El 78% del hábitat importante para la conservación de los mamíferos no está protegido

Un mono araña de cara blanca, en peligro de extinción, descansa sobre un tronco. CREATIVE COMMONS

Una nueva estrategia para la protección de especies propone tener en cuenta la historia evolutiva y la función en el ecosistema de estos animales


Más de 6.000 especies están amenazadas por la exportación de productos
En el mundo hay 85.604 especies amenazadas. Es el dato que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza daba para 2016 en su libro rojo, un catálogo que a finales de 2017 incluirá 5.000 nombres más. La pérdida del hábitat, el cambio climático o la caza furtiva son algunas de las razones que llevan a la pérdida de la biodiversidad del planeta, según recoge este organismo. Reconocer los lugares ricos en especies y protegerlos constituye un punto clave para que las instituciones que se encargan de la gestión de estos espacios puedan desarrollar su labor. Para ello, científicos de todo el mundo elaboran mapas de biodiversidad, que contienen la distribución de especies únicas y vulnerables como dato principal al hacerlos. Se trata de representaciones basadas esencialmente en la clasificación de los seres vivos, (la denominada taxonomía que estableció el naturalista sueco Linneo en 1731) y de su frecuencia en un área.

Pero ¿y si no se tuvieran en cuenta los criterios correctos? ¿Y si lo que creemos más importante, esas especies endémicas en peligro, no fuera sólo lo relevante? Esto es lo que se ha planteado un equipo de investigadores liderado por la brasileña Fernanda T. Brum, de la Universidad Federal de Goiás.Brum ha propuesto nuevos criterios para la conservación de los mamíferos terrestres, sobre los que centra un trabajo que ha publicado este lunes la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). A la protección del hábitat basada en criterios de clasificación de las especies que habitan una zona, Brum sugiere ahora considerar además la historia evolutiva y el rol funcional de estos animales en su ecosistema para asegurar la supervivencia de los grupos más vulnerables. Con estos tres nuevos factores, de taxonomía, evolución y función, los autores han creado un mapa en el que establecen regiones de alta prioridad para la conservación de los mamíferos. “La mayoría de las nuevas especies de mamíferos descritas en los últimos 10 años, como el Olinguito (Bassaricyon neblina, descrito en 2013 en los bosques nubosos de Ecuador) y el mono titi de Milton (Callicebus miltoni, descrito en 2014 en el bosque amazónico) se encontraron en las zonas delimitadas en nuestros resultados y demostraron ser importantes para todos los aspectos de la biodiversidad de los mamíferos”, ha destacado Fernanda Brum en declaraciones a EL MUNDO.Estas áreas, que son distintas para cada uno de los tres factores, coinciden sin embargo en un 4,6% de su superficie, lo que correspondería a lugares de máxima prioridad.

Mapa de la conservación de mamíferos en el mundo.

“Las áreas de superposición que destacamos en nuestro trabajo incluyen el 57% de todos los mamíferos terrestres en riesgo de extinción. Además, nuestras prioridades muestran lugares con antecedentes evolutivos únicos, como podemos ver por los distintos linajes de mamíferos de Madagascar y Australia, con lémures y marsupiales respectivamente”, ha expresado Brum.De esta zona de solapamiento solo el 1% está actualmente protegido, dejando vulnerable el 3,6% de las áreas más importantes para los mamíferos en cuanto a estos tres puntos considerados a la vez. Por tanto, se puede inferir que casi el 80% del hábitat que es fundamental para la conservación de los mamíferos, no está protegido.Para Brum los resultados podrían suponer un cambio a la hora de establecer estrategias de conservación de especies y de ecosistemas. “Lo que creo que está claro en el mapa de superposición es que la región tropical tiene una gran importancia para la conservación de mamíferos. Esa región alberga un gran número de especies de riqueza, linajes evolutivos únicos y rasgos ecológicos distintos. Esas áreas de superposición pueden utilizarse como una base biológica para una futura planificación de la conservación, para ampliar la actual red mundial de áreas protegidas y para ayudar a alcanzar el objetivo de proteger el 17% de la superficie terrestre que se marcó en la Convención de Aichi 2011-2020 sobre diversidad biológica”, ha concluido.

Fuente: elmundo.es




Tras la extinción de los dinosaurios, el mundo se llenó de ranas

Esta rana china, ‘Hyla sanchiangensis’, desciende de uno de los tres linajes que sobrevivieron a las extinciones masivas Peng Zhang, Sun Yat-Sen University.

Un nuevo estudio indica que el 88 por ciento de las ranas actuales tienen su origen en la diversificación que se produjo tras la extinción masiva ocurrida hace unos 66 millones de años.

El impacto de un asteroide contra la Tierra y la sucesión de erupciones volcánicas que se produjeron hace 66 millones de años cambiaron sustancialmente el panorama biológico y las especies que habitaban en ella. Desde hace tiempo sabemos que el declive de los dinosaurios supuso una oportunidad para los mamíferos que se adaptaron mejor a las nuevas condiciones, pero un nuevo estudio liderado por David Wake, de la Universidad de California, junto a científicos chinos, demuestra que se produjo otro cambio importante: el mundo se llenó de ranas.

El 88% de las ranas descienden de los tres linajes que sobrevivieron a la extinción

En un trabajo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), Wake y su equipo concluyen que el 88 por ciento de las especies de ranas que conocemos actualmente no estarían aquí de no haber sido por el evento catastrófico, ya que descienden de los tres linajes que sobrevivieron a la extinción. El estudio se basa en el análisis de 95 genes situados en el ADN nuclear de alrededor 300 especies y su evolución en el tiempo. El resultado indica que quizá sobrevivieron 10 grupos de estos animales, pero solo tres de ellos (Hyloidea, Microhylidae y Natatanura) florecieron y se extendieron por nichos ecológicos de todo el planeta.

Los estudios anteriores a este situaban la proliferación de estas especies unos 35 millones de años antes, durante el Mesozoico. La nueva revisión, en cambio, sitúa esta explosiono justo en el límite KT, coincidiendo con el declive de los dinosaurios. “Creemos que el mundo se empobreció de manera notable como resultado del evento KT, y cuando la vegetación regresó, dominaron las angiospermas”, explica Wake. “Las ranas empezaron a hacerse arborícolas. Y esta adaptación condujo a una gran extensión, en especial en Sudamérica”.

