Los ecosistemas en mayor peligro de extinción

Ecosistema en peligro




Lentes de usar y tirar; un problema ecológico

Las hay desechables de un solo uso; reutilizables que permiten usar el mismo par de lentes todos los días durante un mes aproximadamente, o las de uso prolongado, de uso continuo, tanto para el día como la noche, tal como informa el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas. Como su nombre indica, las lentes de contacto de usar y tirar no duran para siempre; se desechan y se usan otras nuevas. Pero, ¿qué hacer con las usadas?

Reto ecológico

El reto que se plantea podría asemejarse a otros productos de uso diario, como las pajitas de plástico. Esta caducidad plantea un reto medioambiental importante porque sobre estos productos se ha demostrado un hábito nada recomendable: el de tirar las lentes por el desagüe o por el inodoro. Y esto tiene serias implicanes ecológicas, como cioalertaba la Universidad de Arizona en un estudio presentado en agosto de 2018.

Según los expertos, tirar las lentes por el desagüe al final de su uso “puede contribuir a la contaminación microplástica de las vías fluviales”. Para saber si las lentes son biodegradables o no, el equipo de investigadores las sometió a microorganismos aeróbicos y anaeróbicos que se usan en las plantas de tratamiento de aguas residuales para destruir los desechos biológicos. Los resultados mostraron que, tras una semana de tratamiento, las lentes apenas sufren alteracionesmuy leves en su superficie.

Los científicos afirmaban entonces que entre seis y diez toneladas de lentes de plástico acaban en las aguas residualessolo en Estados Unidos cada caño. Casi el 20% de los usuarios de lentes de contacto las tiran en el baño o por el fregadero; en total, 3.360 millones de lentes de plástico desechables pueden terminar en las aguas residuales de Estados Unidos en forma de contaminación microplástica.

Cómo contaminan

Una de las particularidades de estos objetos es que tienden a ser más densos que el agua, lo que significa que se hunden y, por tanto,permanecen en el fondo del mar y se convierten en una grave amenaza para la vida acuática. Los seres vivos del río o del mar los confunden con un alimento, los ingieren y, al ser indigeribles, permanecen en ellos.

Cuando un depredador mayor los ingiere a ellos, la lentilla salta a esta otra especie. Según la investigación, se pueden encontrar un par de lentes por cada 900 gramos de residuos sólidos recolectados. Lo preocupante es que algunos de estos sólidos se usan como fertilizantes del suelo, lo que abre la puerta a otra contaminación: la de los cultivos.

Dificultades de la retirada de las lentes de contacto

  • Son transparentes, flexibles y pequeñas, lo que dificulta su tratamiento en una planta de tratamiento de aguas residuales. Los filtros de las plantas de tratamiento no pueden detener estos pequeños objetos.

  • El plástico usado para fabricarlas es distinto del de otros desechos plásticos, como el polipropileno. Se fabrican sobre todo con una combinación de vidrio acrílico, siliconas y fluoropolímeros para conseguir un material más suave. Esta mezcla se descompone en partículas de plástico más pequeñas, que terminarán su vida en microplásticos.

Reciclar las lentes de contacto

En la misma línea que el estudio estadounidense, en enero de 2019 una investigación británica reconocía que en el Reino Unido, más de dos tercios de los consumidores están confundidos sobre los tipos de artículos del hogar que pueden reciclar, y entre estos productos están las lentes de contacto, para las que más de un tercio (39%) de los usuarios de lentes no están seguroso no creen que puedan reciclarlas.

Para acabar con este dilema, una colaboración entre el fabricante médico Johnson & Johnson Vision y la empresa de reciclaje TerraCycle ha dado como resultado el Programa de Reciclaje de Lentes de Contacto ACUVUE, el primer programa nacional gratuito del Reino Unido que permite a los consumidores reciclar sus lentes de contacto. El objetivo es reducir los residuos de plástico en vertederos y vías fluviales. Está previsto proporcionar más de mil ubicaciones públicas de reciclaje para el desperdicio de estos objetos.

El estudio estadounidense emitía un mensaje claro dirigido a los fabricantes para que, al menos, incluyan en los envases una etiqueta que explique cómo deshacerse de las lentillas: ubicarlas en el mismo lugar que se tiran los desechos sólidos. Otra solución pasaría por fabricar lentes hechos de polímeros inertes biodegradables. Los expertos no se plantean la prohibición de estos objetivos (como se ha hecho con las pajitas) porque son demasiadas las personas que dependen de ellos, sobre todo de las desechables diarias. La mejor solución, aseguran, es buscar la eliminación más adecuada.

Fuente: eldiario.es




¿Cuántas pelotas de golf puede soportar el océano?

¿Cuántas pelotas de golf puede soportar al océano?

¿Cuántas pelotas de golf puede soportar al océano? Alex Weber, CC BY-ND
Un equipo de científicos cuantifica por primera vez el impacto de esta contaminación tras la iniciativa de unos estudiantes que han retirado más de 50.000 pelotas de los fondos marinos.

A principios de 2017, el investigador de la Universidad de Stanford Matthew Savoca recibió un correo electrónico de una estudiante universitaria de California en busca de ayuda. La chica, llamada Alex Weber, se había topado unos meses antes con una desagradable sorpresa mientras buceaba junto a su amigo Jack Johnson en las costas de la Bahía de Monterrey: el lecho marino aparecía cubierto de centenares de pelotas de golf procedentes de los campos de la zona en los que se practica este deporte y ambos habían empezado una campaña para intentar retirarlos y concienciar a la sociedad del problema.

La bahía de Monterey oculta miles de pelotas de golf bajo sus aguas

La bahía de Monterey oculta miles de pelotas de golf bajo sus aguas Alex Weber, CC BY-ND

“Cuando Alex me contactó, ambos habían retirado más de 10.000 pelotas de golf – más de media tonelada”, escribe Savoca en The Conversation. Ahora, meses después de unirse a ellos en la investigación y tras la publicidad que dieron a su caso diferentes medios, el equipo ha retirado más de 50.000 pelotas de las playas y las aguas poco profundas, lo que supone unas 2,5 toneladas o el equivalente a un camión entero de basura. Y ofrecen las cifras en un trabajo publicado por Savoca en la revista Marine Pollution Bulletin junto a los dos estudiantes, en el que analizan por primera vez el impacto y las dimensiones de este fenómeno y ofrece algunas ideas para intentar atajarlo.

