgracia, todo el mundo puede contradecirle gracias a los datos y las pruebas irrefutables que afirman las alteraciones que está sufriendo nuestro planeta con el paso de los años. El tiempo de vida la tierra se agota y los nuevos rangos de la Base de Datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global(EDGAR) nos son nada esperanzadores. Cabe destacar el papel de China, un país que evoluciona a una velocidad proporcional a la de su emisión de CO2, convirtiéndose así en el país más contaminante del mundo. Te lo contamos.

Un progreso nocivo


Los habitantes de las regiones más industrializadas de China salen a la calle con mascarilla

Las nuevas tecnologías, la mercancía barata y la capacidad de trabajo de los habitantes de China han aupado al país asiático hasta uno de los peldaños más altos de la economía mundial. Un progreso espectacular que, como todo en el mundo, tiene sus consecuencias negativas. en este caso hablamos de la contaminación. Los índices de dióxido de carbono se han disparado durante las últimas décadas en un país en plena ebullición industrial. Una situación que instaura a China en lo más alto de los países contaminantes del mundo.
Los datos que afirman esta conclusión han sido expuestos después del análisis de la Base de Datos de Emisiones para la Investigación Atmosférica Global (EDGAR). Un proyecto conjunto entre el Centro de investigación de la Comisión Europea y la Agencia de Evaluación Medioambiental de los Países Bajos. Según el estudio, China expulsó un total de 10.640 millones de toneladas de dióxido de carbono a la Atmósfera durante el año 2015. Cabe destacar que el total de emisiones de este tipo en todo el mundo fue de a penas 36.000 millones de toneladas, por lo que las cifras chinas son bastante preocupantes. Es decir, China es responsable de un de 30% de las emisiones totales de CO2 a la atmósfera. Una barbaridad.


Las industrias y los automóviles son los más perjudiciales

Estados Unidos se sitúa en el segundo puesto de una lista en la que ningún país querría estar. Los efectos son cada vez más visibles y las 5.172 millones de toneladas emitidas a la atmósfera por parte de los estadounidenses no hace más que empeorar las cosas. Lo más preocupante de todo esto es que las cifras se incrementan a cada año que pasa en una tendencia continua que parece imparable.

Fuente: okdiario.com