La adaptación a los árboles vino acompañada de otro cambio fundamental: la proliferación de especies que ponen huevos en situaciones terrestres y no necesitan el estadio de renacuajo. Esta combinación, sostienen los autores, permitió a las nuevas especies adaptarse a nuevas situaciones y conquistar nuevas zonas del planeta. El 12 por ciento de especies de ranas que no proceden de estos linajes también se diversificaron en distintos ecosistemas y siguen presentes en la naturaleza.

Las 6.700 especies de ranas que sobreviven están seriamente amenazadas por la pérdida de su hábitat

Los autores recuerdan que las 6.700 especies de ranas que sobreviven en el mundo están seriamente amenazadas por la pérdida de su hábitat por la expansión humana. “Estas ranas salieron adelante con suerte, quizá porque algunas se metieron bajo tierra o pudieron permanecer enterradas por largos periodos de tiempo”, asegura Wake. “Esto renueva nuestra atención sobre un aspecto positivo de la extinciones masivas: proporcionan oportunidades ecológicas para cosas nuevas. Solo hay que esperar a la próxima gran extinción y la vida despegará de nuevo. En que dirección lo hará, no lo sabemos”.

Fuente: vozpopuli.com




Las abejas prefieren néctar con pesticidas

Un experimento muestra que los insectos polinizadores prefieren néctar con dos de los tres principales pesticidas

Tras alimentarse en campos de colza tratada con neonicotinoides, varias especies de polinizadores, pero no la abeja melífera, mostraron mayor desorientación, tasa de mortalidad e incapacidad para crear colmenas.Ampliar fotoTras alimentarse en campos de colza tratada con neonicotinoides, varias especies de polinizadores, pero no la abeja melífera, mostraron mayor desorientación, tasa de mortalidad e incapacidad para crear colmenas. ALBIN ANDERSSONEl genocidio de las abejas es todo un rompecabezas para la ciencia. Entre sus posibles culpables están hongos, virus y parásitos de los propios insectos polinizadores, la menor diversidad de flores de la agricultura moderna, el calentamiento global o pesticidas modernos como los neonicotinoides. Ahora, un doble estudio ha encontrado nuevas pruebas contra éstos últimos: las abejas prefieren el néctar con dos de los neonicotinoides más usados. Y, con el otro, los abejorros no crean nuevas colmenas.

Los neonicotinoides son toda una maravilla de la química moderna (ver apoyo). Basados en una compleja reformulación de la nicotina, por su mecanismo de acción, su inocuidad para los mamíferos o su aparente capacidad para discriminar entre insectos malos y buenos para la planta, se habían convertido en la gran promesa de la agricultura prolífica pero sostenible. Sin embargo, la acumulación de estudios llevó a la Unión Europea a prohibirlos en 2013, moratoria que tiene que revisar a final de año. Este plazo ha hecho que los investigadores se afanen en estudiar cómo afectan estos pesticidas a los polinizadores.

Las abejas y abejorros alimentados con sacarosa y pesticida tienden a comer menos
Esta semana, la revista Nature ofrece nuevos argumentos para que la moratoria pase de temporal a definitiva. Dos estudios, uno de campo y el otro en laboratorio, muestran la conflictiva relación entre neonicotinoides y abejas. Los resultados del segundo son los más impactantes: como los humanos con el tabaco, las abejas y abejorros prefieren el néctar que contiene estos pesticidas tan sofisticados, y eso que no le sacan sabor.

“La nicotina afecta a ciertos receptores neuronales del cerebro humano, y este es uno de los mecanismos que la hace adictiva para los fumadores”, recuerda la coautora de este estudio, Geraldine Wright. “La diana molecular de los neonicotinoides en los insectos son esos mismo receptores. Sabemos que están distribuidos por todo el sistema nervioso del insecto”, añade esta profesora de neuroetiología de los insectos de la Universidad de Newcastle (Reino Unido).

Wright y sus colegas realizaron una serie de experimentos con abejorros y abejas melíferas que desmontan algunas de las virtudes de los neonicotinoides. Varios estudios han sostenido que estos insectos evitan el néctar y polen de plantas tratadas con estos pesticidas. En sus ensayos, colocaron a los abejorros y las abejas en cajas durante 24 horas. Cada caja tenía tres tubos. Uno llevaba a una solución a base de agua. Otro a una basada en sacarosa, como ingrediente básico del polen y del néctar. En el otro tubo probaron diferentes dosis de los tres neonicotinoides más usados: clotianidina, tiametoxam e imidacloprid.

fotoLa ‘Osmia bicornis’ es una abeja solitaria que, en los campos de colza tratada con pesticida, cuida menos las celdas y tiene menos crías. MORGAN BOCH

Salvo en el caso de las soluciones con clotianidina, en el resto, los insectos preferían libar de las que contenían los otros dos neonicotinoides en vez de hartarse de sacarosa. Y eso que ajustaron la dosis de pesticida a las observadas en entornos reales. Más sorprendente aún fue comprobar que, comparados con los de las cajas de control (que solo tenían o agua o azúcares), los insectos con pesticida a su alcance tendían a comer mucho menos, como si les saciara más el pesticida.

En una segunda fase, los investigadores se centraron en la química de este fenómeno. Querían saber si las soluciones con pesticida les gustaban más a las abejas y los abejorros. En realidad lo que buscaban era si los insectos, como estudios anteriores han sugerido para otras especies, evitan los neonicotinoides. Los animales con probóscide detectan los nutrientes gracias a unas neuronas gustativas que tienen en este apéndice, la mayoría de las veces extensible y retráctil, que les permite llegar a lo más escondido de la flor. Comprobaron que, en presencia de pesticidas, la probóscide no se retraía. También vieron que sus neuronas gustativas se excitaban ante la solución con alguno de los tres neonicotinoides.

Nuestros datos sugieren que la comida con neonicotinoides es más gratificante para las abejas”, dice la autora de uno de los estudios.
“Nuestros datos sugieren que la comida con neonicotinoides es más gratificante para las abejas. Tiene el potencial de ser adictivo pero no lo hemos estudiado formalmente todavía”, aclara Wright. La comparación con el efecto de la nicotina del tabaco en humanos es inevitable.

Sin embargo, los defensores de los neonicotinoides o, al menos, de la necesidad de más investigación, siempre han argumentado que los experimentos en laboratorio tienden a usar dosis de pesticidas mayores que en entornos reales. También aseguran que, en el campo, la mayor diversidad de fuentes de comida, mitiga el impacto real de estos insecticidas.