A partir de las muestras recogidas, los autores calculan que cada año se lanzan al mar unas 100.000 pelotas de golf solo en la zona de Monterrey y que podrían ser cientos de miles en todo el país y el resto del planeta. Muchas de las instalaciones donde los golfistas practican lanzan las pelotas al mar y, como estas se hunden, el problema pasa ampliamente desapercibido para los propios jugadores y el resto de personas que frecuentan la zona. Pero el asunto no es tan inocuo como puede parecer a priori.

Algunas de las pelotas recogidas por los voluntarios

Algunas de las pelotas recogidas por los voluntarios Alex Weber, CC BY-ND

Las pelotas de golf modernas están recubiertas por una capa de poliuretano y contienen un núcleo de goma. Los fabricantes añaden óxido y acrilato de zinc y peróxido de benzoílo para mejorar la flexibilidad y resistencia, pero estas sustancias resultan tóxicas para la vida marina. Aunque aun no se han detectado efectos en los animales sy plantas que viven en esta zona, lo cierto es que estas pelotas se degradan y fragmentan, arrojando estos microplásticos y sustancias químicas al océano. Cuando las bolas de rompen, de hecho, las aves y otros animales pueden ingerirlos y tener problemas con ellos.

La iniciativa ha ayudado a concienciar a los propietarios de instalaciones de golf de este problema

El trabajo de Alex Weber y su compañero, concluye Savoca, ha supuesto un gran impulso a la causa medioambiental en la zona y ha ayudado a concienciar a los propietarios de instalaciones de golf de este problema, de manera que muchos colaboran ahora para evitarlo y arrojar menos pelotas al océano y a la reserva natural de la Bahía de Monterrey. Y sobre todo, añade, envía un mensaje muy positivo a la sociedad: si un estudiante universitario puede conseguir algo asñi mediante su trabajo duro y dedicación, cualquiera de nosotros puede.

Fuente: vozpopuli.com




La contaminación del aire en las ciudades españolas vista por el satélite europeo Sentinel-5p

El NO2 es uno de los contaminantes que más afecta hoy a la salud de las personas y las mediciones han sido realizadas por el espectrómetro TROPOMI (TROPOspheric Monitoring Instrument) a bordo del satélite Copernicus Sentinel-5 Precursor, también conocido como Sentinel-5p. ¿Qué muestra sobre estas emisiones este satélite lanzado en 2017 por la Agencia Espacial Europea (ESA)? “Lo interesante es que el satélite, como es capaz de medirlo todo, muestra muy bien la relación con las emisiones NOx causadas por los humanos”, incide desde Ámsterdam Henk Eskes, investigador del Instituto Meteorológico de Holanda responsable de estas mediciones con TROPOMI. “Las mayores emisiones son donde hay más concentración de gente, más actividad industrial, más coches”.

El espectrómetro TROPOMI es la contribución de este país al programa europeo Copérnico, de control ambiental y de seguridad. En Holanda se ha diseñado y construido. Y en la agencia meteorológica nacional de este país investigan la relación cuantitativa entre las concentraciones que mide TROPOMI y la contaminación del aire.

Los puntos que en la imagen aparecen de color amarillo y rojo son aquellos que registran mayor concentración de NO2. La enorme masa amarilla y roja que se ve en el centro de Europa corresponde a Holanda, Bélgica y Alemania, con mayor densidad de población. En España, las zonas con más contaminación emitida corresponden a las grandes ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada, Valencia, Bilbao, Gijón, A Coruña… Las mediciones fueron realizadas por el satélite en los meses de primavera y verano, así pues no hay calefacciones encendidas, su procedencia son los coches.

Además, en la imagen también se distinguen de forma nítida las emisiones generadas en tramos de grandes carreteras como Murcia-Albacete, Zaragoza-Logroño, Valladolid-Burgos, Sevilla-Córdoba… De hecho, estos son los meses en los que hay mas coches moviéndose hacia las playas.

“TROPOMI es mejor que otros instrumentos porque puede identificar fuentes individuales, aisladas, por ejemplo un puerto o un aeropuerto”, prosigue Eskes.

¿Y las líneas blancas que se perciben sobre el color azul? “Son los barcos que rodean la costa mediterránea, pues los buques emiten gran cantidad de NO2.  A la altura de Gibraltar se observa una gran densidad de barcos, que después prosiguen por la costa de Portugal hasta Reino Unido, para después atravesar el Canal de la Mancha hasta puertos como el de Rotterdam, el más grande de Europa”.

La gran aportación de instrumentos como TROPOMI es que tienen una visión mucho más amplia que la que recoge la regulación europea de emisiones. Como matiza Eskes: “Las concentraciones actuales están monitorizadas por más de 1.000 estaciones de medición repartidas por toda Europa. Pero TROPOMI observa la contaminación del aire en todas partes, no en localizaciones determinadas sobre la superficie. Así se puede cuantificar mejor la emisión de gases tóxicos y obtener información sobre las fuentes”.

Concentraciones de dióxido de nitrógeno captadas por el satélite Tropomi de abril a septiembre de 2018.

Fuente: Ballena Blanca – eldiario.es




De las minas de carbón a gran promotora de energías renovables en España

Aunque  algunas informaciones colocan los comienzos de la familia Luengo en el carbón en los años 40, la empresa asegura en su web que fue en los 60 que empezó a extraer carbón en explotaciones subterráneas y poco tecnificadas. Sin embargo, fue en los 70 cuando dio el salto a las minas a cielo abierto, transformándose en un actor principal de la minería industrial. Todavía hoy es uno de los mayores productores del carbón nacional que se quema en las centrales térmicas del país. Aunque esta es solo una de parte de su actividad económica hoy en día.

