Las energías renovables superan al carbón por primera vez en Europa, pero las emisiones de CO2 no se reducen

El aumento del consumo, el descenso de la hidroeléctrica por la sequía y el cierre de nucleares lastran los progresos conseguidos durante 2017.

La energía generada por el carbón aumentó más de un 20% en España durante el pasado año, debido a los problemas generados por la sequía

España es uno de los pocos países de nuestro entorno que aún no tiene un plan para eliminar sus centrales de carbón

La contribución de la energía eólica creció un 19% durante 2017

En 2017, la energía eólica, solar y de biomasa superó a la generada por el carbón por primera en la historia de la Unión Europea. Según un análisis realizado a partir de datos oficiales, estas tres fuentes de energía renovable suministraron 679 teravatios por hora a lo largo del pasado año, mientras que el carbón contribuyó con 669 teravatios por hora. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero se han mantenido sin cambios, debido al aumento de la demanda y a la caída de la hidroeléctrica y las nucleares .

Que las renovables superen al carbón, que hace tan solo cinco años doblaba a las energías limpias, es un hito histórico que se ha apuntalado en el incremento de la generación eólica, que el pasado año aumentó un 19%. Esta subida ha provocado una caída de la generación de carbón de un 7% que, junto a la caída del 17% registrada en 2016, confirma la tendencia de los últimos años.

Sin embargo, el informe elaborado por el lobby alemán Agora Energiewende y el think tank británico Sandbag alerta de que en 2017 también se produjo un aumento en la producción de energía con combustibles fósiles por tercer año consecutivo. A este aumento han contribuido la baja generación de energía hidroeléctrica y nuclear y un aumento de la demanda de un 0.7%, “lo que plantea dudas sobre el progreso en eficiencia energética”, aseguran los autores del documento.

El peor año del siglo para las hidroeléctricas
El año ha sido especialmente malo parar las hidroeléctricas, que han sufrido “el peor año de este siglo”, debido a la escasez de lluvias que ha afectado a toda Europa. La sequía ha lastrado a este sector en 2017, que cayó un 16%, reduciendo su contribución en 54 teravatios por hora.

La baja contribución de las hidroeléctricas se ha hecho notar especialmente en España, donde se ha incrementado el consumo de carbón más de un 20% con respecto al año anterior. El informe también señala a nuestro país como uno de los pocos que aún no disponen de un plan para eliminar sus centrales de carbón y critica la decisión del gobierno español de impedir el cierre de dos centrales de carbón de Iberdrola.


Países que no tienen planes para eliminar el carbon (rojo) o que ya disponen de uno (verde)

En noviembre del pasado año, la compañía española solicitó al Ministerio de Energía autorización para cerrar sus dos últimas centrales térmicas, situadas en Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), asegurando que el cierre no afectaría a la seguridad del suministro eléctrico ni al precio de la energía. Sin embargo, el ministro, Álvaro Nadal, aprobó un Real Decreto ad hoc para torpedear esos cierres, “a pesar de que España es el país más sobrealimentado en Europa”, asegura el informe.

Esta decisión contrasta con la de Países Bajos, Italia y Portugal que durante el pasado año anunciaron sus planes para eliminar el carbón antes de 2030, uniéndose así a los otros 13 estados que ya tenían planes similares. En nuestro entorno, tan solo Alemania, el mayor consumidor de carbón y lignito de Europa, carece de un plan estratégico para el carbón y ha aplazado el debate hasta 2019.

Las renovables se estancan en España
El informe también muestra como el crecimiento de las energías renovables ha sido muy desigual en la UE. El 56% del crecimiento del sector en los últimos tres años ha sido debido a Reino Unido y Alemania, mientras que en otros países, como España, Italia, Portugal, Bélgica y Grecia, las renovables se han mantenido estancadas.

A pesar de ello, España se sigue manteniendo como el sexto país con mayor proporción de electricidad generada por renovables, con un 25%, por detrás de Dinamarca, con un espectacular 74%, Alemania (30%), Portugal (29%), Reino Unido (28%) e Irlanda (27%).

Con respecto al presente año, las energías renovables podrían proporcionar un tercio de la electricidad de Europa, si se normaliza la generación hidroeléctrica. Según las estimaciones realizadas en el informe, en 2020 las energías renovables deberían proporcionar alrededor del 36% de la demanda de energía de Europa. Estas cifras contrastan con la decisión del consejo de ministros de Energía, que el pasado mes de diciembre redujo los objetivos de renovables aprobados por el Europarlamento para 2030, pasando de un 35% a un 27%.

Fuente: eldiario.es




El extraordinario impacto en el medio ambiente del horno microondas

En promedio, un horno de microondas individual utiliza 573 kilovatios hora (kWh) de electricidad durante su vida útil de ocho años. Esto es lo mismo que decir que consume lo mismo que una bombilla LED de 7 vatios, que se deja encendida continuamente durante casi nueve años.

Esta cifra es todavía más llamativa si tenemos en cuenta que los microondas pasan más del 90% de su vida inactivos, en el modo de espera.

Tan nocivos como los coches

Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Manchester encontraron que los microondas emiten 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono por año en la UE, lo que es igual a las emisiones anuales de 6,8 millones de automóviles.

Los microondas en toda la UE consumen un estimado de 9,4 teravatios por hora (TWh) de electricidad cada año.

El estudio también muestra que la regulación existente no será suficiente para reducir el impacto ambiental de los microondas. Los investigadores sugieren que los esfuerzos para reducir el consumo deben centrarse en mejorar la conciencia y el comportamiento de los consumidores para usar los electrodomésticos de manera más eficiente, así como aumentar la vida útil de cada unidad.

Fuente: xatakaciencia.com




Baleares marca el camino del adiós a las cápsulas de café, las pajitas y los bastoncillos de usar y tirar

La contaminación de los océanos por plástico podría multiplicarse por diez.
Imagen de archivo de la contaminación de los océanos por plástico EFE

El Govierno Balear prepara una ley de residuos que prohibirá los objetos de plástico de un solo uso con el año 2020 como fecha tope.

 La Comisión Europea ha presentado este martes su estrategia para que el empaquetado sea reutilizable o reciclable en 2030.

Los estados deberán monitorizar y reducir su basura marina. Hasta el 80% de los desperdicios en playas están hechos de plástico

Baleares puede estar marcando el camino: el Govern ha redactado un proyecto de ley para poner fin a la ingente contaminación generada por los productos de un solo uso, muchos de ellos a base de plástico. La norma sobre residuos prohibirá todos los objetos de “usar y tirar”: cápsulas de café, pajitas, bastoncillos para los oídos, vajillas de plástico, cuchillas de afeitar, cartuchos de impresora, palos de caramelo -estilo Chupa Chups- y mecheros. Su uso masivo supone un grave problema ambiental.

Esta decisión llega al mismo tiempo que la Comisión Europea acaba de publicar su estrategia para reducir la producción de plástico. Cada año, se producen 25 millones de basura plástica en la Unión Europea, según al Comisión. Mucho de ello proviene de esos artículos que, de acuerdo con el plan de Baleares, deberían estar fuera juego para 2020. La estrategia europea pretende que en 2030 todo el empaquetado (ahora de plástico) “sea reutilizable o fácilmente reciclable”.

Todos estos productos tendrán que cumplir unas condiciones: o son fácilmente reciclables -por ejemplo, las cápsulas tendrán que ser de material compostable- o los productores tendrán que crear un sistema para que se recojan y se reciclen adecuadamente. Por su parte, los envases de las toallitas tendrán tener información suficiente para que los usuario conozca el problema que generan por su difícil reciclaje.