Para comprobar estas debilidades, otro grupo de investigadores, cuyo trabajo también publica Nature, ha realizado uno de los mayores experimentos en entornos reales hechos hasta ahora. Seleccionaron 16 fincas del sur de Suecia, todas cultivadas con colza. En ocho de ellas, las semillas habían sido tratadas previamente con un pesticida a base de clotianidina y un fungicida no sistémico (una de las ventajas de los neonicotinoides es que aplicado en la semilla permanece y se extiende por toda la planta a medida que crece). En los otros ocho campos, la colza solo fue tratada con el fungicida.

En el entorno de las fincas estudiaron cuatro especies de insectos polinizadores: un abejorro, la abeja solitaria Osmia bicornis, colonias de abeja silvestre y, por último, colmenas de abeja europea o melífera. Las controlaron durante un año, en especial, en la floración de la colza. Encontraron cuatro fenómenos destacados.

LA MARAVILLA DE LOS NEONICOTINOIDES

Desde que Bayer creara el primer neonicotinoide en 1990, estos pesticidas de última generación se han convertido en algo divino o demoníaco, según a quien se le pregunte.

Se trata de formulaciones químicas que recuerdan a la nicotina. Se pueden aplicar a una gran variedad de vegetales, desde hortilizas y frutales hasta oleaginosas o las cuatro grandes: trigo, maíz, arroz y sorgo.

Entre sus objetivos están las mayores pestes que asolan los cultivos como el pulgón, la mosca blanca, el trips o varios lepidópteros y coleópteros. Además, ataca a los insectos vectores de virus y bacterias de muchos cultivos.

Su ataque es muy sofisticado. Por ejemplo, se puede aplicar a semillas de maiz o de soja y, después de plantarlos, sigue en la planta, extendiéndose por tallos, hojas y frutos, creando una defensa permanente contra insectos chupadores o comedores de hojas y fruto.

Su mecanismo de acción se centra en el sistema nervioso del insecto, dejando paralizado hasta que muere. Pero no afecta a otros animales, como los mamíferos.

Desde que en 2005 finalizara la patente del primer nicotinoide se ha producido una explosión de nuevas fórmulas. Hoy en día, cerca del 50% de los cultivos del mundo usan estos pesticidas para salir adelante. Esta profusión preocupa a los científicos y empresa agroquímicas ya que están empezando a darse los primeros casos de resistencia a los neonicotinoides.
En primer lugar, vieron que la densidad de población de abejorros y abejas salvajes era menor en las zonas cercanas a los campos de soja tratadas con el neonicotinoide. De hecho, esta densidad aumentaba a medida que se alejaban de la finca. En cuanto a la abeja solitaria, vieron un comportamiento muy diferente entre las nacidas en zona de pesticida y las que se habían criado libre de su influjo: en seis de las últimas fincas, las abejas construyeron sus propias colmenas por ninguna en los otros campos.

Algo similar comprobaron con los abejorros (Bombus terrestris). Estos insectos sociales también tienen una reina que se apoya en decenas o centenares de trabajadores. Cada año, las nuevas reinas deben emigrar y crear su propia colmena. Los investigadores colocaron seis colmenas comerciales (de las que se usa para polinizar) en cada campo. Al acabar la temporada de floración vieron que en los campos de soja con clotianidina el número de nuevas colmenas era muy inferior. No solo eso, sus colmenas originales no habían ganado peso, un indicador directo de que o habían recolectado menos polen y néctar o el número de trabajadores se había reducido. Ambos datos reflejarían una peor salud de la colmena.

Sin embargo, los investigadores no encontraron que las abejas melíferas se vieran perjudicadas por la clotianidina. A diferencia de los abejorros o la abeja silvestre, el número de ejemplares adultos en las colmenas no era muy diferente entre las instaladas en unos campos u otros. Esta buena noticia para la Apis mellifera tendría que ser investigada más a fondo. En todo caso, los autores de la investigación creen que este resultado aconseja no usar estas abejas como modelo para los estudios sobre el impacto de los futuros plaguicidas neonicotinoides.

“En este punto, ya no es creíble sostener que el uso agrícola de los neonicotinoides no daña a las abejas silvestres”, dice el entomólogo de la Universidad de Sussex, Dave Goulson, uno de los mayores expertos en insectos polinizadores, que no ha participado en ninguno de estos dos estudios. En cuanto a las abejas melíferas, Goulson opina que deben contar con una ventaja que las haga más resistentes, quizá su mayor número por colmena.

Preguntada por la moratoria sobre el uso de los neonicotinoides en Europa, la bióloga británica Geraldine Wright cree necesario hacer un balance entre los costes y beneficios de su prohibición:  “Si valoramos a nuestras abejas y los otros polinizadores, deberíamos prohibir el uso de estas sustancias en los cultivos con flores donde estos polinizadores estén en peligro de entrar en contacto con ellas”.

Fuente: elpais.com




El cóctel tóxico que mata a las abejas

Un grupo de científicos estudia el efecto de los pesticidas en abejas de Europa y Canadá. YORK UNIVERSITY

Un estudio simultáneo a gran escala explica la muerte de diferentes especies en varios países. Declive acelerado de abejas silvestres por los pesticidas derivados de la nicotina.

Desde hace años los investigadores de todo el mundo intentan dar con la clave que produce la muerte de las abejas a escala global. Los estudios desarrollados durante varias décadas apuntan hacia distintos factores ambientales y el uso de pesticidas agrícolas como causas probables de la progresiva desaparición de estos insectos.Ahora, dos equipos de científicos del Reino Unido han llevado a cabo por primera vez una investigación a gran escala que demuestra los efectos negativos de los pesticidas derivados de la nicotina en diferentes especies de abejas. Mientras que un grupo de investigación dirigido por Ben Woodcock, del Centro de Ecología e Hidrología de Oxfordshire, se ha centrado en tres especies de abejas europeas , el equipo de Amro Zayed, de la Universidad de York, ha basado su estudio en ejemplares canadienses. Ambos trabajos se han publicado este jueves en dos artículos de la revista Science que, además, presenta una revisión de ambos estudios por Jeremy Kerr, un experto en abejas de la Universidad de Ottawa. “Hay muchas causas posibles que aumentan la mortalidad de las abejas, y lo más probable es que estos motivos interactúen entre sí.

Es un rompecabezas que los científicos tienen que resolver”, ha explicado para este diario Amro Zayed en relación a la dificultad de investigar la mortalidad de las abejas.”Incluso en un área donde los pesticidas se usan con intensidad, las abejas pueden verse muy afectadas por las condiciones climáticas y la pérdida de hábitat.