Además de la minería de muy diversos materiales, la producción de plásticos, la agroquímica, la alimentación o el negocio inmobiliario, Samca cuenta en la actualidad con 250 megavatios (MW) de parques eólicos y otros 100 MW de plantas termosolares en funcionamiento. Su principal filial de renovables es Molinos del Ebro, que tiene por consejero delegado a José Miguel Villarig, actual presidente de  APPA (la asociación de productores de energías renovables).

Su irrupción en las renovables comenzó ya en 1995, con sus primeros desarrollos eólicos. En la actualidad, el grupo es propietario directo, a través de Molinos del Ebro y Molinos del Jalón, de siete parques eólicos en funcionamiento en Aragón: Atalaya I (25,5 MW), Atalaya II (24 MW), El Bayo (49,5 MW), La Serreta (49,5 MW), Los Monteros (25,5 MW), Los Visos (37,5 MW) y Puerto Escandón (25 MW). Esto suma 236,5 MW, pero además tiene participación en otras sociedades que suben su potencia eólica a los 250 MW.

Por otro lado, el grupo está ahora mismo con la construcción o tramitación de otros 275 MW de eólica, todos proyectados en Aragón y ninguno dentro de los adjudicados por el Gobierno en subasta, pues van a mercado libre.

Asimismo, la empresa tiene en Extremadura dos plantas termosolares, CST La Florida y CST La Dehesa, que suman una potencia de 100 MW. Y en estos momentos construye otra fotovoltaica en esta misma comunidad.

Al margen de las grandes eléctricas, esta compañía nacida de las minas del carbón se ha colocado así entre los grandes promotores de renovables del país. Conocida por ser una empresa especialmente hermética, el grupo Samca no ha querido hacer ningún comentario sobre sus orígenes o la situación del carbón.

Justamente, este sector vive ahora mismo horas de mucha incertidumbre, dado que a final de este mes de diciembre deberán cerrar todas las minas que ya no sean rentables, teniendo que devolver las que quieran seguir las ayudas recibidas.

Aunque hubo tiempos en los que en España se llegaron a extraer 25 millones de toneladas anuales de carbón, como explica Pedro Iglesias, presidente de Carbounión (la federación nacional de empresarios de minas de carbón), en este 2018 la producción en todo el país no ha llegado a dos toneladas, dando empleo ahora mismo a menos de 2.700 trabajadores. “Progresivamente, se fue sustituyendo por otro carbón de Sudáfrica, Rusia, Colombia, EEUU…”, incide Iglesias, que cuenta que todos en el sector están ahora mismo pendientes de lo que digan las grandes eléctricas sobre la continuidad de sus centrales térmicas. “De nada sirve producir carbón si las centrales térmicas no lo van a comprar”, señala el presidente del sindicato.

Esta misma semana, Endesa presentó la solicitud formal de cierre para sus centrales de carbón de Andorra (Teruel) y Compostilla (León), pero sigue sin estar claro el futuro de otras muchas de la quincena que hay en España.

En realidad, hace ya tiempo que se esperaba la llegada de este momento. Como explica Iglesias, la transición energética no es algo nuevo para las comarcas mineras del país, todo lo contrario.

El presidente de Samca, Ángel Luengo Martínez aparece en la lista de los 200 más ricos del país, con un patrimonio de más de 1.500 millones de euros. De los réditos del carbón, ha construido un imperio, que busca seguir creciendo ahora con energía limpia.

Fuente: Ballena Blanca – eldiario.es




La agricultura orgánica es mucho peor para el clima que la agricultura convencional

La agricultura orgánica es mucho peor para el clima que la agricultura convencional

Traer de vuelta aquella verdura de nuestra infancia que huyó de los supermercados por la fuerza (y el precio) de las variedades comerciales modernas. La otra gran promesa pretendía hacer una agricultura más respetuosa con el entorno y el medioambiente. Ahora sabemos que la segunda promesa es (al menos parcialmente) mentira: la agricultura orgánica tiene un mayor impacto climático que la agricultura convencional.

Midiendo el coste de oportunidad el carbono

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Ese es el resultado de una investigación de la Universidad de Tecnología de Chalmers (Suecia) que ha desarrollado nuevos métodos para estimar y comparar el impacto climático de las distintas agriculturas. Han calculado el “coste de oportunidad” del carbono: han desarrollado metodologías para estimar cuánto carbono deja de fijarse en un terreno según su uso.

“Nuestro estudio muestra que los guisantes orgánicos tienen un impacto climático aproximadamente un 50 por ciento mayor que los guisantes de cultivo convencional. Para algunos productos alimenticios las diferencias son aún mayores; por ejemplo, con el trigo de invierno orgánico, la diferencia se acerca al 70 por ciento“, explicababa Stefan Wirsenius, profesor asociado de Chalmers y uno de los responsables del estudio.

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El motivo, como os podéis imaginar, es más sencillo de lo que parece: los cultivos orgánicos, por sus propias características, tienen rendimientos por hectáreas más bajos que los convenciones. Es decir, para la misma producción el enfoque orgánico necesita más terreno y eso conlleva un impacto climático mayor. “El mayor uso de la tierra en la agricultura orgánica conduce indirectamente a mayores emisiones de dióxido de carbono, gracias a la deforestación”, explica Stefan Wirsenius.

En la vida hay que elegir

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Evidentemente, esto parte de la presunción de que esa deforestación no se va a dar. Estamos comparando hectáreas de bosque con hectáreas de cultivo. Si las comparáramos con hectáreas de aparcamiento, la agricultura ecológica saldría mejor parada. Pero más allá de esta cuestión técnica, el estudio es interesante porque pone de relieve que en la agricultura, como en la vida, hay que tomar decisiones.

Es algo que también ocurre con la carne ecológica o con la pesca sostenible porque, aunque a nivel público se ha vendido que el ecologismo, la lucha contra el cambio climático y el antiespecismo van de la mano, lo cierto es que son programas que chocan constantemente. La agricultura orgánica (sobre todo, si se confronta con una agricultura industrial sin controles) puede ser menos lesiva con el entorno cercano, pero tiene efectos mayores a nivel climático.