Hasta el 80% de la basura acumulada en las playas está compuesta de plástico. Los datos que maneja el Ejecutivo comunitario indican que la mitad de estos desperdicios son objetos de usar y tirar. Otro tercio son otros objetos plástico. ¿Los más habituales? Botellas, vasos, cubiertos, bolsas y bastoncillos. La estrategia planea que los estados deban monitorizar y reducir su basura marina .

“Es una normativa muy valiente y con un objetivo medioambiental muy claro: cambiar de modelo de consumo”, comenta Sebastià Sanso, director general de residuos y calidad ambiental del Govern. Según Sanso, el Ejecutivo autonómico ha querido abordar “aquellos productos que terminan siendo los residuos más problemáticos, ya sea fijando una reducción de los mismos o una mejora en su tratamiento y menor impacto”.

Para él, es “imposible” llevar a cabo un “cambio radical en la cultura del ‘usar y tirar’ de un día para otro”. Sin embargo, defiende el papel de las administraciones en esta lucha: “Cada vez surgen más productos sin los cuales antes vivíamos perfectamente. Hasta hace dos días, bebíamos café en cafetera italiana. Aunque no podemos decir que prohibimos estos productos, por los límites que nos impone el libre comercio, sí tenemos protestad para poner medidas que protejan el medioambiente”.

Un fuerte impacto ambiental

Los productos que va prohibir el Govern balear no están escogidos al azar. Por ejemplo, los bastoncillos son, junto con los filtros de los cigarros, los residuos más frecuentes en el Mar Mediterráneo, tal y como explica Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción. “Estos productos se van degradando y tienen un gran impacto, no solo por el tema estético, sino porque se convierten en microplástico, los peces se los comen y el plástico acaba en nuestra mesa”, comenta Arribas.

El mar está lleno de plástico. Sus aguas acumulan extensiones kilométricas de residuos, la mayoría de las veces no en forma de grandes pedazos sino de microplásticos de tamaño diminuto que pasa fácilmente a la cadena trófica de la fauna marina.

Este miembro de Ecologistas en Acción recuerda que en Francia ya se han tomado mediadas al respecto: los bastoncillos de los oídos deben ser de cartón, lo que facilita su reciclaje. Además, el país vecino también ha prohibido los cubiertos de un solo uso. Arribas recuerda que tanto las vajillas como el resto de materiales pequeños, como las cápsulas o las cuchillas, “no se terminan reciclando en las plantas de tratamiento por su tamaño reducido”.

El papel del turismo

Margalida Ramis, portavoz de la asociación ecologista GOB-Mallorca, comenta que el turismo tiene un papel fundamental en la contaminación medioambiental de Baleares: “En verano doblamos nuestra población. Esto provoca un problema por la cantidad de residuos que se genera y, por ello, se han tenido que dimensionar las infraestructuras de gestión. Lamentablemente, el sistema actual está basado en la incineración”.

Ramis dice que existe una buena gestión de los residuos generados por el turismo en lo referido a la recogida en los hoteles. Sin embargo, observa que en las últimas temporadas ha habido problemas de contaminación en entornos vírgenes y/o protegidos, que están “extremadamente masificados” y en los cuales se acumulan muchos residuos. También el mar se contamina, según Ramis, por turistas náuticos que no tienen ningún apego por el mar y arrojan los residuos.

Para el GOB, los dos retos del futuro en el archipiélago son: por un lado, convertir las grandes cantidades de materia orgánica que se generaran -especialmente en los hoteles- en compost y, po r otro, mejorar en la recuperación de envases. Una de las opciones para conseguir unos mayores niveles de recuperación de envases son los Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) y, por ello, Ramis espera que se incluya en la nueva ley de residuos.

Prohibido el despilfarro de alimentos

Además del reciclaje de productos de plástico, la ley que quiere aprobar el Govern balear aborda otro tema importante: el despilfarro de alimentos en buen estado. La normativa establece que el derroche alimentario se reduzca en un 50% para el año 2030 y esta previsión afecta todos los eslabones de la cadena: transformación, fabricación, distribución y venta de alimentos.

Incluso, el Ejecutivo autonómico prohibirá que los comercios y los puntos de venta tiren los productos que todavía conservan sus propiedades. Por su parte, los comedores públicos tendrán que donar su comida sobrante a comedores sociales y a particulares que lo necesiten.

Más fuentes de agua y menos plástico

Como el objetivo es reducir los residuos y aumentar el reciclaje -por ejemplo, antes de 2030 se tendrán que reciclar como mínimo un 75% de los envases-, el Govern instalará más fuentes de agua en los espacios públicos. Sino, la alterativa es promover los envases reutilizables.

Además, exceptuando los centros hospitalarios y sanitarios, se prohibirá la comercialización de botellas de agua de un solo uso en edificios e instalaciones públicas.

Por su parte, las empresas responsables de las máquinas expendedoras en edificios públicos tendrán que encargarse de que haya una fuente de agua potable. Sino, tendrán que comercializar las botellas reciclables. Misma obligación tendrán en la hostelería y la restauración: deberán ofrecer al cliente agua no envasada de forma gratuita.

Fuente: eldiario.es




La punta de lanza de la sostenibilidad empieza en tu ayuntamiento

Municipios como Vitoria o Pontevedra se han convertido en ejemplos mundiales de gestión ecológica.

En noviembre de 2017, un informe de la ONG Ecologistas en Acción advertía de que 18 ciudades españolas superaban los límites de dióxido de nitrógeno y de concentración de partículas PM10 permitidos por la Unión Europea. Los preocupantes datos indicaron lo que ya se temía desde hace tiempo: la contaminación todavía es una materia pendiente para la mayoría de los grandes ayuntamientos españoles.

La otra cara de la moneda la ponen los municipios sostenibles, todas aquellas poblaciones que, con sus políticas energéticas y medioambientales, consiguen colocarse a la cabeza de los ránkings de sostenibilidad. Ayuntamientos de los que ciudades como Madrid o Barcelona tienen mucho que aprender en materia de contaminación.

Los municipios más sostenibles de España

Las iniciativas responsables con el medio ambiente han aflorado en los ayuntamientos europeos en los últimos años. “Casi todos los municipios tienen programas de sostenibilidad” afirma Alicia Torrego, gerente de la Fundación Conama, especializada en el intercambio de conocimiento sobre desarrollo ecológico. Desde ciudades que se han convertido en ejemplos para la comunidad internacional, como Vitoria o Pontevedra, hasta pequeños pueblos comprometidos con el medio ambiente, como El Bolao, en Madrid, o Monleras, en Salamanca, la sostenibilidad ha pasado a ocupar un lugar privilegiado en las prioridades de las administraciones públicas.

Un ejemplo internacional en materia de políticas sostenibles es Vitoria. La ciudad recibió en el año 2012 el premio European Green Capital, y se coronó como la metrópoli más comprometida con el medio ambiente de la UE. La Comisión Europea premió así el sólido historial de la capital vasca de cumplimiento de los requisitos medioambientales internacionales. Con iniciativas como la plantación de más de 200.000 árboles, el descenso del 6% en su consumo de agua, la creación de nuevas vías ciclistas o el desarrollo de programas que fomentan el reciclaje, Vitoria sigue figurando a día de hoy como una ciudad modelo en materia de sostenibilidad.

Otro de los municipios españoles de más renombre en los foros europeos de medio ambiente es Rubí, en Barcelona. La ciudad catalana se ha convertido en un referente internacional gracias a su programa 50/50, que se comenzó a implantar en 2012. El proyecto está dirigido a fomentar el ahorro energético en las escuelas. Demuestra que, con un pequeño cambio en los hábitos energéticos del personal de los colegios y los alumnos, el centro logra ahorrar una gran cantidad de dinero. Esta cantidad se redistribuye en beneficio de la propia escuela y del medioambiente: El 50% de lo ahorrado se reinvierte en la mejora de las instalaciones escolares, mientras que el otro 50% se pone a disposición del ayuntamiento para que se elaboren otras políticas de sostenibilidad y ahorro de energía. El programa, financiado por la Unión Europea, ha sido imitado en multitud de municipios diferentes. Móstoles, en la Comunidad de Madrid, ha sido el último en adoptarlo. Rubí decidió en el año 2014 aplicar la metodología 50/50 a sus centros deportivos, después del éxito cosechado en las escuelas públicas de la localidad.