Cada uno de estos factores puede interactuar y los resultados pueden ser muy complicados de interpretar”, ha dicho Kerr al respecto.Abordar el problema no ha sido sencillo y en esto se diferencian estos dos estudios de los realizados anteriormente también con pesticidas neonicotinoides, que como la nicotina, son en sí una defensa natural de las plantas frente al ataque de insectos y que los agricultores utilizan para controlar sus cosechas de las plagas.

La novedad de esta nueva investigación radica en cómo afectan estos insecticidas a las diferentes especies de abejas, sociales y solitarias, y cómo lo hacen a lo largo del tiempo en grandes extensiones de cultivo, como los de colza o maíz, y en diferentes países como Reino Unido, Hungría, Alemania y Canadá. “Mientras la investigaciones anteriores no han sido concluyentes, nuestro estudio, por su tamaño y alcance, explica de forma amplia las inconsistencias en los resultados de estudios anteriores”, ha afirmado Richard Pywell, coautor del estudio.

Un abejorro rojo se recubre de polen en Canadá JEREMY KERR

“En nuestro estudio, primero medimos los niveles de neonicotinoides en colonias de abejas de la miel durante la mayor parte de la temporada en la que las abejas están activas, de mayo a septiembre. Esto nos permitió diseñar experimentos realistas que expusieron a las abejas a niveles de neonicotinoides que se habrían encontrado si estuvieran cerca de cultivos de maíz. Nuestro estudio demostró que la exposición realista a neonicotinoides cerca del maíz conduce a una disminución en la salud de las abejas melíferas”, ha aseverado por su parte Zayed.Los investigadores, que pudieron seguir con un microchip a las abejas obreras, que salen de la colmena en busca de flores para alimentar al resto de la colonia, fueron capaces de calcular los efectos nocivos de los pesticidas derivados de nicotina.

Los llamados neonicotinoides actúan en el sistema nervioso central de los insectos y tienen un efecto nocivo sobre la reproducción de las abejas llegando incluso a producir su muerte a largo plazo. Este fenómeno, que se conoce como “colapso de la colmena”, es el que ha llevado a muchos investigadores a dedicar sus estudios y evitar la desaparición de unos animales indispensables para la polinización y por tanto producción de cultivos.Efectos de los pesticidas en distintos paísesUno de los resultados más interesantes del estudio de Woodcock es el que obtiene de los efectos de los neonicotinoides en Alemania.

Allí las abejas no parecen verse afectadas por el pesticida. En este caso hay que tener en cuenta, según el investigador, la disponibilidad de recursos opcionales que tengan las abejas para alimentarse de otras plantas que no han sido tratadas con estos productos químicos. La proximidad de flores silvestres a un campo de cultivo puede proporcionar un alimento sano para estas abejas a pesar de que sus colmenas estén cerca de los pesticidas. “Las colmenas en Alemania resultaron ser más grandes, mostraron poca evidencia de enfermedad y tenían acceso a una gama más amplia de flores silvestres para alimentarse.

Esto puede explicar por qué sólo en este país no hay evidencia de un efecto negativo de los neonicotinoides en las abejas”, ha aclarado Woodcock.También es importante destacar cómo en Canadá las abejas que fueron expuestas a pesticidas y fungicidas duplicaron su mortalidad.Los fungicidas, que están diseñados para combatir los hongos, no tienen un efecto negativo en las abejas por sí sólo, por lo que en principio no debería incrementar la toxicidad que sufren las abejas. Zayed ha clarificado esta paradoja: “El fungicida, por sí solo, no causa la mortalidad de las abejas melíferas. Es la combinación de estos dos productos químicos lo que es altamente tóxico”, ha dicho. “Sabemos que las abejas tienen unas proteínas que son capaces de descomponer toxinas, como los pesticidas.

El fungicida tal vez mantenga ocupado a estas proteínas de desintoxicación, que habrían ayudado a destruir los neonicotinoides”, ha añadido.Comunicado de Bayer “El estudio de campo con neonicotinoides del Centro para la Ecología y la Hidrología (CEH) de Reino Unido no halla efectos consistentes sobre polinizadores”, ha afirmado Bayer en un comunicado de prensa.La empresa farmacéutica que comercializa los pesticidas neonicotinoides y ha financiado a los investigadores ha declarado que “los resultados de la investigación del CEH son inconsistentes y por lo tanto no concluyentes, con efectos variables tanto sobre las especies de abejas como entre los países en los que fueron estudiados.

Creemos que, de haberse tomado en consideración otros factores medioambientales (vitalidad de las colonias y efectos del paisaje), más allá de la exposición a colza tratada, los resultados del análisis habrían sido parecidos a los de otros estudios realizados recientemente con clotianidina en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, un estado del norte de Alemania, que demostró que los tratamientos de semillas de colza con clotianidina no suponen riesgo alguno para abejas polinizadoras en condiciones realistas.

Fuente: elmundo.es




¿Por qué los pesticidas matan a las abejas en Hungría, pero no en Alemania?

Una abeja marcada en la Universidad de York con un dispositivo de identificación por radiofrecuencia. AMRO ZAYED / EPV

Un nuevo estudio sobre los insecticidas de Bayer y Syngenta ofrece sorprendentes datos por países.


Los polémicos insecticidas neonicotinoides, de uso frecuente en el mundo en cultivos de girasol, colza, algodón y maíz, vuelven a estar en el punto de mira. El experimento en el campo más ambicioso hasta la fecha ha mostrado que algunos de estos pesticidas pueden tener un efecto negativo en las abejas, algo que estaba en duda por la inconsistencia de las investigaciones previas. La UE los prohibió parcialmente en 2013 aplicando el principio de precaución.

El nuevo trabajo, financiado por los propios fabricantes de los pesticidas, Bayer y Syngenta, ha estudiado el impacto sobre tres insectos —la abeja de la miel, el abejorro común y la abeja solitaria— en 2.000 hectáreas de cultivos de colza de Alemania, Hungría y Reino Unido. En Hungría, el número de colonias de abejas cayó un 24% durante el invierno. En Reino Unido, entre un 67% y un 79%, aunque en zonas sin neonicotinoides el declive también fue singularmente alto, de un 58%.

Los neonicotinoides, aplicados en las semillas, reducen la necesidad de insecticidas de amplio espectro pulverizados
El estudio, elaborado por el Centro para la Ecología y la Hidrología de Reino Unido, está muy lejos de ser la puntilla para los pesticidas. En Alemania, los científicos no han detectado efectos negativos. Incluso “la vitalidad de las colonias de abejas melíferas aumentó cuando las abejas pecorearon en colza tratada”, según ha destacado Bayer en un comunicado.