Y eso es algo que ya intuíamos, pero que ahora somos de cuantificar con detalle. Ahora viene la parte compleja: tomar esas decisiones, ser conscientes de que las grandes promesas siempre acaban, más tarde o más temprano, confrontándose con la realidad.

Fuente: xataka.com




Estos son los eventos meteorológicos extremos de 2017 que fueron acelerados por el cambio climático

El verano de 2017 se recordará en muchos países de Europa por las intensas olas de calor. Tras un mes de junio excepcionalmente caluroso en varios países occidentales, el calor llegó a España en julio batiendo récords históricos de temperatura y contribuyendo a la aparición de importantes incendios forestales. Entrado el mes de agosto, se produjo otra ola de calor especialmente intensa en todo el Mediterráneo, donde se batieron récords en el sur de Francia, Italia, Córcega y Croacia. Según un estudio publicado esta semana, el cambio climático ha provocado que la probabilidad de sufrir estas olas de calor se haya multiplicado por tres desde 1950. A día de hoy, aseguran los científicos, “en toda la región euromediterránea, la probabilidad de que se produzca una ola de calor como la del verano de 2017 es ahora del 10%”.

El estudio es uno de los 18 que se han publicado esta semana en un número especial de la revista de la Sociedad Americana de Meteorología (SAM) dedicado a analizar eventos meteorológicos extremos y su relación con el cambio climático. Más de 120 investigadores de todo el mundo han analizado 16 eventos meteorológicos extremos que han tenido lugar en todos los continentes, de los que 15 han estado influidos por el calentamiento global.

“Las sequías en las llanuras septentrionales de Estados Unidos y en África oriental, las inundaciones en América del Sur, China y Bangladesh o las olas de calor en China y el Mediterráneo son eventos más probables debido al cambio climático causado por el hombre”, aseguran desde la SAM. Tan solo en un caso, la ola de incendios de Australia, no se encontraron evidencias de que el cambio climático hubiera podido tener algún efecto.

La ola de calor marina del mar de Tasmania

Los investigadores aclaran que no en todos los casos es posible hacer una atribución directa al cambio climático antropogénico, es decir, que no pueden afirmar que estos eventos no hubieran sido posibles sin el calentamiento global. Sin embargo, este es el segundo año que los científicos han identificado un evento que sí se puede atribuir de forma directa a la acción del ser humano, la ola de calor marina que sufrieron las costas australianas en noviembre de 2017 y que se extendió desde el oeste de Tasmania hasta el este de Nueva Zelanda.

Esta ola de calor fue la más intensa desde que se tienen registros, elevando la temperatura de la superficie marina unos 2,5 ºC, y la segunda más larga, con una duración de 221 días. Según los autores del estudio, a pesar de que “la variabilidad natural fue importante en la iniciación atmosférica del evento”, su desarrollo habría sido “virtualmente imposible sin la influencia antropogénica”.

Sequías históricas de EEUU a África oriental

Entre los eventos analizados también destacan las importantes sequías sufridas en distintas partes del mundo, como la que se extendió por los estados de Montana y las dos Dakotas (Sur y Norte) entre mayo y agosto de 2017. A pesar de que esta zona es susceptible a este tipo de fenómenos, los investigadores aseguran que la región sufrió “condiciones de sequía extremas y excepcionales”, recibiendo un 60% de la precipitación normal para esa época, lo que convirtió 2017 en el segundo año más seco desde que comenzaron los registros en 1901.

Esta sequía ha sido clasificada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica como uno de los 238 desastres meteorológicos en los que se han superado los 1.000 millones de dólares en pérdidas desde 1980. Según esta agencia, el promedio de este tipo de eventos se ha doblado durante los últimos 5 años, pasando de los 6 anuales que se dieron en promedio entre 1980 y 2017, hasta los casi 12 que se han registrado cada año desde 2012.

Los investigadores reconocen que “la causa principal de esta sequía fueron las bajas precipitaciones” y que estas “ocurrieron con la misma frecuencia en los climas actuales y pasados simulados”. Sin embargo, sus simulaciones revelan que “el cambio climático hizo que las sequías con una intensidad similar a la observada en mayo-julio de 2017 fueran hasta 1,5 veces más probables”.

Un pastor de Somalía que perdió la mitad de su ganado durante la sequía
Un pastor de Somalía que perdió la mitad de su ganado durante la sequía UNICEF/SEBASTIAN RICHF

Apenas unos meses antes, otra brutal sequía también afectó a varios países de África, como Tanzania, Etiopía, Kenia y Somalia. Las situación fue especialmente dura en este último, donde casi la mitad de los habitantes, algo más de 6 millones de personas, sufren de inseguridad alimentaria grave o necesitan apoyo para subsistir. Según datos de UNICEF, cerca de un millón de niños sufrieron desnutrición aguda en 2017 y 185.000 cayeron enfermos.

Los investigadores han concluido que sus simulaciones climáticas indican que el fenómeno de El Niño puede provocar un calentamiento excepcional en el Pacífico occidental, lo que crea la posibilidad de que se produzcan sequías en el noreste de Etiopía y Somalia. Sin embargo, también señalan que el impacto de los humanos en el medio ambiente ha tenido un papel importante en este calentamiento del océano, lo que ha doblado las posibilidades de que se produzcan sequías de este tipo en la región.

Olas de calor e inundaciones golpean China

También el verano de 2017 será recordado en China por las olas de calor, que dejaron récords históricos de temperatura. En la estación de Xujiahui en Shanghai se llegaron a registrar 41 ºC, la temperatura más alta jamás observada en la ciudad desde que se iniciaron los registros en 1873. La situación fue especialmente grave durante los cinco días entre el 21 y el 25 de julio, cuando las autoridades chinas lanzaron hasta 10 alertas a la población por las altas temperaturas.

Según los autores del estudio, las olas de calor en esta región de China eran “raras” y “la probabilidad de que ocurrieran sería muy pequeña en un mundo sin contribución humana”. Sin embargo, “ahora, forzado por el calentamiento antropogénico, una ola de calor de 5 días como esta se ha vuelto 10 veces más probable”.