En el problema de la reducción del tráfico, uno de los grandes retos medioambientales para las ciudades españolas, el Ayuntamiento de Pontevedra ha destacado por su eficaz gestión. Gracias a su “movilidad responsable”, la ciudad gallega ha logrado que el 70% de los trayectos realizados en la ciudad se hagan apie o en bicicleta. Así, se ha conseguido que el tiempo perdido en atascos se reduzca en un 78% durante los últimos 20 años. También lleva 10 años sin registrar ninguna víctima por accidentes de tráfico.

Los propietarios tenían varias opciones para pagar la rehabilitación energética de su piso: abonar la cantidad, solicitar hacerlo a plazos o dejar en la escritura la deuda

Otro de los grandes desafíos en la sostenibilidad de las ciudades es la rehabilitación energética de las edificaciones. Con ella, se busca reforzar el aislamiento de las viviendas para que consuman menos energía. En esta materia, el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, en Barcelona, puso en marcha un plan para ayudar a que todos sus vecinos contasen con un buen aislamiento de su vivienda, para que así se redujese el consumo energético. De esta forma, los propietarios tenían varias opciones para pagar la rehabilitación energética de su piso: se podía abonar la cantidad en el momento, solicitar hacerlo a plazos o dejar en la escritura la deuda, que asimilaría el próximo propietario de la vivienda. El proyecto, conocido como ‘Renovem els barris’, fue elogiado por la Generalitat de Cataluña y por el Ayuntamiento de Madrid, y ha sido emulado en otros municipios.

Las medidas de las grandes ciudades

Para los ayuntamientos de ciudades como Madrid o Barcelona, el reto de reducir la contaminación es mucho mayor que para los municipios pequeños. La cantidad de tráfico que tienen que soportar, así como la enorme demografía, dificultan en gran medida las políticas medioambientales que se tratan de implantar.

Sin embargo, las grandes ciudades españolas también cuentan con planes ecológicos para tratar de reducir sus emisiones y cumplir con los objetivos internacionales. En el caso de Barcelona, iniciativas como el Plan de Infraestructura Verde, que plantea aumentar un metro cuadrado de verde por cada habitante antes de 2030, la convierten en un referente en innovación medioambiental. La ciudad condal también inició en el año 2017 su programa de Supermanzanas, que devuelve a sus habitantes espacios peatonales. La Supermanza es un concepto urbanístico revolucionario que busca eliminar el tráfico motorizado en células urbanas de entre 400 y 500 metros cuadrados. Agrupa a nueve manzanas convencionales. Su interior se dedica exclusivamente al uso y disfrute de los peatones. Así, se crea un espacio seguro y libre de contaminación en el corazón de las grandes urbes. Existen proyectos para implementar Supermanzanas aisladas en ciudades como Madrid, Vitoria o A Coruña, pero Barcelona podría convertirse en la primera ciudad española en hacer una metamorfosis completa.

La capital también cuenta con un importante proyecto de sostenibilidad: el conocido ‘Plan A’, que recoge 30 medidas innovadoras para tratar de paliar el problema de la contaminación que tanto afecta a la ciudad de Madrid. Entre ellas, destaca el ‘Área Central Cero Emisiones’, con la que el ayuntamiento eliminará antes de junio de 2018 el tráfico de paso de la zona central de Madrid para así conseguir reducir las emisiones. Otras medidas destacables son el fomento del uso de la bicicleta con la ampliación de BiciMAD, la limitación de la velocidad en los accesos metropolitanos y la M-30 o la reforma de las principales vías de acceso al centro.

Con estas medidas, las ciudades más grandes de España tratarán de hacer frente a un reto común de vital importancia y cumplir con los objetivos marcados por las comunidades internacionales.

La revolución ecológica: las ecoaldeas

Una opción muy popular entre aquellos que desean huir de la contaminación y el estrés de la vida cosmopolita es la ecoaldea. Desde RIE, la Red Ibérica de Ecoaldeas, definen este concepto urbanístico como un “asentamiento a escala humana diseñado conscientemente a través de procesos participativos para asegurar la sostenibilidad a largo plazo”. Sus habitantes llevan una vida en sintonía con la naturaleza, y han conseguido huir de los problemas económicos y los desafíos impuestos por un modelo de vida consumista. Una de las más conocidas es Lakabe, en Navarra, que se ha convertido en un referente internacional del autoabastecimiento, ya que sus habitantes se declaran 100% autosuficientes. Otro ejemplo es El Valle Despierta, otra ecoaldea que trata de mantener un suministro energético independiente. Situada entre las sierras de Guadarrama y Gredos, El Valle tiene una población muy reducida, formada por nueve adultos y un niño. Sus vecinos consiguen energía a través de placas fotovoltaicas y del agua de la lluvia, mediante pozos de superficie y aljibes. Su manera de calentarse en invierno es a través del calor de la leña. Los residuos orgánicos son utilizados para nutrir la tierra.

Fuente: vozpopuli.com




Los océanos se asfixian

Una bolsa de plástico flota en las aguas de Gorontalo, Indonesia. OTTO FERDINAND GETTY IMAGES

Los mares lanzan señales de alerta cada vez más inquietantes sobre el impacto humano. Está en riesgo el equilibro del planeta y la vida tal y como la conocemos.


Puede que a un urbanita europeo medio —que no bucee— le resulte muy ajeno el problema de la desaparición y el deterioro de los arrecifes de coral en lugares como Maldivas. O le digan poco las noticias sobre la subida del nivel del mar que se traga literalmente países insulares como Kiribati, en el Pacífico. Pero la situación es preocupante: en los océanos, por ejemplo proliferan inmensas zonas muertas en las que la falta de oxígeno no permite la vida. El año pasado, un estudio señalaba que un tercio del pescado capturado en Reino Unido contenía plástico. Y muchas de las piezas de sushi favoritas de ese ciudadano ordinario están en peligro de desaparecer de los mostradores.

“El océano nos está hablando. Antes no lo sabíamos, pero ahora vemos las señales”, señalaba con gravedad la veterana oceanógrafa Sylvia Earle el mes pasado en Nueva York, donde asistió a la primera Conferencia de los Océanos organizada por Naciones Unidas. “Ya era hora de tener una reunión sobre el estado de la mayor parte del mundo”, añadía. Los mares, los océanos, o el Océano con mayúsculas, representan alrededor del 71% de la superficie del planeta, pero son el 99% de la biosfera, es decir, del espacio donde se desarrollan los seres vivos. “Hasta ahora hemos recurrido a ellos como un cubo de la basura ilimitado o una fuente inagotable de recursos”, denunciaba Earle ante miles de diplomáticos y expertos.

“Hace siglos que las sociedades desarrolladas no van por sus territorios tomando y cazando todo lo que encuentran. Cultivan, pastorean, producen… Sin embargo, en el mar lo seguimos haciendo: nos apropiamos de los recursos sin preocuparnos de las consecuencias, o pescamos animales a veces hasta extinguirlos”, coincide Murray Roberts, catedrático de Biología Marina Aplicada de la Universidad de Edimburgo. Más del 31% de los recursos pesqueros se sobreexplotan a niveles que no permiten su recuperación, según los últimos datos de la FAO, la agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura. “La población mundial se ha triplicado en los últimos 40 años” y, con ella, la demanda de pescado y las presiones sobre los bancos de peces, explica Pedro Barros, experto de la agencia internacional. Y prácticas como la pesca ilegal o no registrada — que pueden suponer hasta 26 millones de toneladas anuales— o la de arrastre empeoran la situación.