La investigación, publicada hoy en la revista Science, se ha centrado en campos de colza cuyas semillas fueron tratadas con los insecticidas tiametoxam, fabricado por Syngenta, y clotianidina, de Bayer. El propio entomólogo Ben Alex Woodcock, primer autor del estudio, subraya las ventajas de estos productos. “Se dirigen a insectos que dañan la planta y se pueden aplicar en semillas en muy bajas dosis, pero protegen a toda la planta y reducen la necesidad de insecticidas de amplio espectro pulverizados”, explica.

Los investigadores creen que los diferentes efectos observados en los tres países se podrían deber a otros factores, como la presencia de enfermedades previas en los insectos o la diferente disponibilidad de flores silvestres en las que alimentarse. “Es posible que haya maneras de mitigar los impactos negativos de los neonicotinoides en las abejas, mediante la mejora de la cría de las abejas o aumentando la disponibilidad de plantas con flores en áreas no cultivadas del paisaje agrícola”, apunta Woodcock.

Un abejorro ‘Bombus rufocinctus’ en una flor de cebollino.ampliar fotoUn abejorro ‘Bombus rufocinctus’ en una flor de cebollino. JEREMY T. KERR

“Los resultados son muy interesantes, pero no son concluyentes del todo”, opina Concepción Ornosa, directora del grupo de Biología y Biodiversidad de Artrópodos de la Universidad Complutense de Madrid. Ornosa, ajena al nuevo estudio, subraya que el equipo de Woodcock solo trabaja con tres especies, criadas artificialmente por empresas para su uso en agricultura, pero “hay miles de especies de abejas silvestres en el mundo”.

La investigadora española subraya que los neonicotinoides no parecen afectar negativamente al abejorro común y a la abeja solitaria el primer año del tratamiento, pero sí el año siguiente. “Es muy relevante, porque pone de manifiesto la importancia de la persistencia de los residuos de neonicotinoides”, señala. El nuevo estudio muestra una menor reproducción de las abejas en las colmenas en las que se hallaron residuos de neonicotinoides.

La bióloga sueca Maj Rundlöf descubrió hace dos años que un compuesto de dos insecticidas, clotianidina y ciflutrina, aplicado a semillas de colza tenía efectos negativos en dos especies de abejas silvestres, pero no en la doméstica abeja de la miel. Para Rundlöf, de la Universidad de Lund, los nuevos resultados de Woodcock “son muy diversos y no son consistentes a lo largo de los tratamientos” con los pesticidas.

La industria ha cargado contra el estudio publicado en Science, pese a haberlo patrocinado
La industria ha cargado contra el estudio publicado en Science, pese a haberlo patrocinado. Bayer arguye que los autores no han tenido en cuenta factores como el tamaño inicial de las colmenas y la diversidad del paisaje circundante entre las zonas tratadas y las no tratadas. “Seguimos convencidos de que los neonicotinoides son seguros cuando se usan y se aplican de forma responsable”, asegura Richard Schmuck, director de Seguridad Medioambiental de CropScience, una división de Bayer.

Peter Campbell, director de Colaboraciones Científicas de Syngenta, destaca los efectos positivos detectados en Alemania. “Esto demuestra que los neonicotinoides se pueden utilizar de manera segura o incluso pueden beneficiar a las abejas en ciertas circunstancias”, sostiene. “Necesitamos entender los factores asociados a los efectos beneficiosos de los neonicotinoides detectados en este estudio, para promoverlos en otros lugares”, opina.

Un abejorro común poliniza flores silvestres junto a un cultivo.Un abejorro común poliniza flores silvestres junto a un cultivo. JEREMY T. KERR

Un segundo estudio publicado en la revista Science añade sospechas sobre el insecticida clotianidina, de Bayer. Un equipo de investigadores de la Universidad de York (Canadá) ha calculado los niveles reales de exposición a neonicotinoides en 11 colmenares de la región de Ontario. Hallaron un cóctel de 26 pesticidas, cuatro de ellos neonicotinoides. Los autores aplicaron entonces las dosis detectadas de clotianidina a abejas marcadas con dispositivos RFID de identificación por radiofrecuencia. Las abejas obreras expuestas a clotianidina en sus primeros nueve días de vida vivieron un 23% menos.

Un segundo estudio sugiere que las abejas expuestas a clotianidina en sus primeros nueve días de vida viven un 23% menos
El estudio sugiere que los neonicotinoides, solubles en agua, se diseminan a partir de los campos de maíz tratados y llegan a otras plantas vecinas, mucho más atractivas para las abejas que el cereal. Para Concepción Ornosa, de la Complutense, la investigación es “interesante”, pero “tampoco es absolutamente concluyente, ya que las condiciones no son reales del todo”.

Lo mismo opina la bióloga sueca Maj Rundlöf. “El experimento, controlado, no es una situación del mundo real, así que siempre es cuestionable si se pueden trasladar estos resultados al mundo real, con muchos otros factores influyendo en las colonias de abejas”, sentencia. Las abejas están amenazadas por la destrucción de su hábitat, por el ácaro Varroa que absorbe sus líquidos internos, por el parásito Nosema apis que perjudica su aparato digestivo, por el cambio climático y por una avispa asiática invasora que ataca sus colmenas. La pregunta es qué papel tienen los insecticidas en este puzle.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) está actualmente reevaluando el riesgo de los neonicotinoides. Una portavoz de la organización explica que, por el momento, sus expertos no van a comentar los nuevos estudios. Su postura se hará pública en un informe completo que se presentará en noviembre. El debate sobre los insecticidas neonicotinoides sigue abierto.

Fuente: elpais.com




¿Qué está ocurriendo con las abejas?

Los datos sobre la crisis de los insectos polinizadores son inconsistentes o no existen, lamentan los expertos europeos en una cumbre organizada en Bruselas.

Las abejas son vitales en cultivos como la alfalfa, las almendras, los pepinos y las fresas. En vídeo, cuatro grandes amenazas para las abejas. EFSA / VÍDEO: EPVLas abejas son el equivalente al sexo animal para muchas plantas. Gracias a su cuerpo cubierto de pelos, transportan fácilmente el polen desde las partes masculinas de una flor hasta las partes femeninas, ya sean de la misma planta o de otras alejadas. Así ocurre la reproducción en muchas especies vegetales, como la fresa, cuyo fruto requiere al menos 21 visitas de abejas para ser grande y sabroso, según los cálculos de Naciones Unidas. Las abejas no son los únicos insectos polinizadores, pero son vitales en cultivos como la alfalfa, las almendras, los pepinos y las fresas.