La ola de calor en Shanghai batió records de temperaturas en 2017
La ola de calor en Shanghai batió records de temperaturas en 2017 EFE

El gigante asiático tampoco se ha librado de los eventos meteorológicos de signo opuesto, sufriendo intensas lluvias e inundaciones en otras regiones del país. Apenas un mes antes de que comenzaran las olas de calor en el centro, en el sudeste se registraron las precipitaciones más intensas desde 1961, aproximadamente un 60% mayores que el promedio de junio entre 1961 y 1990.

El impacto de las lluvias fue especialmente importante en la provincia de Hunan, donde afectaron a más de 7,8 millones de personas, provocando 34 víctimas mortales y cerca de 800.000 desplazados. Además, se perdieron más de 600.000 hectáreas de cultivos y 32.000 casas se derrumbaron, con lo que las pérdidas económicas directas ascendieron a más de 3.000 millones de euros.

Según los investigadores, la influencia del ser humano “ha doblado la probabilidad de un evento de precipitaciones extremas en el sudeste de China, pasando de una probabilidad del 0,6% a una del 1,2%”. Además, los científicos aseguran que se producirá un “aumento de las precipitaciones regionales” y “las probabilidades de que se produzca un evento similar aumentarán progresivamente con el futuro calentamiento antropogénico”.

A la misma conclusión ha llegado el equipo de investigadores que ha analizado las lluvias que afectaron al noreste de Bangladesh en marzo de ese mismo año. Las lluvias afectaron a más de 800.000 hogares y cerca de 220.000 hectáreas de cultivo de arroz fueron dañadas, lo que contribuyó a un aumento récord del 30% del precio del arroz en comparación con el año anterior.

Efecto de las inundaciones en el norte de Bangladesh
Efecto de las inundaciones en la región de Hunan (China) EFE

Más inundaciones en Perú y Uruguay

También las lluvias de 2017 fueron especialmente duras en Perú, donde en marzo dejaron a la mitad del país en estado de emergencia. Las inundaciones y los deslizamientos de tierra generalizados afectaron a 1,7 millones de personas, provocando daños por valor de más de 2.500 millones de euros y dejando 177 fallecidos.

Aunque este tipo de eventos pueden suceder naturalmente debido al fenómeno conocido como El Niño costero, tal y como sucedió en 1998, en este caso las intensas lluvias cayeron en períodos de tiempo muchos más cortos. Según los investigadores, este hecho puede haber sido provocado por el cambio climático, que según sus simulaciones ha aumentado en un 50% la probabilidad de este tipo de eventos catastróficos.

El cambio climático también ha provocado un aumento de las probabilidades de lluvia extrema en Urugay, donde las fuertes lluvias que se produjeron entre abril y mayo provocaron inundaciones generalizadas a lo largo del río Uruguay, lo que causó el desplazamiento forzoso de más de 3.500 personas en el país y generó pérdidas económicas en Brasil por valor de 90 millones de euros.

Otros eventos de 2017 analizados por los investigadores y que están relacionados con el cambio climático son la escasez de lluvias que sufrieron varios países de Europa, la subida del nivel medio del mar o la temporada de huracanes en EEUU. También el adelantamiento del verano en Corea del Sur, con un mes de mayo especialmente caluroso, o la escasez de sol en el norte de Japón durante el mes de agosto, debido a la excepcional cantidad de días con el cielo cubierto de nubes, han sido relacionados con el calentamiento global.

Fuente: eldiario.es




La cumbre climática de la ambición comienza sin los líderes de los países que más CO2 emiten

De los diez países que más gases de efecto invernadero emiten, China, EEUU, India,  Rusia, Japón, Irán, Corea del Sur, Canadá, Arabia Saudí, Indonesia, Brasil o Suráfrica, ninguno ha tomado la palabra en el salón. De ese grupo, solo la Unión Europea ha hablado. Hace tres años, en París, en esta jornada acudieron y hablaron el presidente norteamericano Barack Obama, el chino Xin Jinping o el ruso Vladimir Putin. Nadie quiso quedarse fuera. En 2018, la situación ha cambiado.

A Polonia se llega con gran parte del margen de seguridad climático ya consumido: la Tierra se ha calentado un grado respecto a la época preindustrial. El objetivo es no llegar cerca de los 2ºC y, a poder ser, quedarse en 1,5ºC. Katowice comienza con un aumento global en la emisiones de CO2 y un incremento en la producción y consumo de carbón encima de la mesa. China, EEUU y Rusia lideran la extracción del mineral.

La conferencia se celebra, precisamente, en una cuenca minera polaca en Silesia. El presidente del país anfitrión, Andrej Duda, ha lanzado en la inauguración la idea de que “el aprovechamiento de los recursos naturales no es contradictorio con la protección del clima”. Polonia tiene 11 nuevos proyectos de generación eléctrica a base de centrales térmicas en diferentes grados de concreción. Duda ha argumentado que la “absorción de CO2” por parte de los ecosistemas (los bosques) permitirán “emisiones neutrales”.

Con esas premisas, la ausencia de primera figuras en la sesión inaugural puede leerse de diferentes maneras, según las señales que han ido emitiendo sus gobiernos en el esfuerzo multilateral contra el calentamiento del planeta.

China. Es el primer emisor del mundo. Sin embargo, se ha creado una imagen proactiva: “Está dando pasos significativos para afrontar el cambio climático”, concluía un a nálisis realizado en la Universidad de Columbia este mismo año. Especialmente en la contención del uso del carbón: redujo su consumo desde 2013 a 2016 aunque su economía creció un 40%. El estudio firmado por un antiguo alto cargo del Departamento de Energía de EEUU, David Sandalow, también admite que “como todos los demás grandes emisores necesita hacer más para alcanzar sus objetivos climáticos”.