Como en el caso del amante del sushi, que ve cómo sus platos favoritos se desvanecen de las cartas, la reducción de la cantidad y la variedad de la pesca es una de las señales de alerta de los mares que más llegan a los ciudadanos y, a través de ellos, a los políticos. Pero la sobreexplotación no es lo único que pone en peligro el futuro del océano como fuente de alimento. Vertidos de todo tipo y la contaminación —algunas estimaciones prevén que en 2050 habrá más plástico que peces en el océano— generan una interminable lista de amenazas para los peces que comemos, y para los demás organismos que forman la cadena alimentaria.

Pasará una sola generación, según algunos expertos, antes de que la desaparición de ciertos pescados en los menús muestre la tragedia

Por ejemplo, el uso excesivo de fertilizantes y nutrientes, que llegan al mar con la escorrentía de las aguas, dispara el crecimiento de algas y plantas marinas. Esa proliferación acaba por matar a muchas de ellas, y el oxígeno de las aguas afectadas se agota. Este fenómeno, conocido como eutroficación, da lugar a zonas muertas (hay más de 400 en el mundo), como la del mar Báltico o la de 13.500 kilómetros cuadrados en el golfo de México, donde desemboca el río Misisipi cargado de fósforo y nitrógeno de las plantaciones del Medio Oeste estadounidense.

Y luego está la madre del cordero (o del atún) de la degradación mediambiental: el cambio climático. El aumento de las emisiones de CO2 eleva la temperatura del planeta, derrite glaciares y hace que el nivel del mar se eleve, amenazando la existencia misma de ciudades costeras como Shanghái (China), Bombay (India), Lagos (Nigeria), o de archipiélagos como el ya mencionado Kiribati, cuyo presidente prevé evacuaciones masivas para 2020. Pero el efecto de los gases sobre los mares es más directo. “No olvidemos que asumen el 90% del calentamiento generado por el ser humano, y absorben directamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos”, apunta Roberts. Y aquí el océano, ese regulador de la temperatura y los ciclos climáticos que la Tierra trae incorporado, puede entrar en un círcu­lo vicioso.

La situación es preocupante. Proliferan en los océanos inmensas ‘zonas muertas’ en las que la falta de oxígeno no permite la vida

La cantidad de CO2 que el océano puede asumir depende de la temperatura de sus aguas. A más frío, más absorción, y viceversa. Por eso, y dado el aumento de las temperaturas —en los últimos 25 años los mares europeos se han calentado 10 veces más rápido que la media del siglo pasado—, la mayoría de expertos defienden que la capacidad marina de almacenamiento de dióxido de carbono se reducirá. Y si la atmósfera sufre ese menor esfuerzo de captura por parte del cuerpo oceánico, el ciclo del calentamiento global se verá exacerbado.

Por si fuera poco, el aumento del CO2 que se disuelve en las aguas da lugar a una serie de reacciones químicas conocidas como acidificación. “Estas tienen un efecto comprobado en los animales marinos con esqueleto calcáreo, como almejas, ostras, erizos, gambas… No les permite desarrollarlo y puede hacerlos desaparecer”, ilustra Yoshihisha Shirayama, experto de la Universidad de Kioto y de la Agencia Japonesa para la Ciencia Marina (Jamstec). También se han verificado impactos de la acidificación en especies comerciales, como el bacalao noruego. “Da lugar a una gran mortalidad entre los alevines, lo que hace que los bancos no se repueblen tan rápidamente, y eso podría obligar a reducir su pesca”, advierte Martina Stiasny, de la Universidad de Kiel (Alemania).

En la mayoría de los casos, la ciencia tras estos diagnósticos y predicciones es relativamente reciente y novedosa, circunstancia que los escépticos aprovechan para poner en duda los vaticinios pesimistas. “Lo que es un hecho es que estas cosas están pasando. De una u otra forma estamos alterando todo el ecosistema marino. La desa­parición del coral o de las esponjas sin duda tendrá efectos en las especies que las necesitan para vivir. Y la cadena se extiende hacia arriba”, dice Roberts. Las esponjas, por ejemplo, cumplen funciones de bombeo y procesamiento de nutrientes en las capas inferiores del océano. Así que su desaparición afectaría al sistema en conjunto. “Todo está profundamente interconectado”, zanja el experto escocés, que trabaja en Atlas, un proyecto de investigación de las profundidades del Atlántico Norte financiado conjuntamente por Estados Unidos, la UE y Canadá.

Porque aunque se estima que el 95% del volumen del océano continúa inexplorado, la tecnología avanza a pasos agigantados con la introducción de robots submarinos y un creciente interés humano y económico por lo abisal. “Sabemos más de lo que hemos sabido nunca”, se felicita Stiasny. “Conocemos lo que podemos hacer y hemos visto cosas que funcionan”, añade la experta. Todo ello pese a las dificultades que implica trabajar en zonas recién descubiertas, y la ausencia de datos anteriores que permitan hacer comparaciones. Pero su colega británico Roberts hace autocrítica y llama a “no seguir haciendo el mismo tipo de estudios todo el tiempo”.

Imagen captada en enero de un vertedero de plástico próximo a un arrecife de coral en Tailandia. Este país es el sexto que más residuos plásticos vierte al océano, según un informe del Jambeck Research Group, de la Universidad de Georgia.

En la conferencia de junio en Naciones Unidas se vio que por todas partes florecen centenares de iniciativas para, por ejemplo, reducir el uso del plástico y otros desperdicios arrojados a los mares —como las redes de pesca abandonadas que acaban con cientos de animales marinos—. También se atacan otros problemas, como la contaminación acústica, que perjudica a numerosas especies, o se pide regular cuidadosamente las perforaciones y la extracción de minerales en el lecho oceánico. Y se presentan pruebas de que una década de gestión cuidadosa de una especie muy pescada (de nuevo el bacalao, en este caso el del Ártico oriental) ha permitido que los bancos se recuperen, las capturas alcancen cifras récord y la industria local reviva sin riesgos de extinción, según destaca Barros, de la FAO.

Pero las medidas aisladas o localizadas, aunque sean más que bienvenidas como primeros pasos (hay quien defiende que gota a gota se hace el mar), se antojan insuficientes para la mayoría. Son necesarios cambios profundos y globales en los patrones de pesca, pero también, y principalmente, de consumo energético, de prácticas agrícolas e industriales, y de transporte.

99%
Los oceános representan el 99% de la biosfera del planeta. Cubren aproximadamente el 71% de la superficie de la Tierra, pero suponen casi la totalidad del espacio en el que se desarrollan los seres vivos.

Por eso, la principal dificultad para acometer esas transformaciones, coinciden todos los consultados, reside en hacer visibles las amenazas más difusas para arrastrar la conciencia social y la voluntad política. “En la conferencia de Nueva York, por ejemplo, se habló mucho de acabar con los plásticos. Es algo que se ve, a nadie le gusta y no afecta a los derechos de pesca ni a grandes temas geopolíticos. Pero no podemos ignorar otras cuestiones más complicadas”, ruega Roberts. Hay que ir a por todas a la vez. “No podemos priorizar unas cosas sobre otras, porque están todas relacionadas. Atacar el cambio climático no puede ir antes que la sobrepesca. Debemos ir trabajando en todas ellas”, coincide Stiasny, la experta en acidificación.