La Unión Europea está preocupada. En los últimos años, diferentes estudios científicos han señalado el declive de las abejas, asediadas por una multitud de amenazas: la destrucción de su hábitat, el uso abusivo de algunos pesticidas hoy prohibidos temporalmente en la UE, la invasora avispa asiática que ataca las colmenas, el ácaro Varroa que chupa sus líquidos internos, el parásito Nosema apis que afecta a su aparato digestivo, el cambio climático. Y el principal problema es que se desconoce qué está pasando realmente. Faltan datos.

“Nuestro objetivo es reunir a los apicultores, los agricultores, la industria, los científicos, los expertos en evaluación de riesgos, los ciudadanos y los políticos para estudiar cómo mejorar la toma de datos para evaluar de manera más realista el estado de salud de las abejas en Europa”, declaró ayer el veterinario Simon More, del University College de Dublín (Irlanda).
El mensaje es claro: hay que recoger muchos más datos sobre lo que está pasando y, sobre todo, compartirlos.

More ha inaugurado el simposio científico Hacia una asociación europea para las abejas, coorganizado en Bruselas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que ha invitado al acto a EL PAÍS. La reunión supone un intento de iluminar un sector a menudo opaco por la mezcolanza de intereses. El mensaje es claro: hay que recoger muchos más datos sobre lo que está pasando y, sobre todo, compartirlos.

El alemán Walter Haefeker, presidente de la Asociación Europea de Apicultores Profesionales, se ha encargado de poner los pies en el suelo a los asistentes. “Los apicultores necesitamos privacidad”, ha defendido. Su organización aboga por ofrecer “datos anonimizados” o “cifrados, con la llave en la mano del apicultor”. Divulgar un problema en las colmenas de una empresa puede arruinar su negocio.

El zoólogo Miguel Ángel Miranda, de la Universidad de las Islas Baleares, señala otro problema: la abundancia de “apicultores de fin de semana”. En España, hay 24.755 apicultores, de los que solo el 19% son profesionales, según las cifras del Ministerio de Agricultura. Esto puede provocar, según Miranda, que los tratamientos de las abejas se apliquen mal en muchas colmenas, generándose resistencias contra las enfermedades.

En España, hay 24.755 apicultores, de los que solo el 19% son profesionales
Laszlo Kuster, de la Dirección General de Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea, ha detallado la magnitud del desafío. Kuster ha recordado los recientes resultados del primer programa de vigilancia de la mortalidad de colonias de abejas melíferas en 17 países de la UE. El proyecto, bautizado Epilobee, analizó 176.860 colonias, con una metodología establecida, pero incluso en esas condiciones muchos de los datos no estaban tomados de manera armonizada. “Incluso con la mejor preparación, los datos son insuficientes”, ha lamentado Kuster.

Los resultados de Epilobee en el invierno de 2013-2014 mostraron mortalidades de un 5% en España, un 14% en Francia y un 15% en Suecia. Un año antes, con un invierno más largo y frío, la mortalidad alcanzó un 10%, un 14% y un 29%, respectivamente. En cualquier caso, son porcentajes alejados de las cifras alarmistas manejadas por algunas organizaciones ecologistas, aunque la ingente cantidad de datos se sigue estudiando.

Los inspectores de Epilobee registraron las prácticas apícolas en cada colmena, anotaron las manifestaciones clínicas de enfermedades infecciosas y parasitarias y tomaron muestras para su análisis, pero se centraron en las abejas domésticas. En Europa hay una sola especie de abeja doméstica, pero pululan 1.884 especies silvestres.

El biólogo y científico de la computación Arthur Thomas llegó al mundo de las abejas hace unos meses. Thomas, del Instituto de Internet de Oxford, es un experto en elaborar modelos predictivos sobre el comportamiento futuro de diferentes poblaciones de seres vivos. No tenía “ni idea” de la complejidad de los problemas que afrontan las abejas, pero su estupefacción llegó por otro lado. “La disponibilidad de datos es sorprendentemente escasa. Incluso en el ámbito nacional es complicado conseguir datos. O son inconsistentes o no existen”, apunta.

La mayor parte de los estudios científicos que existen son de alcance geográfico muy limitado y examinan solo una o dos variables, pero no las interacciones entre todas las amenazas. El sector sabe que la situación no va a cambiar de la noche a la mañana. La veterinaria portuguesa Ana Afonso, líder del equipo de riesgos emergentes en la EFSA, lo resume en una frase: “No va a nacer un Google Abejas el año que viene, con información en tiempo real”. Pero ese sería, reconoce, su objetivo ideal.

Fuente: elpais.com




A los pumas les aterroriza la voz humana

Un experimento muestra por primera vez con claridad cómo puede afectar la presencia humana a estos felinos y ahuyentarles de sus zonas de caza.

Si alguna vez se cruza con un puma en mitad de la montaña es muy posible que el animal esté más asustado que usted. No es el único gran depredador que huye de la presencia humana, pero el equipo de Justine Smith acaba de demostrar hasta qué punto les puede alterar nuestra cercanía, incluso el mero hecho de escuchar nuestra voz.

En un trabajo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, Smith describe una serie de experimentos realizados con 17 pumas de las montañas de Santa Cruz, en California, cuyos movimientos siguen a través de GPS desde 2008. Las pruebas consistieron en colocar un equipo de altavoces en una zona de caza de los pumas y activar distintos sonidos mientras filmaban sus reacciones. Como control, los autores pusieron el sonido de unas ranas mientras los pumas se alimentaban y posteriormente pusieron el sonido de una conversación humana. En el siguiente vídeo se puede apreciar su reacción:

“Descubrimos que los pumas casi siempre huyen del sonido de los humanos y casi nunca del de las ranas”, explica Smith. En concreto, en 19 experimentos con hasta 17 pumas, los animales huyeron despavoridos de la voz humana en un 83 por ciento de las ocasiones y solo una vez de las ranas. “Claramente tienen miedo de los humanos”, insiste el autor principal, un hecho que tiene implicaciones ecológicas respecto al impacto humano en las zonas donde habitan estos animales, ya que alteramos claramente sus hábitos de caza.