EEUU. Para los habituales en estas cumbres, no es lo mismo una ausencia que otra. De hecho, los delegados españoles en Katowice admiten que China tiene un papel de liderazgo en las negociaciones climáticas. También cuentan que los técnicos estadounidenses acuden y participan en las conversaciones. Pero el caso norteamericano, el segundo mayor contribuyente al cambio climático, es particular: el último informe sobre los graves impactos que padece el país por este fenómeno fue publicado durante la jornada con menos repercusión: su día de acción de gracias. El presidente Donald Trump dijo sobre el informe elaborado por su administración: “No me lo creo”.

Canadá.  El vecino del norte, que también se sitúa en el top 10, va a tener problemas para cumplir los objetivos: sus políticas son calificadas como “altamente insuficientes” por la consultora Climate Action Tracker. Concluye que el Gobierno confía mucho en los llamados “sumideros de carbono” para ofrecer cifras positivas respecto a su nivel de emisiones. Los análisis sobre las políticas y los planes presentados al Acuerdo de París , “ya insuficientes”, auguran que el desfase es “mayor de lo esperado”. Ese es el panorama del país gobernado por Justin Trudeau.

Rusia. Quizá basta decir que la Federación Rusa no ha ratificado todavía el Acuerdo de París –sí lo firmó–. Rusia sola supone el 7,5% de todas las emisiones del mundo. El retraso en la creación de una estrategia global puede llevarse esta ratificación hasta 2019 (a las puertas de tener que cerrarse la primera revisión del acuerdo en 2020). Los cálculos de Climate Action Tracker son que, si no hay un golpe de timón, las emisiones rusas en 2020 serán un 4% más altas que en 2015. Y en 2030 un 11%. Califica la situación rusa de “críticamente insuficiente”.

Con todo, un reciente estudio publicado en   Nature Comunications, mostraba que las políticas actuales de China, Rusia o Canadá llevarían (si no hay cambios) a un calentamiento de más de 5 ºC. Las de EE UU tampoco son muy positivas e implicarían más de 4ºC. La Unión Europea lo llevaría a una subida de 3,2ºC, según este análisis de situación. Entre los analizados está España a cuyas políticas en este momento se le proyecta un recalentamiento de 3,4 ºC, más que al Reino Unido. El año pasado, España lideró el incremento mundial del uso del carbón, en términos relativos, con un repunte del 23% respeto al curso anterior.

Otros protagonistas: Brasil, Suráfrica…

La llegada a la presidencia del brasileño Jair Bolsonaro ha añadido incertidumbres. El vacío en el plenario puede justificarse por el periodo de transición en el que está el gigante suramericano. Lo malo es que Bolsonaro lanzó unas señales pésimas al eliminar el Ministerio de Medio Ambiente y al asegurar que abrirá el bosque amazónico a proyectos extractivos e infraestructuras. La principal fuente de emisiones de CO2 de Brasil es la deforestación. Además, el Gobierno ha retirado la candidatura de Río de Janeiro para albergar la Cumbre del Clima del año que viene (que debe ser en Suramérica por la rotación regional).

“Queremos saber dónde va a estar Suráfrica”. Decían miembros de la Oficina Española de Cambio Climático al planificar el encuentro de Polonia. El país no ha mandado a sus líderes este lunes aunque sí ha publicado este año el borrador de un plan de recursos que intenta alejarles del carbón y acercarles a las fuentes renovables. Suráfrica es el séptimo productor mundial de este mineral.

Las islas Fiyi fueron la nación encargada de presidir la COP del año pasado. Este país oceánico afronta un peligro real de desaparecer por la subida del nivel del mar. Su primer ministro, Frank Bainimarama, ha asegurado este lunes que aumentarán sus esfuerzos para acelerar la lucha contra el calentamiento global. Al hablar al resto de estados presentes en la sesión plenaria ha dicho: “Pido lo mismo. Si nosotros podemos, ustedes también”. De ello depende la superviviencia de muchos.

Fuente: eldiario.es

 




Un mundo sin Antártida

La Antártida es un regulador de todo el clima planetario, afecta a cientos de especies y hasta la forma de los continentes.

Sería otro planeta”, afirma categórica la climatóloga del INTA Margarita Yela. Pensar en un mundo sin Antártida es un ejercicio de ciencia-ficción… con cada vez menos ficción. Si en los ochenta y noventa el agujero de la capa de ozono parecía la principal amenaza, el efecto invernadero y el calentamiento global que lo acompaña no sólo amenaza al continente helado. Tocar el delicado equilibrio antártico es amenazar a toda la Tierra. Y lo peor es que el cambio climático trastoca todas las proyecciones esperanzadoras del pasado. No todo lo que ocurre en la Antártida está directamente relacionado con el calentamiento global. Pero la intervención humana pone en juego la supervivencia de especies marinas, nuestras costas y hasta la forma de los continentes.

Hablamos con varios investigadores y divulgadores, algunos de ellos, visitantes más o menos habituales de la Antártida para que imaginen cómo sería un planeta Tierra en que no hubiera habido o desapareciese el continente austral. También para analizar sus principales amenazas. | Vídeo: M.V.


  1. Climas trastocados hasta en el desierto

    Según explica Yela a El Independiente, “los sistemas oceánicos se trastocarían”. Los mares y las corrientes que se producen en ellos son determinantes en el clima de los continentes. “En el planeta hay un equilibrio energético. En el Ecuador hay una gran masa cálida, mientras que en los polos hay unas grandes masas frías. Se redistribuye esa temperatura y eso hace que el planeta sea como es”, explica la científica, que trabaja ahora desde Torrejón de Ardoz recabando datos que le envían sus colegas argentinos desde la zona antártica. “Con desiertos como Atacama, que son desiertos porque precisamente la circulación oceánica llega con una temperatura determinada”, enfriando el agua costera, evitando la evaporación y la formación de nubes, por tanto.

    La Antártida juega un papel importante en la forma de la corriente en chorro meridional. La forma de sus meandros inyecta aire frío o caliente en los continentes australes, tal y como ocurre con la corriente que hay en el hemisferio norte y cuyas deformaciones algunos investigadores asocian al cambio climático, agudizando fenómenos como las DANA.