95%
Se estima que un 95% del volumen de mares y océanos permanece inexplorado. Pese a los avances tecnológicos, que han permitido llegar incluso a las profundidades de las Fosas de las Marianas, gran parte del cuerpo marino sigue siendo prácticamente desconocido.

El océano es de todos y de nadie. Y ese carácter condominial supone un escollo —otro más— a la hora de adoptar soluciones. El 67% de la superficie marina está fuera de la jurisdicción nacional, por lo que protegerla precisa recurrir a la exasperante maquinaria de las organizaciones y tratados internacionales. Conferencias como la de Nueva York pueden ayudar, y hay buenas noticias en la preparación de un tratado para proteger la biosfera compartida, pero el reloj apremia.

400
Hay más de 400 ‘zonas muertas’ en todo el mundo. El vertido de nutrientes procedentes de la agricultura y otras actividades industriales da lugar a zonas sin apenas oxígeno.

Alguien podría preguntarse por qué ahora. ¿Por qué de pronto los océanos se han convertido en una urgencia, como hace unas décadas comenzaron a serlo los bosques? Roberts opina que se debe a la coincidencia en el tiempo, por un lado, de una serie de eventos preocupantes, y, por otro, al aumento de la conciencia social sobre el medio que nos rodea.

31%
Tres de cada 10 especies pescadas están sobreexplotadas. El 31% de los recursos pesqueros sufren una presión que no les permite repoblarse, según datos de la FAO.

En cuestiones planetarias o climáticas como la degradación oceánica o la acidificación, el tiempo escasea si se trata de evitar daños irreversibles. Pasará una sola generación humana, según Shirayama, antes de que el cambio forzoso de los menús de los puestos de sushi confirme la tragedia en los centros urbanos modernos. En otros lugares más recónditos ya hay pruebas de ello: la huella de la humanidad y su contaminación ha llegado incluso a las fosas de Las Marianas, el punto más profundo del océano. “Y el tiempo de recuperación de esas áreas hay que medirlo en siglos, cuando no en milenios”, indica Kristina M. Gjerde, asesora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

“No podemos aspirar a que el océano vuelva a ser lo que era hace 100 años. Ni es realista, ni estoy segura de que sea lo que queremos”, señala Stiasny. “Pero sí necesitamos un océano sano que, además de conectar el mundo, sirva como fuente de alimento y medio de vida para millones de personas”. Los que más sufrirán las consecuencias, avanza Roberts, serán las poblaciones de países en desarrollo y de Estados insulares… Parece avecinarse una tormenta perfecta que la humanidad sigue alimentando, pero los estudiosos piden no ser excesivamente pesimistas. “El problema de centrarnos en el apocalipsis es que nos distraemos y no nos ocupamos de la acción”, argumenta Pedro Barros, el experto pesquero de la FAO.

Actuar es obligatorio. “Siempre decimos que queremos salvar el planeta, los bosques o los mares… Es ridículo. La pregunta es si los humanos podremos sobrevivir en el mundo que estamos modelando…”, insiste Stiasny. Un mundo del que alteramos por completo ese componente básico que es el océano: el que genera oxígeno, almacena carbono, define la química del planeta, regula la temperatura, dirige el clima y nos da de comer.

Fuente: elpais.com




España soporta olas de calor más agudas y frecuentes por el cambio climático

Los episodios más intensos se concentran avanzado el siglo XXI: 2015, 2012 y 2003 han sido las olas más largas y extensas desde 1975 y 2017 está marcado por “olas de calor y récords de temperatura” dice la Organización Meteorológica Mundial.

La organización dice que con un escenario de emisiones moderadas, para 2100, la temperatura media de los veranos en Madrid (hoy 28,9 ºC) será como la de Bamako, en Mali (32,7) y la de Barcelona como la de Madrid
Si no se recorta el efecto invernadero, Madrid llegará a tener la temperatura de Las Vegas (EEUU) y el resto de ciudades españolas en parámetros propios de la franja de Irak y Egipto

Cómo protegerse y prevenir los efectos en la salud de la ola de calor
Córdoba batió el récord histórico de calor en España con 46,9 grados. España está soportando una nueva ola de calor. Desde el miércoles pasado hasta, al menos, el domingo 16 de julio, la Agencia Estatal de Meteorología tiene declarado un aviso especial “con temperaturas máximas por encima de los 40ºC” y picos de 44 ºC, especificaba la agencia. Este viernes se ha medido el récord histórico de calor al llegar el termómetro a 47,3ºC en Montoro (Córdoba), (aún pendiente de verificación oficial). Eso datos llegan tras los valores de la anterior ola de calor registrada por la AEMET: 44,5ºC en junio.

2017 “está viéndose marcado por las olas de calor y nuevos récords de temperaturas diarias”, analiza la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Al acabar junio, Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea, informó de que el mes “fue mucho más cálido que la media en el sur y centro de Europa, especialmente en la península ibérica”.

La advertencia y cálculo de los expertos de la ONU sobre cambio climático apuntaban hace más de una década a la multiplicación de las olas de calor en Europa, además, de forma más virulenta. La Organización Mundial de la Salud las ha señalado como uno de los peligros que las autoridades sanitarias deben manejar.

Un episodio específico de alto calor no puede relacionarse directa e inequívocamente con el calentamiento global. Es la tendencia y la frecuencia las que vienen determinadas por el cambio climático, según explican los expertos. Actualmente se han doblado las posibilidades de padecer picos prolongados de alta temperatura respecto a 1950. La Agencia Meteorológica Británica concluyó ya en 2014 que Europa soportará veranos especialmente calurosos, al menos, “una vez cada cinco años” debido al calentamiento global provocado por los humanos.

Esto fenómenos no suponen una simple constatación de que en verano hace calor. Para declarar una ola deben encadenarse, al menos, tres días consecutivos en los que el 10% de las estaciones medidoras superan la media de temperaturas máximas del periodo 1971–2000 para los meses estivales. Calor por encima de lo habitual, no calor a secas.

Las olas se catalogan según tres criterios: los días que dura, la temperatura máxima que alcanza y la extensión geográfica en la que se declara. En España, las peores olas de calor desde que se tienen registros específicos –la serie arranca en 1975– se han producido ya avanzado el siglo XXI. La “más significativa”, como la califica la AEMET, se produjo hace solo dos años: en 2015 se empalmaron 26 días de temperaturas inusualmente altas al arrancar junio. 30 provincias se vieron afectadas. La alerta para el episodio actual alcanza a 28.

La siguiente ola más destacada se produjo en agosto de 2003 y duró 16 días. Fue muy extensa y se hizo sentir en 38 provincias. El podio lo completa, hasta el momento, otro verano reciente: en 2012, la ola de agosto alcanzó 40 provincias, “siendo la más intensa en este sentido”, destacan los meteorólogos.

En ninguno de esos años el valor máximo subió tanto como en 2017 aunque fueron más prolongadas. Además, el año pasado, cuando estaba a punto de cerrarse el verano, el sur de Europa (incluida España) padeció una ola de calor en septiembre que hizo que se batieran los récords históricos del mes en 35 observatorios españoles. Algunos pulverizaron su marca por tres grados y “numerosas” estaciones midieron el pico de calor de todo el verano en ese episodio tardío. El verano de 2016 tuvo cuatro olas, el dato más alto del siglo.

Madrid como Las Vegas

Los fenómenos meteorológicos extremos están científicamente relacionados con el calentamiento global del planeta que fuerza cambios en el clima. Las emisiones de gases de efecto invernadero causan un forzamiento en la atmósfera que impide que la radiación solar abandone la Tierra: se queda calentando la superficie. De hecho, los tres años más calientes desde que hay mediciones, a finales del siglo XIX, han sido 2014, 2015 y 2016. Cada uno batió al anterior en una secuencia nunca observada. En 2017, de enero a junio, cada mes ha sido el más cálido o el segundo más cálido de la historia moderna.