La investigadora Justine Smith siguiendo los movimientos de los pumas Sebastian Kennerknecht/pumapix.com

“Hemos visto que los pumas tardaron más tiempo en regresar hasta las piezas que habían cazado después de escuchar a los humanos y, como consecuencia, redujeron el tiempo de alimentación a la mitad”, insiste Smith. “Esos cambios de comportamiento son significativos, y como hemos demostrado en un estudio anterior les obliga a aumentar un 36 por ciento su actividad precaria en zonas donde hay actividad humana”.

Los felinos tienen menos tiempo para comer tranquilamente y se ven obligados a cazar más presas

Lo que ocurre básicamente es que los felinos tienen menos tiempo para comer tranquilamente y se ven obligados a cazar más ciervos y otros animales, lo que tiene un impacto claro en el ecosistema. “El miedo es el mecanismo detrás de esta cascada ecológica que va de los humanos y que incrementa su depredación sobre los ciervos”, asegura Chris Wilmers, el autor más veterano del estudio. “Estamos viendo que la perturbación causada por los humanos – más allá de la caza- puede alterar el papel ecológico de los grandes carnívoros. A medida que invadimos en su hábitat, nuestra presencia afectará seguramente a la relación entre los depredadores y sus presas”.

Fuente: vozpopuli.com




Las ciervas aprenden a evitar a los cazadores

Las ciervas aprenden a evitar a los cazadores Mark Boyce (CC BY)

Un estudio revela que estos animales son capaces de aprender a evitar a los humanos y a distinguir entre quienes cazan con arco y con rifle.

A medida que crecen, las hembras de ciervo canadiense (Cervus canadensis) adoptan distintas estrategias para evitar a los cazadores de Canadá, según un estudio publicado hoy en la revista PLOS ONE, realizado por Henrik Thurfjell y su equipo, de la Universidad de Alberta. Su estrategia incluye moverse menos y dar preferencia a zonas más seguras cuando están cerca de carreteras.

Según este trabajo, cuando las hembras de ciervo tienen alrededor de diez años, son prácticamente invulnerables para los cazadores. Esta diferencia en la edad de las presas solo podría ser por la selección de los cazadores o por el aprendizaje de los animales. Si no hay aprendizaje, los animales no modifican su conducta según van creciendo; por ejemplo, los ciervos que sobreviven podrían simplemente haber tenido más cuidado. Si se trata de aprendizaje, sin embargo, los individuos modifican su conducta según van creciendo. Las hembras de esta especie son ideales para diferenciar entre estas dos hipótesis, en parte porque son muy gregarias y viven más de 20 años, lo que aumenta sus posibilidades de aprender.

Las conductas difieren entre los individuos pero son constantes en el tiempo en un mismo individuo

Para comprobar si hipótesis, Thurfjell y su equipo eligieron a 49 hembras de ciervo de Alberta y la Columbia Británica, con edades comprendidas entre 1 y 18 años en el momento de su captura. Les pusieron collares con GPS y las siguieron durante entre 2 y 4 años. Los datos incluían la distancia que habían viajado en el tiempo, la dureza del terreno (pendientes), y la cobertura de bosque. Los investigadores han demostrado que las conductas difieren entre los individuos pero son constantes en el tiempo en un mismo individuo, así como el hecho de que pueden aprender a modificar su conducta según crecen.

Las ciervas de mayor edad modifican su conducta, lo que sugiere que el aprendizaje juega un papel principal para evitar a los cazadores. Específicamente, las hembras más mayores reducen sus tasas de movimiento, lo que minimiza a su vez la posibilidad de ser detectadas y de encontrarse con cazadores humanos. Además, las hembras mayores aumentan el uso de zonas más seguras – terrenos escabrosos y bosque – cuando se acercan a las carreteras, donde tendrían más posibilidades de ser detectadas por los hombres.

Los ciervos podrían diferenciar entre los cazadores que llevan rifles y los que llevan arcos

Los investigadores también han descubierto que los ciervos podrían diferenciar entre los cazadores que llevan rifles y los que llevan arcos. Las hembras más mayores usan más el terreno escabroso durante la temporada de caza con arco que durante la de rifle, seguramente porque los cazadores que usan arco necesitan acechar a su presa más de cerca y es más difícil en las pendientes. En cambio, los que utilizan rifles pueden disparar desde distancias de hasta 300 metros.

Fuente: vozpopuli.com




Las hembras de escarabajo manipulan a los machos para que inviertan más en el cuidado de las crías

Un ejemplar del escarabajo ‘Nicrophorus vespilloides’. MATTHIEU PAQUET

Ellas depositan huevos más pequeños para obligarlos a renunciar a nutrientes en favor de la prole.

En el mundo animal, los padres que comparten el cuidado de la prole están bajo la presión natural para invertir lo mínimo posible en las crías y, así, dejar la mayor carga de trabajo para el compañero. Los biólogos han defendido desde 2008 la hipótesis de que las hembras de algunos animales, como los pájaros, utilizan algunos mecanismos en la gestación de los huevos para manipular el comportamiento parental de los machos, pero solo ahora un experimento con insectos ha podido comprobar esa tesis. Los investigadores Matthieu Paquet y Per Smiseth, de la Universidad de Edimburgo (Escocia), estudiaron una especie de escarabajo (Nicrophorus vespilloides) separado por grupos en la que las hembras depositaba los huevos en la presencia de los machos y otra en la que lo hacían solas.

Los resultados, publicados en la revista PNAS, indicaron que las larvas de hembras que depositaron los huevos cuando los padres estaban presentes eran 3,4% más pequeñas que las demás, lo que sugiere que las madres invertían menos energía en el proceso prenatal para condicionar una mayor participación de los machos en el cuidado de la descendencia.

Los biólogos observaron, sin embargo, y en contra de sus expectativas, que los machos son indiferentes al subterfugio de las hembras y ofrecen el mismo nivel de atención a la descendencia bajo ambas condiciones. No obstante, esa manipulación fue efectiva en reducir el consumo de los padres de una fuente de alimento compartida por la familia. “Esa especie de escarabajos construye su nido en la carcasa de un vertebrado. Las larvas se alimentan solas de esa carcasa, pero también a través de los progenitores, que realizan la predigestión del alimento”, explica Paquet en un correo electrónico. El experimento indica que las larvas más pequeñas que recibieron cuidado paterno crecieron más porque los machos consumían menos nutrientes para dejarlos a sus crías. Por otra parte, los machos que cuidaron a larvas de tamaño normal ganaron peso, porque tenían más acceso a la fuente de alimentos.