  2. Adiós kril, adiós animales marinos

    La Antártida tiene dos reservas mundiales únicas: la mayor de agua dulce –que no debería llegar en demasía al océano– y la mayor de kril. “Es un pequeño crustáceo, una especie de plancton”, explica la bióloga marina y ambiental Pilar Marcos (@PilarMarcos), responsable de Biodiversidad de Greenpeace. “Todos los animales que viven en la Antártida comen kril o comen alguna especie que se alimenta de dril. Es el motor del océano sur para la distribución [de especies desde] este punto inicial de la cadena trafica”. Si desaparece, perderíamos, por ejemplo, “ballenas que alimentan a sus crías durante el verano austral”, provocando “un efecto dominó”.

    Crustáceo de kril

    Crustáceo de kril ØYSTEIN PAULSEN

  3. Menos color blanco, más calor

    En la Antártida apenas nieva, pero hay 26,5 millones de metros cúbicos de hielo que se ve blanco. “Si la Antártida no fuera blanca, la energía que llega procedente del Sol la absorbería la Tierra”, explica Yela. Ese color refleja la mayor parte de la energía y, particularmente, el calor, que “rebota, haciendo que la temperatura sea aún más baja”, conservando las cualidades de su clima. Es el llamando efecto albedo.

    La Tierra es ahora más verde por la acción alimenticia de ciertos gases de efecto invernadero sobre las plantas. La Antártida, aún más. Puede resultar bonito, pero también catastrófico.

  4. Volcanes y continentes más altos

    La Tierra no siempre tuvo Antártida. Se desgajó del continente único Pangea hace unos 25 millones de años. “Hasta 2017 conocíamos 47 volcanes en la Antártida. Hoy ya conocemos 138”, explica el geólogo planetario y divulgador Nahúm Méndez-Chazarra (@nchazarra). Un hecho relevante, porque el vulcanismo ocurre y se contiene bajo los entre 2 y 4 km de espesor de hielo. Si éste se derrite, se dispararían las emisiones de determinados gases y, desde luego “subiría aún más la temperatura”.

    Pero el hielo pesa sobre la placa tectónica. “Quitándolo, la Antártida va a ir elevándose”. Y no sólo allí. “Ahora mismo hay zonas de nuestro planeta que después del último máximo glacial se están elevando a una tasa de un centímetro por año. Por decirlo de alguna manera, la corteza terrestre es como un corcho que se encuentra sobre una zona más blanda. Cuando le quitamos todo ese peso de hielo, intenta restablecer el equilibrio y se eleva”.

  5. Adiós plantas autóctonas. Hola, invasoras

    Tendemos demos a pensar en la Antártida “es un territorio virgen, prístino”, en palabras del ambientólogo Miguel Ángel Olalla, “y es cierto que hay tenido un relativo aislamiento, pero los humanos, a través de los primeros balleneros y foqueros, primero, y las expediciones científicas, después, hemos actuado como vectores de dispersión de ciertas especies invasoras que han sido capaces de establecerse”

    Se ha encontrado césped como el de nuestros campos de fútbol, adaptado al clima antártico

    Poa annua, como la usada en golf

    ‘Poa annua’, como la usada en golf I. KOZERETSKA

    Es el caso del césped típico de nuestros campos de fútbol, que se ha adaptado a un lugar tan frío y seco, junto a otras 21 variedades de gramíneas. Olalla, investigador de la URJC, ha viajado hasta la Antártida para documentar qué gramíneas e insectos se han establecido en semejantes latitudes viajando a lomos humanos, con peligro de alterar los delicados ecosistemas polares. Ha trabajado en la erradicación antártica de la especie Poa pratensis. También se ha detectado otra variedad, Poa annua, típica de los campos de golf.

    “Sólo existen dos plantas vasculares nativas de la Antártida y los humanos hemos llevado allí otras otras dos especies de plantas”. La vegetación local, una vez más, juega un papel determinante en la alimentación y hábitats de otras especies. Una vez más, la cadena de los ecosistemas, a la que se suman artrópodos, donde han detectado seis especies invasoras de pequeños insectos sólo en la Isla Decepción, donde hay una base.

    “Son ecosistemas muy frágiles porque, precisamente, son muy simples”, aclara Olalla, quien advierte que las especies autóctonas son únicas en cuanto están adaptadas a frío, sequedad y viento extremo. Si sube un poco la temperatura, tendrán clara ventaja las invasoras.

    Sin Antártida “nos perderíamos una huella de la vida de los últimos 30 millones de años”, ya que hay “un registro fósil enorme bajo el hielo”, que aún no conocemos, como desconocemos, de hecho “un montón de especies” que han dejado su huella del pasado ahí debajo.

  6. Y los famosos 60m de subida de los mares

    En 2014, la NASA pudo observar desde las alturas que el hielo estaba creciendo en la Antártida. Se expandía hacia el océano, mientras que en el Ártico ocurría lo contrario. “Aquello nos pareció un misterio”, explica Walt Meier, investigador de NASA Goddard. “Era extraño viendo aumentos de temperatura por todo el globo. Pero no era proporcional la masa que perdía el Ártico con la que perdía la Antártida”. En el norte se pierde al doble de velocidad que el aumento del sur. ¿Significaba aquello que el sur funciona de forma diferente y no hay deshielo?

    “Hay deshielo“, el problema es que ocurre donde no debería. “Se estima que entre el 60% y el 90% del agua dulce congelada del planeta está allí”, recuerda Pilar Marcos. Un mundo sin Antártida (y, en general, sin el hielo del Ártico también), supondría un incremento medio del nivel de los océanos de unos 60 metros. Cuando se deshace en el interior, el agua dulce termina en el océano. Parte puede congelarse de nuevo, pero otra termina incorporándose a corrientes saladas, cambiando las propiedades y, por tanto, hábitats de determinadas especies.