La OMM, en un intento de ilustrar consecuencias cotidianas del cambio climático, acaba de realizar unos modelos que prevén cómo se comportará el tiempo en caso de mantener las emisiones de gases. La premisa elegida ha sido, precisamente, que las olas de calor agudas se convertirán en el escenario habitual en las ciudades. Las urbes suman el efecto de isla de calor a sus veranos cada vez más cálidos.

Así, por ejemplo, los técnicos de la organización explican que, con un escenario de emisiones moderadas, para 2100, la temperatura media de los veranos en Madrid (hoy 28,9 ºC) será como la de Bamako, en Mali (32,7). El termómetro de Barcelona equivaldría, precisamente, al de Madrid. El caso de Sevilla, pasaría a ser como la capital de Mauritania, Nuakchott. Valencia estaría en la franja de Argelia.

Los cálculos para un mundo que no recortase el efecto invernadero colocan a Madrid a la altura de Las Vegas (EEUU) y al resto de ciudades españolas analizadas las manda a la franja entre Irak y Egipto.

Fuente: eldiario.es




La central nuclear de Cofrentes se avería de nuevo un mes después de una compleja reparación

Vista aérea de la central nuclear de Cofrentes EFE

La parada no programada se prolongará una semana para realizar trabajos sobre el accionamiento hidráulico de las barras del reactor.

La central nuclear de Cofrentes acumula incidentes a las puertas de la renovación de la concesión.

La línea del sistema de agua de la central de Cofrentes afectada por la incidencia. Tecnología sueca usada en Fukushima interviene en la avería que ha obligado a parar la nuclear de Cofrentes.

La central nuclear de Cofrentes vuelve a estar averiada. Está de nuevo en parada no programada un mes después de su puesta en marcha tras la compleja reparación de una avería que la tuvo 75 días inactiva. En aquel momento encadenó una parada programada con un incidente en una válvula. La nueva detención se produjo el pasado día 5 de enero y se prolongará por una semana para realizar trabajos de mantenimiento en los accionamientos hidráulicos de las barras del reactor.

La plataforma ecologista Tanquem Cofrents ha considerado “incomprensible” esta nueva parada “menos de un mes después” de la puesta en funcionamiento de la central el pasado 6 de diciembre y ha insistido en reclamar que la nuclear sea cerrada.

Tanquem Cofrents considera “que la única explicación posible para la actual parada no programada es que, como ya ocurrió con la ruptura de la válvula, haya pesado más la urgencia para poner en marcha la central que la seguridad de las personas y el medio ambiente. De nuevo Iberdrola prioriza su beneficio económico a corto plazo en lugar de salvaguardar nuestra seguridad”.

La plataforma ecologista añade: “La avería actual afecta al sistema principal de control del funcionamiento de una central nuclear: los accionamientos hidráulicos de las barras de control del reactor. Salvando las distancia, estos accionamientos juegan el mismo papel que los frenos de un vehículo. Las barras de control, que pesan más de una tonelada, absorben el flujo de neutrones y paran así la reacción en cadena entre los átomos de uranio que se fisionan cuando un reactor está produciendo electricidad”.

Según los ecologistas, “las instalaciones de Cofrentes están envejecidas y deterioradas. Por este motivo, pretender alargar su vida después de 2021, cuando expira su permiso de funcionamiento, es una irresponsabilidad”.

Fuente: eldiario.es




Los últimos hallazgos, bulos y datos sobre el cambio climático para afrontar 2018

2017 ha marcado un nuevo récord de concentración de CO2 atmosférico EFE

Tras la salida de EEUU del Acuerdo de París todas las miradas están puestas en China, que este año comenzará a operar el primero de los ocho proyectos de captura de carbono a gran escala para reducir sus emisiones.

Hay quienes siguen insistiendo en que no existe consenso científico sobre los efectos del calentamiento global a pesar de la evidencia.

Algunas organizaciones empiezan a plantearse demandar a empresas que han minusvalorado de forma consciente e interesada su importancia.

El aumento de las emisiones de cloruro de metileno retras la recuperación de la capa de ozono.

A lo largo del pasado año se han escrito multitud de noticias, blogs o mensajes de redes sociales hablando del cambio climático y sus efectos. Algunos hacían referencia a sucesos reales, otros, no eran más que bulos originados al calor de un negacionismo climático que, pese a estar en retroceso, aún genera dudas entre la sociedad. Repasamos las noticias más importantes de 2017 sobre el calentamiento global y valoramos algunas de las predicciones que se han hecho de cara a este nuevo año.

La noticia climática ha sido, sin duda, el abandono de EEUU del Acuerdo de París. La fuga de uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero ha supuesto un duro golpe para los acuerdos climáticos, especialmente tras la presentación de un informe del Global Carbon Project en la conferencia de Naciones Unidas celebrada el pasado mes de noviembre, en el que se mostró cómo las emisiones de dióxido de carbono han vuelto a crecer después de permanecer sin cambios durante tres años.

Tras la salida del país norteamericano, todas las miradas están puestas en China, principal emisor a nivel mundial. El gobierno del país asiático tiene un ambicioso plan para reducir sus emisiones, con una fuerte apuesta por la energía nuclear y las renovables. Además, en 2018 comenzará a operar el primero de los ocho proyectos de captura de carbono a gran escala que permitirán reducir sus emisiones en unos 9 millones de toneladas de CO2 al año.

La decisión de EEUU, que ha sido universalmente criticada y que ha convertido al país norteamericano en el único estado del planeta que está fuera del acuerdo, fue ejecutada por el hombre que ha encarnado el negacionismo climático más irracional, el presidente Donald Trump.

El mandatario estadounidense representa un negacionismo que no cuenta con respaldo científico alguno y se ha alineado con medios como el portal de noticias Breitbart, que durante 2017 propagó varios bulos sobre el calentamiento global, que han sido desmentidos en diversas ocasiones. Este medio fue dirigido durante varios años por Steve Bannon, estratega jefe de la Casa Blanca y consejero de Trump hasta el pasado mes de agosto.

El falso debate sobre la falta de consenso

La estrategia de asegurar que no existe consenso entre la comunidad científica, magnificando las discrepancias e ignorando los amplios consensos alcanzados, tiene un impacto sobre la sociedad, cuya opinión sobre el cambio climático nada tiene que ver con la de los climatólogos. Gracias a un estudio publicado en julio del pasado año, se supo que el 51% de los europeos cree que la actividad humana no es la principal responsable de las alteraciones del clima.

Sin embargo, la mayoría de las instituciones científicas nacionales e internacionales coinciden en que el calentamiento global es un hecho constatado y que, en su mayor parte, es debido a la actividad humana. Además, los datos y las investigaciones realizadas a lo largo del último año no hacen más que evidenciar el aumento de las temperaturas medias globales, la pérdida de hielo ártico y la subida del nivel medio global del mar.


Nivel de consenso sobre cambio climático entre los climatólogos según diversos estudios COOK ET AL

Nada más comenzar 2017, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) y la NASA confirmaron que 2016 había sido el año más caluroso jamás registrado, siendo la tercera vez consecutiva que se batía esta marca, tras los récords de 2015 y 2014. Las temperaturas alcanzadas ese año fueron, en promedio, 0’99 ºC superiores a las que se daban a mediados del siglo XX.

Aunque aún no se dispone de los datos de todo 2017, este año será uno de los tres más cálidos desde que se tienen registros, ya que las temperaturas superficiales globales medidas durante los primeros seis meses estaban 0’94 °C por encima del promedio de las de mediados del siglo pasado. Además, una revisión preliminar de los datos totales realizada por el Servicio de Cambio Climático del Centro Meteorológico Europeo indica que 2017 es el segundo año más cálido después de 2016.