Un ejemplar de ‘Nicrophorus vespilloides’ en su nido. M. P.

“No conocemos el mecanismo detrás de esto todavía”, señala Paquet. “Sospechamos que las hembras pueden manipular la capacidad competitiva de la prole al depositar hormonas de crecimiento en los huevos para hacer que las larvas sea más capaces de obtener alimento, dejando así menos nutrientes para los machos”, explica. El próximo paso de la investigación es comprobar esa hipótesis, afirma el biólogo.

El experimento de Paquet y Smiseth hace eco de investigaciones anteriores con aves de las especies pinzón cebra y pájaro-moscón europeo. En el caso de las primeras, cuando el número de crías por pareja, y consecuentemente la carga de trabajo, se mantiene constante, la descendencia recibe una mayor inversión familiar per cápita de las hembras que de ambos padres trabajando juntos. La situación del pájaro-moscón es más “extrema”, según comenta Paquet: en esa especie, ambos padres tratan de abandonar el nido lo antes posible para obligar al otro a cuidar de las crías. Debido a ese conflicto, el 27% de la prole es abandonada por ambos progenitores. “Dado que los machos probablemente ven la presencia de los huevos como una señal para huir de la responsabilidad, las hembras los ocultan como única manera de abandonar la familia antes de que ellos lo hagan”, dice Paquet.

Fuente: elpais.com




El cambio climático obliga a los osos polares a cambiar focas por huevos

Un oso comiendo huevos en una colonia de gansos barnacla cariblanca en la isla noruega de Spitsbergen. JOUKE PROP

El deshielo complica la caza de mamíferos marinos, que están siendo sustituidos por ataques a nidos.

Más al norte del círculo polar ártico está Svalbard, un archipiélago noruego que fue base de balleneros vizcaínos siglos atrás. Allí el cambio climático se está notando más que en otro lugar del planeta. Desde hace una década, el ciclo anual del deshielo empieza cada vez antes y llega cada vez más lejos. Esto está afectando al mayor depredador del norte: los osos polares, incapaces de cazar focas, están sustituyéndolas por huevos de patos, gansos y gaviotas.

“Antes del deshielo marino, el hielo terrestre aguantaba en las zonas costeras junto al frente del glaciar hasta finales del verano”, explica el investigador del Instituto Polar Noruego, Charmain Hamilton. “Las focas anilladas podían descansar sobre el hielo cerca de sus respiraderos y los osos polares cazarlas ya fuera acechándolas o esperándolas en la boca del respiradero”, añade.

Pero el cambio climático ha trastocado esta interacción presa-depredador, básica en el ecosistema ártico. En un fenómeno que denominan amplificación ártica, esta región se está calentando tres veces más rápido que el resto del planeta y el calentamiento es aún más acusado en Svalbard. Aquí hay ya 20 semanas menos de hielo de las que había en 1979.

En Svalbard (Noruega) hay ya 20 semanas menos de hielo de las que había en 1979
A las focas anilladas, la principal fuente de alimentación del osos polar en esta zona, el deshielo no parece haberles cambiado la vida. A falta del hielo marino, siguen descansando y cuidando de sus crías sobre trozos del glaciar. Pero, como dice Hamilton, “parece que los osos polares no cazan tan fácilmente a las focas sobre este tipo de hielo”.

Esa es la principal conclusión de una investigación que arrancó en 2002, bien antes del acelerado deshielo iniciado en 2006, y que aún sigue. Anillaron con dispositivos de teledetección a 67 osos y otras 60 focas y los rastrearon buscando mapear sus áreas de distribución y sus encuentros. Vieron que los úrsidos seguían más o menos los mismos patrones en las primaveras de antes de 2006 que en las de los años posteriores.

Pero, con el deshielo más temprano y más profundo, las cosas han cambiado en el verano y principio del otoño. El estudio, publicado en Journal of Animal Ecology, muestra que las zonas por las que se mueven las focas y las de los osos ya no se solapan como antes. “Como la retirada del hielo marino les ha complicado la caza de focas anilladas, los osos polares pasan ahora menos tiempo en las cercanías de los glaciares de marea, recorren mayores distancias al día y dedican más tiempo a merodear junto a fuentes alternativas de comida, como las colonias de cría de patos y gansos”, comenta Hamilton.

A los osos cada vez les cuesta más cazar focas, su principal sustento. K. KOVACS Y C. LYDERSEN INSTITUTO POLAR NORUEGO

Más del 90% de la dieta de los osos polares está compuesta por mamíferos marinos, en especial varias especies de focas. Pero ese porcentaje parece estar bajando por culpa del cambio climático y los osos estarían ampliando su dieta para compensar. Investigadores del Centro Ártico de la Universidad de Groningen (Países Bajos) publicaron en 2015 los resultados de otro estudio que había arrancado en 1970. En él anotaron los avistamientos de osos en cuatro áreas de nidificación de aves en Spitsbergen, la principal isla de Svalbard, y una quinta en la cercana costa de Groenlandia.

El deshielo, los movimientos de los osos y los ataques a los nidos parecen estar conectados. Cada año la capa de hielo es menor y la estación helada más corta. Los avistamientos de osos, muy raros en los 70, han aumentado paulatinamente hasta estallar con el nuevo siglo: un incremento del 15% anual desde que comenzó. Y este triple fenómeno no es exclusivo de Svalbard. En toda la circunferencia ártica el deshielo estival marca máximos cada año. Esto está alterando los patrones de movimiento y conducta de los osos polares que, buscando compensar, se ceban con los huevos.

Los ataques a nidos en el Ártico canadiense se han multiplicado por siete desde 1980
En el Ártico canadiense los ataques a nidos se han multiplicado por siete desde 1980. Más de un tercio de las colonias de eider común, el pato más grande y abundante en las regiones árticas, distribuidas a lo largo de 1.000 kilómetros de la costa norte de Canadá han sufrido el cambio de dieta de los osos. En algunas colonias y años, se han perdido hasta el 90% de los huevos.

“Los osos pueden provocar la extinción local de algunas aves”, sostiene el investigador de la Universidad de Windsor (Canadá), Cody Dey, que ha modelado el impacto del gran depredador sobre las colonias de aves. El drama es que tanto destrozo no servirá de mucho. “Puede ayudar a mejorar el estado de un pequeño número de osos, pero no ayudará a la población en su conjunto. Simplemente hay demasiadas pocas aves y tan dispersas como para alimentar a los osos polares durante el verano”, concluye este biólogo.

Fuente: elpais.com