  7. Adiós a los misterios del universo

    La Antártida es un magnífico laboratorio de investigación del planeta. Pero también de otros mundos muy lejanos en el espacio y el tiempo. Sólo en sitios con tanto hielo se pueden excavar instalaciones científicas como el IceCube, que trata –y consigue a veces– cazas partículas fantasma proveniente de los albores del universo. Aquí explicamos cómo:

El cambio climático acelera ciertos procesos. Y eso preocupa a investigadoras como Yela, que lleva más de dos décadas monitorizando y viajando a este continente. Ella, quizás la mayor experta nacional sobre el agujero de la capa de ozono, recuerda que en los noventa se hizo un eficaz esfuerzo internacional por erradicar los químicos (fundamentalmente, CFC de los espráis) que la destruían. El agujero se fue cerrando, “aunque precisamente estos días estamos detectando una destrucción de ozono prácticamente superior a la que se ha observado en los últimos siete años”. Si bien pareciera que la brecha en el paraguas de ozono es reversible, el cambio climático “nos obliga a revisar nuestros modelos y proyecciones”. Y, a diferencia de lo ocurrido con el relativamente exitoso protocolo de Montreal contra los compuestos antiozono, la geopolítica no se ha alineado contra los gases de efecto invernadero, ignorando que vivimos en un mundo con Antártida.

Fuente: elindependiente.com




China planea crear una granja de nubes en el Tíbet para controlar el clima

En concreto, lo que hacen las autoridades es modificar el tiempo a su antojo rociando las nubes con yoduro de plata. Este elemento, combinado con otros, propicia la precipitación de lluvias. O de nieve, como sucedió en 2009, con una de las nevadas más copiosas registradas en la capital china en un mes de noviembre, que fue provocada por 186 cohetes cargados con estos químicos. La técnica, denominada sembrado de nubes, no es nueva, ya que países desérticos como Israel llevan desarrollándola y experimentando con ella desde la década de 1970.

La diferencia es que, ahora, el gigante asiático se ha propuesto dejar de utilizarla exclusivamente de forma puntual para instalar una gigantesca red de chimeneas que permitan modificar el clima del Tíbet, región controlada por China al noreste del Himalaya, ‘el techo del mundo’. El proyecto, denominado Tianhe [Río en el cielo], es el mayor plan de geoingeniería del mundo –cubrirá una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, tres veces la de España–, y tiene como objetivo lograr entre 5.000 y 10.000 millones de metros cúbicos de agua adicionales para las regiones norteñas del país. Esto supone incrementar la capacidad hídrica del país hasta un 7%.

De momento, la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial, que desarrolla también proyectos militares para China, ha instalado más de 500 chimeneas que sirven para diseminar los químicos en el aire. “El plan se encuentra en una fase de prueba, pero los resultados están siendo muy prometedores”, comentó uno de los científicos del proyecto al diario de Hong Kong South China Morning Post.

Si todo continúa como está previsto, en un futuro cercano se instalarán varios miles de estas chimeneas por diferentes puntos del Tíbet, y su funcionamiento será controlado por una red de satélites que controlará los efectos en tiempo real. “Es una innovación crítica para resolver la escasez de agua en China. El proyecto supondrá una contribución importante no solo para el desarrollo de China sino también para la prosperidad del mundo”, justificó Lei Fanpei, presidente de la corporación.

Un proyecto con efectos impredecibles

“Solo unos pocos países son capaces de llevar a cabo este tipo de modificación climática a gran escala”, comentó hace unos años Cui Lianqing, meteorólogo de la Fuerza Aérea, tras la celebración del espectacular desfile militar en conmemoración del 60º aniversario de la proclamación de la República Popular. Los cielos azules de Pekín asombraron a todo el mundo, acostumbrado ya a ver la capital china tras una cortina de contaminación, pero tenían poco de naturales.

“Si el cambio climático comienza a ponerse verdaderamente feo, muchos países comenzarán a buscar medidas desesperadas para mitigar sus efectos. Eso podría llevar a la implementación de proyectos unilaterales de geoingeniería”, añadió entonces al diario The Guardian David Victor, un experto en política energética de la Universidad de Stamford. Sus palabras se han demostrado proféticas con los nuevos planes de China.

La reconversión industrial de China, tarea pendiente del mayor contaminador
Una mujer usa una mascarilla para protegerse del “esmog” o niebla mezclada con humo y partículas en suspensión, en Pekín (China). EFE

El problema radica en que el agua es un recurso cuya cantidad permanece invariable en el planeta. Es decir, si el norte de China recibe más, otros lugares pueden sufrir sequía. El Tíbet es, además, el territorio en el que nacen los principales ríos del continente asiático: el Yangtsé y el Río Amarillo recorren territorio exclusivamente chino, pero el Mekong es la principal arteria fluvial del sudeste asiático, y el Ganges o el Brahmaputra son clave para India. En total, el Tíbet es el origen de gran parte de los recursos hídricos de la mitad de la población del planeta.

Así, el proyecto ‘Sky River’ preocupa a los países que surcan estos ríos. Los científicos afirman que el plan puede tener consecuencias impredecibles tanto en China, como en el resto de los países de la región. En primer lugar, porque el caudal de los ríos, que ya está afectado por niveles graves de contaminación y una interminable sucesión de presas hidroeléctricas, podría verse afectado. Y, en segundo lugar, porque la lluvia provocada por los agentes químicos puede dañar la fauna acuática.

“Cuando el yoduro de plata cae a tierra disuelto en el agua su toxicidad no es elevada, pero sí lo suficiente como para modificar el ecosistema”, afirmó Faye McNeill, ingeniero químico de la Universidad de Columbia, en declaraciones a Asia Times. Los productos químicos no son suficientemente perniciosos como para afectar a los peces, pero sí a los microorganismos que viven en el agua, y esto podría tener consecuencias en el ciclo de los nutrientes de la fauna.

De momento, el proyecto se desarrolla con la opacidad propia de los secretos de Estado y muy pocos han levantado la voz contra él porque es poco conocido. Uno de ellos es el ministro de Finanzas del estado indio de Assam, Himanta Biswa Sarma, que ha urgido al Gobierno de India cuyas relaciones con China son siempre tensas – a que exija más información y estudie las consecuencias que puede tener en el país. Pero parece poco probable que Pekín, envalentonada por el poder que le confiere haberse convertido en la segunda potencia mundial, cambie de opinión y dé su brazo a torcer.

Fuente: eldiario.es