Pérdida de hielo en los polos

Durante 2017 también se ha constatado la pérdida de hielo ártico. La cobertura del hielo marino se ha reducido cada década desde 1979 en torno a un 4% y, en marzo de 2017, el máximo de hielo alcanzó un mínimo histórico por tercer año consecutivo, con menos de 14’5 millones de kilómetros cuadrados, según datos del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo (NSIDC, por sus siglas en inglés).

El pasado mes de diciembre, un informe publicado por la NOAA confirmaba las previsiones del NSIDC y aseguraba que la extensión de hielo marino durante el mes de marzo fue un 8% más baja que el promedio medido entre 1981 y 2010, mientras que el mínimo de septiembre fue un 25% más bajo. Además, este documento también informaba sobre la situación de Groenlandia, que cada año pierde unas 270 mil millones de toneladas de hielo.


Pérdida de hielo marino en el ártico NASA

En la Antártida también se ha producido un mínimo histórico de hielo marino, que cayó a poco más de 2 millones de kilómetros cuadrados en marzo del pasado año, el valor más bajo desde que se tienen registros. Sin embargo, los científicos no han podido esclarecer las causas de esta reducción, dado que, a diferencia de lo que ocurre en el Ártico, en los últimos años el hielo marino antártico se había ido expandiendo progresivamente, hasta marcar un récord en 2014, con más de 20 millones de kilómetros cuadrados.

Los efectos concretos del cambio climático

Otro de los grandes hitos de 2017 ha sido la mejora a la hora de atribuir eventos meteorológicos al cambio climático. Hasta hace muy poco tiempo, el consenso general entre los investigadores era que, si bien el cambio climático puede aumentar la frecuencia y la probabilidad de eventos meteorológicos extremos, como sequías, inundaciones o huracanes, no había forma de determinar si un evento particular había sido provocado directamente por el calentamiento global.

Sin embargo, el último número de la revista de la Sociedad Meteorológica Americana, publicado el pasado mes de diciembre, contiene varios estudios que demuestran que “algunos eventos extremos no habrían sido posibles en un clima preindustrial”. Por primera vez en la historia de la revista, se señalaron varios eventos que no solo fueron influenciados por el cambio climático, sino que no podrían haber ocurrido sin él.

Los estudios publicados analizaron 26 eventos ocurridos durante 2016 y concluyeron que en 21 el cambio climático había jugado un papel significativo y, lo que es más relevante, tres de ellos, los récord de temperaturas globales, las olas de calor extremo en Asia y la mancha de agua cálida frente a las costas de Alaska, habrían sido imposibles sin el cambio climático.

Otros eventos, como la gran sequía que azotó el sur de África, no fueron provocados íntegramente por el cambio climático, aunque se mostró que había sido “el principal responsable” del aumento de sequías en la región. Sin embargo, en otros casos, como la sequía que azotó Brasil o los incendios que asolaron Alberta, los científicos descartaron que el cambio climático tuviera un papel significativo.

Un posible aumento de demandas climáticas en 2018

Precisamente la atribución de algunos eventos concretos al cambio climático está haciendo que algunas organizaciones ciudadanas empiecen a plantearse la posibilidad de demandar a aquellas empresas que han minusvalorado de forma consciente e interesada la importancia del cambio climático y sus consecuencias.

En este sentido, en un artículo publicado el pasado mes de agosto en la revista Nature Geoscience, varios especialistas legales de EEUU y Reino Unido argumentaron que “las mejoras en la ciencia de la atribución” están empezando a permitir “la identificación de riesgos crecientes de impactos sobre la propiedad, los activos físicos y las personas”, con lo que los estudios de atribución podrían impulsar un aumento de los litigios sobre cambio climático en el futuro.

A la espera de nuevos resultados en 2018

A lo largo de 2017 se han publicado diversos estudios que indican que el aumento del nivel del mar está ocurriendo más rápido o puede ser más grave de lo que indican las estimaciones anteriores. Sin embargo, estos resultados dependen de escenarios de altas emisiones que no necesariamente van a tener lugar, por lo que habrá que esperar nuevos estudios.

Los investigadores tampoco perderán de vista las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono que han batido récords en dos años consecutivos. En marzo del pasado año la NOAA anunció que las concentraciones mundiales se habían situado en valores en torno 405 partes por millón y que se esperaba que siguieran aumentando.

Fuente: eldiario.es




La tecnología española que promete luchar contra la sequía en el mundo

La sequía amenaza con convertirse en la peor que ha azotado España desde que se miden los datos, pero hay una tecnología que se ha propuesto revertir la situación.

Los datos no son halagüeños. En España, la actual sequía amenaza con convertirse en la peor que ha azotado al país, superando incluso a la que sufrimos durante el periodo 1992-1995. Escasez de precipitaciones, pantanos que se vacían… Las condiciones no son buenas para el campo. Pero la tecnología siempre tiene una respuesta. Y, en el caso que hoy nos ocupa, es tecnología española para luchar contra un problema que es global.

No hablamos solo de un problema climático, ya que el aumento de la población también va a suponer un impacto en los recursos naturales. Según datos de la ONU, se espera que la población mundial alcance los 9.800 millones de personas en 2050 y se estima que la cifra se elevará a 11.200 millones en 2100.

Controlar el riego de una plantación de manera remota, promover el cultivo del champiñón (actualmente en declive en nuestro país), llevar un control del nivel de hidrógeno y de madurez de una uva, fomentar la adopción de cultivos a pequeña escala que utilizan un 90% menos de agua o plantar fresas en mitad de París son algunos de ejemplos de que la tecnología también pone su granito de arena para mejorar nuestra calidad de vida en el futuro y para hacer todavía más eficiente el trabajo en el campo.

Controlar el riego desde un móvil a bajo coste
Estás cansado de verlas por el campo cada vez que viajas en coche o en AVE. Esas enormes estructuras metálicas, paralelas al suelo y llamadas pivots, no son otra cosa que enormes regaderas que permiten bañar de agua vastas extensiones de terreno. Los llamados pivots de riego son una herramienta fundamental para el agricultor, pero una mala optimización de las estructuras puede acarrear grandes costes estratégicos.

En cada uno de esos pivots se instalan sensores de presión, de movimiento y de temperatura que funcionan con energía solar, y con la ayuda de una aplicación se informa al instante al agricultor del estado de su plantación.

Regar de noche provoca que un error en el sistema de riego pase desapercibido
El hecho de que el riego se suela producir de noche para ahorrar costes energéticos, provoca que un error en el sistema de riego pueda pasar desapercibido. “Se derrochan grandes cantidades de agua y de energía, además del perjuicio económico que implica el daño en la cosecha”, explica Jorge Luis Loza, ingeniero de BQ responsable del proyecto Gaia, un programa en el que trabaja la compañía española para acercar la tecnología al campo y mejorar así el rendimiento de las cosechas en áreas tan distintas como el riego o la que nos ocupa ahora: el cultivo de los champiñones.

BQ, junto a la fitosanitaria Cital, ha logrado reducir el coste de esta tecnología para que su precio sea de unos 600 euros por pivot frente a los 3.000 que suelen costar en la actualidad.

El regreso del champiñón
Las características especiales que necesita este hongo para crecer han provocado un declive en el cultivo de champiñones en España: “En el campo, solo crecen en sitios muy concretos, donde la luz incide poco y se dan unas condiciones de temperatura y humedad específicas”, explica Carlos López Mondéjar, director técnico comercial de Gurelan, que colabora con BQ en un proyecto para mejorar la productividad de la fábrica albaceteña Mercajucar.

El hecho de que una ligera variación en la humedad o la temperatura pueda echar por tierra una cosecha encarece los costes de una plantación industrial, por ello el equipo liderado por BQ está recabando ingentes cantidades de datos mediante sensores instalados en la fábrica para conocer con exactitud las condiciones idóneas de humedad, temperatura, cantidad emitida de CO2 y otros parámetros que posibilitan el óptimo crecimiento de estas setas.

Gurelan y BQ colaboran en un proyecto para mejorar la productividad de la fábrica Mercajucar
Además, esto ha permitido mejorar la calidad de los champiñones y su vida comercial útil.

Tanto este proyecto como el de los pivots se han pensado bajo la filosofía ‘open source’. “Nos permite poner soluciones a muchos de estos problemas con un coste menor y, además, hacerlo trabajando estrechamente con los usuarios que utilizarán las herramientas”, opina Loza.

Una excelente cosecha robótica
El vino es otro producto que necesita de unas características muy concretas. De ahí que la cosecha de un año a otro nunca sea la misma: la temperatura, la humedad o los fenómenos meteorológicos juegan un papel importante para que la vid dé sus frutos.

“El cambio climático está provocando que cada vez haga más calor y llueva menos, por eso es importante conocer el estrés hídrico de las viñas y el vigor de la vid”, explica uno de los responsables de Vinescout, un proyecto de la Universidad Politécnica de Valencia para crear un vehículo autónomo, que se mueve mediante energía solar y que permita ahorrar costes, tiempo y trabajo a los viticultores.

El cambio climático está provocando que cada vez haga más calor y llueva menos
¿Cómo? Mediante la medición del nivel de nitrógeno de las uvas y su punto de madurez en un proceso automatizado por el que es el vehículo, y no el agricultor, el que examina cada planta una a una.

El proyecto ha recibido fondos de Europa 2020 y en menos de tres años debería estar lista una versión comercializable del vehículo que, en la actualidad, trabaja en los campos de Symington, unas bodegas portuguesas conocidas por su oporto.

La agricultura más eficiente
En la primera película de ‘Superman’, Lex Luthor ansiaba crear nuevas tierras en un planeta donde todo el suelo estaba ya en manos privadas o estatales. Pero ¿qué pasaría si fuésemos capaces de optimizar el espacio que ocupa una plantación hasta reducirla a la mínima expresión?

Cropbox es capaz de condensar el equivalente a un terreno de 0,4 hectáreas en algo menos de 30 metros cuadrados. Según esta compañía, puedes ser capaz de recolectar hasta 5.000 kilos de verduras, algo más de 3.000 de fresas o hasta 140 toneladas de forraje en un espacio similar al del salón de tu casa.

¿Y si fuésemos capaces de optimizar el espacio de una plantación hasta la mínima expresión?
Todo ello, según sus responsables, con una disminución del 90% de agua y hasta del 80% de fertilizantes necesarios para llevar estas cosechas a buen puerto.

Puede que las grandes ciudades se hayan convertido en centros de polución, y no solo de población, pero ello no impide que haya colectivos determinados a recuperar actividades tradicionales como la agricultura.

Fresas con acento francés
Es el caso de Agricool, una granja en pleno centro de París creada por Gonzague y Guillaume, con la que pretenden recuperar frutas y hortalizas que promuevan el comercio local y de calidad. “Somos hijos de agricultores y nuestras infancias estuvieron repletas de excelentes frutas y hortalizas. No queríamos dejar de comer alimentos saludables cuando nos mudamos a la ciudad y, por ello, inventamos un sistema para poder cultivar productos sabrosos sin pesticidas y a un precio atractivo”, explican ambos en su web.

El dúo comenzó a plantar fresas en enero de 2015 en el apartamento del tío de Gonzague, en París, y en marzo comprobaron que su método funcionaba. Y fue en ese momento cuando dieron con un antiguo contenedor en las tierras de los padres de Gonzague: sus 33 metros cuadrados les sirvieron para plantar fresas y transportarlas allá donde hiciera falta.

Existen alternativas ante el complicado panorama climático que se presenta
En noviembre de 2016, Agricool había levantado cuatro millones de euros en inversiones, y para enero de 2017 ya contaba con 30 trabajadores. Guillaume y Gonzague aseguran que son hasta 120 veces más productivos que una plantación tradicional y que consumen un 90% de agua.

De Gaia a Agricool pasando por Vinescout o Cropbox, todos los ejemplos expuestos demuestran que existen alternativas ante el complicado panorama climático que se presenta. El uso de la tecnología para reducir nuestra dependencia de los recursos naturales será decisivo para reducir de manera significativa el impacto del ser humano sobre el planeta.

Fuente: elconfidencial.com




Una botella contra las botellas de plástico

Vista del interior del producto Closca Bottle. FABIÁN OLOARTE – PLATZI

La empresa Closca reinventa objetos cotidianos de la mano de su fundador: Carlos Ferrando. Con su último producto busca reducir de forma drástica el impacto medioambiental de este tipo de envases.

Hecho en Valencia pero con ambición global. Closca, que ya tenía en el mercado un casco de bicicleta que se pliega, elogiado por los gurús del diseño, ha sacado un segundo producto, una botella de vidrio. Algo simple, de uso común pero con una idea poderosa detrás y una aplicación para activar el cambio.

Carlos Ferrando (Sumacarcer, 1977) aprendió a emprender por su cuenta, con intuición y ganas. Por el camino ha encontrado algunos consejeros que apoyan su empresa, como Bernardo Hernández e Iñaki Berenguer. “Cuando comenzamos con el casco tenía algo más de 30 años y un gran sueño. Después de demostrar que hay hueco para una visión diferente, queremos tener un impacto más fuerte con la botella”, explica.

A la botella le acompaña una app con capacidad de indicar los puntos para llenarla, además de los lugares dónde hay fuentes y la calidad de las mismas. Los propios usuarios pueden añadir comentarios

Closca Bottle quiere resolver uno de los problemas que la industria de las bebidas no quiere afrontar, la del impacto ecológico del envase. “Una botella de plástico tarda casi 400 años en deshacerse por completo. Más del 80% de las vendidas no se reciclan. No es sostenible, pero parece no importar”, alerta.

Su botella es bonita, higiénica e innovadora, pero no tendría sentido ni capacidad de crecimiento exponencial si no se acompañase por una app, que además es gratuita. Sirve para indicar los puntos para llenarla. Indica dónde hay fuentes y la calidad de las mismas. Además, los propios usuarios pueden añadir comentarios. “Tenemos algunas dentro de ayuntamientos, por ejemplo. También en bancos o tiendas. Lo que queremos es que se usen para evitar el deterioro que producen las de plástico”, relata.

En un año fue capaz de poner en el mercado más de 25.000 cascos. Cada unidad tenía un coste de 120 euros. En el caso de la botella: 39 dólares (unos 32 euros al cambio). “Con este precio financiamos también la aplicación, para que siga siendo gratis y se pueda usar con cualquier botella, no solo la nuestra”, matiza. También están abiertos a patrocinios. Entre los compromisos para sumarse se encuentra el servicio de aguas de Valencia.

La botella no va equipada con el chip NFC, un sensor que ha permitido abrirse a aplicaciones de terceros y crecer con más usos. “Tiene sentido porque vemos las bicis como un elemento de cambio. Con la botella tenemos la ventaja de no tener que hacer tallas, por ejemplo, pero seguimos jugando con el diseño, es de vidrio y está rodeada de material biodegradable. Se puede enganchar a una mochila, bici o maleta para llevarlo consigo”, explica el fundador.

A Ferrando le obsesiona mezclar diseño, innovación y tecnología. Ya está pensando en su próximo lanzamiento. Se debate entre el reloj o las gafas de sol, pero siempre “con una parte importante de impacto social y medioambiental”, asegura.

Fuente: elpais.com